Día de la madre


Mamis millennials


Por Mercedes Fortuny.


Mamis millennials
Con el reinado de las redes sociales y la posibilidad de encontrar información a un solo clic, tener un hijo ya no es lo que era. Hablan las protagonistas de la nueva maternidad.

Cuando una mujer se convierte en madre, se produce una revolución en todos los aspectos de su vida. Sí, en todos. Por eso, aquello que rodea el universo de la maternidad no es solo uno de los segmentos que más creció en el ciberespacio, sino uno de los que se nutre de mayor cantidad de herramientas tecnológicas para afrontar esta etapa. ¿No lo cree? Haga la prueba: tome su celular y busque aplicaciones vinculadas al término embarazo: la lista puede resultar interminable. “Me bajé las tres que más puntaje tenían. Babycenter es como mi gurú: te dice cuántos días llevás de embarazo, cuánto falta para la fecha probable de parto; te indica la evolución del bebé, los cambios en tu cuerpo, qué es bueno o saludable para tu hijo, tips de moda o lo que hay que comprar para el primer año. Es supercompleta”, cuenta Silvina Santa Ana, de 34 años, debutante en el equipo de las embarazadas.

Convertirse en mamá colma a cualquier mujer de dudas, miedos y reflexiones. En la era pre-Internet, estas cuestiones se resolvían charlando con la madre, una tía, una amiga o un médico. Hoy, las costumbres cambiaron y muchas se vuelcan a las redes sociales en busca de información, consejos, empatizar con alguien que esté atravesando una situación similar, o, simplemente, con el único objetivo de compartir su propia experiencia. “No estaba muy a favor de las páginas con relatos de vivencias, pero ahora que estoy llena de preguntas, empecé a seguir a otras mamis para sentirme más acompañada. Aunque uno tiene un entorno, a veces la maternidad propia no coincide con la de las demás mujeres; por eso intento conectarme más con el tema investigando en Internet”, agrega Santa Ana.

Las mamás millennials son una generación de mujeres que nacieron entre 1980 y 2000. Cuando muchas de ellas abrieron sus ojos por primera vez, no existían las ecografías y era impensable saber el sexo del bebé con antelación. De adultas, pudieron elegir en qué carrera anotarse, dónde desarrollarse profesionalmente, cómo transitar el embarazo, qué tipo de parto elegir, qué método de lactancia es más efectivo. Hoy, la maternidad se vive de una forma presente, más consciente e informada. De acuerdo con un estudio realizado por la consultora Influence Central, en Estados Unidos, el 77% de las mujeres millennials asegura que Internet las ayuda a ser una mejor madre. Por su parte, el 72% usa las redes sociales para aconsejar a otras mamás, y el 70%, para compartir historias y anécdotas sobre la temática.  

La mexicana Sara Rosenthal, creadora de la comunidad digital Naran Xadul, donde la siguen casi dos millones de personas, considera que hay varios aspectos que delimitan la nueva era de la maternidad. En primer lugar, la aparición de las redes sociales. “Las mamás millennials preguntamos de todo y a cualquier hora, y recibimos decenas de consejos de nuestras tribus virtuales”, describe Rosenthal.

El segundo aspecto que identifica a las madres del siglo XXI es la toma de decisiones con mucha más “data” de la que manejaban antaño, aunque eso tenga su costado polémico. “Por ejemplo, no dan por sentado nada de lo que les dicen los doctores, las madres, la abuelas o las amigas. Cualquiera de ellos puede darles una indicación, que chequearán en Google. Hace diez años lo habrían aceptado sin cuestionarlo”, acota Rosenthal. 

