Temas cotidianos


Bendito tiempo


Por Aníbal Vattuone.


Bendito tiempo
Cada nuevo año trae consigo deseos y sueños. De los métodos Grow y Smart al unitasking: las últimas tendencias para administrar cada minuto y así conseguir los objetivos.

El calor de enero envuelve como una manta que cae sobre los hombros. Atrapa. Es una época del calendario un tanto extraña, ya que parece calma, pero, a la vez, es el momento en que se entretejen proyectos y se recrea imaginariamente lo que el futuro proveerá. El verano siempre trae consigo la esperanza de que todo puede cambiar o, al menos, modificarse. ¿Pero cómo se da el puntapié inicial? Con un aliado tan influyente como decisivo: el tiempo. Aunque para eso hay que tener en claro cómo utilizarlo si uno quiere sacarle el mayor provecho. 

En el libro La fábrica del tiempo, Martina Rua y Pablo Fernández ahondaron en las últimas tendencias a nivel colaborativo, preguntándose cómo priorizar tareas y administrar mejor los ciclos de energía. “El tiempo es el primer eslabón por cuidar para que nuestros actos sean eficaces. Lo que debiéramos hacer es una planificación ‘no mágica’, es decir, que sean ambiciones alcanzables. Cada fin de año visualizamos un horizonte que se fundamenta más en el deseo que en la realidad. Hay estudios que demuestran que, anualmente, las personas solemos establecer los mismos propósitos, pero de una manera muy abstracta. Entonces, cuando llega marzo o abril, ya sabemos que no vamos a poder cumplir con lo trazado”, concuerdan estos dos especialistas en innovación y productividad.

 “De lo que debemos tomar conciencia es de que un buen hábito puede ocasionar un efecto dominó y dar lugar a otras costumbres saludables”. 
- Pablo Fernández

“El año que viene voy a...” suele ser la frase que antecede a una meta incierta. Es lo que lo expertos denominan “síndrome de las falsas esperanzas”. El término fue acuñado por el psicólogo Peter Herman y profundizado por su colega John Norcross. En el libro Changeology, este profesor de la Universidad de Scranton (Pensilvania) habla del síndrome basándose en cinco etapas: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. “¿Qué se debe hacer para que se cumplan nuestros anhelos? Hay que tomar notas porque los comportamientos suelen mejorar con los recordatorios y las recompensas. A la vez, adaptar nuestro entorno para facilitar el cumplimiento de los objetivos y rodearnos de personas sensatas, ya que esto promueve hábitos saludables. Por otro lado, entender que sufriremos caídas en el camino. En una de nuestras investigaciones, se concluyó que el 71% de los encuestados que abrazaron el éxito tuvieron alguna recaída. Pero eso no los amedrentó; al contrario, se esforzaron aún más”, remarca Norcross. 

Desde la Universidad Stanford en Palo Alto, California, señalan que la posibilidad de éxito puede medirse según la forma en que se planteen los objetivos. En esa línea, hay varios métodos para poner manos a la obra. Uno de ellos se llama Grow: se trata de escribir lo que anhelamos, con aquellos obstáculos que pueden surgir en el ínterin. Pero deben ser opciones realistas para que la lista no sea una simple enumeración de deseos, sino una guía de trabajo. Otra metodología es SMART, siglas que corresponden a los siguientes términos en inglés: específico, medible, alcanzable, realista y durante un plazo definido. “Aquellos a los que se les ocurrió una resolución pero que no trazan un plan detallado tienen un 4% de chances de concretarla”, dice Norcross. 

“No estamos moldeados para el multitasking, sino para el unitasking: para hacer foco individualmente”. 
- Martina Rua
Camino al unitasking
En la actualidad, el famoso multitasking, práctica que supuestamente nos transforma en seres más eficaces al poder dedicarnos a varios asuntos en simultáneo, es más un obstáculo que una solución. “No caer en él es uno de los principales retos que tenemos, ya que vivimos en un presente lleno de estímulos, donde nos parece que todo tiene la misma relevancia. Sin embargo, y esta es la novedad, nuestro cerebro no está moldeado para el multitasking, sino para el unitasking, o sea, para hacer foco individualmente. Si trazamos un paralelismo con la computadora, cuando abrimos tres pestañas, no aprovechamos más el tiempo: estamos confundiendo al cerebro con muchísima información, a la que intenta prestar atención pero de forma poco eficiente. En esta cotidianidad colmada de distracciones, dominar el unitasking se torna primordial. Hay técnicas para lograrlo, como concentrarse en algo por veinte minutos y después descansar cinco minutos”, grafica Rua. 

Por su parte, Josh Davis, autor del libro Two Awesome Hours (Dos horas geniales) explica: “Hay que pensar el trabajo mental como si hiciéramos flexiones, ya que, en este aspecto, el cerebro es muy similar a un músculo”. Fernández coincide y aporta: “Aquí entran en juego los ciclos de energía. Puede pasar que no nos falte tiempo, sino fuerza para encarar la tarea. Para ello hay que descubrir esa parte del día donde nuestro rendimiento aumenta. Debemos averiguar si somos ‘búhos’ o ‘alondras’, si somos más eficientes a la noche, a la mañana o a la tarde. Por lo general, son ciclos de noventa minutos. Uno lo percibe, se da cuenta solo”.

Para combatir ciclos de energía bajos y volverse más productivo y equilibrado, Rua aconseja evitar la burocracia y el orden preestablecido, y tomar una siesta, salir a caminar, o hacer el ejercicio de observar lo cotidiano desde distintas perspectivas. “El ocio o el juego son fuentes de energía. Hay miles de sucesos diarios que impactan profundamente en cómo trabajamos, y que subestimamos creyendo que son blandos o sosos. Es todo lo contrario”, dice.

Por todo esto, descanso no es necesariamente la mejor palabra para describir lo que estamos haciendo... cuando no hacemos nada. La parte del cerebro que se activa en ese instante, conocida como “red neuronal por defecto” (RND), cumple un rol esencial en la consolidación de la memoria y la visión del futuro. Asimismo, es la zona que se acciona cuando estamos observando a otros, reflexionando sobre nosotros mismos, haciendo un juicio moral o procesando las emociones del prójimo. Si esta red se “apagara”, se podrían tener problemas para recordar, anticipar consecuencias, captar interacciones sociales o hasta actuar éticamente. “Cuando no se tiene la habilidad de insertar nuestras acciones en una causa más amplia, estas se perciben como sin sentido, vacías. No tener un propósito personal se emparenta con no gozar de una óptima salud emocional y psicológica”, enfatiza Mary Helen Immordino-Yang, neurocientífica e investigadora del Instituto del Cerebro y la Creatividad de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos).

“Hay que pensar el trabajo mental como si hiciéramos flexiones, ya que el cerebro es muy similar a un músculo”. 
- Josh Davies
Cambiar, cambiar, cambiar
Los expertos concuerdan en que cambiar hábitos arraigados no es una empresa sencilla. “Si adquirirlos cuesta entre veinte y noventa días, deshacerse de ellos puede demandar más de sesenta –esgrime Fernández–. Pero de lo que debemos tomar conciencia es de que un buen hábito puede ocasionar un efecto dominó y dar lugar a otras costumbres saludables. Si uno se levanta a las siete de la mañana y sale a correr, lo más factible es que libere endorfinas, regrese a su casa y se haga un desayuno nutritivo… Generar rutinas positivas es la única manera de suscitar procesos que nos lleven a un cambio real”.

En esta carrera por barajar y dar de nuevo, aparece –¡cuándo no!– la tecnología. De acuerdo con el grado de dependencia que mantengamos con ella, puede ser una aliada o una enemiga. “Si bien, gracias a esta herramienta, nuestro desempeño laboral puede verse beneficiado, también nos puede hacer perder muchísimo tiempo. Tener constantemente el celular en el bolsillo es como pararse enfrente de la ruleta de un casino: el abanico de opciones es infinito, lo que, muchas veces, puede atentar contra nuestra calidad de vida. La clave está en que nosotros seamos los que manejamos a la tecnología y no al revés. Siempre sugerimos, por ejemplo, filtrar las notificaciones para que no nos interrumpan a cada rato. Podemos programar qué mensajes recibimos y que redes consumimos en cada dispositivo”, recomienda Rua.

El año 2018 recién arranca y qué mejor oportunidad que la que brinda un comienzo. ¿Podemos ser mejores, aprender aquello que no hacemos bien y de lo que nos hace mal? Por supuesto que sí. “En definitiva, la optimización del tiempo es una puerta que nos conduce a ser más felices. Hay que decidirse y tomar las riendas de nuestras horas para gozar de una vida más balanceada, con espacios para el ocio, el descanso y el trabajo. Una vida con días en los que se puedan identificar momentos para relajarse y crear. Claro que sacarle el jugo al tiempo requiere rutinas, hábitos y perseverancia, pero con una buena organización los resultados aparecen rápidamente. Vale la pena el esfuerzo”, concluye Rua.
Empatía
En los últimos tiempos, esta palabra se impuso tanto en el ámbito personal como en el profesional. Según afirman los entendidos, esta capacidad de percibir, compartir y comprender lo que el otro puede sentir forma un círculo virtuoso, donde todo lo bueno que llevamos a cabo repercute en… nosotros. “En la actualidad, el tejer alianzas con colegas o conocidos se torna fundamental. El hombre vive dentro de un sinfín de ecosistemas, por lo que hay que apelar a tejer una red de contención que tiene que ver, más allá de los contactos, con ‘armar comunidad’. Cuando uno se desempeña en una red, lo que está buscando es hacer un lugar más sólido, confiable y placentero para trabajar. ¿Cómo se logra? Invirtiendo tiempo en los demás y descubriendo qué es lo que necesitan esos ecosistemas en los que nos movemos. Pero no hay que hacerlo para sacar provecho propio. Tiene que ser lo más desinteresadamente posible, como cuando le dedicamos una hora de nuestro día a tomar un café con alguien que lo necesita”, afirma Martina Rua.

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