INVESTIGACION


Psicología Messi


Por Mariano Petrucci.


Psicología Messi
¿Cómo piensa el mejor jugador del mundo? ¿Cuál es el secreto para que se supere todo el tiempo? ¿Cómo es en la intimidad? Las diferencias con Maradona y las claves para empezar a rendir en la Selección como en el Barcelona. Viaje a la mente de Lionel Messi.  

Cuando su rodilla izquierda recibió el golpe, apretó los dientes y decidió seguir uno, dos, tres pasos más, dar media vuelta y definir de frente al arco para alcanzar la estadística de Gerd Müller: 85 goles en un año (el alemán lo consiguió en 1972). Y cuando, ya lesionado, salió en la camilla, con todo el dolor resumido en el rostro, la mitad de su ser imaginó que estaría fuera de las canchas durante un período prolongado; pero la otra mitad… la otra mitad presintió que tendría revancha rápido, muy rápido…

Lionel Messi no pudo batir el récord en el partido contra el Benfica, por la Champions League. Esa contusión ósea hizo que su disparo saliera débil, fácilmente atrapable para Artur, el arquero brasileño que, sin intención (ironías del destino al margen), lo atropelló en aquella jugada que enmudeció, primero, al Camp Nou, y después, al universo deportivo. “¿Cuántos meses estará inactivo el mejor jugador de fútbol del mundo?”, se preguntaron los agoreros. Bastaron un par de horas para que el 10 blaugrana volviera a hacer su mejor amago: a la mañana siguiente, ya estaba cumpliendo un compromiso comercial, bajándoles los decibeles a las preocupaciones. Y declaró ante la prensa su ilusión de igualar los números de Müller en un puñado de días, contra el Betis, en Sevilla, por la Liga española. 

Y Messi lo hizo. No solo eso: hasta superó la racha de aquel tanque europeo. Y siguió anotando goles, de modo que la marca será aún más abultada para quien quiera quebrarla en el futuro. Lo que ocurrió en menos de una semana es el botón de muestra de lo que este joven de 25 años –mitad rosarino, mitad catalán– es capaz de hacer. Pareciera programado para sobreponerse a todo aquello que se cruza por su camino. Como cuando, a sus 11 años, le diagnosticaron una deficiencia en la hormona de crecimiento, tratamiento que costeó el Barcelona. Otra barrera sorteada: no bajó los brazos, se radicó definitivamente en España y se transformó en la “máquina” que es en la actualidad.

Sus dotes no hicieron más que azuzar el debate de quién se sienta en el trono máximo. ¿Alfredo Di Stéfano, Pelé, Diego Maradona? ¿O Messi? Tal vez, argumentarán los resultadistas a ultranza, todavía adeude obtener un Mundial con la Argentina. Lo cierto es que Leo, Lio, La Pulga, El Mesías, o como quiera llamarlo, no conoce de límites. Apenas mide 169 centímetros, es menudito, demasiado introvertido… sin embargo, es fuerte como el acero. Física, pero, sobre todo, mentalmente. ¿Será ese el secreto de su éxito?

“Messi tiene un pensamiento muchísimo más simple de lo que creemos. Es más tribal, más primitivo. Por ejemplo, en relación con este último récord, tomó conciencia y le ‘picó’ un poco la ansiedadrecién en la previa contra el Betis, cuando ya le quedaba un gol para llegar a los 85. Pero antes, como él mismo acepta con total sinceridad, solo se dedicó a jugar. Los datos se los acercan los periodistas. A lo que gira alrededor del fútbol lo considera ‘un circo que hay que bancarse’. Incluso se lo suele tomar a risa. Pero si fuera por él, se iría pronto a su casa a degustar una buena milanesa con papas fritas, mirar televisión, estar con su novia, su bebé y los suyos… y no mucho más. Messi solo quiere jugar, divertirse y estar siempre que pueda con la pelota.

Lo fastidian pocas cosas, como cuando en la Selección no lo asistían como debían”, analiza Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, con un doctorado en la Universidad de Barcelona. “Messi es taciturno, tímido, de pocas palabras, de ninguna soberbia, que prefiere contestar en el césped y no en los micrófonos. Es más: no busca afanosamente las cámaras y detesta las entrevistas, aunque sabe que por su rol y por su magnetismo, debe concederlas. Digamos que su presencia implica un soplo de aire fresco para la creatividad. Estábamos acostumbrados a ídolos que necesitaban de los medios de comunicación para que se los visualizara socialmente, para poder mostrar la cara que no tiene que ver con su producción deportiva. El reinado de Messi pretende serlo solo en el juego. En este sentido, representa un vuelco hacia la sencillez y hacia los valores éticos”. 

