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Puro Rock


Por Mariano Petrucci.


Puro Rock 

En Seattle, Estados Unidos, un museo homenajea al género y sus leyendas. El valor agregado: su carácter interactivo. Además de disfrutar de exhibiciones inéditas, el visitante puede tocar instrumentos y soñarse como una rock star. Pase y vea.

A Caso James Marshall Hendrix haya sido el más eximio guitarrista de la historia del rock and roll. Y si no lo fue (porque si de gustos se trata…), al menos se sienta en la mesa chica con B. B. King, Jimmy Page o Chuck Berry –sí, somos arbitrarios y dejamos afuera a otros tantos “monstruos” de las seis cuerdas–. Lo cierto es que “Jimi” marcó una era en su efímera vida (forma parte del trágico “Club de los 27”: celebrities que fallecieron a esa edad, como Jim Morrison, Janis Joplin o Kurt Cobain). 

En Seattle, Estados Unidos, el hijo pródigo tiene un homenaje diario y monumental cuando cientos de hombres y mujeres, provenientes de todas partes del mundo, caen rendidos a los pies del Experience Music Project (EMP), un museo vanguardista que posa la lupa en la música de esos pagos y en la cultura contemporánea. Pero, en rigor, es mucho más que eso. Porque este templo, un auténtico culto a aquellos que llevaron el nombre de la ciudad a lo más alto de las consideraciones (como Quincy Jones o el grupo Nirvana), también es una aventura interactiva donde expertos, aficionados o indiferentes de todas las edades pueden soñar con ser músicos por un ratito... y lograrlo. 

Es que dentro de esta infraestructura de 140.000 metros cuadrados, con forma de guitarra eléctrica fragmentada (ya que Hendrix solía destrozar –y, a veces, hasta quemar– su Fender Stratocaster después de cada concierto), uno puede empuñar una guitarra o un bajo, acariciar un piano o acomodarse frente a la batería en miniestudios (boxes cerrados acustizados súper profesionalmente para no molestar al vecino) y grabarse a sí mismo. ¿Nunca se le dio por espiar una partitura ni por curiosidad? No importa, en el Sound Lab hay computadoras que enseñan, muy didácticamente, a tocar las primeras notas o dar los pasos iniciales en percusión.

El leitmotiv de este proyecto, que desde que abrió sus puertas el 23 de junio de 2000 recibió a más de cinco millones de visitantes, gira alrededor de la colección de objetos pertenecientes a Hendrix. Pero la idea general trasciende este puntapié, ambicioso por donde se lo mire. El interior, recorrido por un monorriel que pasa justo por el medio –sí, leyó bien–, está organizado por zonas temáticas distribuidas en los dos pisos que tiene el complejo, emplazado en un sitio que al argentino le recordará el porteño Predio Ferial de La Rural. Por los diversos rincones, se puede apreciar el salón que evoca a Hendrix, galerías y exhibiciones varias, un laboratorio de sonido, un archivo multimedia, una escuela de música y hasta un minimuseo de ciencia ficción. Claro, entre tanto paseo, uno puede hacer una pausa y degustar alguna que otra exquisitez en los restaurantes y bares circundantes, o dispensar unos dólares para acopiar souvenirs de las tiendas de regalos.

Pero vamos por partes. En principio, le recomendaremos, si es que tiene la posibilidad de hacerse una escapada hasta aquí, que se detenga a contemplar la montaña de instrumentos que hay en pleno hall central. Es como si fuera una fuente de agua, pero de guitarras (en su mayoría), bombos, redoblantes, acordeones, bajos, saxos... y lo que se imagine.

Un párrafo aparte merece la sala bautizada Sky Church, pensada específicamente para vivir una experiencia sensorial inigualable. Esta habitación, en el corazón del EMP, puede albergar hasta ochocientas personas, tiene más de veinte metros de alto y ostenta la pantalla LED más grande del planeta. Con un sonido envolvente de última generación, allí uno no solo puede sentarse a disfrutar de distintos videos, sino que además es un espacio donde se coordinan shows, bailes, actuaciones y proyecciones cinematográficas.  

¿Le dijimos que en EMP los sueños roqueros se hacían realidad? Amén del Sound Lab, nos topamos con On Stage, un salón con luces que encandilan y fans gritando que emulan, virtualmente, la sensación de ser protagonista de un colosal concierto y ser una megaestrella aplaudida por las masas. Uno puede inmortalizar ese momento adquiriendo fotos o el DVD de la performance (que, obvio, habrá que abonar... ¡pero vale la pena!).

De Bach a Hendrix

El EMP fue una cuenta pendiente que Paul Allen, magnate de la informática, se dio el gusto de saldar. Para materializar su deseo es que el cofundador de Microsoft contactó al arquitecto Frank Gehry, creador de edificios cautivantes, como el Guggenheim de Bilbao (España) o la Casa Danzante en Praga (República Checa).

Ghery, canadiense nacionalizado estadounidense y ganador del premio Pritzker, es un amante de la música clásica; en especial, del alemán Johann Sebastian Bach. Por esa razón, tuvo que empaparse de una corriente musical que le resultaba definitivamente ajena. Sin embargo, no se amedrentó y se sumergió en ella para comprenderla: así fue como se dirigió hasta una tienda de barrio y compró un par de guitarras eléctricas. Ya en su estudio, e influenciado por el “salvaje” rito de Hendrix, las hizo trizas, cimentando los pilares de lo que sería el diseño final.   

El edificio tiene aires futuristas gracias a ese conglomerado de cuerpos fragmentados y brillantes, y a sus paredes y a su techo curvados. Hecho íntegramente con acero inoxidable, aluminio y vidrio, su cubierta está conformada por veintiún mil paneles combados, que encajan a la perfección unos con otros.

Asimismo, Gehry añadió la fusión de colores psicodélicos para simbolizar, de algún modo, la energía y la fluidez de la canción estadounidense. El azul cielo que puede distinguirse se debe a las guitarras Fender, el dorado a las Gibson Les Paul y el púrpura al tema “Purple Haze”, de Hendrix. Los pasajes rojos son un tributo a las viejas furgonetas descoloridas que las rock stars solían conducir.

Recorrida virtual  

Fotos y videos inéditos, artículos extravagantes y vestuario que se calzaron ídolos populares. Hacemos referencia al contenido de cada una de las galerías del EMP, donde puede seguirse la evolución de la música norteamericana, pasando por las revoluciones que causaron el jazz y el blues, hasta el nacimiento del rock and roll y la explosión del hip-hop. En la Guitar Gallery, descansan más de cincuenta joyas (hay desde el 1700 hasta la actualidad) que supieron ser ejecutadas por Bo Diddley, Dave Davies, Eddie Van Halen, Cobain y otros.

Entre las muestras, hay tres que hoy son las más aclamadas. La primera es “Hear My Train A Comin’: Hendrix Hits London”, que conmemora el cumpleaños número setenta de la “musa inspiradora” del EMP. 

A través de letras escritas a mano, pedazos de guitarra que rompió en el escenario, vestimenta (el sombrero y la bufanda que usó en la tapa del disco Smash Hits) y cartas de admiradores, el espectador redescubre el arribo de Hendrix a Londres en septiembre de 1966, su ascenso a la fama y su posterior regreso a los Estados Unidos en junio de 1967. La segunda es una colección de instantáneas que Jim Marshall, fotógrafo de Life, gatilló durante el tour de los Rolling Stones en 1972. Y la tercera es un guiño al subgénero grunge, típico de Seattle, con una exposición de fotos y elementos insólitos de Nirvana.  

Para concluir, dos perlas imperdibles: por un lado, el submuseo de ciencia ficción, con trajes de personajes de películas como Avatar, La guerra de las galaxias, Matrix o Terminator. Por el otro, la muestra “Worn to Be Wild: The Black Leather Jacket”  repasa la cronología de la aparición de la chaqueta de cuero, una de las piezas emblemáticas del siglo XX. Allí se lucen cerca de sesenta de estas prendas, utilizadas por leyendas del rock, del cine, de la moda y hasta por los pilotos de combate en la Segunda Guerra Mundial. Fanáticos, no se preocupen: no faltan las motos Harley-Davidson para que clima, como en todo el EMP, sea una verdadera fiesta.

Lo que viene 

Por si se tentó y programa una visita al Experience Music Project (EMP), le avisamos con tiempo sobrealgunas actividades que se avizoran imperdibles. En primer lugar, organizado por el Smithsonian American Art Museum, se exhibirá “El arte de los videojuegos”,queanaliza –a través de imágenes, videos, capturas de pantallas y entrevistas con especialistas– su carácter artístico y su desarrollo desde los pioneros hasta los más contemporáneos y sofisticados. A la vez, se expondrán consolas de clásicos como el Pac-Man, Super Mario Bros. o The Secret of Monkey Island. Y se elegirán los mejores juegos para los veinte sistemas que existieron y existen, desde la Atari hasta la PlayStation. Del 15 de febrero al 12 de mayo de 2013.


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