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Arte por la inclusión


Por Mariano Petrucci.


Arte por la inclusión 

Un centro educativo y cultural en Bariloche potencia las aptitudes artísticas de personas con discapacidad. Así lograron editar un disco, exponer obras en museos de renombre y que un sinfín de jóvenes brille sobre escenarios de América y Europa. Orgullo nacional.

Nosotros adherimos al paradigma social de la discapacidad, que sostiene que las causas que originan una discapacidad son sociales, por la manera en que está delineada nuestra comunidad. Son nuestras limitaciones las que generan que existan individuos que no sean tenidos en cuenta. Además, estimamos que las personas con discapacidades tienen mucho para dar y que sus aportes están íntimamente enlazados con las posibilidades de inclusión y aceptación de las diferencias, y condicionados por estas”.

Luis Suero elige las mejores palabras que pueden utilizarse para reflexionar sobre un tema en el que se dieron pasos importantes, pero que todavía sigue siendo un terreno para sembrar y cosechar: el lugar que ocupan aquellos que tienen capacidades diferentes, tanto en el país como, por qué no, en el mundo. A propósito, Suero es uno de los directores de Cre-Arte, un centro educativo y cultural orientado a la atención de hombres y mujeres de 16 a 50 años (la media de edad es de 23) que padecen discapacidad mental moderada. 

Situado en la bellísima ciudad de San Carlos de Bariloche (Río Negro), Cre-Arte cumplirá, en 2013, dieciocho años de vida y de arduo –pero placentero, según aseguran– trabajo. Hoy por hoy, capacita, de manera gratuita, a setenta y cuatro personas, la mayoría de ellas en situación de pobreza. Pero su misión no se circunscribe a albergar a los más indefensos. No. Quienes concurren allí de lunes a viernes, de nueve de la mañana a seis de la tarde, participan de alrededor de treinta disciplinas artístico-culturales que se distribuyen en más de cien talleres semanales.

“El arte es el lugar político, filosófico y ético donde las personas con discapacidades adquieren voz propia. Nos sacuden con sus ideas, despertándonos del letargo de lo cotidiano. El hecho de que puedan subirse a un escenario y expresarse significa que, en cierta medida, les devolvemos dignidad, el sentir que valen por lo que creen… y por lo que crean. Estos jóvenes nos desafían y nos hacen descubrir que hay otros futuros posibles, otras formas de valorar y valorarnos. Nos despabilan con su vanguardismo”, opina Suero, y continúa: “Hay que revertir el estigma de que son meros sujetos de asistencia. 

Cuadros, shows de clowns, murales y talleres de costura son solo algunas de las actividades que realizan el centenar de jóvenes y adultos que concurren, diariamente, a la sede de Cre-Arte. Allí, solidaridad y creatividad caminan de la mano.

Cuando pensamos en incorporarlos al universo laboral y para eso inventamos puestos de escaso reconocimiento social –haciendo que armen hamburguesas o limpien en un hotel–, no solo los condenamos, sino que nos privamos de la oportunidad de aprender y optimizar las relaciones diarias, y de revisar la escala de valores con la que habitualmente convivimos. Hay que concientizarse y tener cuidado, ya que el concepto de ‘ser discapacitado’ pesa en la construcción de la personalidad, entretejiéndose en la telaraña de una supuesta enfermedad que no es tal”.

En mayo de 1995, Suero y tres amigos más (Verónica y Fabiola Quiroga y Patricia Capello) decidieron poner manos a la obra por una inquietud que los mancomunaba: la escasez de opciones, después del período escolar, para chicos con capacidades diferentes. “Nos preocupaba la cantidad de jóvenes que deambulaban sin rumbo. Así que nos dedicamos un mes a hilvanar la propuesta y a escribirla desde un costado pedagógico. En un principio, el cura Juan Ángel Dieuzeide y la capilla Virgen del Carmen –en el barrio La Cumbre– nos cedieron una casa con dos salones –de dieciocho y seis metros cuadrados, respectivamente–, una cocina y un baño. Ahí empezamos con ocho alumnos dando talleres de cocina, plástica, teatro, costura y alfabetización. 

En 1998 nos mudamos y, desde aquel entonces, estamos funcionando en una sede a pocas cuadras del centro de la ciudad”, cuenta Suero.
Tarde o temprano, a las nobles aventuras les llegan sus merecidos laureles. Cre-Arte ya fue declarada de interés municipal y el mismo nombramiento le fue otorgado por la provincia de Río Negro. Asimismo, los contactaron de la Universidad de Barcelona (España) para que relaten su historia. Sus historias, mejor dicho; como la de las compañías artísticas que allí vieron la luz, se profesionalizaron y emprendieron giras por Europa, Estados Unidos y Brasil. O como la edición de un libro de poesías o del disco de percusión del grupo Zapandanga. O de la infinidad de exhibiciones de obras plásticas en sitios de renombre como el porteño Palais de Glace.

Querer… y poder

Los requisitos para ser parte de Cre-Arte son ser mayor de 16 años, saber desempeñarse en conjunto y poder entender una mínima consigna de trabajo. En la sede los esperan cerca de treinta personas, de las cuales la mitad son profesores (la selección para dar con los indicados se hace con lupa: la búsqueda puede extenderse durante un año). “Sabemos que, muchas veces, no somos capaces de encontrar el camino para destrabar los procesos creativos de nuestros alumnos. Tratamos de eliminar las barreras que van surgiendo, pero no siempre lo conseguimos. En reiteradas ocasiones, los obstáculos a los que nos enfrentamos nacen de nuestro propio rol como docentes. Otras, están vinculados a las complicaciones financieras que no nos permiten acceder a una mayor carga horaria o a una cartelera mucho más amplia de disciplinas”, admite Suero.

Nobleza obliga, las áreas que maneja Cre-Arte no son pocas, ni mucho menos. Los talleres son variados y hay para todos los gustos: desde percusión, música, teatro, cerámica, cocina, computación, plástica, carpintería y educación física hasta literatura, danza contemporánea, radio, costura y títeres. “Es muy interesante lo que sucede en cada uno de ellos, ya que, desde los claustros de la educación formal, estamos ante personas consideradas sin habilidades intelectuales básicas. 

Es cierto que quien forme parte del taller de murga o de percusión quizá no pueda operar con el algoritmo de la división, pero puede consensuar con sus compañeros la medición del tiempo para realizar las divisiones de este y poder ejecutar una música a partir de un golpe, o encarar una coreografía, involucrando las aptitudes de cada cuerpo. Y el beneficio es doble: porque no solo logran algo bello y estético, sino que esto contribuye a su autonomía personal”, agrega Suero.

Si se trata de destacar las iniciativas que pican en punta, hay dos que sobresalen. La primera es el proyecto “Fútbol, inclusión y aprendizaje”, que abarca a escuelas primarias de Bariloche y El Bolsón, con una presencia aproximada de doscientos chicos. De hecho, de aquí salió el único equipo argentino que fue parte del V Encuentro Latinoamericano de Fútbol Callejero, que jugó en Montevideo (Uruguay), bajo la atenta mirada del presidente José Mujica. ¿Pero de qué se trata específicamente? “De asimilar al fútbol callejero como una herramienta valiosísima para promover el desarrollo social y la integración de los jóvenes –define Suero–.

Nos abocamos sobre todo a la transmisión de valores, a través de un encuadre metodológico que consta de tres momentos. En el primero, los competidores acuerdan las reglas del juego junto a un mediador –y no un árbitro– que los guía en la elaboración de esas reglas. El segundo momento es el juego en sí mismo y el tercero es un espacio de reflexión que determina el puntaje final. O sea que el mensaje es que no siempre gana el que mete más goles, sino que también se mide el respeto, la cooperación y la solidaridad”.