Adriana Penerini, licenciada en Psicología, y directora de los portales Bebé a Bordo y Área Slow, profundiza este punto: “El ‘mágico’ mundo de la computadora se está apoderando del paradigma del saber, reemplazando, en ocasiones, el propio criterio. Internet puede aportar algo pero nunca reemplaza la intuición femenina: toda mujer sabe cómo ser madre, con y sin computadora, con y sin libros, con y sin ayuda, con y sin hombre cerca, con y sin esta nota. Nuestra energía no precisa de ningún hosting, arroba o password. Las palabras clave son dos: conocerse y confiar”.
Ventajas y cuidados
¿Cuál es el momento preferido de toda mama millennial? Sí, cuando los hijos se duermen. Ahí comienza otra historia para muchas de ellas: toman sus teléfonos (aunque la mayor parte del día lo tengan en la mano), ingresan a sus redes sociales y comparten su cotidianidad. “Nos caracterizamos por mucha renuncia, mucha culpa, y por tener poco tiempo y estar siempre a las corridas. Pero, con respecto a las mamás del pasado, somos más libres de espíritu. Estamos preocupadas por el mundo que vamos a dejarles a nuestros hijos pero, a la vez, ocupadas en la participación activa de su crianza sin perder conexión con el yo mujer y los roles que conseguimos tener. Coquetas y audaces, somos dueñas de una mirada crítica y nos reinventamos constantemente. Claro que estamos muy conectadas como cibernautas, pero también queremos volver a la esencia de la intimidad cuando estamos en casa”, dice Florencia Sanguinetti, 35 años, mamá de dos niños,  radicada en Santiago de Chile.

Cuando quedó embarazada de su hijo mayor, hace cuatro años, dejó la gerencia de Finanzas en una multinacional, y se le despertó la necesidad de expresar lo que sentía con respecto a ser mamá. Así fue como decidió abrir su propio espacio en Facebook con el nombre Flor the Flower. “Arranqué con la única meta de contar historias y ponerle un poco de condimento a nuestro día a día. Soy muy observadora y, lo confieso, muy charlatana. Pero tuve una repercusión impresionante y no tardaron en llegar los comentarios y las felicitaciones. De ahí en adelante me embarqué en este proyecto”, desliza Sanguinetti.

Hay algo en común entre estas mujeres, amén de ser millennials, madres y tener sus propios blogs afines: cada vez que escriben algo, les gusta conocer lo que sus textos generan en sus pares. “En ese instante comprendo el objetivo inconsciente de mis relatos: ayudar, colaborar y acompañar desde mi humilde lugar a una generación de mujeres y madres que tienen ganas de dialogar, que necesitan emocionarse, ser comprendidas, que aceptan sus errores y se ríen de ellos”, revela Sanguinetti.

Es importante saber diferenciar entre opiniones fundamentadas y publicidad. La presencia de blogs, portales y cuentas en redes sociales vuelve muy fácil acceder a todo tipo de información... que puede desinformar. Santa Ana admite que toma con “pinzas” lo que lee en la Web. Si le parece pertinente, anota y consulta a su médico en la siguiente visita. 

A propósito, la doctora Alejandra Belardo, médica ginecóloga especialista en anticoncepción y jefa de Endocrinología Ginecológica del Hospital Italiano, sostiene que Internet es un gran aliado, pero no el lugar por excelencia donde instruirse. “Allí hay un sinfín de datos ciertos, pero otros que son absolutamente falsos. Hay que entender esto: es una herramienta que ayuda, pero no basta, no educa. Por supuesto, existen sitios muy reconocidos y confiables, pero no todas las pacientes pueden percatarse de si lo que encuentran es correcto o no”, afirma la doctora Belardo. 

No todas las madres son fans de lo que prolifera por la Red. Desde Flor the Flower, Sanguinetti alza la voz: “Cuando nació mi segundo hijo, Internet me mareó un poco. Sentí que el sensacionalismo había llegado al tema de las mamis y que, en vez de colaborar, me apabullaba. Por eso, me volví más selectiva a la hora de informarme y miro con otros ojos los artículos tendenciosos, la publicidad vacía de coherencia y contenido”. En la misma línea, María Eugenia Rodríguez, mamá de dos nenas y oriunda de Bahía Blanca, declara: “En mis dos embarazos tuve colestasis gestacional, así que googleaba todo lo que podía sobre este trastorno fisiológico. ¿La verdad? Lo hacía de manera obsesiva y poco recomendable”.

Elquedelele es el blog que Rodríguez escribe para que lo lean sus hijas cuando sean grandes: “Lo empecé sin ser mamá. Este año lo relancé, pero con un tono distinto: directamente, les hablo a mis hijas. Me gustaría que en el futuro puedan comprender cómo veo el mundo de nuestra casa mientras ellas son chiquitas”.
Influencers

Hay más subgrupos dentro de las mamás millennials: las madres influencers. Son aquellas que, a través de sus redes sociales, además de compartir anécdotas y sentimientos, publicitan distintas marcas o productos que concuerdan con su perfil, por lo que se transforman en referentes dentro del mundo de la maternidad y la crianza.

Según el estudio de Influence Central, el 81% de las madres manifiesta que las recomendaciones de las influencers y blogueras les resultan más auténticas que las que se publican en los medios tradicionales. Por otra parte, el 78% cree que es más probable que compre un producto si una madre influencer lo sugiere, y un alto porcentaje asevera que ellas ocupan un rol que las mujeres necesitaron siempre y que, en los últimos tiempos, estaba vacante: escuchar y acompañar en las peripecias de la maternidad y aportar una calidez (virtual) similar a la de una amiga.  

Ante el surgimiento de las madres influencers, no todos concuerdan: están quienes las apoyan y las que no simpatizan del todo con el concepto. “Ya quedó claro que no hay demasiada inocencia en esta movida de utilizar las redes y a sus protagonistas para vender y consumir determinados productos y servicios. Teniendo en cuenta eso, me parece un trabajo como cualquier otro. Yo no sé si lo haría, ya que no tiene ningún vínculo con mis cuentos. Siento que me traicionaría un poco, que me limitaría a decir lo que realmente pienso”, sintetiza Sanguinetti.

Es probable que, en la era pre-Internet, y aunque no fueran conscientes de eso, existieran grupos prolactancia o los defensores a ultranza del colecho. Quién sabe. ¿Cuál es la gran diferencia que se da entre el ayer y el hoy? El ritmo y la vorágine de los horarios, los hijos y los empleos dejan escasísimo tiempo para destinarlo a la vida social. Todos los lazos pasaron a ser mayormente virtuales, con el WhatsApp como amo y señor. Y allí están, a merced de la tiranía del “visto”, las mamás millennials.
Como las de antes
Marta es abogada, tiene 68 años, tres hijos y varios nietos. Sus tres embarazos transcurrieron con total normalidad en una época en la que casi no había teléfono, recién aparecían los primeros televisores y las relaciones sociales eran cara a cara. 

“En mi época, la información provenía de las madres. Había un par de revistas especializadas y el obstetra era una fuente privilegiada”, cuenta. Nunca supo el sexo de sus hijos antes del nacimiento. En los tres, ingresó a la sala de partos sola porque, en aquel entonces, no se permitía la entrada de terceros. La lactancia no era una moda, todos los chicos se alimentaban con leches de fórmula, y los bebés dormían boca abajo (hoy, casi un pecado mortal). Tampoco existían las butacas para el auto,las mamaderas anticólicos ni los Baby Call. “Al ser casi una tradición oral, cada cual contaba su experiencia. Internet tiene a su favor que permite acceder a información general y –en teoría– objetiva, que además incluye datos estadísticos. El riesgo es que muchos de esos datos solo pueden ser evaluados correctamente por un profesional”, subraya. Y concluye: “Tengo sentimientos encontrados con las madres millennials. Pero me maravilla cómo, a través de un WhatsApp o una foto, mis hijos consultan al pediatra aun estando a kilómetros de distancia”.
Como las de ahora
Laura es mamá de Juana (7) y Matías (2 años y medio). En su primer embarazo se suscribió a distintas páginas de Internet que contaban cómo iba evolucionando el bebé en la panza. Durante su segunda experiencia, aun con los smartphones y las redes sociales en su máximo esplendor, optó por no descargarse aplicaciones. Un poco por falta de tiempo y otro por-que, a veces, tanta información termina confundiendo y generando miedos o ideas equivocadas. A los tres meses de su segundo embarazo, los resultados de un estudio genético no salieron bien y cometió –según ella– el gran error de buscar en Internet qué significaban esos valores. Los resultados que leyó fueron de todo tipo y color, desde lo más superficial hasta malformaciones y enfermedades sumamente graves. Muchos de estos datos no tenía ningún fundamento médico, pero, de cualquier manera, quedaron dando vueltas en su cabeza, provocándole una gran angustia. Recién cuando su obstetra le dijo que estaba todo bien, logró tranquilizarse. Hoy se define como una “adicta” a Internet. Le encanta compartir su experiencia como madre en las redes sociales, desahogándose y expresando los sentimientos que generan los hijos. Ya no se imagina la vida sin wifi.

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