–Hago asociación libre: “sencillez” me remite a “amateurismo”. Y Messi despierta la idea de que, aun siendo un fuera de serie, juega como en el potrero: por el honor. No se quiere perder el partido contra el Real Madrid, y tampoco contra el Córdoba, de la segunda división española. ¿No se agota? Pareciera que le molesta incluso estar de vacaciones… 
–Es que él no se toma el fútbol, al igual que tantos otros, como una obligación. Es un futbolista vocacional, como lo somos los periodistas que hasta en los recreos no podemos dejar de “chusmear” las noticias en los diarios, en la radio o en las revistas. A él le pasa con el fútbol: no siente que deba descansar de algo que le resulta tan placentero. Me lo figuro disfrutando en una playa, pero sintiendo que le falta la adrenalina de jugar por los puntos. Después de un viaje de doce horas de avión, él se pide un taxi y se va directamente al entrenamiento. El ama el fútbol. ¿Cómo podría saturarse? 

–Tiene un instinto de superación admirable. ¿Cómo se explica?
–Una clave para entenderlo puede ser el problema de salud que se le detectó y padeció durante la infancia. Eso influyó muchísimo en su personalidad. De alguna forma, se sintió responsable de haber sido el eje del cambio de vida de su familia al tener que mudarse a Barcelona. Pero creo que todo se circunscribe a que es un ganador por definición. Tiene una mentalidad impresionante, es muy seguro de sí mismo y de su talento. No duda jamás. Es “guapo” y determinado. Puede ser que hable poco, pero nunca se achica ante nada.

Los dos 10, frente a frente 

El 2012 agoniza y, en sus respectivas competencias, el equipo europeo y la selección nacional marchan a velocidad crucero. Aun rodeado de “monstruos” de la talla de Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero, Messi lleva la batuta, hace la diferencia. Y lo particular es que se impone en dos realidades muy diversas, como la que atraviesan el conjunto culé y el combinado comandado por Alejandro Sabella. Quizá la clave esté en que se haya nutrido de ambas culturas y a los del Viejo Continente les impregne el ADN de estos pagos, y viceversa. 

Levinsky, quien cubrió seis Campeonatos del Mundo, Juegos Olímpicos, y colabora con medios de Japón, Suecia, Francia y Dinamarca, comparte una anécdota que cae como anillo al dedo: “Cristina Cubero, una gran periodista catalana del diario Mundo Deportivo, me dijo que en sus cincuenta años de vida y en sus treinta de profesión, nunca se había topado con un argentino tan argentino como Messi. ‘Mira la televisión de allá, toma mate, come comidas típicas, no se le pegó el acento catalán ni el español, y siempre quiso defender los colores de su selección. Lo tuvo claro desde el principio’, me confesó. Lo que sucede es que viene de buena familia, de clase media, que lo supo cobijar. Messi es un chico muy noble, muy querido donde quiera que vaya. 

El hecho de haberse formado como jugador en Barcelona le brindó un tipo de comportamiento que lo ayudó en su nula necesidad de divismo y en razonar mucho más en lo que se refiere a lo colectivo que en lo individual”. 


Lionel Messi supo calzarse con creces la 10 de Diego Maradona.?Hay incluso quienes creen que el alumno ya superó al maestro. Otros, que adeuda un Mundial.


–Esta es otra arista singular del “fenómeno Messi”. No guarda un perfil alto, nunca estuvo involucrado en un escándalo… La comparación con Maradona se vuelve inevitable, Sergio.
–Diego se metió siempre en temas ajenos al fútbol. Messi es todo lo contrario: jamás responde a las provocaciones del sistema, provengan de dirigentes, entrenadores, periodistas o jugadores. Si fuera por él, no opinaría de nada. Nos reíamos con los colegas en la anterior gala del Balón de Oro, en Zúrich, porque coincidíamos en que con Messi, la Argentina se asegura tener en la FIFA, por varios años, un invitado fijo y honorario, ya que él no generaría ningún conflicto. A ver… Messi no es Maradona, quien, creemos, simboliza al argentino promedio.

