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Juego y trabajo, el idilio del siglo XXI


Por Ana Claudia Rodríguez.


Juego y trabajo “El idilio del siglo XXI” 

Ganarás el pan con el sudor de tu frente. Pero nada se dijo sobre la posibilidad de incluir una dosis de juego en la jornada laboral para incrementar la creatividad y la productividad en la empresa. Aquí, más detalles sobre esta tendencia en auge que alegra y optimiza el trabajo.

El juego está de moda. Jugamos para aprender, para compartir, para mover el cuerpo, para informarnos y hasta para trabajar. Lo lúdico irrumpe en todas las facetas de la vida y la oferta se multiplica por todos lados en forma de pasatiempos digitales, circuitos recreativos, concursos y todo tipo de gadgets tecnológicos. En cualquier lugar tenemos (y queremos) diversión: en la oficina, en la escuela y, por supuesto, también en nuestro tiempo libre. Por eso, proliferan los talleres dedicados a la creatividad, aparecen nuevas herramientas educativas que incorporan el divertimento y una larga lista de profesionales ofrecen sus servicios para guiar sobre cómo incorporar lo recreativo en las empresas.

Se puede recurrir al cine, a la música y a las profesiones creativas para recrear escenas que sean disparadores de realidades laborales. Estos juegos bien organizados ayudan.

Sí. Han leído bien. Empresa y juego son compatibles. Y no solo eso: son deseables juntos. Dejamos atrás los tiempos en los que el entretenimiento estaba mal visto –era sinónimo de frivolidad y vagancia– y nos centramos en los valores que aportan los juegos, y que son muy rescatables para la eficacia de una compañía: reglas, sociabilización, atención, diversión. “Ni pérdida de tiempo ni cosa de niños”, dice Candelaria Mantilla, propietaria de Maldón, una empresa de juegos de mesa que, contra todo pronóstico, sedujeron al mercado y no paran de crecer. Ella asegura: “Ahora se ha tomado conciencia de que todas las características del juego hacen posible un aprendizaje más fluido”.

Así que detrás de la poesía (“el juego es una especie de microuniverso que uno decide habitar por un período de tiempo”, “es un lugar donde uno se divierte, se relaja, libera y se permite ser más cosas”), lo lúdico aterriza en los escritorios laborales para fomentar la creatividad y, por ende, la productividad de la empresa. “Cuando la gente se divierte y se siente bien, trabaja mejor”, sostiene Paula Molinari, directora de la consultora Whalecom, especializada en desarrollo y procesos de cambio. Y más aún, aquellas tareas que requieren mayor concentración encuentran en el juego una herramienta utilísima para que las mentes se aireen y luego prosigan su labor con más creatividad (un vaso de agua fresca en el trayecto para retomar la carrera con más fuerza). 

Pero esta pasión por el juego no está relacionada solo con la concientización y la práctica dentro de las empresas. No. Los cambios sociales de los últimos años también han tenido que ver con este proceso de apuesta por la diversión: “El trabajo ha pasado de ser un sacrificio a convertirse en una situación de placer; implica sentirse bien y divertirse. Ahora es posible disfrutar en el trabajo, y eso es lo que todos queremos”, explica Paula Molinari. Según la consultora, el juego genera, además, situaciones de interacción que permiten una profundización de las relaciones, un rasgo típico del siglo XXI que se traduce en que los empleados desean que sus compañeros sean más que colegas (quieren que sean amigos). Para ello, la interacción que requiere el ejercicio recreativo es un caldo de cultivo ideal.

“En otros países del mundo, el juego se viene usando hace más de treinta años en el campo empresarial. Hasta la NASA incluye un componente lúdico en la preparación de pilotos de aeronavegación: la simulación”, comenta Inés Moreno, al frente del estudio que lleva su nombre y que implementa el entretenimiento en sus procesos de consultoría desde hace más de treinta años, cuando la cuestión era casi una mala palabra. Hoy, sin embargo, es una de las más convocadas en su ámbito.

Flexibilidad y “viveza criolla” 

Uno de los exponentes más populares de esta nueva filosofía global es la empresa Google, famosa por facilitar cantinas con comida gratis y saludable, mesas de billar y ping-pong, y hasta zonas para la siesta en el espacio de trabajo. En la Argentina, este modelo soft va caminando y, según varios especialistas, ya hay muchas empresas que incorporan al horario laboral la terraza, la parrilla, los juegos y el Metegol. 
Y es que para estimular la creatividad se aconseja generar espacios de interacción donde tengan lugar reuniones distendidas e intercambio de opiniones sin restricciones. 

