ENTREVISTA


“Al principio, la música era como un juego”


Por Diego Oscar Ramos.


“Al principio, la música era como un juego” 
Escondido en su belleza delicada y su voz suave, un carácter volcánico habita en la hija menor de Palito Ortega. Por algo sostiene con seguridad el exigido rol de cantante de la banda de Charly García y el inicio de su propia carrera solista con un disco sutil e intenso como Viento y sombra.

Acaba de mudarse a un luminoso departamento palermitano, donde cada centímetro la muestra cómo es. Y se vuelve delicioso ver cómo Rosario Ortega, la menor de los hijos de Ramón Ortega y Evangelina Salazar, logra que convivan en armonía arañas vintage con paredes de hipnótico estampado floreado. En su living comedor, podrán verse libros sobre músicos como Elvis Presley o Velvet Underground, muñecos de John Lennon, y decenas de vinilos, usados o en edición de lujo, de artistas como Joni Mitchel, Marvin Gaye, Beach Boys,  Gal Costa, Serge Gainsbourg, Nico, Prince, Patti Smith o Jorge Ben, así como algunos ejemplares de su padre y alguna rareza de Charly García, con quien está cantando como parte de su banda.

Por otro lado, trabaja fuerte en sus propias canciones, pegadizas y  melancólicas, cuyo centro vital es el amor en muchas de sus formas y que fueron editadas este año en su disco debut, Viento y sombra. Tan suave como cuando canta, con una voz que carga una mezcla de candidez y sensualidad, Rosario habla rápido, pero puede regalarse silencios justos para pensar en lo que está diciendo. Y si bien sabe mostrarse atractiva, actitud que desplegará en una entrega muy profesional a la sesión de fotos, ella parece dueña de cierto misterio interno que seguramente sea la fuente más rica de su música.  

–¿Para qué sentís que se siguen haciendo canciones?
–Es una pregunta muy filosófica. Supongo que se siguen haciendo como una manera de expresarse; es una necesidad. Por otro lado, hay una cuestión industrial: se necesita seguir generándolas. El formato disco y canción surgió como una necesidad, como cuando hacían los discos de pasta con dos canciones porque gastaban lo mismo que con una y ganaban más. Es interesante ver que todo viene de un lugar, como la canción de tres minutos, que se ha hecho para la radio. 

A mí me gusta jugar con los formatos. En canciones como “Luminosidad”, no sabés si se trata de una gran estrofa o un gran estribillo; es un pequeño mantra. Viento y sombra fue la unión de varias canciones y encara el tema del amor desde diferentes lugares. Son distintas etapas del amor: cuando estás entregada, cuando te peleaste, cuando tenés bronca y cuando pasó el tiempo y te podés reír de eso. Otras no hablan específicamente de relaciones, pero tienen su profundidad.

–En tus canciones parece haber una elección cuidada de las palabras.
–Sí. Las palabras están bien elegidas porque después hay que salir a cantar en vivo y me daría vergüenza cantar algo que no siento como mío. Hay temas que no escribí yo, pero me los adueñé, cantándolos de otra forma, cambiándoles el ritmo o produciéndolos de una manera especial. Me parece súper importante elegir tu manera, sentirte cómoda con lo que estás haciendo. Algunas de estas canciones no me identifican tanto hoy, aunque son parte mía, porque lo fueron en un momento y quedaron marcas de lo que viví para hacerlas. Otras las siento más, pero tal vez les pondría otros sonidos. Es que estoy empezando a “demear” temas para un próximo disco y mi idea es tener una banda reducida, con más tecnología, para poder tocar.

–¿El hecho de que en tu casa hayas instalado una sala de ensayo refuerza tu idea de elegir la música como camino?
–Sí, porque tengo ganas de ensayar y estar cinco horas, y no dos en una sala donde hay que cortar. Además, quiero grabar los ensayos como una forma de ir experimentando cosas diferentes. Cuando empecé a ver departamentos, tenía eso en mente. Si era necesario, podía sacrificar un dormitorio, pero no un lugar para grabar.

–¿Cuáles son tus primeros recuerdos musicales?
–Al principio, la música era como un juego. Me acuerdo mucho de María Elena Walsh, porque se escuchaba un montón en mi casa. Después, a los 16 o 17, me interesó mucho el hip hop, sobre todo por mis hermanos, cuando vivíamos en Estados Unidos. Más tarde me metí en el soul y después viré más a lo folk. Por eso, mi colección es tan amplia, porque siempre escuché música distinta, de diferentes géneros. Voy variando según la época.

“Mi papá es una persona muy introvertida, le cuesta mucho el diálogo. Es más de darte una carta, y dos por año alcanzan”.


–¿Y cuándo empezaste a hacer música?
–Siempre estuve sumergida en el tema. Desde los 13 o 14 años tomé clases de canto, pero recién a los 18 empecé a componer. En ese momento, me puse a ver para qué lado ir. No quería algo prehecho, que alguien viniera y me dijera que tenía que cantar tales canciones en tal estilo. Siempre le huí un poco a eso, por instinto. Entonces, compuse “Se va”, un tema que está en este disco. Y ahí empezó todo. Cuando estaba en el colegio, pensaba estudiar Psicología o Diseño de Indumentaria. Creí que la música iba a ser un hobby, pero después me di cuenta de que todo lo otro era más un hobby. Fueron pasando los meses y sentí que realmente quería hacer música. No por un mandato o porque creyera que me iba a resultar fácil, sino porque se dio naturalmente.

–¿Cómo fue lidiar con la fama familiar en ese inicio?
–Al principio, no fue fácil de manejar, porque te llegan ofertas de todo tipo y tenés que saber bien qué elegir y en dónde invertir tu tiempo. También me acercaron propuestas para hacer teatro o televisión. Sin descartarlo, hoy prefiero ir por otro lado. Además, cuando empezás a decir que no a algunas cosas, ya no te contactan para eso. Creo que la voy llevando bastante bien.

–¿Qué visión tiene tu padre de los movimientos musicales que estás teniendo?
–Mi papá es una persona muy introvertida, le cuesta mucho el diálogo. Es más de darte una carta, y dos por año alcanzan porque te dice muchas más cosas de las que puede decirte cualquier padre. Pero no se mete en la carrera de ninguno, nos deja ser. Da un consejo cuando cree que tiene que darlo, pero nos deja equivocarnos bastante. Y hay una admiración mutua. Fue muy distinto lo que él hizo de lo que estoy haciendo yo o lo que hacen mis hermanos.

Mi papá tiene la capacidad, o la tuvo durante mucho tiempo, de hacer una canción en cinco minutos y que la cante todo el mundo. Sabía bien que quería ser un cantante de masas. Yo estoy buscando inspirar algo en el otro que lo movilice y sé que no le podés gustar a todo el mundo. Obviamente, me gustaría que me escuche la mayor cantidad de gente posible, pero sin perder nunca la honestidad musical. No quisiera dejar de lado otras cosas por lograr eso. Además, en este momento, no lo necesito porque estoy cantando con Charly. Me puedo dar el lujo de no depender de un solo proyecto.

–¿Qué estas aprendiendo en esta etapa?
–Mucho más de lo que pensé. Cada tanto, me puedo dar cuenta de la actitud que tomo en el escenario, de hacerme cargo, de estar presente, sin mirar para abajo. Eso me lo dio mucho el cantar con Charly. También estoy descubriendo las distintas opciones que puede tener mi voz. Nunca había tenido la necesidad de cantar algo que no me quedara cómodo, pero cuando salís de esa comodidad, descubrís otros colores. 

Cuando te sacudís un poco de tu altura vocal, de tus parámetros, te das cuenta de que hacés cosas que ni sabías que podías hacer y que incluso pueden ser mejores. Con Charly tengo que sacar de adentro mío otra cosa, lo que él me pide. Tengo que encontrar el equilibrio, entre el color de mi voz, que es suave, con la posibilidad de darle más poder y llegar a tonos más agudos. Fui a tomar clases y tengo un rango vocal mucho más extenso de lo que creía. Puedo disponer de más elementos para utilizar.

–¿Descubrir esos elementos te enseña otras partes de tu personalidad?
–Sí, porque es toda una postura que tenés que tomar, otra actitud en el escenario. Hasta diría que tiene que ver un poco con el teatro porque uno saca algo de adentro suyo con mucha gente mirando. A veces, la banda se pone a improvisar y yo nunca me habría animado porque soy más para adentro. Charly está sacando una parte mía que desconocía. Igual, no tengo que convertirme en un personaje conocido, como la roquera típica. Pero desde mi lugar puedo potenciar algunas cosas.

–¿Cómo vivís a las multitudes desde el escenario?
–Me encanta. Al principio, veía como una gran persona gigante y ahora me gusta más mirar a la gente a la cara. A los que están en primera fila los veo. Lo disfruto mucho.

