Investigación


Teledirigidos


Por Por Aníbal Vattuone..


Teledirigidos
Una pantalla nos separa de un diagnóstico médico, una clase de idiomas o un taller literario. El boom de la capacitación online: de los cursos más convencionales a los innovadores MOOC.

Uno puede estar en pantuflas, en la comodidad de su hogar, e incluso ahorrarse el molesto traslado cotidiano, con el tráfico que siempre se impone. Del otro lado de la pantalla, la explicación del tema que se les ocurra, un psicólogo, un profesor de canto o hasta un médico… Es que, en pleno siglo XXI, así se dictan varios cursos o se pueden hacer consultas a profesionales: a distancia, pero en vivo. Sí, ¡todo teledirigido! 

Muchas de las acciones que antes debían ser presenciales se están suplantando –y mutando– hoy gracias a la bendita tecnología. Entre las que pican en punta, están las referidas al aprendizaje de un nuevo idioma. Un ejemplo es el de la entidad Inglés en Casa, que ofrece clases por Skype. “Empezamos en el año 2012, cuando todavía se sabía poco acerca de esta modalidad. En nuestro caso, surgió con el fin de ahorrarles horas de viaje tanto a los alumnos como a los profesores. No-sotros ya ofrecíamos el servicio de clases a domicilio con gran receptividad, pero las clases online aportan un aire más moderno y más acorde con los tiempos que corren”, explica Carola González, su directora académica. Y agrega: “En un principio, los alumnos se encontraban en el rango etario que iba de los 25 a los 35 años y, en general, se desenvolvían en el rubro de la informática, por lo que ya estaban familiarizados con esta forma de comunicación. Suponíamos que las personas mayores no se iban a animar a utilizar este tipo de herramienta pero, afortunadamente, esta tendencia se revirtió: ¡tuvimos gente de hasta 75 años!”.

“Los cursos pueden tomarse desde cualquier destino del mundo, por lo cual los alumnos no tienen excusa para perderse una clase”.
- Carola González

El escritor cordobés Germán Maretto es otro de los que se suman a esta ola creciente. La versión virtual de su taller de literatura “Tertulias para escribir” es un éxito entre sus seguidores. “La idea respondió a una necesidad bipartita. Por un lado, había personas que por diversas razones debían mudarse a otras localidades donde no había talleres o al menos no existían bajo esta modalidad. Por el otro, los talleristas que faltaban me pedían que les enviase el material por mail. Ambos hechos impulsaron el taller online. En sus inicios fue la extensión natural del taller presencial, exclusivo para sus asistentes, pero con los años fue tomando vida propia y ya cuenta con talleristas virtuales en otras provincias y hasta en otros países”, revela Maretto.

Más allá de ahondar en el manejo de la lengua de Shakespeare o en el perfeccionamiento de la escritura, hay inquietudes que tienen que ver con sanar el alma y el cuerpo. “Yo atiendo pacientes por Skype”, sostiene la doctora Sara Zusman de Arbiser, médica psicoanalista, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Y profundiza: “Es una forma de seguir un tratamiento que se inició con sesiones presenciales. También es conveniente cuando un paciente está enfermo, en una situación en la que se le complica concurrir al consultorio”.

“La accesibilidad de la tecnología y el acostumbramiento a lo digital está fortaleciendo esta modalidad, por lo que hay que hacer que funcione en pos de la evolución” 
- Germán Maretto

La telemedicina sea quizás una de las grandes vedettes de este particular universo. Aquí emerge la figura del académico inglés Robert Istepanian, uno de los precursores de la eSalud, la Salud 4G y la mHealth. De paso por nuestro país para encabezar el congreso “Telemedicina, Comunicaciones y Salud Móvil”, Istepanian declaró: “Básicamente, la mHealth es la utilización emergente de la comunicación móvil y la tecnología en red para la asistencia sanitaria. El propósito de la telemedicina es tornar más igualitario el acceso a tratamientos de salud, incrementar la atención médica y aumentar el radio de influencia”. 

Internet se convirtió en un factor fundamental en el marco de una sociedad urgida, donde los tiempos son cada vez más acelerados. En este contexto, surgen innovaciones para acudir a la consulta en cualquier momento y desde cualquier lugar. Por ejemplo, una emblemática empresa nacional de emergencias médicas prehospitalarias lanzó una aplicación para ahorrar a los pacientes largas filas y listas de espera. Con este nuevo servicio, cuando las circunstancias dificultan la consulta en una guardia, se puede efectuar desde el confort del hogar o desde cualquier punto cardinal donde se encuentre el usuario. En definitiva, lo que se persigue es una medicina práctica, resolutiva y empática. 
El fenómeno y sus aristas
Entre las bondades de esta movida online, se destaca, entre otros aspectos, el alto índice de presentismo. “Los cursos pueden tomarse desde cualquier destino del mundo, por lo cual los alumnos no tienen excusa para perderse una clase. Por otra parte, las herramientas tecnológicas a disposición ayudan a los profesores a que las clases virtuales sean lo más parecido posible a lo que sucede entre las cuatro paredes de un aula tradicional. Internet nos ofrece muchísimas alternativas, solo es cuestión de estar actualizados y aprovecharlas”, desliza González desde Inglés en Casa. Y continúa: “En nuestro caso, subimos el material que se va a utilizar a nuestra biblioteca virtual –o nube–, por lo que no solo no es necesario que lo impriman, sino que lo pueden ver directamente desde sus dispositivos: celular, tableta, e-reader, etcétera. De esta manera, también contribuimos al cuidado del medio ambiente”. 

Por su parte, los especialistas indican dos grandes beneficios: la intimidad y la adaptabilidad. “Alguien puede hacer el taller sin moverse de su espacio, con sus horarios y a su ritmo, algo que es imposible de lograr con los talleres presenciales, sobre todo cuando son grupales. Es cierto que la dinámica colectiva es atractiva, hipnótica y te empuja a ese compromiso de asistir sí o sí a un lugar tal o cual día, pero la escritura es un acto individual en la inmensa mayoría de los casos y es allí donde entra a tallar la modalidad virtual, que, por su naturaleza, se acerca más a ese ritual creativo: uno a solas consigo mismo y con un guía online que irrumpe solo cuando nosotros queremos”, subraya Maretto, quien dicta talleres de creatividad literaria en la Universidad Nacional de Córdoba. Sin embargo, advierte: “Como contrapartida, la modalidad online requiere autodisciplina, pero cuando se tiene, los resultados saltan a la vista: la mayoría de los talleristas que fueron galardonados en los últimos años pertenecen a las tertulias virtuales, aunque eso no nos importa tanto como el cumplimiento de uno de nuestros propósitos, que es comprobar la evolución que se produce entre un cuento y el siguiente”. 

La doctora Zusman de Arbiser, que se especializa en niños, adolescentes y familia, reconoce más pros que contras en las terapias online, aunque admite que sentarse cara a cara frente al paciente facilita adivinar señas o gestos que pueden ser fundamentales para establecer un diagnóstico. “En la Argentina, la tendencia a inclinarse por este modo está en alza. Nosotros lo notamos con la cantidad de inscriptos: asciende año tras año. Todavía no llegamos al máximo de demanda, pero no estamos muy lejos. Cada vez más personas se animan a probar la experiencia. El feedback altamente positivo que recibimos nos alienta a seguir apostando por esto”, comenta González. Maretto concuerda y acota: “La accesibilidad de la tecnología y el acostumbramiento a lo digital está fortaleciendo este tipo de modalidad, por lo que hay que adaptarse y tratar de hacer que funcione en pos de la evolución”.

El auge queda a las claras, con una mayor oferta y una mayor participación. “Hablamos de miles y miles de alumnos por curso a lo largo y a lo ancho del planeta. Esto era impensable unos pocos años atrás”, se sorprende Alejandro Tortolini, docente de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) e investigador en temas de cultura digital, videojuegos y educación. Y cierra: “Nunca falta el futurólogo de turno que vaticina que los maestros y profesores serán reemplazados por las pantallas, pero esta creencia proviene del desconocimiento de la tarea docente y de las relaciones humanas”.

“Nunca falta el futurólogo que vaticina que los maestros serán reemplazados por las pantallas, pero eso proviene del desconocimiento de la tarea docente”
-Alejandro Tortolini
MOOC
La sigla en inglés significa massive online open courses, que traducido sería “cursos online, masivos y abiertos”. Cada vez son más elegidos por sus inobjetables características. “Su principal distinción es que no hay límites de participantes y que son abiertos, es decir, para todo aquel que quiera sumarse… Hay de todo tipo: desde filosofía hasta física cuántica y cerámica. Uno podría pensar que en una actividad manual sería imprescindible el acto presencial, pero recuerdo haber visto en Internet un curso excelente de talla en madera, con explicaciones tan claras que daban ganas de ponerse a hacerlo, más allá de no tener a alguien al lado. 

Por otra parte, conozco a psicólogos que atienden pacientes online. En este caso, a los argentinos que están viviendo en otros países y que se sienten más cómodos hablando con un especialista compatriota”, resalta Alejandro Tortolini, docente e investigador en temas de cultura digital, videojuegos y educación. Y concluye: “El beneficio más evidente es el de poder acceder a capacitaciones que en nuestro lugar de residencia no están disponibles. Tengo una amiga periodista que, por ejemplo, hace cursos de egiptología. Ella está en su casa, frente a su computadora, escuchando a un profesor que está dando una clase en otro rincón del mundo. A través de un chat participa, hace preguntas, le responden... Increíble”.

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