“En general, la innovación depende de la formación de contextos en los que no hay presión por lo que hay que hacer, sino que se destina tiempo a lo que querríamos hacer, al análisis de qué hace la competencia, o a pensar alguna locura”, argumenta la consultora Whalecom, experta en temas de empresas.

Moreno, por su parte, alerta sobre el peligro de la estandarización de pautas recomendadas porque, dice, cada empresa es un mundo y no todas funcionan con los mismos estímulos. Lo ilustra con un dato locuaz: cuando Google analizó la eficiencia de su método en la Argentina, concluyó que la “viveza criolla” malinterpretaba la flexibilidad y hacía poco efectivas sus medidas en el país. “Por eso, es necesario que se considere cada caso por separado y, además, que los jefes estén entrenados para acompañar los nuevos cambios. Si no, se corre el riesgo de tener más problemas que soluciones”, continúa la experta; y añade: “El juego es algo muy serio”.

Limar asperezas 

Se puso una capa y, en su delirio de superhombre, ideó una solución brillante para un problema crónico de la empresa. Y en la misma jornada, su compañero, embadurnado de betún para imitar los bigotes y la barba del jefe, le develó a su superior, en plena recreación, actitudes que molestaban y generaban malestar entre los trabajadores. 

“Tras el atuendo o la interpretación de otro rol, el trabajador siente que no pone el cuerpo y así libera toda presión de expresar lo que piensa. Por eso, el disfraz y otras herramientas incentivan el aporte de las personas, la innovación, el compartir”, indica Molinari, que demuestra con el ejemplo que el objetivo es facilitar la comunicación para que el equipo pueda crear, soltar o limar asperezas. 

“El abordaje actitudinal es lo más importante del juego –señala Moreno– porque el cambio no se puede establecer a través de la palabra: ‘Tenés que ser más solidario’, ‘Debes trabajar mejor en equipo’, ‘Mejorá tu escucha activa’. Esas son frases del ámbito del lenguaje, pero entran por un circuito que no modifica la conducta del ser humano. En cambio, cuando se transita por el juego es cuando uno se da cuenta verdaderamente de la importancia de trabajar en equipo, o de escuchar al otro y comunicarse, de los problemas que tiene para hacerlo y de las consecuencias. Si alguien le dijera directamente cuáles son sus carencias, la persona empezaría a desplegar mil excusas o argumentos defensivos. Con esta metodología no hay lugar para eso porque es la propia persona quien siente sus faltas”, amplía la directora del Estudio Inés Moreno.

Las técnicas para provocar esta clarividencia son varias y distintas: se puede echar mano del cine para recrear escenas que sean disparadores de realidades laborales; elaborar un mural para plasmar ideas complejas a través de habilidades artísticas, como la pintura o el collage; simular una orquesta; solucionar conflictos con las manos enfundadas en títeres; cocinar; seguir un bingo temático; o armar un espectáculo de canto y baile al más puro estilo Broadway. ¿Se imaginan? Pues hay más. Porque en este ambiente de realidad paralela los objetos también ayudan a introspeccionar con diversión: una baraja de naipes para practicar la gestión del tiempo, tarjetas de role-playing, pañuelos para actuar a tientas, etcétera. 

Y así, de la mezcla entre prácticas, avíos y sonrisas, el trabajo se optimiza y, por supuesto, se mejora. Eso sí, hay una advertencia: el juego es un método útil y dinámico que favorece el clima laboral, refuerza el sentimiento de pertenencia a la empresa y fomenta la productividad. Pero no conviene idealizar. Siempre habrá tareas que aborrezcamos al llegar a la oficina, o quehaceres para los que invariablemente tengamos que fruncir el seño. Eso –por ahora– no hay juego que lo cambie. 

¿Busca trabajo? 

Juegue que yo lo observo Platón decía: “En una hora de juego se puede descubrir más acerca de una persona que en un año de conversación”. Por eso, las técnicas lúdicas se emplean no solo para capacitar al personal de una empresa, sino también para seleccionarlo. “El juego tiene la característica de desenmascarar aspectos socioemocionales que a veces las personas pueden ocultar en un test proyectivo. 

¡Hasta en Internet se dan instrucciones de cómo superar esta prueba!”, dice Moreno al respecto. Así que corren malos tiempos para la picaresca: los jefes preguntan jugando y no hay forma de mentir. En la puesta en escena –que es particular para cada tipo de empresa y de empleo–, todos los postulantes al trabajo participan de una actividad, que luego se analiza para elegir al candidato idóneo. “De esta forma, los aspirantes quedan contentos porque se dan cuenta de que la discriminación no es aleatoria: existe una metodología. Y el que ha sido denegado, aunque sea Einstein, comprende que otra persona es mejor que él para el puesto porque se adapta más al perfil que requiere la empresa”.


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