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Reina de las aulas


Por María Alvarado.


Reina de las aulas 

Docentes de todo el país participaron del concurso de lectura “Leer para crecer” organizado por Nueva y la Fundación Leer. El objetivo era fomentar la lectura y acercar el libro al niño y su familia. Las maestras ganadoras del primer premio, Cristina Beatriz Wicky y María Paula Lo Celso, cuentan su experiencia y su labor.

Como sucede en muchas escuelas de nuestro país, los recursos y materiales didácticos son escasos. Pero lo que en ellas no falta es el ingenio, la entrega y la voluntad con los que miles de docentes hacen malabares para lograr la mejor capacitación de sus alumnos. 
La maestra María Paula Lo Celso (35), de la sala de 4 de la escuela Dante Alighieri en Rosario, Santa Fe, no es la excepción. Ella participó del Concurso “Leer para crecer” y ganó el primer premio del nivel inicial: “La experiencia me encantó. Nos dio la oportunidad de poder darle trascendencia al trabajo que uno hace. Hay muchísimos docentes en todo el país que llevan a cabo cosas increíbles y muchas veces quedan ahí, en su pequeño mundo. Estos espacios nos dan la posibilidad de mostrar nuestra labor. Es un reconocimiento a nuestro trabajo y una gran satisfacción de ser valorados en nuestra profesión”. 

A María Paula le apasiona su trabajo y procura capacitarse permanentemente para estar siempre a la vanguardia en las teorías educativas. Una vez recibida, se fue a vivir a Italia, donde se formó en novedosas corrientes pedagógicas, en pedagogía social y en educación de masajes para bebés. “Mi trabajo me apasiona. Lo que más me gusta es generar nuevas propuestas y aprender mucho de los niños. Creo que ellos son grandes maestros y vienen a mostrar un camino de apertura, de otra mirada. Me hacen renovarme todo el tiempo. La frescura, la sensibilidad que tienen es lo que más me gusta. Me encanta ver cómo, si uno los respeta, se logra muchísimo de ellos. Me apasiona poder dejar algo en cada uno, una herramienta, que se lleven algo para su vida. Puede ser una mirada de respeto, haber recibido un trato amoroso, haber sido valorados; que todos hayan tenido un espacio para poder opinar y ser como cada uno es, respetando su individualidad”. 

Buscando superarse para dar lo mejor a sus alumnos, Paula se anotó en el concurso: “Me encantó la propuesta; ya el hecho de detenerme a pensar y a escribir un proyecto me pareció muy inspirador. Estos espacios te permiten frenar y volcar todo en un papel para darle forma. Tomarme un tiempo para crecer, para pensar nuevas alternativas de aprendizaje me pareció muy interesante”.
Su proyecto se basó en las sensaciones y los sentimientos: “La idea era que el chico, a través del cuento, aprendiera a decir cómo se sentía, qué cosas quería hacer, o qué le molestaba. A mí me interesa mucho, y me parece fundamental, desarrollar las habilidades que tienen que ver con lo emocional, que les van a dar una base de seguridad, de confianza y de respeto que los va a ayudar en su escolaridad y en su vida en general. Los adultos damos por sentado que los chicos saben decir lo que les pasa. Ellos están en un mundo de aprendizaje y somos los adultos los que habilitamos al niño para ponerles palabras a los sentimientos. 

Nosotros tenemos que darles el espacio para que ellos cuenten lo que les pasa. El libro era una herramienta para lograr que se expresaran”.
Entre varias actividades, la docente, que también es madre de dos hijos, eligió un libro que traía máscaras con diferentes sentimientos. “El cuento, ‘Monstruo triste, monstruo feliz’, expresaba muchos tipos de sentimientos. Tenía unas mascaras y, primero, yo contaba el cuento y ellos decían cómo se sentían a través de la máscara. Íbamos reconociendo qué cosas los hacían sentirse felices, tristes, cariñosos, enojados, etcétera. El libro fue el disparador. Seguimos trabajando estos temas todo el año con muchos otros cuentos. A los chicos les encantó el proyecto”. Y continúa: “Trabajamos el respeto también con un cuento que se llama ‘La oficina de los besos perdidos’. Aprendimos que para dar un beso o un abrazo, primero hay que preguntarle al otro si quiere. 

Los chicos me pedían que les contara cuentos todo el tiempo. Los padres me comentaban las respuestas de los chicos en las casas y la relación con ellos y los hermanos: ‘¡Con razón Morena me preguntó si podía abrazarme!’. Otra mamá expresó que ahora entendía por qué Jeremías se acercaba con cautela a su hermano y le decía: ‘Te quiero mucho, Simón. ¿Me dejás darte muchos besos despacito?’”.

La docente cree que es fundamental ofrecer un lugar de pertenencia y de respeto a cada chico: “Esto es lo que le da su entorno más cercano, es decir, los padres y después la escuela, el club, etcétera. Si yo trato a un niño con respeto desde el inicio, él va a aprender que esa es la forma de comunicarse. Esto siempre va a dar buenos frutos porque ellos reproducen lo que viven y porque ellos están para aprender. Esa fue una de las bases del proyecto”. Agradecida con los premios recibidos, la maestra concluye: “Los libros son uno más lindo que el otro. Con ellos hicimos una biblioteca para los maestros y vamos a armar un rincón de lectura en cada sala. Que el libro pueda olerse, tocarse y vivirse es mi objetivo, y que nunca falte en la vida de ningún niño y su familia. Que puedan disfrutar, soñar, imaginar, crear con las palabras, con las imágenes y que se apropien de las historias. Historias que los van a ayudar a crecer y a contar lo que sienten dentro su alma”.

