ENTREVISTA


“Quiero promover la discusión”


Por Ana Claudia Rodríguez.


“Quiero  promover la discusión” 

Llega a los 55 años con un nuevo disco, el número veinte, y esa voz tan peculiar que la mantiene –y en forma– sobre los escenarios. Hablamos con Sandra Mihanovich a poco de haber donado un riñón a su ahijada y originar un vendaval mediático.

Tras una hora de entrevista, pareciera que los altibajos no existen en la vida de Sandra Mihanovich. Y que, si los hay, ella los encara de frente, sólida como una montaña y con el ritmo de quien teje una bufanda de lana. Punto por punto. Nadie diría que los últimos meses han sido un remolino, con la donación de un riñón a su ahijada Sonsoles y con la presentación de un nuevo disco, Vuelvo a estar con vos.  
Nos encontramos con Sandra en Buenos Aires, en un restaurante mexicano del barrio de Palermo. Viste de blanco impecable, en sintonía de alguna forma con el ambiente de las mesas de madera clara y las banderitas de colores. En el diálogo, mira directa al interlocutor y lo hace sentir que está allí, inevitablemente dentro de la escena, donde ella reina con su temple y su naturalidad. La periodista busca la sorpresa, pero algo contundente en el aire insinúa que ninguna pregunta es capaz de desencajarla, de conmoverla o hacerla dudar. Más de treinta años de preguntas y respuestas a lo largo de su carrera es una buena garantía, un comodín, donde Sandra reposa su plenitud para contestar cada curiosidad sin pestañear, sin pensárselo dos veces. Entonces, empezamos con la actualidad, poco a poco.

–La edición del nuevo disco, el número veinte de tu carrera, llegó después de la presentación de las canciones al público.
 –Vuelvo a estar con vos es un disco que armamos durante todo 2011 cantando como en los años ochenta, en el pub Velma Café de Buenos Aires. Antes de grabar, fui estrenando las canciones que iban a formar parte del disco porque me encanta poder cantarlas, masticarlas un poco, ver cómo me siento cantándolas y cómo las recibe el que escucha. Es bellísimo descubrir así cada canción. 

–En el disco hay baladas, blues, rock, bossa... diversos géneros para una cantante que les escapa a las etiquetas. ¿Qué hay de bueno y de malo en ese eclecticismo, en poder variar de estilo y de ritmo tantas veces como se quiera? 
–Lo malo puede ser que quizá no alcance a encontrarle la verdadera forma a una canción, que quede un poco superficial en mi intento. Estoy cantando una salsa que me dio mi amiga cubana, Marisa Lebrera, por ejemplo, y cuando escucho a los cubanos en la interpretación digo: “¡Guau, eso es de verdad!”. Lo mío es de prestadito. Lo hago con todo cariño, pero no es verdadero, verdadero. Lo bueno, por otro lado, es que lo disfruto y me divierto muchísimo. Siento como que estoy haciendo mil personajes. 

–¿Cuál es el género con el que te encontrás más cómoda?
–Siempre me definí como una cantante de canciones. La palabra “canción” es bastante abierta, seguramente se refiere a las baladas o las canciones que no tienen un género bien definido. En mitad de la charla, Sandra muestra el nuevo CD, de quince temas, con títulos que reflejan, en cierto modo, el momento de la artista: “Música que eleva el alma”, “Enhorabuena” o “La vida me sonrió”. Ella misma muestra la hilera de dientes en la frase menos pensada. Y cuando no, sonríe con los ojos, que se abren grandes y anacrónicos en un rostro maduro de arruguitas finas y amables. Como en la siguiente pregunta.  

–¿Cómo te afecta lo que dicen de vos?
–¿Qué dicen de mí?

–En general, me refiero.
–Ah. No mucho, en general. Mamá (la periodista Mónica Cahen D’Anvers) es una persona famosa en la Argentina y cuando empecé, en el año 1976, leí un artículo en un diario muy pequeño, medio amarillista. El título era “Libertina” y en el texto decían: “Se la ha visto a Sandra Mihanovich hasta altas horas de la madrugada tomando alcohol y… hasta olía mal”. ¡Bueno, unas cosas….! Yo leía eso y me moría de risa. Me causó mucha gracia de tan ridículo que era. Pero lo que sí pasó es que me di cuenta de que, hiciera lo que hiciera, iban a decir cualquier cosa. Cosas buenas, cosas malas. Verdaderas y mentiras. Entonces dije: “No le voy dar importancia”. 

–¿Cuál es la virtud que creés que te hizo posible llegar hasta aquí?
–Tengo una voz que vino puesta de fábrica que funciona bastante bien y creo que encontré una manera personal de expresarme. Además, tuve la enorme fortuna de ir eligiendo música con la cual la gente se ha sentido identificada y que por eso se hace popular. ¡Es muy mágico! Lo relaciono con algo que me excede completamente y que no sé de dónde viene. ¡Pero enhorabuena!

–¿Cómo crees que habría sido tu camino sin esa impronta cultural tan fuerte por parte de tu abuelo paterno?
–Lo que pasa es que indudablemente hay una genética fuerte, que tiene que ver con un entorno musical. La familia de mi abuelo, Mihanovich, eran ocho hermanos y ¡todos cantaban! Desde mi lugar, yo siempre supe que me quería ganar la vida cantando. Me encantaba cantar, pero también quería ser independiente. 

–Ser una mujer independiente no era un pensamiento muy acorde con la época.
–No... Pero será que mi madre trabajaba desde que yo era muy chica y, por eso, fue la noción con la que crecí. Mi padre era arquitecto y jugaba al polo. Su actividad tenía un costo importante, que él costeaba, pero quien proveía a la familia era mi madre.

–En tus intervenciones en la prensa, a lo largo de tu carrera, tu mensaje se ha vuelto más suave, menos rebelde.
–Creo que siempre dije lo que pensaba. Y lo sigo diciendo hasta el día de hoy. A esta altura de mi vida, tengo claro que no me interesa ser “anti” nada. Me gusta decir lo que elijo, pero no ser “anti” porque eso no sirve para nada, no ayuda. Puedo decir: “Esto me gusta”, “Esto no me gusta”, “Prefiero esto”. Pero, hablemos, discutamos, pensemos. Si yo soy “anti”, cierro la puerta y no doy comunicación, no hay opción. Quiero promover la discusión, en el sentido literal de la palabra, en el sentido de cambiar de idea, no de agarrarse a trompadas o no darle la palabra al que piensa diferente, porque me parece que eso no le sirve a nadie. 

Un riñón por amor 

A Sandra Mihanovich le corrió un sudor frío por el cuerpo cuando el médico le anunció, por teléfono, que era apta para donarle un riñón a su ahijada (“Como cuando te dan una noticia que te impacta mucho, que te sacude”). Sonsoles Rey Obligado, de 35 años, tuvo un primer trasplante en 2001, pero el órgano se deterioró a raíz de un embarazo de alto riesgo, lo que hizo necesaria una segunda operación. Y Sandra, después de superar las trabas legales y someterse a las pruebas médicas pertinentes, entró en el quirófano el pasado 13 de agosto para remediar la situación a través de su propio cuerpo. Ahora ambas están bien, apenas cuatro meses escasos después de la intervención. 

–¿Cambiaron tus rutinas diarias antes y después de la operación?
–Mi vida es absolutamente igual a la de antes, no ha cambiado en nada y no tomo ninguna medicación. La única recomendación de los médicos es que tome dos litros de agua para aliviar el trabajo del riñón. 

Pero no solo el cuerpo sufrió el impacto de la operación, sino también la imagen pública de la artista, que, “sorprendidísima”, vio cómo la noticia del trasplante se difundía masivamente por todos los medios de comunicación nacionales.

–¿Cómo te repercutió el hecho?
–El primer día que estuve en terapia intermedia y prendí la TV, ¡me vi en los noticieros! ¡En los titulares de cada medio! ¡No podía creerlo! Me sentí muy bien tratada, con mucho cariño y respeto. Todo el mundo lo relató como lo que fue, como una historia de amor. 
El afecto del público también se ha dejado ver por mails, en cartas o a través de las redes sociales. “Es magnífico que un famoso difunda este tipo de acciones”, opinaba una de sus fans en Internet, aludiendo a cómo, en cierto modo, sus actividades están en el punto de mira y son referentes para la sociedad. Sandra lo sabe y por eso elige participar activamente en campañas de sensibilización sobre la conveniencia de la donación de órganos (colaboró con el INCUCAI, el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante, o con la FINAER, la Fundación para la Investigación de la Enfermedad Renal). La artista lo afirma de manera contundente : “Los que tenemos el privilegio de hacer lo que nos gusta tenemos una responsabilidad ante todos los demás. Esto es así siempre”. 

Cuatro décadas de música en la Argentina: del casete al DVD

La trayectoria de Sandra Mihanovich es también la historia de cómo transcurrieron los últimos cuarenta años en la Argentina para toda una generación de músicos, entre los que se encuentran Alejandro Lerner, Patricia Sosa, Marilina Ros, Lito Vitale, Los Auténticos o Los Abuelos. Ella despertó a la canción en los años setenta, cuando era una adolescente y la guitarra le descubrió la autonomía de su voz. Por entonces, explica, se trataba de “elegir, definir y conformar una identidad”, de detallar quién iba a ser en el futuro. Y su primer experimento llegó en 1976, ante el micrófono de un bar  en el centro de aquel Buenos Aires. La década del ochenta fue el momento del boom, provocado en gran parte como consecuencia de la Guerra de Malvinas y la prohibición declarada a la música en inglés.

“Entonces, pasamos de tener un 20 o un 30% del espacio en las radios a disponer del 100%. Se había generado una necesidad de argentinidad que los transistores satisfacían con creaciones nacionales”, dice Sandra sobre este período de popularización. En los noventa, con la explosión de las comunicaciones en la Argentina (llegaron decenas de canales internacionales e Internet se empezó a asomar), “la generación del ochenta quedó un poco relegada”, y la música de cualquier parte del mundo entraba por las fronteras para competir. A partir de 2000, el panorama cambió de nuevo: tras años de ausencia del grupo, apareció el síntoma de “¿Dónde están?”. Y la Radio Omega, la 98.3, sirvió de trampolín para el relanzamiento de los artistas nacionales.

En estos últimos años, por fin, los músicos que emergieron en la época de los pantalones Oxford y las camisas de flores cuentan ahora con una trayectoria extensa. Sandra Mihanovich retrata así el momento actual: “De alguna manera, ya estamos instalados. No sé si decir consagrados pero, en cierto modo, estamos como en la mitad de nuestras carreras, con un trecho largo recorrido y todavía con algunas cosas lindas para hacer”. ¿Qué dirá de ellos el futuro?

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