TENDENCIA


Remar en familia


Por Aver Contenidos (Federico Svec).


Los Feldman pasan sus vacaciones en una región de Brasil conocida como la península de la Costa Esmeralda. ¿Por qué la eligen? Porque son amantes del kayak y allí pueden practicarlo con su hija de 3 años. Además de aguas seguras, este rincón entre Porto Belo y Bombinhas regala un entorno paradisíaco.

Irena tiene 3 años, pero ya cuenta con su propio remo. “Cuando estamos en el kayak, lo lleva siempre en la mano y ¡cuando quiere rema!”, dice su papá. No es casual que a esta niña le corra el deporte náutico por la sangre, ya que es hija de Gustavo Feldman y Mariana Dimarco, una pareja de dos veloces kayakistas que llevan decenas y decenas de travesías a cuestas. 

Gustavo es un aventurero de toda la vida: además de competir en diferentes botes de remo, participó en carreras de mountain bike y es uno de los pocos argentinos que se le anima al desafío Eco Challenge en cada edición. 

Mariana conoció el universo del kayak cuando se enamoró de Gustavo, pero no tardó en comenzar a participar en travesías clásicas, como la del Nahuel Huapi, la que llega a la isla Martín García o la que organiza asiduamente el aventurero Alfredo Barragán. Las aguas internacionales también la vieron remar cuando cruzó el canal de Panamá en botes típicos de esa región.

Claro, Irena no podía quedar afuera. Viaja en kayak desde muy pequeña; primero lo hacía en los brazos de su madre, pero hoy ocupa su propio asiento. Para los paseos familiares, Gustavo y Mariana buscan aguas calmas y que no presenten riesgos, como las de la península de Costa Esmeralda, en Brasil. 

“El lugar es en la zona de Porto Belo y Bombinhas, a 1600 kilómetros de Buenos Aires. Para llegar hasta ahí viajamos a través de Uruguay y entramos a Brasil por la ciudad fronteriza de Santa Ana do Livramento”, cuenta Gustavo, y asegura que, aunque el camino no está en el mejor estado, es corto y tiene menos tránsito que las otras alternativas. 

Para que el viaje sea más liviano (sobre todo si uno va con chicos), los Feldman recomiendan parar a dormir a mitad de camino, en la zona de Río Grande Do Sul. De allí en adelante, aconsejan tomar la ruta costera, que es más larga, pero más pintoresca. 

“De esa forma empezás a disfrutar un poco de la playa, que en esa zona se parece a las argentinas, porque es abierta y menos reparada de la fuerza del mar que las que encontrás después”, comentan. 
Todos a bordo
La familia de aventureros llegó al municipio de Bombinhas cuando se cumplía un nuevo aniversario de su creación.

“Es un municipio nuevo, de unos veinte años; antes pertenecía a Porto Belo, que está justo al lado. Las dos prefecturas se encuentran en una península que tiene forma de estrella, con la mayoría de las playas de mar tranquilo y solo algunas de mar abierto, que tienen aguas de mayor oleaje”, detalla Mariana. 

–¿Cómo fue el primer día?
M: Empezamos por armar el bote y, para probarlo con algo liviano, de adaptación, nos fuimos hasta la isla Joao da Cunha a pasar todo el día. 

G: También la llaman “isla de Porto Belo”; está enfrente, a unos mil metros de la costa. Es muy tranquila, excepto en enero o cuando llegan los cruceros con miles de personas. Pero salvo en esos momentos, la isla tiene poca gente y hay varias ensenadas con playitas de agua transparente. Es una reserva natural, con senderos para recorrer y un museo ecológico. 

–¿Qué precauciones tomaron para que las travesías con Irena fuesen tranquilas y no hubiese peligros?
M: Lo primero que hicimos fue un relevamiento por tierra de las playas que están más al norte, como Perequé, que no conocíamos. Según cómo entre el viento, va a haber olas o no, de acuerdo con las distintas puntas que tiene la península y que funcionan como reparos naturales. Queríamos chequear que íbamos a tener aguas calmas para poder remar cada tramo con seguridad. Después, agarramos el bote y, como las condiciones eran buenas, remamos desde Perequé hasta la playa de Porto Belo. Hicimos este recorrido ida y vuelta. En total, fueron unos veinte kilómetros.

–Pero la aventura no terminó ahí…
G: ¡No! Después remamos toda la costa de Bombas y Bombinhas. Un poco por casualidad, nos encontramos con una competencia que se hace con los botes a remo de los pescadores, y de los dueños de las posadas y los restaurantes. Nos vieron con el kayak y nos invitaron a participar. Era algo muy familiar. En cada bote remaban los hombres y mujeres de la familia. Salían desde la playa de Bombas y llegaban hasta Bombinhas. Después de la competencia, había un gran festejo con un banquete repleto de comidas con frutos de mar.

–¿Y participaron?
M: Sí, no dudamos un segundo y les dijimos que sí. ¡Pero éramos los únicos en nuestra categoría! Resulta muy curioso que, en estas costas paradisíacas, se vean muy pocos kayaks. Parece que las travesías en este tipo de botes todavía no engancharon a los brasileños. 

–¿Qué cosas no pueden faltar en un viaje de aventura como este? 
G: Para el kayak en sí mismo, no se necesita mucho. Con los salvavidas, una bomba de achique, provisiones y mudas de ropa, alcanza. La navegación es muy costera, así que no se precisan GPS. Lo que no hay que olvidarse es el protector solar y, en nuestro caso, llevábamos una sombrilla para Irena.
Otro Brasil
Pero no todo fueron travesías a remo. La familia también se dejó tentar por otras invitaciones cariocas.  