La otra apuesta es “Arte x =”, que persigue la promoción, difusión y profesionalización de artistas con discapacidad, impulsando la exposición y venta de sus obras en toda la Argentina. “Esto tuvo su puntapié inicial en 2008, en Bariloche, y junto a la Fundación Arelauquen. En 2009 lo replicamos en el Palais de Glace, con el apoyo de la Comisión Nacional Asesora para la Integración de las Personas con Discapacidad, CONADIS. En 2010, volvimos a montarlo en Bariloche como un Circuito Cultural Turístico, con más de cien obras de más de treinta hombres y mujeres con capacidades diferentes. Con el lema ‘El arte nos iguala’, contamos con la ayuda de Goyo Barja y Pablo Bernasconi”, recuerda Suero. 

Pero hay más motivos para enorgullecerse. Por ejemplo, las tareas en jardinería, que datan de 1999 y que arrojaron una producción y posterior venta de más de cinco mil plantines de flores, plantas de interior y plantines de huerta (algo que, año tras año, aumenta gracias a la enseñanza que reciben los alumnos). O el comedor, que, desde 2000, atiende las necesidades alimentarias del 70% de quienes gritan presente en Cre-Arte. “Para el año que se viene tenemos en mente llevar a cabo la VI edición de ‘Arte x =’. Del 27 de febrero al 31 de marzo habrá muestras de artes plásticas, espectáculos y charlas sobre arte, diversidad y educación en los principales puntos turísticos de Bariloche. 

Estamos diagramando un tour por Europa para la temporada 2013-2014. Y soñamos con sistematizar la experiencia pedagógica para poder transferirla a otras organizaciones que nos solicitan capacitación, y con edificar un nuevo centro cultural más apropiado, con sala de teatro y de exposiciones”, se ilusiona Suero. Buenos precedentes no le faltan.

Otras iniciativas 

Tienda de arte: Aquí se moldean productos de forma artesanal, que luego se venden en distintos eventos y ferias locales, regionales y nacionales.
Padrinazgo de cuadros: El público puede adquirir las obras que realizan los chicos del centro. Pero también está la figura del “padrino”. Esto significa que se compra el cuadro, pero se lo deja en la institución para que se siga exponiendo en las diferentes muestras que allí se programan.
Venta de vinos: Se trata de una colección exclusiva de vinos provenientes de bodegas especialmente elegidas. Las botellas vienen acompañadas de los cuadros de los artistas de Cre-Arte.
Espectáculos: Hay tres que se destacan. El primero, Tanguearte, un show al ritmo del 2x4, creado por María Cecilia González Minguez. Compitió en diversos certámenes, en igualdad de condiciones, con otros elencos teatrales, fue reconocido y premiado. El segundo, Zapandanga, donde un grupo de percusión viaja, a través de las canciones que interpreta, por distintos aspectos característicos de la Patagonia, como el clima, los lagos, los caminos, etcétera. Ya grabaron su disco debut. El tercero es Punto y línea, un espectáculo de danza contemporánea basado en los textos del ruso Wassily Kandinski.

Mucho más que una pelotita…
 
En septiembre de 2006, la Fundación Defensores del Chaco creó la metodología de fútbol callejero en la Argentina. Cre-Arte se unió a la cruzada cuando su par arribó a Bariloche con intenciones de extender la idea a otras regiones del país. Así nació la Liga de Fútbol Callejero de Bariloche, con la colaboración de otras organizaciones locales, como Taller Múgica, Grupo Encuentro, Club Arco Iris y Fundación Woodwille. En febrero de 2007, Cre-Arte llevó a cabo el Primer Encuentro Nacional de Fútbol Callejero (durante una semana, alrededor de doscientos jóvenes compartieron espacios artísticos y deportivos), donde, paralelamente, se creó la Liga Nacional de Fútbol Callejero. 

A partir de allí, comenzó un nuevo proceso con la difusión de la propuesta en regiones como Comodoro Rivadavia, Viedma, Sierra Colorada, etcétera. En este contexto, en febrero de 2008, Defensores del Chaco renunció a ser la referencia nacional y Cre-Arte pasó a asumir el puesto participando de la Mesa Sudamericana de Fútbol Callejero. A la vez, el centro accedió a la membresía de Streetfootbalworld, integrando la red Mundial de Fútbol Callejero.


Más información:
www.cre-arte.org.ar

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