ENTREVISTA


“La vida es hoy”


Por Gustavo Sencio.


“La vida es hoy” 

Esa es la mayor enseñanza que recogió Mariela Soto después de recuperarse de un linfoma NH y de un cáncer de mama. A partir de allí, empezó a participar de maratones y formó un grupo de corredores. Cómo en el deporte encontró la llave para curarse.

La historia de Mariela no es una más. El año 2001 marcó un quiebre en su vida. Y no fue precisamente la crisis económica que atravesó el país la que la obligó a hacer su “clic”. Con 37 años, fue operada y tratada de un linfoma NH de bajo grado de malignidad, pero cuando todavía estaban evaluando el tratamiento que iba a seguir, le descubrieron un cáncer de mama. La intervinieron, le hicieron quimioterapia y surgieron algunas otras complicaciones que condujeron a más cirugías, las cuales concluyeron en 2004. Recién en 2009 terminó el tratamiento hormonal por el cáncer.

La debacle política y social de aquel entonces pasó inadvertida para ella, porque mientras estaba inmersa en el complejo proceso de recuperación, Mariela se propuso participar de una carrera. Quería que el deporte la ayudara a sobrellevar su enfermedad. Lo curioso es que, hasta ese momento, como ella misma admite: “No sabía ni lo que era correr ni practicaba ningún deporte”. 
Lo cierto es que no solo comenzó a entrenarse, sino que ya corrió su primera media maratón (21k) en Río de Janeiro. Hoy está recuperada y sueña con correr una maratón entera (42k). Para completar el círculo es que, junto con su marido Guillermo, creó hace ocho años “70/30 Training Team”, un grupo que hoy cuenta con un centenar de inscriptos, con quienes se reúnen tres veces por semana a correr y entrenarse. 

“Siempre fui al gimnasio, pero nunca practique ningún deporte de manera sistemática. Correr me parecía una pesadilla, pero cuando estaba haciendo quimioterapia, empecé a pensar que, si salía de esa situación, iba a participar de una carrera, tal vez motivada por mi marido, a quien le gustan los deportes y que corre desde que nos conocemos”, recuerda, y agrega: “Empecé a entrenar en la cinta de un gimnasio a la semana siguiente de terminar la quimio. Salía de aplicarme rayos todos los días y me iba derechito al gimnasio. Corría el año 2002. Por supuesto, este entrenamiento tuve que suspenderlo durante las operaciones posteriores que debí afrontar”.

Así fue como, en 2008, corrió su primera competencia de tres kilómetros. Después participó de una de siete, luego se animó a otra de diez, y el año pasado corrió veintiún kilómetros. “Fue una forma de celebrar los diez años de superada la enfermedad”, dice riendo.

Llegar a la meta: esa es la cuestión para Mariela Soto. En ese momento, es cuando siente que ya ganó, sea por las calles de Río de Janeiro o las de Buenos Aires.?Un ejemplo.

–¿Cómo surgió la idea del team?
–En 2005, mi marido armó un grupo de entrenamiento de running, que comenzó casi como un hobby y hoy es una forma de vida. Entrenar en grupo es un gran incentivo. Además de encontrar amigos, te vas reflejando en los logros de los demás y eso resulta muy estimulante. La contención de un grupo es fundamental cuando uno tiene pequeños avances, pero muchos retrocesos.

–¿Por qué correr y no otro deporte?
–En una misma carrera, compartís el espacio con atletas de elite, que tienen tiempos extraordinarios. No obstante, en el running todos participamos. Eso no pasa en otros deportes: un Grand Slam de tenis o un Mundial de fútbol lo juegan pocos. En cambio, la alegría de cruzar la línea de llegada es para todos igual. De hecho, para mí llegar es ganar “mi” carrera.

–Imagino que no todo es placentero. Sobre todo, a la hora de entrenar…
–Correr es placentero cuando el día está lindo y la temperatura es adecuada, pero requiere mucha garra para entrenar en días fríos, con lluvia o súper calurosos. Todo implica un esfuerzo, pero la satisfacción de cruzar la línea de llegada de la competencia que te propusiste correr, sea en el tiempo que fuere, no tiene precio. Te sentís vivo, pleno; es una satisfacción muy grande. Por ejemplo, hace poco fui a correr la Media Maratón Internacional de Río de Janeiro. Estar entre quince mil personas, con la gente alentándote en el recorrido, por las playas de Ipanema y Copacabana, es incomparable…

–¿Qué te dijeron los médicos?
–Me recomendaron actividad física diaria. Bueno, ¡acá la tienen! (Risas).

–¿De qué manera convivían tu profesión, tu tratamiento y el deporte?
–En ese momento, mi carrera laboral iba en ascenso y llegué a tener una gerencia, lo cual fue terapéutico porque aferrarme al trabajo también me ayudó a superar la enfermedad. Pero en 2007 decidí dejar la relación de dependencia para desempeñarme por mi cuenta. Sin tantas presiones laborales, pude dedicarme más firme al entrenamiento.

“Cumplir años es vivir” 

Los afectos jugaron un rol fundamental en la situación crítica que atravesó Mariela.
“Te das cuenta de que son lo que más vale en la vida. Necesitás estar apuntalada desde lo afectivo. Siento que uno trasciende a través de estos lazos. Mi marido, Guillermo, fue ‘lo más’, ya que me acompañó y me dio mucho amor”, sostiene.

–¿Cómo se hace el “clic” mental de pensar en el corto plazo? ¿Pasaste a vivir una realidad en la que priorizás disfrutar del día a día?
–No sé cómo se hace. Se siente o, mejor dicho, ante un hecho así te das cuenta de que la vida es hoy. Creo que, desde lo racional, todos lo sabemos, pero cuando sentís el “cachetazo” del diagnóstico, caés en la cuenta de la realidad. Recuerdo que, tiempo antes de que me pasara todo, con mi marido estábamos buscando un bebé. Me puse a hacer mil cuentas sobre cuándo convenía embarazarme para que el parto y la posterior licencia fueran en el momento “más adecuado” y que no se superpusiera con viajes de trabajo, etcétera. Después de semanas de cálculos y mucha mala sangre, decidí que la fecha ideal de parto sería noviembre... Ese mes comencé la quimio. ¿Para qué había servido tanta planificación y noches de desvelo pensando y pensando? Por suerte, fui muy consciente de ese hecho y me marcó. La vida te sorprende para bien y para mal. Entonces, eso hay que considerarlo, nada más.

–¿Hoy sos la misma? ¿Tenés las típicas debilidades humanas respecto de  hacerte problema por cosas que no valen la pena? 
–Obviamente, con el tiempo, te vas olvidando. Cuando vas superando temas, te vas poniendo otra vez más exigente, pero la enseñanza queda. Cuando te vas sintiendo cada vez mejor, querés otra cosa, y creo que está bien. Los seres humanos somos así, pero también aprendí a callar mi mente y mis pensamientos, que me devoraban. Pero claro que soy otra. El tema de mi salud fue un disparador para encontrar otras facetas. Sin embargo, pienso también que nadie es el mismo a través de los años, más allá de que haya vivido una situación límite o no.

–Si tuvieras que elegir una enseñanza, ¿cuál sería?
–Celebrar que uno tiene salud, aunque el mayor aprendizaje es vivir y disfrutar más el presente.

–¿Qué otro cambio notás que te generó tu enfermedad?
–Bueno, tengo 48 años… no tengo problemas en decir mi edad (risas). Cuando me enfermé, a los 37, deseaba llegar a los 40. Cuando los cumplí, hice una fiesta y se lo conté a todo el mundo. ¿Por qué? Porque cumplir años es vivir. Ahora celebro cada año de vida. Me hago problema por las cosas, por supuesto, pero no antes que sucedan. Y trato de evitar el programar a largo plazo. Además, en los últimos años, comencé una búsqueda espiritual más intensa. Recuerdo que cuando me sentía mal y estaba con dolores, miraba fotos de viajes que había hecho y me tranquilizaba. Hay que aprender a desapegarse de lo material.

–¿Te considerás un ejemplo?
–No creo ser un ejemplo para nadie. Sí me gustaría que mi testimonio pueda servirles a aquellas personas que acaban de ser diagnosticadas y decirles que el cáncer no siempre es sinónimo de muerte, o de discapacidad posterior. De hecho, yo buscaba historias de hombres y mujeres que habían sobrevivido a la enfermedad con buena calidad de vida.

–¿Por qué?
–Porque significaba una luz en el camino, sobre todo para aquellos que nos enfermamos muy jóvenes. Sentís que tu vida se termina rápido...

–¿De qué manera impacta la crudeza de un tratamiento de este tipo?
–El tratamiento es largo y te deteriora mucho. Cuesta limpiar al organismo, pero eso también te salva. Hay que aceptarlo como el principio de la curación. Hoy siento que, con algunas limitaciones, mi cuerpo me responde, se la “banca”, y eso me hace muy bien física y psíquicamente.

Sus otras pasiones

Además de correr, Mariela tiene una agenda nutrida de pasiones, que desarrollaba antes de sufrir su enfermedad. “Sacar fotos, leer y viajar”, enumera. Pero no se queda conforme con esto: “Últimamente, le tomé el gusto a viajar para correr con amigos y está buenísimo. Ahora, el próximo objetivo es hacer el Cruce de los Andes, en febrero, con una amiga”. Sabe que la famosa competencia es una carrera de aventura de tres días, en la que en cada jornada se completan unos treinta kilómetros, con campamento incluido. “Me atrae el tema de la aventura y meterme en esa naturaleza”, desliza.

Un día en la vida de Mariela 

A las siete en punto, el despertador anuncia la llegada de un nuevo día. Cada mañana de entrenamiento, Mariela cumple con la rutina que le arma el entrenador de su grupo. Aunque admite que, muchas veces, le cuesta “poner primera”, puede más el placer que el supuesto sacrificio de cumplir con lo pautado. “No tengo que pensarlo; tengo que hacerlo”, es uno de sus lemas. Su historia no la muestra como a una persona vinculada a la actividad física desde la juventud. “No tengo un espíritu deportista innato, pero son tantos los beneficios que me genera esta actividad que vale la pena”, explica. 

La alimentación sana fue siempre una constante en su vida. Y eso no varió un ápice: nada de fritos, mucha fruta y verdura, proteínas… “Tomo algunos consejos de la cocina natural”, desliza.
A eso de las diez y media de la mañana ya está de regreso, con la sensación de haber cumplido el primer paso para tener un día ideal. “Hago alguna colación de frutas, me baño y, después, abro la notebook, contesto mails y me meto en Facebook. Miro distintas cosas; tengo que controlarme porque, de lo contrario, paso mucho tiempo en el ciberespacio. Después, casi siempre salgo a alguna reunión de trabajo. Algunos días tengo taller de fotografía, mi otra gran pasión”, concluye.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte