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Lazos modernos


Por María Celeste Collado.


Lazos modernos
Hijos tecno y superatareados resignificaron el rol de los hombres de la casa. La psicoeducación, el fenómeno checklist y la empatía: de la hipo a la híperpaternidad.

Cada familia es un mundo, única e irrepetible como salida de un capítulo de la serie norteamericana Modern Family. Numerosa, ensamblada, monoparental, pero siempre con un mismo objetivo: darles lo mejor a sus hijos. Ningún padre nace con un manual bajo el brazo, pero existe una certeza: es el amor lo que lo une con sus herederos, tanto en las buenas como en las malas.

En esa carrera hacia la paternidad ideal, las exigencias hacia los más pequeños se convierten en eje del universo familiar. Así nace la hiperpaternidad, un modelo educativo en alza en Occidente, que refiere a una excesiva atención y superprotección hacia los niños con un solo fin: que triunfen, que tengan éxito. “La hiperpaternidad entiende a los hijos casi como un producto, un proyecto para criar un ‘niño perfecto’ que se convirtió en un símbolo de estatus y del cual los padres pueden presumir en las redes sociales –explica la española Eva Millet, periodista y autora del libro Hiperpaternidad. Y agrega–: Este fenómeno se da, sobre todo, entre las clases altas y medias, porque si criar hijos ‘normales’ ya cuesta dinero y esfuerzo, con los ‘hiperhijos’ esto se multiplica”.
 
Los mejores colegios, doble escolaridad, clases de idioma y deportes son parte de una larga lista de quehaceres que algunos pequeños llevan a cabo de lunes a viernes… e incluso los sábados. “Se los ha puesto en un altar doméstico, rindiéndoles un culto que antes se rendía a los antepasados. Los hiperniños no tienen tiempo de aburrirse”, destaca Millet. En esta misma línea, Gabriel Salcedo, orientador familiar, educador y licenciado en Ciencias de la Familia, afirma: “Le quitamos la respiración de lo que es el ciclo vital, ese que todos debemos y tenemos que disfrutar”.

“Los niños están sobreestimulados y superocupados. El hiperpadre es un checklist, tiene la agenda completa y el orgullo de decir: ‘Mi hijo hace esto y aquello’” Gabriel Salcedo

Pero hay algo que es cierto: muchas veces, la realidad económica de cada familia exige que los hiperpadres comiencen el día muy temprano y vuelvan al hogar por la tarde/noche, mientras sus hijos proceden con alguno de sus tantos compromisos. En consecuencia, los lapsos compartidos son cada vez menores. 

La hiperpaternidad funciona en la dinámica familiar como una suerte de isla, donde papá e hijos se reúnen en un continente llamado hogar. “Ese hogar termina siendo un lugar de gente amontonada, donde el diálogo siempre ronda sobre el qué hiciste, qué dejaste de hacer o si cumpliste o no cumpliste. Todo basado en terminologías empresariales de la competitividad. Se perdieron preguntas sobre cómo te sentís o por qué tenés esa cara”, señala Salcedo. 

Pero, tranquilos, porque los especialistas brindan herramientas para los hiperpadres que creen que es imposible lograr un equilibrio entre las exigencias laborales y familiares. “La solución es parar un poco, relajarnos y confiar en nosotros y en nuestros hijos. Hay que amarlos, cuidarlos y asistirlos, pero no estar detrás de ellos todo el día sin darles espacio a que se desarrollen”, aporta Millet. Salcedo coincide y se extiende un poco más: “Hay que reencontrarse con la familia, volver a entender que la prioridad son las relaciones, que son lo único que nos llevamos de esta vida. Debemos bajar la ansiedad y las expectativas, y entablar lazos más orgánicos”. 
El hijo de la realeza 
Recientemente, el príncipe William, heredero del trono británico, fue noticia por aparecer en varias oportunidades dialogando en cuclillas con su hijo George. La postura no fue casualidad, sino que es parte de un método de crianza que se denomina “Escucha activa”. 

¿De qué se trata? Es primordial mantenerse a la altura de los ojos del pequeño para generar un vínculo más cercano, y así trasmitirle calma y serenidad. El objetivo no es solo escuchar lo que dice, sino también saber qué es lo que siente. “Hackear el sistema”, como lo define Gabriel Salcedo, orientador familiar, educador y licenciado en Ciencias de la Familia, le costó al príncipe William un llamado de atención en público por parte de la Reina Isabel II, por no mantener el protocolo durante el desfile de las Fuerzas Armadas. La reprimenda se volvió viral. El método, también.
Hipopaternidad
¿Qué soñás? ¿Cuál es tu comida preferida? ¿Tenés cosquillas? Cada una de estas preguntas son interrogantes que los hiperpadres deben volver a poner en el centro de la escena familiar. “La importancia de fortalecer estas cuestiones apunta a formar niños menos débiles y a enfatizar aún más sobre sus habilidades sociales y personales, como la empatía, la resiliencia, el autocontrol, la capacidad del esfuerzo –esgrime Millet. Y prosigue–: A esta reacción se la denomina ‘underparenting’ o hipopaternidad. Los papás actuales deben crear un ambiente relajado, afectuoso y seguro para que sus hijos aprendan a ser autónomos, en detrimento de una infancia frenética y sobreprotegida”. 

Es la propia experta española la que evoca un dicho de su abuela cuando sus nietos se ponían intensos. “‘No hay que prestarles atención. Hay que hacer como si fueran un mueble’, decía. Por supuesto, no se los puede tratar como si no existieran, pero hemos pasado de esta noción ‘mueble’ a ponerlos en un altar doméstico, desde donde reciben pleitesía paterna. Como consecuencia, se crían hijos con una inflada noción de sí mismos, se les brinda todo, sin pedir –la mayoría de las veces– nada a cambio. Con una intención noble, aunque errónea, los padres terminaron creyendo que serían buenos en su rol si les resolvían a sus hijos, sistemáticamente, todos sus problemas”, describe Millet. 

“Debemos relajarnos y confiar en nosotros y en nuestros hijos. No hay que estar detrás de ellos todo el día sin darles espacio para que se desarrollen” Eva Millet
Voces autorizadas
Martín es papá de Emma, de cuatro años. En un presente en el que hay cada vez un mayor abanico de actividades y obligaciones académicas, es clave alcanzar el equilibrio. “Para mí, es fundamental la contención, la comunicación, el amor en casa y el tiempo compartido con ella”, enumera quien todavía recuerda lo difícil que resultó extender una hora más la jornada de jardín: “No fue fácil, ya que estimamos que Emma necesita mayor contacto, comunicación, juego y desafíos con sus pares, pero no por eso le vamos a poner ocupaciones todos los días”.

En línea con las recomendaciones de los profesionales, tanto Martín como Vanesa, su compañera de ruta, coinciden en que el período en familia debería ser único y libre de “contaminación externa”. “Sobreestimulados y superocupados, los niños del siglo XXI experimentan así el estrés infantil. El hiperpadre es un checklist, tiene la agenda completa y el orgullo de manifestar: ‘Mi hijo hace esto y aquello’”, grafica Salcedo. 

Martín es solo un pequeño ejemplo de los tantos padres que se las ingenian para encajar las piezas de modo tal que el ensamble sea lo más armónico posible. “Criar a un hijo va más allá de darle todo: es escuchar sus necesidades y acompañarlo de la mejor manera que uno pueda hacerlo como papá”, sintetiza mientras Emma lo mira atentamente. 
¿Es un hiperpadre?
En su libro Hiperpaternidad, la periodista Eva Millet invita a los padres a realizar un test de treinta preguntas para detectar y determinar su nivel de hiperpaternidad. A continuación, las cinco que, según la propia Millet, son claves para determinarlo:

• Antes de que nacieran, ¿ya tenía un plan trazado para las vidas de sus hijos?
• ¿Suele hablar en plural cuando se refiere a ellos?
• ¿Los ayuda o hace los deberes con ellos por definición?
• ¿Los ha excusado alguna vez con la frase: “Es que tienen una baja tolerancia a la frustración”?
• ¿Discrepa a menudo con los maestros o entrenadores de sus hijos?
¿Neuropadres?
Definitivamente, ser padre se traduce en un gran reto. Para tender puentes en esta dirección, hay instituciones que trabajan en pos de optimizar e intensificar el vínculo con los hijos.
 
De la mano de las tan en boga neurociencias, en el Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) se dictan talleres de crianza dirigidos a padres –y madres– de niños y adolescentes. “La psicoeducación que se obtiene cuando nos informamos acerca de los diferentes temas que conciernen a nuestros hijos, nos permite diseñar estrategias más acertadas y eficaces para comprenderlos”, comenta la licenciada Paula Tripicchio, coordinadora del departamento de Psicoterapia del equipo Infanto Juvenil.
 
Los motivos de consulta más frecuentes que se suceden en los pasillos de INECO son, entre otros, qué cosas deben considerarse durante el crecimiento del niño –lenguaje, motricidad, aprendizaje–, cuándo y cómo poner límites sanos, cómo entablar una comunicación provechosa, y cómo educar y prevenir acerca de la relación alcohol y cerebro adolescente.

Salcedo concluye: “Me encantaría que los hiperpadres se sintieran capaces de criar a sus hijos. Tienen todas las herramientas para poder hacerlo y el mayor regalo que pueden darles son ellos mismos. No son ni cosas materiales ni un sinfín de tareas. Sus hijos los necesitan, ni más ni menos”.

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