ENTREVISTA


“Me cuesta Ceder”


Por Agustina Mussio.


“Me cuesta Ceder” 
Con el éxito de Graduados a flor de piel, Violeta Urtizberea hace un balance del año y planea su futuro. Una actriz fresca, joven y con muchos proyectos.

Llamó la mañana del día pautado para la nota y avisó que llegaría a las siete y media de la tarde, media hora después de lo acordado. La ciudad era un caos entre los cortes de calles y el aplastante calor, y el humor de la gente no era el mejor. Violeta Urtizberea viajó desde Martínez hasta una casona en Palermo Viejo, y después seguía hasta su casa, en Villa Urquiza. Era un recorrido largo, pero parecía no molestarle. Llegó a la hora prevista. Impecable, fresca y relajada, como si el mal humor general no la hubiera alcanzado. Está contenta y se le nota; todavía saborea el éxito de Graduados.

Algo tímida por momentos, la hija del actor Mex Urtizberea parece dueña de un carácter templado, pero se confiesa como alguien “muy temperamental y cabeza dura”. Luego de dar los primeros pasos en televisión de la mano de su padre, tomó la decisión de no trabajar más con él, para hacer su propio camino. Pero el azar volvió a poner a padre e hija en una misma situación laboral, solo que ahora hay una carrera consolidada y diez años de trayectoria: “Cuando me llamó Sebastián (Ortega), todavía no tenía a nadie para el personaje de Tuca, y un día me dice papá que lo habían llamado a él también. 

En un primer momento, no me cayó bien porque mi fantasía era que su presencia me iba a inhibir, que no iba a poder comportarme naturalmente en un grupo social donde estuviera mi padre involucrado. Pero no fue así para nada; incluso nos cruzamos muy poco. En este caso nos encontramos como pares y no está esa cosa jerárquica de padre e hija. Fue todo muy relajado”. 

–¿Cuándo te ofrecieron la propuesta, esperabas la repercusión que tuvo el programa?
–No, no me la esperaba para nada. Me imaginé que iba a estar bueno porque venía de la mano de Sebastián Ortega y de Pablo Culell, que son dos personas en las que confío mucho y siempre que trabajé con ellos me fue muy bien. Pero lo que pasó con el público fue inesperado, estuvo buenísimo. 

–¿Cuándo caminás por la calle, palpás el éxito que alcanzó Graduados?
–Sí, es increíble lo que pasó con el programa; nunca me sucedió una cosa así. Es muy loco; a la gente le gusta decir que lo vio, porque hay muchos programas que tienen mucho rating, pero la gente se avergüenza de verlos y no confiesa que los ve. En este caso fue a viva voz. Todo el mundo me dice que le encantó. Hay una buena onda absoluta y en gente de todas las edades.

Ya estaba anocheciendo cuando terminamos de hacer la producción fotográfica en la casa de decoración de Susana Villaverde, en el deco district de Palermo, cruzamos la calle y nos sentamos en un bar para la entrevista. La noche estaba excepcionalmente tranquila para lo que suele ser Palermo en verano. Por suerte corría aire fresco, reconfortante después de una jornada calurosa. La camarera que nos trajo la carta reconoció a Violeta: “¡Te felicito por tu casamiento! (Se refiere al de ficción). Me encantó la serie y vos estuviste genial. Sos re cómica”, dijo la chica y se fue. La actriz comentó entre risas: “Bueno, acá tenés un ejemplo de lo que te decía: todo el mundo tiene palabras cariñosas para nosotros. Es muy loco. Le acabo de pagar para que dijera eso”. Violeta soltó una carcajada. 

–¿Te identificás en algo con tu personaje de Graduados?
–No, para nada. Cuando compongo, busco algunas cositas en la vida real, pero no me baso en alguien en particular… es como un collage. Los personajes me van surgiendo poco a poco y, sobre todo, en contacto con mis compañeros. La idea que tenía del personaje antes de empezar a grabar no tiene nada que ver con el que desarrollé. Podés tener ideas previas, pero todo se modifica cuando entrás en contacto con los otros. La relación que tuve con el personaje de Dani Hendler la construimos entre los dos. Y fue igual con mi mamá y con Isabel Macedo. Voy armando en función de estar receptiva al otro. 

–Algunos actores reniegan un poquito de la tele…
–A mí no me pasa, me encanta la tele, me divierto haciéndola y me organiza eso de que durante un año todos los días tengo que trabajar de tal a tal hora. También está bueno como entrenamiento actoral, trabajás durante muchísimas horas, estás durante todo un año haciendo un personaje en diferentes escenas y situaciones. Me parece que está buenísimo. Tiene algo de superficial, de apelar a lo que uno tiene más a mano, pero es más efectista. Al tener que resolver escenas de un día para otro, a veces no las podes profundizar mucho: un día te tenés que quedar paralítico, al otro te casás... En ese sentido el teatro es más investigación, podés darte tiempos y estás trabajando durante muchos meses una determinada situación, y eso hace que el relato se enriquezca. 

–¿Tenés preferencias por algún medio en particular?
–Me encantaría hacer más cine, por ejemplo, pero más que el espacio en el que actúo, me seducen, por mi tipo de actuación, mis compañeros… el elenco. Si en el proyecto hay personas con las que creo que me voy a divertir y que van a fluir, me entusiasma más que todo lo demás. Obviamente, si después está bueno el guión, o quien lo dirige, y el resto de las cosas, mucho mejor, pero lo que me define es eso. 

–Priorizás pasarlo bien.
–Sí, pero no tiene que ver con la risa, sino con que las cosas fluyan, con que me pueda comunicar bien con el grupo, ya sea actuando o fuera del trabajo. Igual, no tengo malas experiencias porque siempre fui muy cuidadosa con eso. Sí me ha pasado de trabajar con gente por la que no daba ni dos pesos y después me alucinó. Y, al revés, personas que admiraba y me di cuenta de que es horrible trabajar con ellas. Pero por suerte no tuve experiencias negativas. Con el elenco de Graduados nos fue genial.

–Cuando aparece un nuevo proyecto, ¿tenés miedo de que tu personaje no resulte creíble o después de diez años de carrera ya lograste cierta seguridad? 
–Miles de personajes me dieron mucho miedo, no te olvides de que hice uno de niña abandonada en la selva (Enséñame a vivir, con Pablo Rago). La inseguridad antes de empezar a desarrollar el personaje está siempre.

–¿Sos de las que aceptan desafíos sin dudar o te tomás un tiempo para meditarlo?
–En el caso de Enséñame a vivir, la propuesta era súper tentadora, y en Pol-ka me sentía contenida por la estructura. Mi sensación era que no podía decir que no. Después, cuando lo empecé a hacer, no sentí nervios. Lo pasé bárbaro y me lo creía. Lo feo es cuando no te lo creés. El personaje no tenía nada que ver conmigo; soy cero naturaleza, prefiero el spa. No me gusta estar en el pasto y que me piquen las hormigas, y los bichos me dan impresión y asco. (Risas).

–¿No te gusta ningún animal?
–No, pero lo más divertido de actuar es hacer cosas que no tienen nada que ver con vos. Ahora tengo una perra y estoy enamorada de todos los animales. A Francisca la fui a adoptar a Parque Centenario, es de la calle. Estaba por comprar una y una amiga me dijo que para qué iba a comprar con todos los que hay abandonados. Sentí que era verdad, me divierte el perro de la calle, hasta estéticamente, tiene algo muy pícaro y vivaracho que no tienen los otros. 

–Hace un año que estás viviendo con tu novio. ¿Se acostumbraron con facilidad a la convivencia o les llevó un tiempo de adaptación?
–Fue un año de mucho trabajo, no estuve mucho en mi casa; en ese sentido fue fácil. Mi novio es alguien muy agradable para estar: no es peleador, ni demandante, ni me va a perseguir con los horarios. Es bastante libre, sale con sus amigos, hace su vida y yo también.

–¿No son celosos?
–Poco, lo normal, pero no fomentamos los celos. Ahora que terminó Graduados nos reencontramos un poco más.

–¿Y dentro de la casa tienen las tareas divididas?
–Sí, más o menos. Ahí sí surgen conflictos (risas), ya que él está más en casa porque es dibujante y trabaja mucho ahí. Entonces, le exijo que haga las cosas de la casa y él no tiene por qué hacer todo. (Risas). Esas pequeñas cosas pueden llegar a convertirse algún día en conflictos. Pero la verdad es que todo va muy bien.

–Y en cuanto a la personalidad, ¿son parecidos o se atrajeron por ser opuestos?
–Somos muy parecidos, tenemos una complicidad del cien por ciento, nos entendemos en todo… no hay nada que él no me entienda, ni al revés. Tenemos el mismo código, eso es mágico.

–Parecés una persona tranquila. ¿Sos así o sólo lo aparentás?
–(Risas). Nooo. No soy una loca, histérica, pero sí tengo carácter fuerte. 

–¿Cuál es tu parte complicada?
–No sé si tengo una parte complicada, pero soy muy temperamental y muy de que las cosas se hacen como yo quiero, un poco cabeza dura. Me cuesta ceder, pero tengo mucha terapia encima, así que hago grandes esfuerzos.

–¿Ahora estás haciendo terapia?
–Este año no, pero sí de toda la vida. 

–Sos hija de un actor y desde chica empezaste a trabajar en la tele. ¿En algún momento de tu vida pensaste en dedicarte a otra cosa?
–Crisis no tuve. Cuando terminé el secundario, me puse a estudiar Psicología, pero en ningún momento pensé que no iba a ser actriz. Siento como que ni siquiera es algo que elegí. Nunca voy a dejar de actuar, porque no lo puedo dejar de hacer, es algo que necesito. Tiene que ver con mi forma de expresarme. Me hace feliz, me divierte… no podría ni explicarlo con palabras, es casi una necesidad que tengo y que se transformó en mi profesión. 

–Mex parece una persona muy relajada y liberal. ¿Es así como padre?
–Es súper relajado. Pero la gente por lo general se lo imagina como un loco total, y eso es falso. Es una persona súper normal. Obviamente, tiene sus características particulares que lo sacan de la media, pero como padre es fantástico. Es un hombre de 50 años hecho y derecho. 

–¿Y de niña te divertías o sufrías con sus excentricidades?
–Ahora está legalizada su locura, pero cuando no era una persona conocida y yo era chica, quería pasar desapercibida, me daba un poco de vergüenza. Creo que a todos los hijos en algún momento les pasa, no creo que sea una particularidad mía. Ahora tenemos muy buena relación.

–¿Qué proyectos tenés?
–Tengo una película para marzo, pero no puedo contar porque no es seguro. Después… vamos a ver que sale. 

Año tras año

Violeta arrancó con el programa Magazine For Fai, cuando tenía apenas 10 años. Siguió con participaciones en Gasoleros, Locas de amor, ¿Quién es el jefe?, Soy tu fan y Amo de casa, entre otros. Su interpretación de Julia en Lalola la popularizó dentro del ambiente televisivo y le valió un Martín Fierro como artista revelación. En 2009 protagonizó Enséñame a vivir, una tira juvenil con Pablo Rago, y pasaría por Combinaciones, Los Únicos, El pacto y Maltratadas, hasta encarnar a Gaby en Graduados. También trabajó en cine y en teatro. Su última película fue No te enamores de mí, de Federico Finkielstain, y hasta noviembre de este año estuvo en el teatro Chacarerean haciendo Isósceles, con Dolores Fonzi.

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