ACTUALIDAD


Cita con la excelencia


Por Carlos Baudry.


Cita con la excelencia

Amigo de Picasso y de Jean-Paul Sartre, entre otros genios, el escultor y pintor suizo Alberto Giacometti es considerado uno de los mayores artistas del siglo XX. Las mejores piezas de su obra, entre las cuales hay algunas que realizó para la Argentina exclusivamente, se pueden ver en la Fundación Proa, en el barrio de la Boca.

El hombre que camina está muy lejos de su morada. Esta obra de Alberto Giacometti, considerado uno de los mayores artistas del siglo XX, ostenta el récord de la escultura por la que se pagó el precio más alto en toda la historia. Fueron más de cien millones de dólares. En estos días, El hombre que camina está en la Argentina, concretamente en la Fundación Proa, en el barrio de La Boca, y se quedará allí hasta el 9 de enero. No es la única obra del escultor suizo que se exhibe; todas las que pueden admirarse en la muestra son originales, bellísimas y carísimas. 

Por eso, están vigiladas por sistemas electrónicos antirrobo y guardianes de carne y hueso, que patrullan las salas de exhibición con miradas nerviosas de tero. Son ciento treinta piezas maravillosas. Únicas, fascinantes. Toda la obra es admirable, pero El hombre que camina es la que más llama la atención, más allá de su extrema delgadez y de su mirada ambigua. Pero ¿qué quiso comunicar Giacometti con esa pieza, y aun con las otras, entre las cuales hay un gato que parece correr incansablemente, un gato flaquísimo, como el caminante?

“Giacometti decía que una persona es mucho más que su envoltorio corporal, que una persona desprende energía que está en constante interacción con el entorno. Era eso lo que él buscaba plasmar, y es particularmente notable en sus últimas obras”, dice Véronique Wiesinger, curadora de la exhibición, francesa y experta en artes plásticas, sobre todo en la producción del artista suizo. Y continúa: “Giacometti reducía todo a su mínima expresión, despojado de lo que no es absolutamente necesario. Hay unos bustos masculinos reducidos a la línea de los hombros, los ojos, la nariz, una sonrisa. No hay pelo ni cráneo, ni siquiera pómulos”.

Al maestro, con cariño 

Giacometti nació en Borgonovo, Val Bregaglia, en la Suiza italiana, y muy cerca de la frontera con Italia. Su padre, Giovanni Giacometti, fue pintor impresionista, y su padrino, Cuno Amiet, pintor fauvista, por lo cual Alberto nació y se crió en un ambiente donde el arte ocupaba un lugar privilegiado, y no cualquier arte, sino escuelas plásticas revolucionarias que en principio fueron resistidas y rechazadas incluso por los expertos. 

Conviene recordar que la palabra fauve significa “fiera”, y así los apodaron quienes veían en ese tipo de arte un desafío al arte aceptado y aplaudido. Alberto estudió pintura, dibujo y escultura en Ginebra, y en 1922 se trasladó a París para estudiar en la academia de Montparnasse, donde su maestro fue Antoine Bourdelle, quien había sido discípulo de Rodin. 

No consta que maestro y alumno se hayan enfrentado, pero Bourdelle sostuvo el clasicismo hasta las últimas consecuencias. Giacometti, que se juntaba con Miró y Picasso, entre otros, quería experimentar nuevas formas y nuevos modos de presentar el color en sus pinturas; desde el principio, tal como se puede advertir en los cuadros que se exhiben en Proa. De hecho, todos influenciaban a todos. Integraban también el grupo de rebeldes los escritores Jean-Paul Sartre y el surrealista André Bretón. Este último, antes de que al español Salvador Dalí se le ocurrieran sus extrañas pinturas donde el tiempo se derrite y avanza hacia la nada, había hecho lo mismo con la literatura. Desde luego, otros talentosos, como Modigliani, Cezanne, Van Gogh y Aristide Maillol, frecuentaban los mismos bares de Montparnasse y se influenciaban unos a otros. 

