Investigación


Formar un campeón


Por Alejandro Duchini.


Formar un campeón
¿Deportista de élite se nace o se hace? Destacados especialistas revelan cómo es el camino para llegar a competir en las grandes ligas. El rol de la mente, las emociones y el círculo íntimo.

Si hay alguna edad para empezar a formarse como deportista de élite, creo que es a partir de los 12 años. Pero, en realidad, depende del deporte. La gimnasia, por ejemplo, requiere de una formación previa, ya que el momento cúlmine es la adolescencia y la primera parte de la juventud. En una disciplina colectiva, en cambio, eso se produce entre los 14 y los 18 años. Las preparaciones son distintas: la parte técnica coordinativa, la técnica conceptual, la toma de decisiones, la mentalidad”. 

El que opina es Sergio “Cachito” Vigil, emblemático entrenador del hockey argentino y de Las Leonas. En su haber como director técnico figuran medallas olímpicas, títulos mundiales y panamericanos, pero, sobre todas las cosas, haber formado a una generación extraordinaria de jugadores que incluye a Luciana Aymar, ocho veces elegida la mejor del mundo.

En la actualidad, hay una profesión relativamente moderna que tiene cada vez más influencia en el ámbito deportivo: el coaching.

A sus 17 años, Delfina Pignatiello no solo acumula récords, sino que es campeona mundial juvenil: es el gran futuro de la natación nacional. Se levanta a las cinco de la mañana para nadar, asiste a la escuela –donde es abanderada–, vuelve a la pileta y estudia antes de irse a dormir. Detrás de esa sonrisa que deja ver cada vez que hace podio, hay una vida de puro sacrificio que se traduce en no salir con sus amigas ni comer todo lo que le gustaría. “La edad ideal para empezar a trabajar está entre los seis, siete y ocho años. En esa etapa, los niños son como una esponja: absorben y aprenden fácilmente”, subraya Juan Carlos Martín, su DT. Y profundiza: “Formar a un atleta de élite es un proceso largo. Hay que abocarse a lo técnico, al preentrenamiento o aprendizaje de conceptos básicos, luego a los sistemas metabólicos o aeróbicos, después a la elección de una especialidad, y, por último, al entrenamiento fino. Demanda entre ocho y diez años coordinar un buen trabajo psíquico, emocional y técnico”.

Más allá de las edades, otro de los factores que influyen es el lugar donde se desarrollará el atleta. “En Etiopía tendrá más chances como fondista; en Jamaica, como velocista y en Alemania, en pruebas combinadas. En cuanto a perfeccionar la técnica, no es lo mismo aprender a los diez años que a los veinte. Pero no creo que sea determinante la edad, sino las condiciones físicas y anímicas. El deportista de élite nace y se hace”, sentencia Fernando Signorini, expreparador físico de Diego Maradona, amén de haber sido parte de su cuerpo técnico en el Mundial de Sudáfrica y de haber acompañado a César Luis Menotti en el Barcelona de principios de los ochenta.

Federico Rossi, profesor, entrenador del seleccionado nacional de natación y preparador físico de alto rendimiento, habla de una “edad de oro”, que coincide con la afluencia de niños a los clubes. “Entre los seis y los nueve años, los papás introducen a sus hijos en el mundo del deporte. Lo que se aprende correctamente cuando el desarrollo del sistema nervioso central se encuentra muy permeable, queda fijado para toda la vida. Lo mismo sucede al revés: cuando se automatizan patrones erróneos de movimientos a esa edad es casi imposible borrarlos y arrancar de cero”, advierte quien trabaja con Andrea Berrino, otra gran apuesta de la natación vernácula. Y prosigue: “Lleva años de preparación formar a un atleta de primer nivel. No es mágico: son procesos en los que se deben respetar fases sensibles, que son estadios evolutivos en los que hay que desarrollar cada capacidad y cada condicionante”.
Viejos nuevos métodos
“Cachito” Vigil enumera tres claves a la hora de guiar a un atleta: entusiasmo, espíritu y motivación. “La formación no tiene pausa ni límite. Solo tiene búsqueda, aprendizaje, crecimiento permanente. El gran desafío es equilibrar los factores emocional, físico y psicológico”, engloba. En la misma línea, Signorini considera que no puede haber equilibrio físico si el deportista no está preparado mentalmente: “El tema de las presiones es muy difícil. Hay que saber manejar lo que se transmite desde los medios, aislarse de lo que ocurre alrededor... A los jugadores nunca se los prepara para eso. Entrenar es educar”.

En la actualidad, hay una profesión relativamente moderna que tiene cada vez más influencia en el ámbito deportivo: el coaching. Alejandro Oneto Gaona, experto en el mundo del fútbol y del rugby, lo define como un proceso de aprendizaje-entrenamiento personalizado y confidencial, en el que se toma conciencia de las metas, las dificultades y la necesidad de salir de la zona de confort para abrazar nuevos retos. “El coaching permite que el atleta sepa cómo llevar a cabo su sueño, a través de un plan de acción que contiene una serie de herramientas. El proceso puede durar de tres a cinco sesiones, que se extienden durante 50 minutos”, detalla Oneto Gaona. Y continúa: “Debe haber una inmediata ejecución de lo trabajado para no perderle pisada a los objetivos conseguidos. Por eso, lo ideal es realizar el coaching antes de los entrenamientos físicos y pospartido o certamen. Se apunta a mejorar la concentración, a qué hacer ante el temor al fracaso, a disciplinar las emociones –especialmente las vinculadas con las derrotas–, a ir por más y a diseñar el año deportivo”.

Por su parte, Rossi admite que suele consultar a referentes de otras áreas (como neurocientíficos) que aportan en la formación de un programa de entrenamiento global. “Todos estamos expuestos a dos tipos de tensiones: la emocional y la creativa –diferencia–. La creativa nos motiva a avanzar, a intentar concretar lo que nos propusimos. La emocional tiene que ver con los condicionamientos que surgen desde la propia cabeza. Cuando entendemos que somos el pensador y no el pensamiento, logramos llevar la mente hacia el estado que necesitamos. En psicología deportiva se denomina ‘cabeza azul’. Aquello que pensamos genera una emoción, nuestra emoción genera un comportamiento, y nuestro comportamiento determina el desempeño. Por lo tanto, controlando la raíz se puede equilibrar lo emocional y lo físico. A elevados niveles de motivación hay que bajar los niveles de ansiedad. Motivación alta, ansiedad alta: resultado pobre”.

Las presiones son una fija para los atletas. Lo primordial es replicar en el entrenamiento lo que terminará aconteciendo en el campo de juego.
De gatitos y leones
Las presiones por rendimiento son una fija para los atletas de élite. Dice “Cachito” Vigil: “Hay que aceptar que no tenemos control del resultado, pero sí de lo que podemos hacer para conseguirlo”. Oneto Gaona concuerda: “La vida misma es impredecible y si bien podemos hacer lo mejor para estar preparados, a veces las situaciones de presión surgen de la nada. Con actitud y perseverancia, los atletas empiezan a palpar esa calma interna tan necesaria para disfrutar del deporte”.

Lo primordial es poder replicar en el entrenamiento lo que terminará aconteciendo adentro del campo de juego. “No se puede entrenar como gatito y pretender competir como león. La competencia es una suma de causas, y cada causa está en los entrenamientos. El éxito y el fracaso caminan a la par. De hecho, se fracasa más de lo que se gana”, agrega Rossi. Y completa: “A metas y objetivos elevados, mayores son las posibilidades de no poder alcanzarlos. Los resultados tal vez tarden en aparecer, pero con compromiso, profesionalidad y humildad, llegan”.

Con la claridad que lo caracteriza, Signorini sostiene: “La derrota es parte del juego. Soy una persona comprometida con la parte social del deporte, que nació como una ‘excusa para ser feliz’, como lo precisó alguna vez Menotti. El deporte nació para educar y preservar la salud de quienes lo practican y no para ponerla en riesgo”. A propósito, Juan Carlos Martín desliza: “En este país te enseñan que si no sos primero, sos malo. Eso es incorrecto. Se premia demasiado al primero y no se valora al segundo”.
Lo primero es la familia
Por supuesto, el entorno tiene influencia sobre los deportistas. Para “Cachito” Vigil, las familias también hacen al equipo: “Esto incluye padres, madres, hermanos, novios y colaboradores momentáneos, como el coach ontológico o aquellos que se encargan de actividades artísticas. Todo atleta debe tener a su alrededor libros, música y relaciones fuera del deporte que lo nutran en otras cosas y le abran la cabeza y el corazón”.

En el fútbol específicamente, pareciera que la injerencia del hogar es mayor que en la de otros deportes. “De fútbol sabemos todos. Ahora, es más complicado que un padre pueda decirle a su hijo atleta cómo manejar la velocidad. Los de la tribuna siempre tienen razón, pero me gustaría verlos en el medio de la cancha con el monstruo acechándolos en la cabeza”, provoca Signorini. Rossi asiente: “El entrenador debe contagiar a la familia del deportista con los objetivos fijados para que contribuyan en la formación de esa persona en el mismo rumbo”.

Para concluir, “Cachito” Vigil añade: “Hay que aprovechar lo que los chicos traen de su casa, hablar con las familias y proponer una educación en común en distintos espacios. Y respetar y valorar lo que les enseñan sus padres. Si hubiese aspectos que hagan ruido o que sean contrapuestos, hay que sentarse y conversar. Los chicos deben poder disfrutar de los valores que se desprenden del deporte, como el compromiso, la generosidad, el trabajo en equipo y la excelencia. Si los incorporaron en el hogar, mejor; de lo contrario, hay que ayudarlos a que los adquieran. No concibo que no nos ocupemos en integrar culturas, capacidades, sueños. Con los años comprendí cuán valioso es conocer las necesidades de los niños. Quizá hasta es más importante escucharlos que hablarles. Como entrenador, uno no debe olvidarse de que siempre se aprende”.

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