Diego gusta de los micrófonos, no soporta no aparecer en los medios, entrega títulos periodísticos en cada una de sus frases, traza una línea roja que divide a los “buenos” de los “malos” y toma posición por todo: Cuba, el Papa, Julio Grondona, etcétera. No esperen eso de Messi, quien no se quejará nunca, ya que, en su caso, todo pasa por el fútbol. Para Maradona, el fútbol es todo lo que la industria de este deporte significa: encontró la manera de ser un “Poder” en sí mismo y lo explotó. Para Messi, todo concluye cuando el árbitro pita el final del partido. Por eso, a Messi le costó el doble que a Maradona seducir a la sociedad argentina, que solo lo sintonizaba por los canales de la televisión, a la distancia. 

–Otra prueba de su carácter: conquistar a un público que, más de una vez, lo acusó de no sentirse argentino… ¡por no cantar el himno!
–Era solo una cuestión de tiempo. Tengamos en cuenta que él se fue a Barcelona cuando era un preadolescente. Al no debutar nunca en nuestra Primera División, no tuvo el respaldo de ninguna hinchada argentina. Revertir esto tuvo bastante de azar y mucho de su propia maduración y de los años que lleva siendo convocado a Ezeiza, lo que hizo que se fuera ganando, poco a poco, su lugar. Lo del azar está ligado a que no funcionaron las gestiones de Alfio Basile, Maradona y Sergio Batista al frente de la Selección. 

Sabella, muy inteligentemente, le saca su mejor jugo porque comprendió que si tiene a un genio, debe complacerlo –dentro de una disciplina grupal– y escuchar sus opiniones, por más silenciosas que sean. Por otro lado, si hasta hace un año y medio, la estrella mediática argentina era Carlos Tévez –que trasmitía el concepto del que “se mata” por la camiseta–, hoy lo reemplazó Lionel –con su técnica como valor agregado–. Es tan rotunda su performance que cuesta discutirlo. Él remontó la situación con la afición local porque su talento es tan inmenso que sobrepasa todas las adversidades. Otro jugador, en su caso, sin una hinchada que lo “bancara”, habría terminado muy, pero muy mal. Convengamos que los argentinos tenemos un dejo de desdén, ignorancia y hasta cierta acidez para los que osan triunfar afuera. 

No creo que sea casual que el epílogo del Che Guevara, Jorge Luis Borges, San Martín o Julio Cortázar haya sido en el exterior. Messi caminaba por el mismo derrotero, pero como el fútbol es un boom tan masivo, tuvo la chance de “volver cada tanto” para demostrar lo que es y torcer su vínculo con la gente. 

–Pese a esto, todo indica que culminará su carrera en Barcelona. Parece imposible que alguna vez juegue el torneo argentino.
–Creo que sí lo hará. En una década, lo veo con la camiseta de Newell’s, acaso jugando algo más retrasado. Estoy convencido de que, antes de despedirse del fútbol, querrá probarse aquí. Pero falta muchísimo para eso.

Comparaciones

A menudo se coloca a Lionel Messi en el selecto grupo de los cinco mejores jugadores de toda la historia, junto a Alfredo Di Stéfano, Pelé, Johan Cruyff y Diego Maradona. En mi opinión, es imposible parangonarlos porque se trata de épocas, sistemas, culturas, contextos, marcajes y tecnología distintos. La comparación con Cristiano Ronaldo –que es bien actual– también la considero relativa. No tanto por el contexto, sino porque la función que ambos cumplen en la cancha es muy diferente. Messi es una mezcla de organizador y definidor. De hecho, no es un goleador nato, sino que convierte goles por la prepotencia de su tremenda creatividad.

Es un jugador completo y eso incluye el gol; no es que el gol sea su objetivo único. Cristiano, en cambio, es un extremo con una fuerza enorme, gran capacidad de gol y una excelente pegada. Muy posiblemente, sea el mejor extremo de los últimos tiempos, pero su propia función en un equipo es limitada, porque el juego no puede partir de sí mismo. Entonces, para desarrollarlo, es necesario que haya un asistidor (y espacios). Messi, en cambio, no precisa nada de eso y, si es imperioso, puede bajar hasta la mitad de la cancha a buscar un balón, aunque no sea recomendable que tenga que realizar tanto desgaste. 
*Por Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, con un doctorado en la Universidad de Barcelona.

Messi y el Barcelona: matrimonio perfecto

Para que Messi pudiera convertirse en el número uno del mundo, necesitó del contexto del Barcelona como equipo. No es casual que allí esté tan a gusto. Lo mejor que le pudo haber pasado fue haber terminado en el Barcelona: haber podido dedicarse a jugar en un contexto sano y ético como el de La Masía (las inferiores del club), con compañeros que sienten el mismo juego, el mismo placer por el balón, y que luego hayan podido reencontrarse en la Primera División. Es en el Barcelona donde Messi tuvo la libertad de desarrollar su juego y encontrar su puesto en el campo, desde sus inicios como extremo derecho –por la presencia de Ronaldinho– hasta su posición en el centro no como un 9 clásico, sino como un “falso delantero”. 

Que sus compañeros acepten su liderazgo y su genialidad, y que generen un sistema para obtener su mayor provecho, es la demostración cabal del acierto del argentino en dar con esta institución y su fútbol de toque, paciencia, rotación y ataque, que renovó el gusto de los aficionados por el fútbol. 
*Por Sergio Levinsky, periodista y sociólogo, con un doctorado en la Universidad de Barcelona.

Dicen de él

•“Alguna vez les contaré a mis nietos que yo entrené a Leo. Lo siento por los que intentan ocupar su trono. Estamos ante el mejor en todos los sentidos. Es capaz de hacerlo todo y cada tres días” (Josep Guardiola).
•“De los que vi, siempre me pareció que el mejor había sido Maradona, que se tomaba sus respiros. Messi no. Messi es Maradona todos los días” (Santiago Segurola).
•“Es de PlayStation” (Arsene Wenger).
•“La frecuencia de movimientos que tiene en la cancha es más alta que la de Maradona. Llevar la pelota tan pegada al pie exige un ritmo altísimo de pasos. No sé cómo lo hace” (Fernando Signorini).
•“Será recordado como el Di Stéfano del siglo XXI” (Quique Sánchez Florez).
•“Messi me influye, copio algunas de sus jugadas” (Neymar).
•“Es un asesino, nunca se cansa” (Michel Platini).
•“Es incomparable; desde donde uno lo observe, produce asombro todo lo que hace” (Marcelo Bielsa).
•“Está en el mismo nivel que Diego Maradona y Pelé, en la galería de los mejores de todos los tiempos” (Alex Ferguson).
•“Los adjetivos se van acabando. Hace rato que preguntan cómo definirlo. Capaz que hay que decir ‘Messi’ como un superlativo más: regular, bueno, muy bueno, excelente, fantástico y Messi" (Alejandro Sabella).
•“Me alegro de que Messi sea argentino. Es el mejor del mundo. Todo el juego del Barcelona es importante, pero él termina de cerrar o abrir los partidos. Es diferente, contundente” (Diego Simeone).

Metas 

Si 2012 fue un año récord para Messi… 2013 se avecina aún mejor. Para empezar, puede quedarse con su cuarto FIFA Balón de Oro de forma consecutiva, superando a Michel Platini, Johan Cruyff y Marco van Basten (cada uno de ellos tiene tres). El 7 de enero se develará el misterio. Sus competidores son Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta. En lo que respecta a la Selección, está a tres goles de alcanzar a Diego Maradona y a cuatro de Hernán Crespo en la tabla de goleadores de la celeste y blanca (Gabriel Batistuta está arriba de la tabla con 56 tantos; él tiene 31). A la vez, está a dos títulos de ser el argentino más ganador de la historia (Esteban Cambiasso recolecta 23 vueltas olímpicas). En cuanto al Barça, está a solo un grito de igualar a Alfredo Di Stéfano en la lista de goleadores máximos en la historia de los derby Barcelona-Real Madrid. 

También acecha a Paulino Alcántara (goleador histórico del club catalán –aunque si se cuentan exclusivamente los partidos oficiales, Leo ya lo superó–) y a Telmo Zarra (“pichichi” histórico de la Liga Española). Por último, está a 18 anotaciones de ser el máximo goleador en toda la historia de la Champions League. Todos registros que –se descuenta– logrará. El año que viene… o cuando sea. Con Messi, todo es posible.

MÁS INFORMACIÓN:
www.sergiolevinsky.com@sergiole

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