ENTREVISTA


“Otra realidad es posible”


Por María Alvarado.


“Otra realidad es posible”

Manuel Lozano es uno de los referentes de la cultura solidaria argentina. A pesar de su corta edad, fue director de Red Solidaria y desde ahí contagió a miles de jóvenes para que trabajaran por una realidad mejor. Recientemente publicó su primer libro, Te invito a creer, donde cuenta su experiencia y su tarea a lo largo y ancho del país.

Los que trabajan en el bar Eloísa, en el barrio porteño de Congreso, lo conocen muy bien. El lugar hace las veces de oficina para Manuel Lozano (27), exdirector de Red Solidaria y fundador de la nueva Fundación Sí. Sentado al lado de una ventana, Manuel habla por teléfono y organiza los detalles finales de un spot solidario con dos famosos artistas locales. Está cansado, y se le nota. Ese día, como muchos otros, arrancó a las seis de la mañana y todavía le quedan varias horas más de trabajo. 

Julieta, la moza, se acerca a su mesa y le cuenta que se acabó la mermelada que a él le gusta. “Traeme cualquier otra menos la de naranja, porque es muy amarga”, responde. A pesar de no ser amigo del sabor amargo, Manuel le pone el pecho a los momentos más difíciles y adversos de muchísimas personas de nuestro país. Desde los 18 años, trabajó incansablemente desde Red Solidaria, fundada por Juan Carr y postulada en cuatro oportunidades al Premio Nobel de la Paz. Hoy, luego de nueve años, dio un paso al costado para encarar proyectos solidarios a largo plazo.

Durante su paso por la Red –de la cual habla con enorme agradecimiento y a la que reconoce como su mejor escuela–, él, junto a cientos de voluntarios, hicieron frente a diferentes problemáticas que incluyen la distribución de alimentos a personas en situación de calle, la búsqueda de niños perdidos, paliar las catástrofes naturales, como la de Tartagal (Salta, 2009), y tantísimas más. 
Manuel es rebelde y rompe todo tipo de prejuicios. Es abogado de profesión, pero su aspecto se parece más al de un cantante de música reggae.

No le gusta la exposición, aunque siempre alza la voz en los medios cuando sale a pedir ayuda. Es tímido y de pocas palabras, pero dirige a miles de personas. Llora y se enoja con muchas situaciones injustas; sin embargo, es el primero en creer que una realidad mejor es posible. Aunque es joven, tiene mucha experiencia en la cultura de la solidaridad y en lo que significa ayudar al otro. 
Su trabajo es totalmente desinteresado y le demanda la mayor parte de sus días. Recorre el país comprometiéndose con escuelas rurales, comedores, familias y organizaciones. Y los frutos están a la vista. 

En sus viajes por el interior del país impulsó la creación de setenta redes solidarias. Todas esas historias, encuentros y anécdotas las dejó plasmadas en su libro, Te invito a creer, con el fin de mostrar que una mejor realidad es posible. Porque cree y confía, este año logró lo que para muchos parecía un sueño imposible. Fundó la primera universidad a tres mil setecientos metros de altura, en Abra Pampa, Jujuy, donde ya hay veinticinco chicos estudiando. Inconformista por naturaleza, va por más y ya sueña con otros proyectos para su nueva fundación.

–¿Qué fue lo que hizo que te volcaras a trabajar por los demás?
–Es algo que tengo muy naturalizado, lo hago desde muy chico. Hago lo que tengo que hacer. Si tuvimos la posibilidad de no pasar hambre, de ir a la primaria, a la secundaria, y, como en mi caso, de estudiar una carrera universitaria, en cierta forma somos privilegiados. Entonces, creo que hay que devolver un poco lo recibido y dar una mano a los que son iguales a mí, pero que, por alguna circunstancia, están mal o pasando alguna necesidad. Creo que la responsabilidad es compartida, de toda la sociedad. Soy consciente de que cada uno tiene un rol diferente en la sociedad, como el de ser madre, presidente, maestro, etcétera, pero, en mayor o menor medida, tenemos un grado de responsabilidad ante alguien que, por ejemplo, está pasando hambre.

–¿Cuánto tiempo dedicas a la solidaridad?
–Gran parte de mi día. El tema es que cuando uno conoce algo en cierta profundidad, es imposible no continuar y hacerse el distraído, sobre todo cuando se descubre que lo que uno hace puede modificar algo. Es un camino de ida. Lo que hago lo voy a seguir haciendo siempre, donde sea que esté. Dar se transforma en una forma de vida.

