Historias


Canto a la emoción


Por María Alvarado.


Canto a la emoción
Hay quienes eligen pasar la Nochebuena de una manera diferente, para conectarse con el verdadero espíritu de esta celebración. Quiénes son, cuáles son sus iniciativas y dónde las llevan a cabo. Relatos inspiradores.

Bajarse de ese tren frenético al que nos subimos a diario. Darse tiempo para vivir las Fiestas de una manera más profunda. Conectar con otras personas y contextos. Compartir e ir mucho más lejos que pensar en la cena de Nochebuena y el lugar elegido para celebrar. Hay quienes salen en busca de otros para regalar tiempo, recursos, amor. A lo largo de la Argentina se multiplican las movidas solidarias que brindan alternativas para vivenciar una Navidad solidaria. Quiénes son, en qué puntos cardinales del país vuelcan su esfuerzo y, fundamentalmente, por qué lo hacen. 
Papá Noel está en Bariloche
Es domingo y ya es tarde, muy tarde, en esta bellísima ciudad rionegrina. Nicolás Martínez está al lado del horno esperando a que se termine de cocinar una tanda de panes dulces. Aún le quedan varias horas más de amasar, hornear y desparramar el almíbar por encima de esas delicias. Pero este paraguayo de 72 años, argentino de corazón y por adopción, no está cansado: está feliz. Desde hace veintitrés años encabeza unas de las movidas solidarias más ambiciosas que se conocen por estos pagos: Pan Dulce Solidario.

Todo comenzó en 1995, cuando, a raíz de algunos inconvenientes laborales, resolvió cocinar su propio pan dulce, no solo para su familia, sino también para quienes estuvieran viviendo una situación similar a la suya. Aquella vez, elaboró 500… y nunca más paró. “Hoy estamos haciendo 700 por día. ¡Venimos superándonos cada temporada! El año pasado hicimos 12.331, que enviamos a parajes de la línea sur de la provincia, a través de transportes que también nos donan. El resto los distribuimos en juntas vecinales, penales, hospitales, centros de abuelos, comedores, cuarteles de bomberos”, revela Nicolás, que se disculpa y pide una pausa porque tiene que retirar otra tanda del emblemático alimento navideño. Con los panes listos para pintarlos con almíbar, continúa: “Me radiqué en la década del 70 para instalar ascensores: me enamoré de Bariloche y de ‘algo’ más… y formé mi familia (se ríe). Después de muchos vaivenes con mi empleo, hice una promesa: mientras Tata Dios me diera fuerza y energía iba a seguir con los panes dulces. Es que yo tengo mucho que agradecer. Es conmovedor cómo, cada diciembre, la gente se moviliza para darme una mano. Una vez vino un nene y me trajo en una bolsita lo que venía ahorrando en su alcancía. El otro día, una persona con dificultades motrices nos quiso conocer y donar un dineral para que compráramos la mercadería”. 

Nicolás no deja de sorprenderse y se quiebra una y otra vez frente al grabador. “Nosotros no podemos hacer nada si la gente no colabora. Eso es lo que me asombra de esta obra solidaria. No somos perfectos, pero intentamos dar lo mejor y ser lo más transparentes y honestos que se pueda”, dice quien se dejó la barba y el pelo largo por recomendación de un amigo. “Él siempre me insistía en que hiciera de Papá Noel porque me llamo Nicolás y porque guardaba cierta similitud. Cuando mi amigo falleció, me inundó la culpa por no haberle dado ese gusto en vida. Así que le prometí al Tata y a mí mismo que me transformaría en Santa Claus. Sinceramente, no me gusta cómo me queda, pero voy a mantener el look hasta el aniversario número 25 de Pan Dulce Solidario”. 

El agua de azahar penetra por los poros. Es la última horneada previa al descanso. En un puñado de horas, habrá que volver a la misma faena. Antes de despedirse, Nicolás recuerda una entrevista: “Me preguntaron cuál era mi beneficio con todo esto. Y respondí: ‘Es un negocio de aquellos’. Me dedico del 1 al 23 de diciembre a cocinar pan dulce, y el resto del año Dios me lo paga con salud, felicidad y amor. Tengo 12 hijos, 23 nietos, 3 bisnietos. Y a ninguno le falta nada. Yo soy un afortunado. ¿Cómo no voy a estar agradecido?”. 
Navidad artística
Treinta artistas mendocinos intervinieron adornos para que se luzcan en un gran árbol de Navidad. Cada uno de ellos simboliza a uno de los 90 niños del programa de prevención de desnutrición infantil de CONIN en Luján de Cuyo. El público también fue parte de Víspera de Sonrisas, ya que tuvo la oportunidad de participar donando un regalo nuevo a cambio de los objetos de arte. La mañana del 18 de diciembre, las familias de CONIN se acercaron al árbol situado en el Palmares Open Mall para recibir su obsequio, ser agasajados y vivir un momento inolvidable. CONIN Luján de Cuyo es la franquicia número 73 de esta fundación, dirigida por el doctor Abel Albino. Allí se auxilia a 60 familias con 90 niños en riesgo de desnutrición, mediante un abordaje integral de la problemática, previniendo el daño cerebral.

Las cajas de Navidad materializan el encuentro de dos familias de contextos diferentes. No es solo el regalo; la idea es compartir un momento especial
Mucho más que una caja
“Quién no se habrá preguntado más de una vez por qué, en el momento del año en que estamos exhaustos, nos sumergimos en una maratón y un nivel de consumo que terminan atentando contra nosotros mismos y, por ende, nuestras familias”, reflexiona Dolores Pasman (49), una de las organizadoras de Una Navidad entre Todos, iniciativa solidaria que une a familias de distintas realidades para que se enriquezcan mutuamente. “La Navidad es muchísimo más que obsequiarle algo a alguien. Vivida con profundidad, no solo te llena el alma, sino que te ofrece la experiencia de la solidaridad fraterna, cambiando el paradigma del ‘compartir’ por el ‘compartir-se’”, ahonda Pasman. 

El encuentro se materializa en una caja navideña que el/la voluntario/a prepara y obsequia a una familia que le es asignada. Maggie Aguiló (33) es una de ellas: “Lo hacemos desde hace tres años junto a mi prima. No se trata solo de enviar comida y regalitos: es un gesto que implica compartir la Navidad con otra familia. Las cajas se envuelven como un gran regalo que incluye un copetín, algo para brindar, una cena y postre. También se mandan manteles, velitas, servilletas, cubiertos, arbolito y pesebre. Las hacemos a mano: recortamos, pegamos, dibujamos, les escribimos cartelitos. Y cuidamos los detalles; por eso, cada cosita está pensada especialmente para su destinatario, ya que sabemos sus nombres, edades y talles. A la vez, adjuntamos una foto nuestra y una carta donde les contamos nuestra historia: quiénes somos, dónde vivimos y lo felices que estamos de ‘pasar’ la Navidad con todos ellos”. 

Las cajas se depositan en un colegio de la provincia de Buenos Aires, desde donde parten rumbo a Salta. En esta Nochebuena, 375 familias recibirán este mimo al alma, previa selección minuciosa a cargo de referentes comunitarios. “En reiteradas ocasiones, son mujeres de la misma comunidad, y en la misma situación que la de los beneficiados, quienes, desinteresadamente, prestan su servicio para brindarnos los relevamientos –cuenta Pasman–. Me conmueve su labor, así como la catarata de mails y llamados de la gente que agradece la oportunidad de ser parte de esta cruzada y pide permiso para mandar colchones y bicicletas, o que quiere conocer el diagnóstico de algún abuelo enfermo, o que incluso ve la forma de financiar la mejora de alguna vivienda”. 

Aguiló confiesa que su tarea comienza en noviembre. “Este año nos tocaron tres varones chiquitos, así que, con motivo del próximo Mundial, nos inclinamos por una pelota de fútbol y camisetas de la selección argentina. A mí me encanta entrar en contacto con otras personas. Y me gusta esto de que el 24 a la noche estoy festejando con mi círculo íntimo, pero, paralelamente, con otra familia que, gracias a nuestro granito de arena, también lo está pasando bien”, remata.  
Todas las manos, todas
Brazos que abrazan es otra linda idea que se gestó hace un año y medio, cuando un grupo de cuatro mujeres se puso en contacto con las Hermanas de Don Orione, quienes llevan a cabo una misión en Barranqueras, Chaco. “Todos somos solidarios en una u otra medida, solo que algunos tenemos la posibilidad y el privilegio de poder poner en acción esas ansias de mejorar. Se necesita ponerse en el lugar del otro y, a lo mejor, tener un dejo de mirada adolescente que nos mueve creyendo que con nuestro aporte vamos a salvar al mundo –introduce Analía Comba, una de las organizadoras–. Empezamos a partir de un taller de reflexión en donde decidimos poner en obra todo lo aprendido. La hermana Diana, amiga nuestra, fue designada para trabajar por la niñez y la familia en la ciudad chaqueña de Barranqueras. Y nos contó que necesitaba brazos que abrazan”. 

Así fue como este grupo se convirtió en esos brazos y llevaron a cabo diversas campañas, según las necesidades concretas del lugar. En esta época del calendario, se ponen al frente de la Campaña de Navidad, en donde apadrinan a niños de centros de día para que reciban un presente y se les dibuje una sonrisa de oreja a oreja. “Estamos al tanto del nombre y edad de cada uno para poder hacerle un regalo personalizado. Tenemos la suerte de que un señor nos dona el transporte y traslada juguetes, alimentos, ropa. Siempre que se aproxima el evento nos da la misma sensación: que no vamos a poder reunir todas las cosas. Sin embargo, llega el día y la campaña es un éxito. Evidentemente, Dios nos complementa en aquello que nosotros no podemos hacer. Es como que van surgiendo brazos en el camino que nos empujan a alcanzar los objetivos”, se enorgullece Comba.

Para las Fiestas, la Fundación Sí congrega a voluntarios que confeccionan juguetes para chicos carenciados.
A la hora señalada
Jesu Espil (36) es otra voluntaria que opta por una Navidad poco convencional, y se pone la camiseta de la Fundación Sí, que dirige Manuel Lozano y acumula 45 sedes distribuidas de norte a sur y de este a oeste del territorio nacional. Las actividades en torno a las Fiestas se desarrollan en varios rincones de la Ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos, San Luis, Córdoba, Jujuy, Tucumán, Bahía Blanca, San Juan y La Pampa.  

“Quienes tuvimos la dicha de celebrar sin carencias tenemos la oportunidad maravillosa de aportar un granito de arena para inclinar la balanza a favor de los que no la tienen tan fácil. Esta época tan sensible es la excusa excelente para dar una mano a aquellos que más necesidades tienen. Pero el compromiso debería exceder a diciembre y extenderse durante el resto de los meses”, sostiene Jesu.

Una de las tantas iniciativas es la fábrica de juguetes: se confeccionan en tela o se pintan para dárselos a los chicos de los comedores en los que se trabaja todo el año. “Esto me conectó con mi niña interior, invitándome a ser parte de algo superador. Como si fuera poco, a uno le sirve para escaparse de sus propias problemáticas y compartir una tarde con otros voluntarios, en medio de rondas de mate y tereré”, describe Jesu.

Son famosas las recorridas que la Fundación Sí organiza la mismísima noche de Navidad. El grupo se cita en una esquina determinada, y, según un relevamiento previo, se acercan a aquellos que no tienen dónde ni con quién pasar las Fiestas. La bolsa está cargada de alegría y esperanza. “Es una propuesta bien diferente para quien se quiera animar a dejar de lado lo tradicional. Lo que allí se respira es increíble: uno siente que está en el lugar justo, con las personas justas, en la madrugada justa”, se emociona Jesu.

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