La mujer de su vida 

Cuando estuvo junto a Bourdelle (y con grandes protestas de este), Giacometti experimentó con el cubismo. Luego, pasó al surrealismo, esa escuela estética que pretendía pintar o esculpir los sueños y el inconsciente profundo. Pero tampoco era lo suyo. Su estilo definitivo tendría mucho más que ver con Picasso que con los franceses. Ambos admiraban el arte primitivo africano, la síntesis en la representación de la figura humana y, lo principal, también se admiraban entre sí. 

Además, compartían la ilusión de representar las sensaciones: “Capturar las sensaciones es la esencia del arte”, sostiene Véronique Wiesinger. “La forma en que Giacometti lo hacía no era a través del detalle, sino dando a sus sensaciones su máxima intensidad, pero no tiene que ver con el oficio. Él se preocupaba en no ceder a la habilidad de la mano, de modo que el oficio ocupara el lugar de la sensación. Todo su trabajo está enfocado en eso, en suprimir lo que es superficial, anecdótico, todos los detalles que no son necesarios. Tenía una manera de esculpir cercana al trazo de pintura. Es muy alusivo, da una sensación de aparición y desaparición, como cuando vemos una imagen en dos dimensiones”.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) hizo que Giacometti regresara a Suiza, concretamente a Ginebra, en donde conoció a Annette Arm, con quien se casó en 1949. Ella fue la mujer de su vida, en todos los sentidos posibles.

Aquellos fueron los años 

La curadora Wiesinger sostiene que la muestra de Proa reúne las obras más importantes de Giacometti, con el añadido de trabajos que realizó para particulares de Buenos Aires. “Estos trabajos que hizo en 1939 fueron el encargo más importante que recibió Giacometti en el país. Realizó lámparas, chimeneas, espejos, mesas, floreros, sillas y cómodas, y algunos de estos objetos se exhiben en la muestra. A Giacometti le interesaban los objetos funcionales. Había estudiado que en las culturas primitivas el arte tenía una función social. Él sostenía que el arte no es solo para decorar. 

Realizar esos objetos trae el arte a la vida cotidiana y logra que el arte influya sobre la manera en que vivimos”. El perfeccionismo de Giacometti hizo que una gran cantidad de obras le demandaran mucho tiempo. A partir de su casamiento con Annette, contó con una modelo colaboradora. Otras se resistían a posar tanto tiempo o a adoptar las poses que les exigía el artista. Su mujer le facilitó el trabajo, ya que soportó con paciencia infinita sesiones que duraban muchísimas horas. Agradecido, devolvió en amor a Annette todo lo que pudo. A diferencia de su amigo Picasso, Giacometti no se pasaba los días seduciendo señoritas. 

Su matrimonio coincide no solo con su etapa más prolífica, sino con la superior en calidad. Ya fallecido (la muerte fue a buscarlo a Coiura, Suiza, en enero de 1966), su viuda se dedicó a atesorar su obra. Annette trató de reunir la mayor cantidad posible de las obras de su esposo para integrarlas a la Fundación Giacometti. Las compraba a los coleccionistas, y su intención era, sobre todo, recuperar los yesos previos a la etapa de los metales o de la arcilla. Annette temía que se utilizaran para fabricar copias que luego se venderían como originales de su marido, algo más común de lo que se piensa. 
Recorrer la muestra de la Fundación Proa es disfrutar de una época de gloria del arte europeo. Una cita para exigentes. 
Quien fue Giacometti titulo Nacido en Suiza en 1901, fue uno de los grandes escultores del siglo XX. Su obra El hombre que camina se vendió en 103 millones de dólares, la mayor cifra pagada por una escultura. Fue amigo de grandes celebridades, como Picasso y Jean-Paul Sartre. Este último escribió un catálogo para la obra de Giacometti cuando hizo una muestra en París. Falleció en Suiza el 11 de enero de 1966.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte