TENDENCIA


El mundo de las olas


Por Federico Svec.


El mundo de las olas
El surf es mucho más que un deporte. Es una filosofía de vida, con sus propias costumbres, estética y hasta música. Pasado, presente y los mejores exponentes, nacionales e internacionales, de esta disciplina en alza en la Argentina.

Se trata de una actividad con millones de seguidores en todo el mundo, que no discrimina género ni edades. Y es una pasión inacabable porque, dicen, se es surfista para toda la vida. Puede ir desde lo recreativo de las pequeñas olas hasta la adrenalina máxima y el peligro de las olas gigantes de más de doce metros a las que se atreven los atletas extremos. 
Pero siempre hay un objetivo común: enfrentar la experiencia mágica de comunión con las olas. 

“El surf fue, es y será pura vida. Es un camino hacia la purificación, un equilibrio perfecto que adquirís física, mental, emocional y espiritualmente”, definió Daniel “Lobo” Gil, el primer surfista argentino. Algunos practican surf como una actividad recreativa, mientras que para otros representa el foco central de sus vidas y viven para y por él. Hoy en día, el surf es una industria billonaria, especialmente en lo que se refiere al mercado de la ropa. Para quienes lo toman como deporte, el sueño máximo es llegar a competir en el World Tour de la ASP (Asociación de Surfistas Profesionales), donde se celebran las principales competencias en los mejores spots o lugares de surf alrededor del mundo. 

Otros profesionales no compiten por conseguir la máxima puntuación haciendo los mejores movimientos sobre las olas, sino buscando correr las olas más grandes y peligrosas, practicando el Big Wave Surfing. Muchos surfistas, incluso de excelente nivel, no compiten y solo disfrutan del placer de dominar las olas. Ellos son los freesurfers. Pueden hacer una carrera como instructores, como fotógrafos o filmando videos en los lugares de surf. Otros freesurfers recorren el mundo en busca de los mejores spots, como nómadas que persiguen un verano eterno, y trabajan de lo que sea con tal de subsistir… y poder surfear.

El ABC 

“El surf en la Argentina va ganando cada vez más adeptos. Lo que empieza como una actividad de verano termina siendo un deporte de cabecera. En la actualidad, nuestro país tiene muy buenos competidores, excelentes freesurfers y mucha gente que surfea por el placer de hacerlo”, explica Sebastián Chacón, director de Surfpress, el principal sitio de noticias de surf en español de Latinoamérica. ¿Pero dónde se puede aprender? Según Chacón, hay varias escuelas con personal calificado y certificado por la ISA (International Surfing Association) a lo largo de toda la Costa Atlántica. “Pero lo más importante para empezar a surfear es tener muchas ganas. 

Es un deporte distinto, en el que estás en un ámbito natural que cambia y se mueve todo el tiempo... Primero hay que entender la dinámica del mar y después aprender a moverse con él. Siempre es conveniente tener una tabla larga (funboard o longboard), ya que ofrecen mayor estabilidad y flotabilidad, factores indispensables para acelerar el proceso de aprendizaje. Si estás seguro de que el surf te va a gustar, conviene que compres la tabla. Cuantas más horas en el agua, más se aprende”.

Daniel Gil trajo las primeras tablas para surfear en el país y así se convirtió en el primer surfista nacional. Él mismo evoca aquel momento: “Había surfeado la primera ola de mi vida a fines de 1962, en Río de Janeiro, con una tabla prestada. Y me enteré de que en Perú se surfeaba desde hacía cientos o miles de años. Esto coincidió con un viaje de Boca Juniors a Lima para disputar unos partidos amistosos. Como mi padre, Daniel J. M. Gil, era en ese entonces vicepresidente del club xeneize, conseguí ir con la delegación a Perú. Por fin, allí, pude comprarme tres longboards. 

La anécdota fue que, después de tanto luchar para conseguirlas, en la aduana no me dejaban pasarlas… Pero, de pronto, aparecieron en escena Silvio Marzolini, Angelito Rojas, Rattín y el “Tanque” Rojas y les dijeron a los inspectores que no me molestaran. Así fue como el 1 de mayo de 1963 entré al país mis tres tablas hawaianas. A los dos días, ya estábamos surfeando en Mar del Plata, en Punta Cantera, un lugar que bautizamos Kikiwai, donde hoy existe el Kikiwai Surf Club y donde funciona la Academia Argentina de Surf. Allí tengo la gracia divina de poder vivir”.

Antecedentes mundiales

Aunque en la Polinesia, y particularmente en Hawái, el surf es un deporte ancestral, los primeros registros históricos escritos se refieren a las costas del Pacífico en Perú, y a los “Caballitos de Totora” de la cultura mochica, un tipo de embarcación construida con tallos y hojas de totora. En Hawái, el arte de deslizarse sobre la superficie del agua, llamado He’enalu en la lengua hawaiana, fue observado por la tripulación del capitán James Cook en 1767. Con la llegada de misioneros escoceses y alemanes a los mares del Pacífico, en 1821, se prohibieron varias tradiciones polinésicas, incluyendo el surf, al cual los religiosos consideraban inmoral. 

Fue gracias a descendientes de antiguos reyes hawaianos que se retomó la costumbre de remontar olas con planchas de madera en la playa de Waikiki. En este grupo de jóvenes se destacaba Duke Paoa Kahinu Mokoe Hulikohola Kahanamoku. Llamado también The Big Kahuna (Gran Kahuna o Gran Jefe), es considerado el inventor del surf moderno, además de ser un gran campeón olímpico de natación.

Historias que hacen ola

Una verdadera alma de surfista otorga coraje y fuerzas insospechadas. Y hay historias que merecen contarse, como la de Bethany Mellani Hamilton. En octubre de 2003, tenía 13 años y era una de las mejores surfistas de Hawái. Su gran sueño era convertirse en campeona mundial y tenía lo necesario para conseguirlo, pero en la mañana del 31 de octubre todo cambió. El parte metereológico anunciaba olas perfectas en la playa de Tunnels, en la costa norte de la isla Kauai.

Bethany se internó en el mar junto con su amiga Alana. A los diez minutos, un tiburón tigre de unos cuatro metros y medio la confundió con una presa. De un solo mordisco arrancó un pedazo de la tabla y le seccionó el brazo izquierdo a la altura del hombro. Salvó su vida de milagro. Veinticinco días después, Bethany tomó una longboard y, dando paladas con su único brazo, se adentró en el mar. Tuvo que aprender todo de nuevo, hasta cómo mantener el equilibrio. En su tercer intento, pudo pararse sobre la tabla… “Surfeé toda la ola hasta la orilla y se me caían las lágrimas de felicidad”, comentó. Hoy, con 23 años, sigue compitiendo a nivel profesional, tiene una ONG que se llama Walking on Water y es un ejemplo de superación que trasciende al surf. 

Hay más. Maya Gabeira es una linda brasileña de 24 años. Su especialidad es el tow-in, una modalidad en la que el surfer es remolcado por una moto usando una cuerda y un manillar, como en el esquí acuático. Ella describe qué se siente al enfrentar una ola gigante. “Sentís como una enorme avalancha rugiendo detrás de vos. Mucha adrenalina. ¡Se te ponen los pelos de punta! Caerte dentro de una ola no es nada bueno; te sacude como si estuvieses metido en un lavarropas gigante. Por más fuerte que seas, tenés que resignarte: si tus brazos, tus piernas o tu cuello resisten sin romperse, todavía necesitás tener buenos pulmones para aguantar la presión del agua y para estar sumergido un largo rato. 

Lo más importante es mantener la cabeza fría. Si te agarra pánico y te quedás sin aire, te ahogás…Pero eso no es todo: podés pegarte contra el fondo, que puede ser de coral y te corta como una navaja afilada. Sin embargo, todo vale la pena”. Si ella lo dice…

El dios del surf 

Robert Kelly Slater es el arquetipo del surfista. Al mejor de todos los tiempos no le alcanzan los dedos de las manos para mostrar cuántas veces fue Campeón del Mundo de la ASP. Innovador y revolucionario, le enseñó al mundo nuevas maniobras que llevaron el surf a otro nivel. También impulsó cambios y una modernización en la competición profesional. Su fama se debe a sus apariciones en la serie televisiva Baywatch, su pasión por la música –formó su propio grupo, The Surfers– y sus mujeres?(tuvo romances con Pamela Anderson y Cameron Díaz). Actualmente, está involucrado en el “Red Bull Jaws”, un evento en Maui, Hawái, solo abierto a los mejores surfistas de grandes olas del mundo. Los participantes esperan el día en que se levantan las olas más grandes y gana el que consigue “correr” mejor la mayor de todas, sin la ayuda de motos de agua.

Por amor al surf 

Félix Bracco es un freesurfer argentino que consiguió recuperar la felicidad perdida y hacer realidad un sueño… gracias al surf. “Empecé a surfear cuando tenía 10 años en Montoya, Punta del Este, hace treinta años. El surf es un momento para estar con uno mismo, en el que solo se piensa en las olas. Esto opera como un escape, como un psicólogo”, define. Félix fue el editor de las guías de viajes de surf Surf The Planet sobre dos destinos míticos de los surfistas: Perú y Costa Rica. Luego armó Surf  The Planet Travel, una agencia de viajes de surf  hacia lugares paradisíacos de la actividad, como Indonesia, El Salvador y Ecuador.

Hace dos años comenzó a crear el lugar que reúne todos sus sueños: el Pelicano Surf Club, en Punta del Este.“Lo armé pensando en las necesidades y en el gusto de un surfista. Fue la casa de veraneo de mi familia. Aquí me reúno con hombres y mujeres con buena onda, vivo  momentos mágicos con mi hija, me reencontré conmigo mismo y descubrí que soy feliz de nuevo”, concluye Félix. Y se va a surfear.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte