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Vacaciones diferentes


Por Mariano Petrucci.


"Vacaciones diferentes"Capitales nacionales
Se la conoce como la Capital Nacional del Trekking, pero a no asustarse porque, si es amante de las caminatas en medio de escenarios únicos, el Chaltén (en tehuelche, la palabra significa “montaña que fuma”, en referencia al cerro Fitz Roy) ofrece recorridos de escasa dificultad para disfrutar en familia. En pleno Parque Nacional Los Glaciares, esta localidad santacruceña, una de las más jóvenes de nuestro país –fue fundada el 12 de octubre de 1985–, sorprende con tres atracciones. La primera es el Mirador de los Cóndores, que tiene como punto de partida el centro de la villa turística y culmina con una soñada vista panorámica. La segunda es el circuito Chorrillo del Salto, que se adentra en un bosque andino patagónico de ñires y lengas hasta una hermosa cascada de veinte metros de altura. Y la tercera es el Cañadón del Río de las Vueltas, donde se alcanza a vislumbrar los distintos estratos geológicos y el imponente cordón montañoso de la región (tenga su cámara de fotos a mano y esté muy atento por si se cruza con cóndores que vuelan bajito). 

Pero aquí hay más opciones para aquellos viajeros que no estén tan entrenados. Por ejemplo, se puede tomar una embarcación que zarpa de la bahía Túnel para avistar el glaciar Viedma, el más grande la provincia. O arribar al Lago del Desierto, donde los aficionados de la pesca deportiva pueden despuntar el vicio o seguir un sendero que desemboca en el glaciar Huemul. Imperdible: hacer escaladas en rocas, pasear en kayak con el Fitz Roy de fondo o ir hasta Paso del Viento, la puerta de entrada a los hielos continentales.
Por otra parte, a unos seiscientos kilómetros de El Chaltén, se encuentra Los Antiguos, más conocida como la Capital Nacional de la Cereza (aunque uno puede deleitarse también con frutillas, frambuesas y manzanas). Por eso, una excelente idea son las visitas, a pie, en auto o en bicicleta, a las chacras típicas de esta localidad al noroeste de Santa Cruz. No se le ocurra retirarse sin degustar algunos de los dulces y licores caseros que allí preparan.  

Para los de espíritu revoltoso, nada mejor que practicar montañismo en el Monte Zeballos (un festival de contrastes de colores, rocas sedimentadas y cascadas de deshielo), subir a una palestra gigante o remar –en kayak– por las azules y cristalinas aguas del lago Buenos Aires. Para los que prefieren calma al por mayor, a desandar la avenida 11 de julio, con sus ferias artesanales y su pintoresco Centro Cívico. 

Piletas de mar

El turista está acostumbrado a los balnearios multitudinarios de la Costa Atlántica y, en los últimos años, al ya afamado Las Grutas, en Río Negro. Que tienen un encanto particular no cabe ninguna duda. Pero las playas de Puerto Pirámides, en Chubut, no se quedan para nada atrás en la consideración. Aquí, en el único centro poblado dentro de Península Valdés (área declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), la luz del sol se extiende hasta bien tarde, por lo que los chapuzones y el fútbol/vóley playero tienen cuerda para rato. El valor agregado de esta zona, obvio, es la oportunidad de bucear con lobos o avistar, desde miradores naturales, a ballenas y delfines haciendo divertidas piruetas. Pero no son para despreciar los trekkings, las cabalgatas y las salidas en kayaks y bicicletas (para pedalear a la orilla de la costanera).  
Aboquémonos específicamente a sus playas. De piedra pequeña, mediana o de arena fina, le recomendamos Piedra Guacha (enmarcada por enormes acantilados), Los Molinos (donde descansan las estructuras de primitivos molinos de viento), Las Cuevas (su nombre lo dice todo), Pardelas (ideal para acampar y hacer snorkel) y Colombo. Un pequeño consejo: cuando la marea baje, vaya hasta las rocas y disfrute de verdaderas piletas de agua de mar.

La antesala de la Antártida

Ushuaia es la puerta de entrada a los sorprendentes paisajes antárticos y al contacto con una biodiversidad increíble, con escenarios de belleza virgen. En síntesis: naturaleza en estado puro. En esta superficie de catorce millones de kilómetros cuadrados mandan los pingüinos, las focas, las ballenas y los elefantes marinos. Pero la carta de actividades es mucho más amplia. Cual agencia de viajes, le organizamos un tour de cuatro días. ¿Ya tiene lápiz y papel para anotar?

Día 1. Paseamos por los puntos referenciales de la ciudad a bordo de un bus antiguo de estilo londinense. Ascendemos luego al glaciar Martial para llegar, a través de la aerosilla, a un mirador donde nos deslumbraremos con una vista panorámica del canal Beagle, la ciudad de Ushuaia y la isla Navarino de Chile (recomendación: el descenso hágalo a pie). Terminamos la jornada “pateando” la calle San Martín, principal arteria urbana, con locales comerciales, restaurantes y barcitos.   

Día 2. Sugerimos ir al Parque Nacional de Tierra del Fuego, el único del país cuyas costas marinas bañan los bosques de lengas, ñires y guindos. Aquí, uno se puede animar al trekking, al canotaje, al cicloturismo, a la pesca deportiva y al campamentismo. ¿Es de los que prefieren algo más tradicional? Súbase al Tren del Fin del Mundo que transita la última parte del trayecto que hacían antiguamente los presos para abastecer de leña al pueblo. O hágase una escapada hasta el Museo del Fin del Mundo (que, desde 1979, exhibe colecciones dedicadas a nativos fueguinos y exploradores) o al Museo del Presidio (que conserva la estructura del antiguo presidio de Ushuaia, convertido en museo desde 1994 y declarado Monumento Histórico Nacional).

Día 3. Lejos del casco urbano, hay hermosos (y, tal vez, no tan conocidos) parajes. El Escondido es un impactante lago oculto en la cordillera de los Andes fueguinos, donde se hacen salidas de pesca. Otro imperdible de la región es el lago Fagnano o Khami, uno de los más extensos de la Argentina. No deje de detenerse en el mirador del Paso Garibaldi, donde se puede observar la divisoria de placas tectónicas.

Día 4. ¡A navegar el canal Beagle se ha dicho! Hay distintas formas de hacerlo; quédese tranquilo, de ninguna se arrepentirá. No tiene precio el avistaje del monte Olivia, de especies arbóreas autóctonas, y del faro Les Eclaireurs –un ícono de Ushuaia–. Tampoco, recorrer Punta Tortuga, Bahía Ensenada, isla Redonda y Estorbo, Bahía Golondrina y Península de Ushuaia. 

De chapuzones y dinosaurios

Un espejo de agua enmarcado en un entorno de cerros verdes. Esta es una de las mágicas postales que pueden apreciarse a sesenta kilómetros de la ciudad de Salta. El Embalse General Belgrano, más conocido como Dique Cabra Corral, es una excursión ineludible para los que tienen debilidad por los deportes acuáticos: navegación a vela, esquí acuático, bungee jumping, tirolesa, tobogán de agua, recorridos en catamarán, paseos en banano y hasta rafting en el río Juramento.
En tierra firme también hay mucho por hacer: cabalgatas y trekking por los montes y cerros lindantes, y pesca de pejerreyes, bogas, bagres y sábalos sobre el puente que cruza el dique. Pero tal vez lo más llamativo sea la oportunidad de observar huellas de dinosaurios y algas fósiles al explorar las cuevas con pinturas rupestres, ubicadas en la vecina localidad de Guachipas. Curiosos, anímense que realmente vale la pena.

Shh... silencio de montaña

¿Escuchó hablar de Villa Pehuenia? Enclavada al pie de los Andes Patagónicos, esta es una aldea de montaña con apenas más de veinte años de vida, donde los bosques de araucarias araucanas (llamados “pehuenes”, de allí el nombre de esta localidad neuquina) aseguran placer y descanso al ciento por ciento. De hecho, si quiere apreciarlos bien de cerca, el Paso del Arco es ideal para hacerlo con sus caminos de arena volcánica, tierra y ripio. Otra opción es realizar el Circuito Pehuenia, donde, dicen, “impera el silencio”. Allí pueden conocerse los lagos Aluminé, Moquehue, Ñorquinco, Nonpehuén y Pulmarí. Amén de los festivales de doma y jineteada, lo particular de Villa Pehuenia es la impronta de la comunidad mapuche puel. Son ellos quienes, por ejemplo, administran el Parque de Nieve Batea Mahuida, donde uno puede acercarse al pie del volcán Batea Mahuida e ingresar hasta la misma laguna del cráter (desde su cima pueden distinguirse los colosales volcanes Lanín, Villarrica, Llaima y Lonquimay). También son ellos quienes dirigen el Paraje La Angostura, que cuenta con cinco lagunas y en donde nos topamos con bosques de araucarias, lengas y coihues rodeadas de hermosas cascadas y desembocaduras de ríos y arroyos.
  
El lado B de un clásico invernal

Las Leñas es, por definición, uno de los centros de esquí y snowboard más renombrados del país. No obstante, en el verano también se impone como destino para recargar las energías. Ya sea en familia, en pareja o con amigos, hay cinco propuestas para dejarse llevar por el ocio y el divertimento. La primera es una cabalgata por el solemne paisaje del valle homónimo. Pero no es una cabalgata más, ya que el paseo concluye en los pozos de agua termal del río cobre, donde se puede tomar un recuperador baño caliente natural. Después, tenemos una travesía en vehículos 4x4 que llega hasta Laguna Escondida (enclavada entre cerros que desembocan en una cueva de hielo –resabio de las grandes nevadas de cada invierno–) y una excursión a caballo a Valle Hermoso, donde se pueden degustar típicos almuerzos campestres.

Por último, dos expediciones. Una es a la Tierra de los Volcanes, donde son protagonistas las laderas del volcán Malacara y la laguna de Llancanelo (una de las reservas más importantes de Mendoza). Este ambiente, que conserva el equilibrio ecológico en un entorno volcánico conformado por la Payunia y las sierras del Nevado, es dueño de una fauna variada y exótica: por ejemplo, cisnes de cuello negro. La otra expedición es a la Caverna de las Brujas, donde se recorren túneles y pasadizos en un área en la que el agua cavó profundas galerías subterráneas, tallando diversas formas –muy singulares– de estalactitas, estalagmitas, velos y columnas.

De ensueño 

El bosque, las aves, las flores y el aire cordillerano son la excusa perfecta para escaparse de los ruidos y el ritmo vertiginoso de las grandes ciudades. San Martín de los Andes y sus alrededores son verdaderos paraísos terrenales. Aquí se esconden diferentes rincones maravillosos, por lo que la elección sobre cómo armar el itinerario se complica… y mucho. Tiramos algunas puntas:
•Playa Catritre: una de las más destacadas de la región. Ubicada a solo cinco kilómetros de la ciudad, y dentro del área perteneciente al Parque Nacional Lanín, regala una extensa costa con frondosas arboledas que la hacen ideal para acampar. Sus aguas mansas son propicias para el canotaje, el kayak o las actividades subacuáticas.
•Playa Bonita: ¡Pescadores con mosca, atentos! Aquí podrán encontrar bahías con juncos, bocas como las de los ríos Auquinco y Boquete, y paredones rocosos. 
•Villa Quila Quina: por estos pagos, la llaman la “playa sin viento”. Aquí mandan los recorridos lacustres, con espléndidas vistas cordilleranas. Las perlitas: los dos miradores naturales para apreciar toda la villa, sus playas, el muelle y el arroyo Grande. 
•Mirador Bandurrias: paseando por tierras de la comunidad mapuche, emerge un monumental promontorio rocoso, dueño de panorámicas exclusivísimas: desde allí se contemplan el pueblo de San Martín de los Andes, los cerros Chapelco y Abanico, las playas Catritre y Quila Quina, y todo el Lago Lácar.  
•Rafting en el río Hua Hum: todos arriba de un súper gomón para atravesar, a máxima velocidad, la cordillera de los Andes desde nuestro país hasta territorio chileno. La sorpresa: poder bañarse en aguas cálidas, en una zona en la que ingresan aguas termales en forma subterránea.

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