Día del Niño


Cómo son cómo serán


Por Alejandro Duchini.


Cómo son cómo serán
La actualidad resignificó los parámetros de la infancia. Dos especialistas debaten sobre el rol que juegan los padres, la escuela y las nuevas tecnologías en los adultos del futuro.

¿Qué chicos se crían en estos tiempos de tecnología? ¿Qué rol juegan los padres actuales, acusados de intentar ser eternos adolescentes? ¿Y las escuelas? ¿Los maestros? ¿Superarán nuestros hijos a las generaciones que los anteceden? Durante dos horas, dos especialistas de vasta trayectoria intercambiaron ideas (coincidentes o no), dialogando con ánimo de armar un rompecabezas para entender la infancia made in siglo XXI y hacia dónde van los adultos del futuro.
“Hoy se vive una infancia distinta. Están sometidos a problemáticas que antes no existían, como inéditas configuraciones familiares y su transformación en objetos de un mercado que busca en ellos nuevos consumidores. Adquirieron un creciente protagonismo a partir de las últimas décadas del siglo pasado, siendo reconocidos como sujeto de derecho por diferentes organismos internacionales, como la Unesco, Unicef, la OEA. Así, por ejemplo, tienen derecho a la alimentación, la vivienda, la educación. Pero habría que pensar a qué tipo de vivienda o de educación. Es algo que me cuestiono, porque hay chicos carentes de casi todo y otros que plantean a los padres exigencias permanentes. ¿Solo tienen derechos? Porque todo derecho tiene un deber implícito. ¿Cómo hacemos para que sepan que la vida no es solo ‘derechos’ y prepararlos para que adquieran autonomía con buena autoestima?”, se plantea la psicopedagoga y profesora Cristina van der Kooy, integrante de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Psicología Médica del Matrimonio y la Familia de la Asociación Médica Argentina. 

Adrián Dall’Asta, licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades, y creador de la Fundación Padres, coincide con el planteo, y agrega: “Me parece que la infancia del siglo XXI tiene poco juego. La tecnología reemplazó a la naturaleza, y esto no es una crítica a esos avances, sino a la tercerización de la presencia: mientras nuestros hijos se entretienen con la tablet, los adultos nos dedicamos a otra cosa. El punto es que, sin los padres, los chicos no juegan, no se mueven. Entonces, aparecen problemas con el sedentarismo, la obesidad, la depresión y el estrés. Hablan inglés y saben de música, pero son sujetos pasivos, aburridos”.

“Esta etapa del siglo XXI es muy revolucionaria.?De acá a veinte años, las miradas serán distintas. Las nuevas generaciones serán menos formateadas, más genuinas y más nobles”.  Adrián Dall’Asta

Algunos de los puntos que los expertos revisan son las dificultades en el aprendizaje, los trastornos en la lectura, los errores de pensamiento, las fallas para jerarquizar lo importante de lo accesorio y las falsas nociones de juego. Sin embargo, Dall’Asta muestra su costado optimista: “Tenemos una infancia alucinante en términos de apertura mental, de atreverse a cosas a las que nuestra generación no se animaba. Estamos ante una gran oportunidad. Aunque también creo que hay una brecha enorme entre el adulto y el niño en términos de conocer cómo es el niño. Y ahí influyen los sistemas de aprendizaje que son absolutamente obsoletos”.

–Estamos hablando de instituciones como la escuela.

–Dall’Asta: No se puede seguir enseñando a un alumno que está ocho horas sentado en una silla. En los países civilizados, los chicos aprenden matemática contando los árboles. Debemos comprender que los niños de hoy tienen una cabeza mucho más emocional y una capacidad más macro de ver la vida. No obstante, seguimos repitiendo los nombres de setenta ríos; es decir, enseñamos a chicos de 2017 con un sistema del siglo pasado. 
–Van der Kooy: También está el tema de la cantidad de alumnos que se tienen en clase: para un docente es muy difícil atender a treinta y cinco alumnos a la vez. No se puede. Por eso, yo soy de las que dicen que no es verdad aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Es fundamental probar otras estrategias de enseñanza, sobre todo para que no haya que complementar lo que brinda la escuela con profesores particulares a expensas de horas de descanso o alimentación.

– ¿Los medios de comunicación influyen negativamente?

–Van der Kooy: Algunos muestran permanentemente lo malo de una sociedad. Es cierto que hay violencia, problemas sexuales... Pero yo pregunto si antes no los había. Claro que sí; lo que sucede ahora es que hay como un regodeo de mostrar constantemente la dificultad.
–Dall’Asta: A los valores les falta marketing. No se muestra a chicos valiosos. Por el contrario, aquel que es buen compañero, buen deportista y buen estudiante pasa desapercibido. Tiene prensa el que hace las cosas mal. Antes nos repetían: “Estudiá, así tenés un futuro”. A esa frase, hoy nos responden: “No molestes”.

–Van der Kooy: O nos dicen: “Prefiero ser feliz”. ¿No lo escuchaste?

–Dall’Asta: Claro, porque se sobrevalora la felicidad. ¡Y no es algo tan fácil de definir! Pareciera que fuese hacer lo que uno quiere. Es un punto en el que podemos debatir un rato largo. Me parece que el mensaje de los jóvenes a los adultos no es “Quiero ser feliz”, sino “No quiero ser como vos, que llegás tarde del trabajo y te quejás de que la vida te engañó”. Hay un mensaje muy fuerte de los adultos que reniegan de la vejez. Se instala la adultescencia como valor supremo. Y los chicos no compran ese modelo.

–En este contexto, ¿cuál es el rol que debe desempeñar la familia?

–Van der Kooy: Es el punto de partida. El ser humano –sobre todo los chicos y los ancianos– es un ser desvalido que necesita de un otro que lo cuide. ¿Qué significa esto? Mucha dedicación. Pasamos de un tipo de familia muy patriarcal, con roles bien definidos, a otro con mayor flexibilidad, en la que los roles se intercambian aunque es necesario que se cumplan. La interacción familiar no es la misma que la de años atrás. En muchos casos, en aras de la individualidad, se perdió la pertenencia al grupo.
 
– ¿Quién genera ese individualismo? ¿Nuestra generación tal vez?

–Dall’Asta: Considero que sí, pero también creo que la naturaleza equilibra. Lo que más admiro de las nuevas generaciones es que buscan abrir nuevas puertas. Estamos en un mundo agresivo en términos de mercado, de individualismo extremo. 
–Van der Kooy: La persona posmoderna tiende a darle primacía a su individualidad, al pensamiento muy pragmático, a veces poco reflexivo, con predominio de las emociones. 
–Dall’Asta: Pero, insisto, quiero fijarme en lo positivo. Creo que todo lo que no es bueno es equilibrado por generaciones abiertas a otras cosas. Hay un lenguaje que a los chicos actuales “no les va” –como dicen ellos–. Esa es una oportunidad. Saber leer a la infancia en su sentido más productivo.
–Van der Kooy: Para eso debe haber padres que confronten pero, paralelamente, respeten, ya que cuando se sabe acompañar aparece la esencia del ser humano y los hijos terminan aceptando a sus padres. Es entonces cuando encuentran su verdadero lugar.
 
–Dall’Asta: Es la sana transición de la adolescencia a la madurez...

–Van der Kooy: Claro. La niñez es la etapa en la que más cuidado hay que tener, porque cuanto más incomprensión afectiva y de pensamiento hay, menos se puede dejar al chico sometido a información o espectáculos de violencia que no entiende cómo procesar.
–Dall’Asta: El tema pasa por respetar la infancia. La niñez es niñez y el verdadero derecho que tiene el niño es a ser niño, que implica, además del alimento y la vivienda, su desarrollo corporal y emocional, el acceso a la cultura, al buen uso de su libertad, al tiempo y ocio creativos. Lo que irrumpe contra eso hace “esclavitos modernos” que, en el fondo, los vuelve seres demandantes de no se sabe qué. 
–Van der Kooy: ¿Y por qué pasa todo eso? Porque no son genuinamente libres. La verdadera libertad está unida a la madurez, a aceptar responsabilidades que nos atan a ciertas cosas. Eso es lo que más nos está costando hoy. Dicen falsamente que son libres, pero no lo son.
–Dall’Asta: Confunden libertad con hacer lo que se les antoja. Y eso está muy lejos de la libertad.

“Debe haber padres que confronten pero, paralelamente, respeten, ya que cuando se sabe acompañar aparece la esencia del ser humano y los hijos terminan aceptando a sus padres”. Cristina van der Kooy
Tecnofuturo
Las nuevas tecnologías, con Internet como emblema, tienen el gran poder de unir (o separar) a las nuevas y viejas generaciones. Según Dall’Asta, estamos atravesando un momento de transición. “El televisor, por ejemplo, está desapareciendo en el sentido tradicional. Todo es nuevo permanentemente. Los chicos se divierten más con un youtuber que con un cómico de un programa de la pantalla chica. Y eso me parece fabuloso”, define el director de la Fundación Padres. Y profundiza: “Internet logró la democratización de los medios. Allí nadie dice si tal o cual cosa es buena o mala. La gente lo elige. Es muy interesante. No obstante, insisto en que lo que sigue influyendo en las decisiones que toman los niños no son los medios ni la cultura, sino su familia”.

–Por eso es importante acompañarlos.

–Van der Kooy: Es clave. Yo advierto que en algunas familias los chicos están mucho tiempo solos y con acceso libre a los medios. Entonces es cuando debe aparecer el adulto, pero no como controlador o prohibidor. Decirles que no también es quererlos.
–Dall’Asta: A veces olvidamos que los padres no celebramos un contrato con los chicos. O?sea, no es un acuerdo de pares en el que uno manda y otro obedece. La relación padre-hijo es vertical. No es democrática.
–Van der Kooy: La relación es asimétrica porque una persona está en una etapa evolutiva distinta a la otra. Lo mismo ocurre con el vínculo docente-alumno, solo que el problema que estamos teniendo es que son los propios maestros los que le temen a esa asimetría, ya que la asocian con el autoritarismo. Lo que necesitamos es una buena autoridad, que no es lo mismo que autoritarismo. El docente puede no conocer todo, pero lo que no debe permitirse es dejar su lugar de adulto que guía, encamina, facilita.

– ¿Son optimistas en cuanto al futuro de nuestros niños?

–Van der Kooy:
 ¡Sí, por supuesto, porque la vida brota! 
–Dall’Asta: La humanidad demostró que tiene anticuerpos frente a las crisis. Esta etapa del siglo XXI es muy revolucionaria, muy poco clara. De acá a veinte años, las miradas serán totalmente distintas. Las nuevas generaciones serán cada vez menos formateadas, más genuinas y más nobles. 
–Van der Kooy: El gran desafío que tenemos como padres, como abuelos y como generación es analizar de qué manera construiremos un mundo con tantas diferencias culturales, étnicas, ideológicas o lingüísticas. Así que no solo soy optimista, sino que creo en las buenas personas. Siempre.

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