–¿Sentís que fuiste valiente al cantar con García en un rol tan expuesto?
–Me animé porque lo vi como algo que no se te presenta todos los días. No me iba a quedar pensando que habría sido si... No era algo a lo que podía decir primero que sí y después que no. Me comprometí y en los momentos en que me pareció muy difícil seguí adelante. Después de los primeros shows, caí en la realidad de que tenía mucha repercusión y me asusté un poco. Pero cuando pasás algunas pruebas, ya sabés cómo manejar ciertas cosas y fluís más. Me siento cómoda, a todo nivel. No tengo miedo y ninguna inseguridad con él.

“Cuanto más investigaba, más cuenta me daba de la magnitud del talento vanguardista de Charly. Y me gusta porque es alguien que toma riesgos”.

–¿Para cantar con Charly tuviste que hacer una investigación? ¿Qué te dejó?
–Cuanto más investigaba, más cuenta me daba de la magnitud del talento vanguardista de Charly. Y me gusta porque es alguien que toma riesgos, que siempre está tratando de transformar. Por eso perdura. Al principio, era grosso tocar con él, pero después lo pude valorar más profundamente y logré ser parte de esa historia.

–Ya sos parte de esa historia.
–Sí. Por eso, me interesa hacer todo de la mejor manera posible. Y crecer.

–¿Qué proyectos tenés?
–En estos meses que vienen, quiero llegar a un buen vivo con mi música. Se vienen shows importantes, con Charly y míos. Quiero ver frutos de las canciones que estoy adaptando a otros formatos.

–¿Te gusta viajar? ¿Está en tus planes?
–Sí. El año que viene pienso vivir dos meses afuera. Quizá me vaya a Nueva York. Es un proyecto para ir y venir, por los compromisos que tengo acá. Será más una experiencia de vida; vivir la ciudad y aprovechar para hacer algún curso de música. Es algo que tengo pensado. Después, cuando sea más grande, no va a ser lo mismo.  

Terapia afectiva 

Más allá de que el nexo que hizo que García la probara en su banda fue la recomendación de su novia, Mecha, amiga de Rosario, el vínculo de Charly con la familia Ortega es muy fuerte, ya que Palito ayudó a Charly en su recuperación. “La verdad es que eso fue algo muy íntimo entre mi papá y él. Nosotros no lo compartimos. Era una decisión de mi papá y fue un riesgo enorme, porque si salía bien, todo el mundo lo iba a querer, pero si pasaba algo malo, todo el mundo lo iba a señalar.

Fue muy valiente lo que hizo y la pieza fundamental para que se pusiera bien fueron sus charlas, su apoyo, su contención”, reflexiona Rosario. Y revela a un padre que ya tenía antecedentes solidarios: “Siempre tuvo estas actitudes, como pasar por un centro de chicos Down y parar para cantarles. Tiene un costado muy humano, pero nunca pensé que podía llegar a hacerlo con un riesgo tan público. Esa fue la diferencia. Ahora Charly ya es dueño de su vida. Y con mi papá sale esporádicamente a comer, como un amigo”.

Mi hermano el músico 

“Emanuel empezó muy chico y le fue bien. Obviamente, tu carrera queda marcada donde más público tenés y mejor te va, pero él después siguió su instinto, se dio cuenta de que quería hacer otra cosa, y eso es natural, le pasa a mucha gente”, dice Rosario, como quitándole dimensiones innecesarias al asunto. Y compara su presente con aquellos tiempos de éxito total de su hermano: “Yo tenía 7 u 8 años cuando fue su boom. Todavía no se bajaban discos. No es como ahora que a todos los músicos se les hizo más difícil lo económico, aunque también hay más posibilidades de que tu música se escuche en todos lados gracias a Internet”.

Suavidad, críticas y evolución

“Nunca me hicieron ninguna crítica directa, pero al principio algunos fueron muy duros conmigo. Imaginaba que sería así porque iba a estar en un lugar donde te mira mucha gente”, dice Rosario sobre las devoluciones que le han hecho por su trabajo con García. “Últimamente, lo que recibí fue muy bueno, pero me lo esperaba, porque siento un crecimiento. Creo que desde la suavidad se pueden generar muchas cosas, porque no creo que el rock tenga que ser solo jeans rotos y guitarras distorsionadas. Yo voy haciendo lo que tengo dentro de mí”.

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