–¿Qué hicieron además de sus días de kayak y paseos costeros?
G: Uno de los grandes atractivos de Bombinhas es el buceo, así que, si bien no buceamos, aprovechamos para hacer snorkeling. Hay varias playitas ideales para sumergirse, que en realidad tienen fondo rocoso. Nosotros elegimos Sepultura, una zona muy linda e ideal para esta práctica, en donde las estrellas de lo que podés ver bajo el agua son las tortugas marinas.

–¿Cómo se llevaron con la comida? ¿Extrañaron los platos argentinos?
M: Para reponer energías siempre hay pescado fresco. El más típico es la anchoa grillada. Un pez grande, carnoso, muy rico. Allá es como comerte un bife con papas fritas o una milanesa. Lo acompañás con arroz y los porotos de la feijoada. ¡La verdad es que los brasileños comen mucho! Nosotros no estamos acostumbrados a tanto. Con los desayunos tan abundantes que te sirven en todos lados, en general, los mediodías alcanzaba con hacer un picnic, así que llevábamos pan de queso, pastel de camarones y ensaladas.

–¿Irena volvió contenta con la experiencia de estas vacaciones?
G: ¡Sí! Además, siempre que hacemos este viaje, para terminarlo con un plan bien familiar, vamos a un parque de diversiones fantástico que está sesenta kilómetros al norte, en la localidad de Penha. Se llama Beto Carrero World.

M: El nombre viene de un famoso vaquero catarinense, que fue el fundador. La verdad es que está muy bueno y es para pasar uno o dos días por lo menos. Tenés de todo, desde paseos en calesitas de Dumbo para los chicos hasta montañas rusas radicales o shows extremos para los grandes. Por ejemplo, hay una de las montañas rusas que es invertida, donde vas casi todo el tiempo cabeza abajo enganchado de un arnés. 

Con la visita a Beto Carrero World, los Feldman terminaron este viaje que ya sienten como una tradición: “Nos encanta, porque combina unas típicas vacaciones en familia con lo que más amamos, que son las travesías en kayak. Para eso Porto Belo y Bombinhas son ideales, un paraíso”.
Bajo el mar
A Bombinhas la llaman la “capital del buceo ecológico”, por las maravillas que esconde en su porción de océano: tortugas marinas, estrellas de mar, peces de todos los colores, corales, hipocampos. La principal zona de buceo es en el archipiélago de Arvoredo, la reserva biológica marina más importante de la costa catarinense. La isla de Arvoredo, a una hora y media de navegación, es quizás el sitio más famoso del sur de Brasil para bucear. 

Tiene varios puntos que permiten llegar a una profundidad de 6 a 16 metros y la visibilidad promedio es de 15 metros. La fauna, común en toda la zona, incluye peces ángel, garopas, rayas, langostas, estrellas de mar, erizos, pulpos y gran variedad de pequeños peces multicolores. En la isla Galés, a poco más de una hora de navegación, con condiciones similares de visibilidad que Arvoredo, se puede bucear en los restos del naufragio del Lilly. Con lugares de hasta 40 metros de profundidad y mejor visibilidad que las otras, Deserta es la tercer isla de la reserva.

Por su cercanía, la playa de Sepultura, en el extremo de la bahía de Bombinhas, es un sitio muy popular entre principiantes, para inmersiones nocturnas y snorkeling.
Más sobre Bombinhas
En este municipio se pueden encontrar veintinueve playas; las más conocidas son Bombinhas, Bombas, Quatro Ilhas, Mariscal, Canto Grande y Zimbros. El mayor movimiento está en las playas centrales de Bombas y Bombinhas. Quatro Ilhas es uno de los lugares más bellos y místicos del municipio, situado frente a las islas de Arvoredo, Galé, Deserta y Macuco. También es conocido a nivel internacional como point surfero. Con 4 kilómetros de extensión, Mariscal es otro lugar muy buscado por los surfistas. La ensenada de Zimbros se caracteriza por su paisaje pintoresco y sus botes de pescadores. Las aguas son claras y tranquilas. Canto Grande es la playa más extensa de todas, dividida en dos: Mar de Fora y Mar de Dentro. 
Ecoturismo
Este destino turístico no está fuera del auge del cuidado del medio ambiente. Cuenta con tres sitios de especial interés para los conservacionistas: el Parque Municipal de la Galleta, el Parque Municipal del Morro de los Monos y un área de relevante interés ecológico llamada Costera de Zimbros, donde pueden realizarse caminatas por las sendas que fueron construidas por los antiguos moradores de la floresta. Uno de los principales atractivos es la observación ornitológica en plena Selva Atlántica.
Más sobre Porto Belo
Está cuatro kilómetros al norte de Perequé. Entre un punto y el otro, se encuentra Costao das Vieiras, formado por tres playas tranquilas y paradisíacas. Después están Aracá, una tradicional colonia de pescadores que todavía preserva sus costumbres, y Estaleiro, de difícil acceso pero una de las mejores para el buceo. Frente a la isla De Porto Belo está Praia do Baixio, donde se practican deportes náuticos. Hacia el sur se halla Praia do Caixa D’Aco, un puerto natural de aguas transparentes con bares flotantes para saborear frutos de mar. 

Finalmente está Ponta de Porto Belo, también llamada Pontha da Galheta o Ponta da Garoupa, donde se puede ver el verde de la Mata Atlántica preservada y pequeñas bahías de paredes rocosas que bordean el mar.

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