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La llave de todo


Por José Medrano.


La llave de todo
Investigaciones recientes arrojaron resultados optimistas con respecto a la relación entre los niños y los libros. Especialistas debaten sobre el mágico hábito de la lectura y el rol de la tecnología.  

Una reciente encuesta de la consultora KTNS Gallup reveló que, a lo largo y a lo ancho de la Argentina, el 75% de los niños de entre 5 y 8 años lee, al menos, una vez por semana, mientras que la lectura de padres a hijos alcanza el 56%. La investigación indagó en los hábitos de lectura y su efecto sobre la creatividad, en la influencia familiar, y en el vínculo entre el mundo lúdico y el despliegue imaginativo. De acuerdo con los docentes entrevistados, a los chicos les encanta leer “cuando tienen la oportunidad de hacerlo”, y destacaron que hay que cuidar el entorno para que se pueda desarrollar el hábito. 

El estudio parece ser muy optimista en medio de los no tan auspiciosos  resultados que niños y adolescentes obtienen en los exámenes nacionales e internacionales que deben rendir. El 90% de los docentes destacan la importancia que tiene la lectura en el alumnado. Ahora bien, ¿realmente son ávidos lectores nuestros pequeños compatriotas?

Cualquier padre que le preste una tablet a su hijo menor de 2 años explotará de orgullo al ver que el niño rápidamente desliza sus dedos sobre la pantalla y pasa de una página a otra. Pero, lamentablemente, el niño no es un genio, sino que el dispositivo está pensado y programado para que cualquiera pueda entenderlo. Lo que realmente pondrá a trabajar su circuito neuronal no es su agilidad táctil, sino comprender lo que está haciendo (leyendo, en este caso).

Algunos especialistas en neurociencias sostienen que los primeros cuarenta y ocho meses de vida son claves para el desarrollo del cerebro, de manera que lo que se le ofrezca al niño como estimulación propiciará las conexiones sinápticas que se establecerán de allí en más, así como las que se desecharán por falta de uso. Pero no todos coinciden. “Esto entra en lo que yo llamo ‘neuromitos’. Hay otro que afirma que todo lo que no se adquiere en los primeros dieciocho meses de vida será después más difícil de incorporar. No es tan así”, afirma Valeria Abusamra, lingüista, especialista en neurociencia e investigadora del Conicet. Y prosigue: “El cerebro es plástico, por lo que siempre hay posibilidades de aprendizaje. La conducta cambia al cerebro a nivel neural, ya sea con la lectura o con la incorporación de un segundo idioma. Cuando uno ejercita estas cosas, varía el patrón de activación cerebral. Por eso, es muy favorable exponer a la gente –y a los chicos en particular– a la mayor cantidad de lectura posible en cualquier momento”.   

Por otro lado, se encuentran los expertos que sugieren leerles a chicos a partir de los seis meses... o aun antes. “El lenguaje tiene un aspecto cultural y otro innato, como la oralidad, que se desenvolverá con o sin lectura previa. Lo que sí está probado es que los niños que fueron enfrentados a situaciones de lectura en los años previos a la escolarización adquieren mejores aptitudes en lo que se refiere a la lectoescritura, aunque no ocurre lo mismo con el lenguaje en general”, subraya Abusamra.

Lo cierto es que no hay un mínimo de edad para lanzarse a la aventura. “Si el libro está instalado entre sus juguetes o entre sus objetos, el niño ya estará familiarizado con él, lo que lo volverá accesible simbólica y materialmente”, explica Clara Huffmann, directora editorial de Pípala, el sello para niños de Adriana Hidalgo Editores. Y destaca lo siguiente: “No hay trucos para atrapar a un lector, porque cada gusto es particular. Están los que prefieren las líneas más melancólicas, humorísticas, poéticas... Cada individuo debe armar su propio recorrido por la literatura. De lo que sí estoy convencida es de presentar textos inteligentes, ya que los chicos son personas con una sensibilidad muy despierta –mucho más que la mayoría de los adultos–. Los libros deben desafiarlos y no ser un mero objeto que pasa desapercibido”.

“Si el libro está instalado entre sus juguetes o entre sus objetos, el niño ya estará familiarizado con él, lo que lo hará accesible simbólica y materialmente”. Clara Huffmann
Un fenómeno que marcó historia
Recientemente, se cumplieron veinte años de la edición del primer ejemplar de la saga de Harry Potter. La creación de J.K. Rowling revolucionó la industria literaria infantil. Se estima que, en todo el mundo, se vendieron más de 400 millones de libros impresos, traducidos a 78 idiomas. 

¿La recaudación? Casi 8000 millones de dólares. Y pensar que en un comienzo más de diez editoriales se negaron a publicar el primer tomo...
¿Leen los chicos? 
Pese a las conclusiones de diversos informes, Abusamra es cauta con respecto al planteo. “Soy de la idea de que no todos tienen problemas de comprensión; lo que ocurre es que muchos no saben reproducir lo que leen, lo que no significa que no lo entiendan. Desde hace muchos años me desempeño en escuelas y, sin querer contradecir a nadie, mi experiencia arroja que el 70% de los chicos no leen. Lo que resulta interesante es poder confrontar los datos y ponerlos en contexto”, se explaya la especialista.

Más allá de los números fríos, desde la Fundación Leer proponen como meta sumergir a los más pequeños en la lectura. Su directora ejecutiva, Patricia Mejalelaty, ahonda en por qué es fundamental estimularlos: “Un chico que lee tiene las puertas del mundo abiertas en sus manos. Un chico que lee es capaz de poder acceder a mundos pasados, a mundos futuros y a mundos que no existen; es capaz de ampliar su vocabulario, de adentrarse en los universos más complejos del decir, de estructurar su pensamiento y de convertirse en un lector crítico. En un presente en el que la información nos sobrepasa, la lectura nos permite hacer una reflexión, formar nuestra propia voz y pensar en el planeta que queremos crear”.

Desde la Fundación decidieron lanzar un desafío para incentivar el hábito en los hogares y en las escuelas de toda la Argentina. ¿El objetivo? Llegar a veinte libros en un año: “Leer 20-20 es una iniciativa que puede parecer muy ambiciosa; pero si consideramos que un ciclo lectivo se extiende a lo largo de diez meses, se trata de encarar un título en la escuela y otro en la casa durante un lapso de treinta días. Si pensamos que este tipo de textos son realmente breves, es suficiente con leer un poquito todas las noches para conseguir eso y más”, comenta Mejalelaty.  

Para cumplir con el propósito, la Fundación creó una plataforma digital (www.desafio.leer.org) que guarda convenios con autores, ilustradores y editoriales que cedieron material segmentado por edades. “Cada quince días aparece publicado un libro nuevo. Luego invitamos a los chicos a participar en una trivia con preguntas, lo que sirve para conversar en torno a lo leído. Como queremos que sea también divertido, está pensado en forma de juego: cada chico que completa la trivia se gana una medalla. La idea es que, cuando finalice la campaña, cada chico haya alcanzado las veinte medallas y pueda descargar vía Internet su diploma digital”, agrega Mejalelaty sobre la metodología, a la vez que aclara que Leer 20-20 tiene una modalidad para instituciones educativas en las que entrega mochilas con treinta libros que se dividen por grado.

“Un chico que lee es capaz de adentrarse en los universos más complejos del decir, de estructurar su pensamiento y de convertirse en un lector crítico”. Patricia Mejalelaty
Seis razones para leer con los niños
1. Enriquecerán su imaginación y creatividad. Podrán inventar ellos mismos relatos y personajes que los acompañarán toda la vida.
2. Ampliarán su vocabulario y aprenderán a comunicarse cada vez mejor, tanto en forma oral como escrita.
3. Al compartir lecturas y participar en conversaciones a partir de ellas, aprenderán a escuchar, a respetar los turnos para hablar, a dar opiniones y a expresar sus sentimientos.
4. Incorporarán información variada y podrán construir nuevos cono-cimientos. Accederán a gran parte del patrimonio cultural de su comunidad, su región y el mundo.
5. Cuanto más practiquen la lectura, comprenderán más y mejor cuando leen.
6. Al leer junto con un adulto, aprenderán de los saberes y de las estrategias de lectura que el mayor despliega en ese encuentro.

Fuente: Fundación Leer.

Libros ¿versus? tecnología

A la hora de incentivar la lectura en un chico, hay que lograr primero que abandone distractivos como la televisión, la computadora, el celular o la tablet. Parece una misión complicada, pero no es imposible. Desde Pípala, Huffmann se muestra contundente respecto de este asunto: “En la actualidad, los chicos están sobre estimulados, sobre todo por aquello que proviene de las pantallas. Ellas y los libros pertenecen a mundos diferentes, pero conviven en los hogares: por eso, hay que buscar momentos para la computadora, la tablet o el celular, pero también para los libros. Muchas veces, el hábito se adquiere por imitación, ya sea viendo al adulto leyendo o compartiendo con él una lectura”.

Por su parte, desde la Fundación Leer creen que aunque la computadora es la gran rival del libro, está en los padres revertir eso. “La verdad es que, hoy por hoy, los chicos leen todo el día, ¿pero dónde? En Facebook o en Twitter, que no es la lectura que nosotros promovemos. Buscamos una lectura de textos más complejos, literarios, donde se tienen que poner en juego otras habilidades para poder enfrentarlos”, explica Mejalelaty. Y advierte: “Lo que digo no va en detrimento de la tecnología. El libro en papel es maravilloso, pero asimismo puede serlo en una tablet o en la computadora. Lo primordial es que los adultos sean capaces de entusiasmar a los chicos con la lectura y de mostrarles todo aquello que los libros esconden. Este es un proceso que comienza al nacer y nos acompaña siempre”.

Para finalizar, la especialista Valeria Abusamra, comenta: “Las últimas investigaciones que se hicieron en Europa acerca de la comprensión de textos demostraron que cuando empezás a trabajar desde la oralidad facilitás el desarrollo de la lectura y la escritura. La oralidad en los niños resulta muy beneficiosa y, por eso, es imperioso leerles desde que son bebés. En cualquier formato, los libros son grandes compañeros y herramientas para toda la vida”.

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