–Contame cómo es un día tuyo.
–Es cero rutinario. Lo único más rutinario son las “recorridas nocturnas”, que hacemos todos los días del año. Después cada día es diferente. Trabajo mucho desde casa, viajo por el interior del país. Dentro de mis tareas, me vas a ver descargando sopas o armando bolsos para llevar con la comida; trabajo mucho con la compu, coordino los grupos de trabajo en el interior… Uso mucho el mail y el teléfono, tengo una especie de oficina móvil. El secreto es el trabajo en equipo. Este es el gran tesoro de la nueva iniciativa. Gente que quiero, respeto y admiro por su entrega. Es un placer para mí trabajar con todos ellos.

–También lograste fundar la Universidad.
–¡Fue un trabajo en conjunto! Creo que ninguno de nosotros fue consciente de lo que estábamos armando hasta el día de la inauguración. Logramos hacer una universidad, a tres mil setecientos metros de altura, en Abra Pampa, Jujuy. Cuando llegué a Buenos Aires con la idea de armar una universidad allá porque los chicos de ahí querían estudiar, todos me decían: “Vos estás loco, es imposible”. Y dos psicopedagogas; Margarita, una amiga; las dos Pastorutti y Facundo Arana me dijeron: “Creemos que no es una locura. Hagámoslo”. Ellos me ayudaron en todo, siguieron el proceso y estuvieron en la inauguración. Estoy profundamente agradecido con ellos porque fueron los primeros que creyeron que se podía armar. Hoy tenemos veinticinco chicos estudiando cuatro carreras: Ciencias agrarias, Abogacía, Administración de empresas y Contador público. 

–¿Cómo surgió la idea de armar la Fundación Sí? ¿Fue tu inspiración?
–Con la creación de la Universidad y la profundización de las “recorridas por el frío”–que nos permitió ayudar a reinsertar a varias personas–, empecé a sentir que quería realizar este tipo de proyectos, más largoplacistas. Junto al grupo de voluntarios con los que trabajaba, empezamos a pensar y desarrollar nuevas ideas y terminamos creando Fundación Si. No solo continuaremos con estos proyectos, sino que planificamos emprendimientos productivos, talleres de capacitación y muchos otros proyectos distribuidos por la Argentina. Decidimos ponerle Sí porque nos gusta partir desde lo positivo. Sí es mirar la realidad desde otra perspectiva, implica involucrarse e intentar cambiarla.

–¿Qué son las “recorridas nocturnas”?
–Trabajamos con distintos grupos de voluntarios a los que le toca recorrer, todos los días, una zona de la Ciudad de Buenos Aires. Cada zona tiene una carpeta donde anotamos y dejamos por sentado las necesidades puntuales de las personas en situación de calle. Empezamos llevándoles alimentos y, luego de un tiempo, se creó un vínculo que nos permitió trabajar otras cosas, hasta inclusive sacarlos de la calle. Nos fijamos si necesitan, por ejemplo, un médico, si una mujer está embarazada, si tiene chicos, si necesitan DNI. En algunos casos les conseguimos trabajo, tratamos las adicciones. Seguimos la evolución de esas personas y hacemos un mapeo, que es como un censo, de todas las personas en situación de calle. Este año, desde Sí, continuamos profundizando el trabajo, realizamos talleres y ampliamos las recorridas al Gran Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, Córdoba, Tucumán y Misiones. El 24 y 31, vamos a festejar y compartir juntos la Navidad y el Año Nuevo en la calle.
 
–¿De todas las problemáticas que ves, cuál es la que más te preocupa o sensibiliza?
–Por un lado, todo lo que es niñez, por experiencias que viví en la calle. Me doy cuenta de que hay que trabajar en el abordaje integral de la niñez para no tener que arrepentirnos de cosas en un futuro. Por eso, implementamos “Sí pueden”, que es un programa de contención e inclusión social para niños y adolescentes. Y, por otro lado, cuando empecé a viajar por el interior, cuando terminaba de dar alguna charla, siempre se me acercaba alguna mamá para hablarme de un suicidio adolescente y, ahí, empecé a meterme en el tema. Cuando vi las cifras de suicidios jóvenes en nuestro país, me preocupó muchísimo. Por eso, en gran parte, quise escribir el libro, contando mi experiencia. No porque sea ejemplar, sino porque creí que les podía servir a otros para creer en otra realidad, y ver que hay muchas cosas que se pueden hacer. 

–Contanos de tu libro…
–El libro es un compilado de todas las historias, experiencias, personas y anécdotas que confirman que una mejor realidad es posible. Me sorprendieron mucho las repercusiones del libro, cosas como que una mujer cartonera, que fue a la presentación del libro a dar testimonio, está leyéndolo. Y que la primera edición ya se agotó y vamos por la segunda. Lo recaudado con las ventas va a ser destinado al proyecto de la Universidad. El libro es mi experiencia, algo muy personal, lo que yo sentí, lo que me causó alegría, tristeza. Me costó publicarlo por la exposición que implicaba. Ahora que ya está a la venta me llegan muchos comentarios de chicos de 14 o 15 años que me dicen que es la primera vez que entran a una librería a comprar un libro y lo leen. Por eso, sé que valió la pena abrirse de ese modo. Los lectores me dicen que lo leen y sienten como si yo estuviera ahí, al borde de sus camas, charlando con ellos. Es que lo escribí todo de mi puño y letra; hasta la foto de tapa la elegí yo. 

–¿De todo lo que hacés, qué es lo que más te gusta?
–Sin lugar a dudas, el contacto con la gente. Las veces que no salgo en las “recorridas nocturnas” por las calles es porque tengo que hacer otra cosa de la nueva fundación. Si no, siempre estoy, porque me encanta. El contacto con los que necesitan algo y con los que dan una mano es lo que más disfruto, a pesar de que soy extremadamente tímido. El trabajo en la calle me gusta mucho. Viajar al interior también me encanta, me parte la cabeza cada vez que voy. La gente que tiene este país es increíble.

–¿Qué es lo que más te marcó de tus viajes por el país?
–Muchas… el viaje a Jujuy, donde fuimos con Sole y Nati Pastorutti antes de abrir la Universidad, en agosto, que es el mes de la Pachamama. Ellos hicieron un ritual que se llama la “corpachada”, que es un pozo en el suelo donde ofrecieron distintas cosas en agradecimiento a la Universidad que se venía. Fue fuertísimo que nos dejaran participar de ese ritual, que nos sintieran parte… El día de la inauguración también fue muy emocionante, con “La Sole” cantando el himno…

–¿Cuál fue la persona que más te marcó en tus recorridas por el interior?
–Marie Pierre de Chacho y Rosario Quispe. Con Marie Pierre nos conocimos hace siete años y empezamos a trabajar con un grupo de jóvenes con un montón de problemáticas, que estaban en la calle, sin nada que hacer. Hoy son jóvenes que están estudiando en la Universidad, trabajan y ayudan a otros chicos… En lugar de ponernos nosotros a ayudarlos, los pusimos a ellos a ayudar. Esa fue la clave del proyecto. Hicieron de todo, trabajaron en comedores, capacitaron en donación de órganos y de sangre, en educación vial; construyeron un lugar de contención donde van muchos jóvenes durante el día. Rosario es de Abra Pampa, y con ella trabajamos para formar la Universidad. Me marcó por su capacidad de trabajo y sus valores. Tenemos mucho que aprender de las comunidades collas.

–¿Qué querés conseguir a futuro?
–Quiero poder llevar adelante procesos de transformación en diferentes comunidades o en grupos de personas. Creo que todo cambio macro viene a partir de un cambio en lo micro. Si pensamos, por ejemplo, en los veinticinco chicos que hoy están estudiando en la Universidad, parece poco pero en realidad involucra a todas sus familias, a las comunidades donde viven. La idea es que ellos vuelquen lo que aprenden en sus comunidades. Es un proyecto innovador que va a dar los primeros profesionales de la Puna, los primeros profesionales collas. La comunidad colla tiene muy arraigada la cultura del trabajo, ellos llevan a cabo varios emprendimientos productivos y la idea es que puedan profesionalizarlos aún más, que sean sustentables, rentables, que crezcan.

Manuel termina sus tostadas con mermelada de frutilla, paga, y se despide. Entra en un gimnasio, en el edificio contiguo al bar, no para hacer ejercicio, sino para organizar la “recorrida nocturna” de ese día. Allí, le prestan un depósito donde se guardan los alimentos. Manuel se arremanga y abre las cajas apiladas. Mete sopas, vasos, cucharas y algunas galletitas en distintos carritos. Son las ocho de la noche y , en la esquina, unos cincuenta voluntarios esperan a Manuel, que llega con los carritos y da las instrucciones para repartirlos entre quienes tienen hambre en las calles de Buenos Aires.

Para dar una mano

Está abierta la colecta nacional de juguetes para Navidad. Hay centros de recepción en todo el país. La Fundación tiene como objetivo abrir una sede en cada ciudad de la Argentina. Por eso, invitan a sumarse como voluntarios. 

Mas información 
info@fundacionsi.org.ar
Tel.: (011) 4858-0154.
Twitter: @sifundacion
Web: www.fundacionsi.org.ar

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