Curiosidades


Partida... y revancha


Por Aníbal Vattuone.


Partida... y revancha
Los juegos de mesa experimentan una suerte de revival. Entre los tradicionales y los nuevos “de autor”, ¿cuáles son las ventajas de sumergirse en este universo?

Puede ser un sábado, un domingo, o una noche tras una larga jornada laboral. En familia, con amigos y, sobre todo, durante el verano. Pero qué más da el día o la época del calendario en que se lo haga: lo que de verdad importa es ese instante en el que la ficha o la carta se alinea con nuestro deseo y los dados caen azarosamente de nuestro lado. Atentos, fanáticos de los juegos de mesa, porque su pasión resiste el vendaval tecno y está más viva que nunca.  

“Este clásico entretenimiento atraviesa un boom, tanto a nivel mundial como local. En la Argentina, gracias a la difusión de lo que llamamos ‘juegos modernos’ o ‘juegos de autor’ –que llevan el nombre de su creador en la tapa, como si fuera un libro–, se descubrió que hay mucha más variedad de juegos de lo que se imaginaba: hombres y mujeres que hasta hace un año ignoraban la movida están hoy fanatizados y tienen colecciones con más de treinta títulos”, revela Laura Muollo, de GeekOut, una comunidad de juegos de mesa con un origen bastante particular. “Surgió durante una tarde de frustración en la que no conseguíamos cuatro amigos que quisieran jugar al Game of Thrones de tablero. Así fue como se nos ocurrió armar un grupo en una red social. Aquella vez vinieron a casa catorce personas; tres años después, nuestro evento anual reúne a más de dos mil quinientos entusiastas”, dice Muollo.

Según Matías Esandi, quien atiende Rewe Juegos, una ludoteca en la ciudad de Neuquén, se está dando un fenómeno interesantísimo alrededor de los juegos de mesa. Incluso más importante que el que había antes de la aparición de sus pares digitales. “Esta tendencia comenzó en Alemania, donde emergieron títulos que renovaron el hobby, transformándolo en un valor cultural para un público de todas las edades. Luego se contagiaron varios países más, por lo que cobró fuerza en el resto de Europa, Estados Unidos y Japón. Poco a poco, esta moda aggiornada está desembarcando por estos lares, aunque estamos atrasados respecto a otros destinos de la región. Chile y Brasil, por ejemplo, ya son mercados grandes, con editoriales muy asentadas que lanzan juegos inéditos todos los meses”, afirma Esandi.

Alemania es algo así como la meca de los juegos de mesa. De hecho, por aquellos pagos germinó la corriente de los bautizados “de autor”. Y allí, cada octubre, se organiza la Feria de Essen, la más relevante de la industria y en la que se presentan los futuros estrenos. Es que entre el país teutón y los juegos de mesa hay algo personal: basta remontarse al año 1995, cuando Klaus Teuber ideó Los colonos de Catán, que vendió más de veintidós millones de unidades. Exitazo.
Vintage versus tecno
El periodista David Sax publicó el libro The Revenge of Analog (La revancha de lo análogo) para analizar la expansión de los juegos de mesa en una sociedad sumida bajo el ala de la tecnología. Allí ofrece un par de razones para asimilar las ventajas que tiene lo vintage sobre lo tecno. “La gente quiere invertir su dinero en algo de verdad, que se pueda tocar. ¿Por qué prefieren lo análogo? Porque les permite una conexión más emocional con el objeto. Incluso, hasta los millennials, nativos digitales que crecieron con Internet, están encontrando un atractivo especial en las imperfecciones de aquello que, por definición, no pertenece a la era de la eficiencia máxima”, observa Sax.

“Este clásico entretenimiento atraviesa un boom, tanto a nivel mundial como local. En la Argentina se descubrió que hay mucha más variedad de juegos de lo que se imaginaba”. 
- Laura Muollo
Entretelones
Bajo la lupa de los especialistas, la condición sine qua non para crear un juego es... jugar mucho. “Hay que plantear un concepto madre y pensar cómo darle forma, qué materiales pueden sumarse, cómo se interactuará con ellos. Así irán apareciendo detalles para corregir o cambiar. Lo fundamental es que el juego fluya, y para eso es propicio probarlo hasta con desconocidos que te aporten un punto de vista diferente. Este proceso puede demorar desde cuatro meses hasta varios años”, desliza Esandi. Y continúa: “El paso siguiente es definir el arte y el diseño gráfico. Tal vez las cartas del juego son muy simples, pero si se les agregan elementos como un dibujo genial de un dinosaurio o un guerrero con una espada, alimentás la fantasía del usuario, que se siente el protagonista que está dentro de la historia”.

Hoy se imponen dos líneas de juegos de mesa: los eurogames (estratégicos, con distribución de recursos) y los ameritrash, de Estados Unidos (más temáticos y de partidas largas). “Aquí tiene más demanda la línea lúdica, que es la americana. Pero es una cuestión de que no hay tanta oferta de la europea. Los argentinos nos acercamos a títulos más bien sencillos, sociales y, en lo posible, de una duración acotada. Recién ahora estamos sumergiéndonos en el universo del cooperativismo”, dice Fabián Martínez Torre, quien, junto a Valeria Kinder Roberts, está al frente de Ludicamente, una comunidad que fomenta y difunde los juegos de mesa, y ofrece capacitación.

Por su parte, Esandi explica que es difícil definir un gusto promedio a la hora de inclinarse por un título u otro: “No se puede generalizar, ya que hay distintos tipos de juegos para cada individuo. Están los estratégicos, los intuitivos, los que consisten en charlar, en responder trivias o hacer mil cuentas matemáticas... Aunque quizás haya un denominador común: el encuentro, compartir un momento en el mismo cuarto, tentarte con un compañero que se está riendo a carcajadas, o esa magia que proponen los turnos, de escuchar al otro para después hablar uno”.

“Los juegos de mesa nos ayudan a desarrollar capacidades cognitivas, a generar vínculos y aplomo emocional, a descargar energía, y a divertirnos de forma segura”
- Matías Esandi
Con nombre propio
Conejos en el huerto, Kinmo y Los caminos de Alicia son solo algunos de los títulos made in Argentina que pican en punta. “Aunque suene increíble, hay juegos para cada persona y para cada situación. No es lo mismo aquel que elegís para despuntar el vicio con tus amigos antes de ir a bailar que el que jugás con tus sobrinos o con tu pareja. Para hacerlo en familia recomiendo Say My Name o Spyfall; mientras se hace el asado, Coup, ya que tiene toda la picardía del truco; HDP en la previa del boliche, y Magus o Corona de hierro para pasar una tarde de lluvia”, aconseja Muollo, desde GeekOut. Esandi hace lo propio desde Rewe Juegos: “Dentro de los títulos internacionales, yo opto por Dixit, Código secreto y Pandemia”. 

En plena era tecnológica, el interrogante cae de maduro: ¿cómo conviven las versiones digitales y analógicas? Muollo es clara y contundente: “A mí me encanta que existan ambas opciones porque cada una de ellas tiene sus bondades y desventajas. Entiendo que los juegos de mesa son más amigables para el jugador casual que solo puede dedicarle un puñado de horas al hobby. Digamos que requieren menos disciplina y no hay que ser un experto para disfrutarlos. Además, su aspecto social es preponderante: no solo la gran mayoría son para dos o más participantes, sino que, en ocasiones, nos ‘obligan’ a interactuar con perfectos extraños”.

Por su lado, Esandi aclara que no se trata de juegos analógicos versus digitales, sobre todo porque los juegos de mesa modernos les deben mucho a los videojuegos. “Constantemente salen a la luz propuestas lúdicas analógicas inspiradas en lo que sucede en las pantallas. Los videojuegos promovieron masivamente el maravilloso hecho de jugar, lo que terminó repercutiendo en el mundo de los juegos de mesa”, sentencia. Y cierra: “Nosotros somos de la idea de que todos necesitamos jugar, aunque sea un ratito, a algo que sea fácil y pasajero. En pleno siglo XXI, los juegos de mesa nos hacen bajar un cambio en la rutina diaria y nos reconectan con nosotros mismos. Nos ayudan a desarrollar capacidades cognitivas –aun cuando somos adultos–, a crear vínculos y aplomo emocional, a descargar energía, y a divertirnos de forma segura y económica. Nos permiten ponernos en el lugar del prójimo, lo que favorece la compasión y la comprensión. Aunque parezca exagerado, los juegos de mesa nos ayudan a ser felices”.

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