Una kermese de lectura 

Cristina Beatriz Wicky (46) es una maestra que, desde hace veinticinco años,trabaja en silencio obteniendo grandes logros en los más chiquitos. 
La colonia Puntas de Gualeguaychú es un paraje rural del departamento San Salvador en la provincia de Entre Ríos. Allí creció y vivió esta maestra que hoy se desempeña en la misma escuelita a la que asistía en su edad escolar. Cuando se enteró del concurso “Leer para crecer”, organizado por Nueva junto a la Fundación Leer, vio allí una gran oportunidad para conseguir libros que tanta falta hacían en su institución. “Lo que me motivó a participar fueron los doscientos libros para el ganador del primer premio. A mis alumnos les encanta leer, son apasionados por los libros. Teníamos algunos en la escuela, pero ninguno nuevo. Los chicos ya los habían leído varias veces. Se los llevan a la casa, pero ya los tenían leídos y releídos. 

Así que pensé: ‘¡Qué lindo sería conseguirles doscientos libros nuevos!’. Sabía que para poder ganar, el proyecto tenía que estar muy bien porque participan maestras de todo el país”, explica sobre el concurso que busca acercar la lectura a la familia y cuyo primer premio consiste en doscientos libros de literatura infantil para la escuela ganadora y una netbook para la docente que participa. Y continúa: “Los chicos habían propuesto hacer una rifa para comprar algo para la escuela, y yo pensé que querían una pelota, porque la que tenemos está bastante rota. Ellos me respondieron: ‘No, señora, nosotros queremos comprar libros con ese dinero’”. 

Para conseguir libros nuevos –y para sorprender a sus alumnos–, la maestra empezó a viajar a Buenos Aires a la Feria del Libro porque descubrió que allí tenía descuentos y gran variedad de libros: “Nunca había estado en una feria tan grande, y si bien mi escuela no tenía plata, yo compraba algunos con mi dinero para poder trabajar con los chicos. Los guardaba en casa y, a medida que los necesitaba, los iba llevando a la escuela. Era todo una sorpresa cuando llevaba uno nuevo”. Cristina armó y presentó su proyecto: “La idea fue hacer una kermese de lectura, con muchos juegos para que participe la familia. Hicimos carreras de embolsados, con adivinanzas y colmos; juegos con disfraces, cuentos para leer en vos alta y actividades para trabajar en la casa con sus familias y los cuentos. Los chicos también recopilaron anécdotas y costumbres de sus padres y abuelos que ya no se usan. Todas las costumbres las dejamos registradas. 

La idea es terminar de hacer un librito con todos esos datos para que no se pierdan. Así, los chicos descubrieron, por ejemplo, que sus padres y abuelos no tenían televisión ni luz eléctrica, y escuchaban radio teatros. Armamos tantas actividades alrededor de la lectura que después no me daba el espacio para contarlas en el proyecto”. El esmero dio sus frutos: Cristina resultó ser la ganadora del primer premio del nivel primario: “El festejo más grande fue cuando nos enteramos de que habíamos ganado. Ese día justo había venido la escuela vecina a una ‘bicicleteada’. Y cuando les conté, no te imaginás lo que fue el festejo y la alegría de todos los chicos. Una alumna se me acercó y me dijo: ‘Señora, ya no va a ser necesario hacer una rifa’.

Con la entrega de los premios nos trajeron una caja de bombones y pensé que los chicos se iban a tirar de cabeza, pero me sorprendieron porque solo prestaban atención a las cajas de los libros nuevos. Los miraban, los abrían, los hojeaban. Estamos muy contentos; los libros son hermosos, llenos de ilustraciones y hojas gruesas”.
Feliz con los doscientos libros, la maestra registró cada título y está buscando el lugar adecuado para guardarlos. Mientras tanto, le entregó uno a cada alumno para que lean y disfruten en las vacaciones. “Son lindísimos, y mucho más de lo que me imaginé. En la escuela este material hacía muchísima falta porque es muy difícil que te regalen tantos libros, nuevos, todos juntos y a cual más lindo”, concluye la maestra.

Leer puede contrarrestar la violencia

Patricia del Valle Gómez, maestra rural de niños de 4º grado de la Escuela Gobernador Javier López de la localidad de Choromoro, en Tucumán, fue la ganadora del segundo premio del nivel primaria. Así cuenta ella la experiencia: “A través de la lectura, se puede contrarrestar la violencia que se atraviesa en la vida diaria; también puede ayudar a los padres a revisar actitudes y a establecer pautas de comportamiento con respecto a sus hijos. Busqué que los padres tomaran conciencia de lo que significa la lectura para los niños en esta edad escolar”, explica la ganadora.

Un misterio en cada libro

La ganadora del segundo premio del nivel inicial, María Laura Bard, de la Escuela Hogar Nº 245 de Villa Llanquín, provincia de Río Negro, presentó el proyecto “Un misterio en cada libro”. El objetivo consistió en convertir a los niños y a sus familias en detectives y resolver enigmas, para lograr ir más allá del texto y encontrar nuevos significados. “Trabajé individualmente sobre cada caso familiar impulsándolos a animarse a ir más allá de lo dicho por el autor, a sorprenderse a sí mismos y sorprender al resto del grupo, a hacernos reír y pensar.  La idea era que se convirtieran en escritores en potencia”.

Ganadores
1º Premio Nivel Inicial - María Paula Lo Celso - Escuela Dante Alighieri - Rosario, Santa Fe
2º Premio Nivel Inicial - María Laura Bard - Escuela Hogar Nº 245 - Villa Llanquín, Río Negro
1º Premio Nivel Primario - Cristina Beatriz Wicky - Escuela Malvinas Argentinas - Depto. San - Salvador, Entre Ríos.
2º Premio Nivel Primario - Patricia del Valle Gómez - Escuela Rural Estatal - Choromoro, Tucumán

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