Entrevista


Luché para no ser cantante


Por Belén Herrera.


“Luché para no ser cantante"
Gerónimo Rauch confiesa que no le resultó sencillo descubrir cuál era su vocación. Desde hace una década está radicado en Europa, donde protagoniza las comedias musicales más importantes del género. Ahora quiere ser profeta en su tierra.

Poco a poco las luces del Teatro Colón se van apagando. La sala, que había estado llena minutos atrás, ya está vacía. Sobre el escenario, Gerónimo Rauch se está sacando fotos cuando, casi sin querer, mira a la platea y le cae la ficha: acaba de presentar su espectáculo Songbook en el mejor teatro de Latinoamérica. Hoy, no solo dice que aquella noche del último julio cambió su carrera, sino que, por fin, sintió que había conquistado a su tierra querida.

Hace diez años, y tras haber saltado a la fama como uno de los integrantes de Mambrú (la banda surgida del reality Popstars), Gerónimo viajó a Madrid para sumarse a Jesucristo Superstar, después de que lo habían visto en un video mientras buscaban a quien pudiera interpretar esa partitura. Más tarde tuvo la oportunidad de ponerse en la piel de Jean Valjean en Los miserables y del protagonista de El fantasma de la ópera, en Madrid y en Londres. 

Autoexigente, especialmente en lo que tiene que ver con su faceta artística, este hombre que en febrero cumplirá 40 años aprendió a poner el foco en lo que quiere. Tal vez sea eso, sumado a su gran talento, lo que lo consagró dentro del mundo de la comedia musical europea. “Soy de estar en los detalles y comprometerme con lo que hago. Entonces, cuando puedo y tengo tiempo, me gusta cuidar de absolutamente todo”, destaca el crooner argentino que, en pocos días, deleitará a sus fans en el mítico Luna Park (ver recuadro).  

– ¿Eso te da tranquilidad o, incluso así, te ponés nervioso cuando salís a escena?
–Me pongo un poco inquieto, pero son unos nervios controlables, lindos, que te dan la sensación de estar vivo. Ya no me pasa, como cuando era joven, que me paralizaba antes de cantar, por vergüenza o por miedo al qué dirán. Ahora es como que todo fluye un poco más. Es la profesión con la que me gano la vida, así que desde hace un tiempo me saqué ese temor a exponerme. Sobre todo, porque para mí cantar no es solo abrir la boca y que salga un sonido: es desnudarme, mostrarme cómo soy. Cuando más sincero soy es cuando estoy cantando, por lo que el entorno tiene que estar preparado para que eso suceda. No canto en cualquier lado, no me animo. Me resulta mucho más fácil hacerlo en un escenario que en un cumpleaños con amigos. 

– ¿Cómo recordás la experiencia de haber cantado en el mismísimo Teatro Colón?
–La recuerdo como la noche que cambió mi carrera. Porque ahora hay como otra perspectiva, otro lineamiento. Está claro que el camino es por ahí.

– ¿En qué sentido cambió tu carrera?
–Me reafirmó como artista. Por más que uno actúe en Londres, en Barcelona o en el estadio del Real Madrid, siempre espera ser profeta en su tierra. El hecho de haberlo sido en mi casa, en ese teatro que tal vez sea el mejor de toda Latinoamérica, me afirmó. Fue como si alguien hubiera venido para decirme: “Ok, ya no sos el ex-Mambrú. Venís trabajando hace bastante, llenaste un Colón”.

– ¿Cambió la mirada del resto hacia vos?
–Es más una sensación que estaba esperando tener yo; no tanto la gente, porque eso es algo que no podemos controlar. Pero como argentino que soy, me alegra que el teatro Maipo me haya abierto sus puertas hace tres años, después el Teatro Colón y ahora el Luna Park. Me fui hace diez años del país y mi familia me comentaba: “Estás protagonizando en España y no se entera nadie” o “¡Estás en Londres y no salís en el diario!”. Yo les contestaba: “Tranquilos, ya va a llegar ese momento”. Y, bueno, llegó nomás. Creo que ahora mi familia está tranquila (risas). El esfuerzo fue muy grande: radicarse en el exterior, lejos de tu gente... Es un sacrificio. Por suerte, mi mujer y mi hijo (5) me acompañan; si no, todo habría sido mucho peor.

– ¿Te gustaría que ese reconocimiento sea aún mayor y que se te abran más puertas?
–Claro que sí pero, ante esa pregunta, respondo lo mismo que le decía a mi familia: “Ya va a llegar”.
Con el corazón mirando al sur

Sus papeles en los musicales Grease y Chicago, su participación en el homenaje a Plácido Domingo y la edición del disco Here, there and everywhere (donde rinde tributo al famoso cuarteto de Liverpool y a compositores de la talla de Fito Páez, Ennio Morricone y Sting) son otros botones de muestra de su prolífica y multifacética hoja de ruta. “Mi vínculo con la música se debe a mi papá, que tocaba la guitarra, y a mis hermanas, que  estaban en el coro del colegio. Ellas me insistían para que animara, pero yo jugaba al rugby, tenía la mente en otra cosa. Además, era medio prejuicioso con los cantantes masculinos. A los 17 años me convencí y empecé a estudiar con un maestro, que era un poco psicólogo también, y él me ayudó a romper con esas trabas”, repasa. 

–Hasta dejaste el rugby...
–Sí, porque sentía que estaba endureciéndome por un lado y ablandándome por el otro, y necesitaba conectarme conmigo. Abandoné la práctica para poder iniciar este camino de autoconocimiento, de exposición y, en cierto punto, de fragilidad. En realidad, luché para no ser cantante. Lo que pasa es que cuando intentaba hacer otras cosas, descubría que era muy, pero muy infeliz.

– ¿A qué te quisiste dedicar?
–Estudié Publicidad y Medicina, aunque renuncié muy rápido, después de ver una cesárea. Mi papá es obstetra y una vez me invitó a ir a un parto por cesárea. Al otro día fui a la facultad y dije: “Señores, me voy de acá”. 

– ¿Te pesa de alguna manera que todavía te sigan recordando como un ex-Mambrú?
–No, para nada. Es más, que yo haya vuelto a sacar un CD es gracias a Mambrú. Quien me convoca para hacerlo es Afo Verde, presidente de Sony para América Latina. Él ni me habría conocido si no fuera por Mambrú. De alguna forma, crecimos juntos; es como estar en casa.

–La gente es prejuiciosa con respecto a los artistas que surgen de los realities.
–Voy a ser completamente sincero: cuando realmente comencé a dedicarme a la música fue cuando dejé de escuchar al resto. En la época de Mambrú me importaba mucho lo que pensaban sobre mí. Después comprendí que tenés que dedicar tu energía a las personas que te quieren escuchar, a los que están dispuestos y no a los que están preparados para criticarte, porque a esos no los vas a convencer nunca. Lamento que aquellos que se quedan solo con lo hecho antes se priven de ser testigos de algo que tal vez les pueda llegar a gustar o a emocionar... Pero es problema de ellos. Estoy muy contento con mi pasado, no le hice daño a nadie, simplemente busqué trabajo y lo encontré: editamos tres discos, recorrimos la Argentina, y emprendimos una gira solidaria de la que nadie se acuerda, pero la hicimos y donamos alimentos y otras cosas... Mis excompañeros de Mambrú son muy talentosos y siguen viviendo de la música; ese no es un dato menor.  

– ¿Alguna vez fantaseaste con este presente?
–No, porque en este mundo no te motivan para soñar. Nos vivimos trazando fronteras en la cabeza. Te lo podés imaginar si tenés el talento de Messi y jugás al fútbol como él, pero la música no es tan predecible. Podés ser el mejor cantante del planeta y no salir de tu barrio. Lo que sí me propuse es vivir de la música; una vez que vas alcanzando metas, te animás a soñar un poquito más.

– ¿Querrías hacer un musical en la Argentina?
–Sí, proyectos hay, pero todavía no me propusieron el musical por el que considere que valga la pena venirme. ¡Quizá lo tenga que producir yo!

– ¿Te gustaría llegar a Broadway?
–Sí, sería una linda experiencia, pero no es algo por lo que muero. El West End de Londres me seducía mucho más. Para mí el éxito no es ser famoso, sino poder contarles a mis nietos todo lo que viví. Es la tranquilidad de poder decirles que me la jugué y que me voy a ir en paz.

– ¿Cómo sos como papá?
– ¡Un baboso! Me esfuerzo por ser un buen padre, por darle mucho amor. Y con mi profesión intento darles estabilidad tanto a mi mujer, Alexia, como a mi hijo, Gael.

– ¿Te genera culpa viajar tanto?
–Sí, totalmente, pero son los costos que uno tiene que pagar por hacer lo que le gusta y también por darles un futuro a los suyos. Es algo inevitable: cada vez que me voy, es como una herida que se vuelve a abrir. 

– ¿Qué extrañás de la Argentina?
–Los rituales. El mate y el asado, pero no la carne en sí, sino el hecho de poder juntarnos a hablar. En España tomo mate solo... es horrible. Lo hago nada más que porque me encanta. Los argentinos dialogamos mucho, compartimos, abrimos las puertas de nuestra casa a todo el mundo... Eso lo añoraba, sobre todo en Londres, donde son tan diferentes a nosotros. Por ejemplo, allá no conozco la casa de ninguno de mis amigos. Siempre nos reunimos en bares, que son buenísimos y tienen las mejores cervezas, pero que no se comparan con el calor de ningún hogar. 
Songbook y más
Gerónimo se prepara para el show del 9 de noviembre en el Luna Park. Él mismo adelanta cómo será la velada: “Vamos a montar una escena muy teatral, con una orquesta de veinte músicos dirigidos por Tomás Mayer Wolf. El repertorio es de lo más variado, con canciones que marcaron mi carrera. Habrá artistas invitados y muchas sorpresas. ¿Por ejemplo? Voy a interpretar por primera vez en público la canción de Sunset Boulevard, el musical de Andrew Lloyd Webber que voy a hacer en diciembre, en el Auditorio de Tenerife, en las Islas Canarias. Será una versión en castellano y lo voy a coprotagonizar con Paloma San Basilio. Ella será Norma Desmond y yo, Joe Gillis. Jaime Azpilicueta estará en la dirección escénica, Julio Awad en la musical, y la escenografía y el vestuario correrán a cargo de Ricardo Sánchez Cuerda y Leo Martínez”.

Antes de que concluya 2017, el crooner por excelencia será parte del clási-co concierto de Navidad que suele organizar Andrew Lloyd Webber, en la ciudad de Barcelona. Más info en www.geronimorauch.com

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte