INVESTIGACION


Qué sería de mí sin ti


Por Agustina Mussio.


Qué sería de mí sin ti 
Chequear (y rechequear) en el celular mensajes de textos, mails, redes sociales y páginas web puede transformarse, al extremo, en una obsesión. De esto se trata la Nomofobia, un nuevo trastorno de ansiedad generado por la dependencia a este tipo de dispositivos. Claves para “desconectarse” a tiempo.

Sentirse intranquilo sin el celular; chequearlo permanentemente?(¡hasta en la playa!); volver a buscarlo, aunque se llegue tarde a una cita importante; no poder relajarse en un lugar sin señal o resistirse a apagarlo en lugares donde está prohibido su uso. 

¿Se siente identificado con algunos de estos signos? Cuidado, porque puede estar siendo víctima de la nueva patología del siglo XXI: la Nomofobia, un trastorno de ansiedad generado por la dependencia al celular. Casi el 53% de los usuarios de teléfonos móviles sufre de fobia cuando no lo tiene encima y funcionando en óptimas condiciones, según indica un estudio realizado en el Reino Unido por la Oficina de Correos durante 2011. 

Los expertos aseguran que, en estos casos, los niveles de estrés que puede alcanzar una persona cuando sale a la calle sin celular son equiparables con los nervios que se tienen el día anterior a la boda (sí, leyó bien), lo que puede acarrear agresividad, inestabilidad, dificultades de concentración, malestar general, hipervigilancia, inquietud y un fuerte temor a estar desconectado. Los que padecen esta patología se sienten acompañados y tranquilos con el teléfono; rechequean los mensajes de textos, mails y visitan las redes sociales constantemente. 

Sienten una preocupación desmedida cuando no están conectados y pueden llegar a sufrir ataques de pánico. El informe que emitió recientemente el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (Ceeta) revela que la Nomofobia creció un 13% en los últimos cuatro años debido al auge de los teléfonos inteligentes (ya se registran diez millones por estos pagos) y a que la tecnología es cada vez más accesible. Las mujeres y los adolescentes se sientan en la primera fila entre los más propensos a experimentarla.

El celular, admitámoslo, provocó una verdadera revolución: es el dispositivo tecnológico con mayor nivel de posesión y, al mismo tiempo, con mayor intención de compra. Se estima que en la Argentina hay unos cuarenta millones de celulares en uso. Como parte integral de la vida cotidiana, logró que todas las personas se volvieran fácilmente localizables a cualquier hora del día e independientemente del lugar donde se encuentren; ha modificado, además, tanto las formas de interacción entre amigos, como la manera de trabajar: es mucho más simple comunicarse con otro y estar al tanto de lo que sucede permanentemente en el ámbito laboral. A su vez, al estar conectado las 24 horas, el trabajo se extiende durante todo el día y es más difícil “desconectarse”. Según estudios realizados en Finlandia, las personas consultan una media de 34 veces al día sus teléfonos. 

Por su parte, los smartphones profundizaron los cambios que habían comenzado con los celulares comunes. Las redes sociales, el chat y los mensajes de texto ofrecen la posibilidad de tener un contacto social frecuente con varias personas al mismo tiempo, sin importar la distancia física que los separe. “Se da una tendencia a compartir lo que pasa en la vida cotidiana de manera instantánea, y nos vamos acostumbrando cada vez más a la inmediatez.

El hecho de estar conectado a Internet de manera permanente nos permite obtener información, comunicarnos, escuchar música y bajar una aplicación, todo al instante. Hoy se mira TV al mismo tiempo que se utiliza el teléfono celular, y asimismo, se comenta lo que se está mirando –por ejemplo, en las redes sociales–. Esta es una tendencia creciente, sobre todo en los más jóvenes. Y hasta nos parece raro cuando alguien no contesta un mail de manera inmediata”, señala Ariel Pelliza, Research Coordinator de la agencia de medios Mindshare Argentina, que presentó un informe sobre el tema. 

El estudio de Mindshare revela que en nuestro país la venta de teléfonos inteligentes crece a un ritmo superior al 100% anual. Pero el uso de estos celulares no reemplaza al de la computadora, sino que ambos se complementan: la tendencia es buscar una conexión ininterrumpida las 24 horas del día con la superposición de diferentes dispositivos. En cuanto a los servicios, el chat y el acceso a las redes sociales son los usos más habituales que les dan, principalmente, los jóvenes y las mujeres, mientras que la búsqueda de información y la consulta de mapas es la actividad por la que más se inclinan hombres y adultos.

Señales 

El término Nomofobia es una abreviatura de la expresión inglesa “no-mobile-phone-phobia”. Se refiere a la fobia a no tener el celular encima y se aplica a cualquier tipo de teléfono, no solo a los más modernos. Como los smartphones permiten acceder a diferentes vías de comunicación (mail, BBM, WhatsApp, Facebook, Twitter y Foursquare, entre otros), la utilización es cada vez más frecuente y se intensifica el sentimiento de dependencia al aparato. “El 71% de los argentinos declara que no puede salir de su casa sin el celular y existe una necesidad de recambio constante del teléfono en búsqueda de la actualización”, desliza Pelliza.

“El problema es cuando, en lugar de que la tecnología sea un instrumento para mejorar la calidad de vida, se vuelve tan imprescindible que no contar con ella nos hace sentir vulnerables. Pero hay que ser cuidadosos a la hora de diagnosticar estas conductas como un trastorno psicológico. Para considerarlo como tal, es necesario que la situación genere una reacción intensa de ansiedad y que interfiera en áreas significativas de la vida de la persona, y le impida desempeñar correctamente sus tareas o desarrollar sus proyectos personales”, sostiene la psicologa Claudia Bregman, miembro de la Fundación Aigle y de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA).

La especialista advierte sobre qué señales debemos estar alertas: “Cuando al salir de su casa sin el celular, uno toma conciencia de la inquietud que esto le genera, de la sensación de temor a estar desconectado, de sentirse aislado y preocuparse intensamente por las posibilidades negativas que pudieran ocurrir como consecuencia de no recibir la información al instante”. Ante estos síntomas, las personas tienen que aprender a tolerar el malestar y a controlar sus reacciones. 

Se calcula que la edad de ingreso al mercado de celulares oscila entre los siete u ocho años. En general, los chicos piden a los padres que se los regalen y los mayores se los conceden, en algunos casos como medida de seguridad; en otros, para no diferenciarlos del resto de sus compañeros de curso que sí tienen teléfono. 

Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudio Especializado en Trastornos de Ansiedad (Ceeta), afirma que también los más chicos corren riesgo de padecer Nomofobia, y asegura que cada vez hay más casos de trastornos de ansiedad que se manifiestan a temprana edad. “Los niños que acceden al celular es más difícil que aprendan a manejar los tiempos de espera, que es un aprendizaje fundamental en esa etapa de la vida”, sugiere. A su vez, Martínez Castro recomienda a los padres que no permitan que sus hijos lo tengan hasta la adolescencia.

Pero si es necesario por algún motivo de seguridad, hay que establecer reglas claras de uso: que no puedan acceder a Internet desde el dispositivo, que no llamen constantemente a sus padres y que no lo estén chequeando una y otra vez.  

Tanto a los adultos como a los niños, los psicoanalistas de Ceeta aconsejan  apagarlo por las noches, dejarlo de lado durante la cena y el almuerzo, y respetar los momentos de diálogo con otros sin chequearlo constantemente. Por último, los que sufren de Nomofobia deberán desprenderse del teléfono de manera gradual y afrontar de forma aislada las sensaciones y pensamientos negativos que surgen como consecuencia de este padecimiento. La clave: aprender a controlarse. 

Nuevos usos del celular 

•A través de una plataforma denominada Wanda, con el celular se pueden hacer transferencias de dinero, recargar crédito, y, próximamente, pagar las facturas. Los creadores definen al sistema como una “billetera electrónica” o un servicio de cuenta prepago. 
•La frase “Si no puedes contra el enemigo, únete a él” está haciendo mella en algunas escuelas que permiten el uso del celular en horario escolar con fines pedagógicos. Por ejemplo, se usan en Ciencias Naturales y Lengua cuando graban sonidos y videos, para agregar contenido multimedia a los trabajos que presentan los alumnos. También en Matemáticas para hacer cálculos, o sacar fotos y vincularlas con contenidos de área y perímetro. A su vez, el Ministerio de Educación bonaerense está estudiando la posibilidad de anular la prohibición del uso del celular en el aula –que rige desde 2006–, para que pueda emplearse con fines educativos.       
•Se lo utiliza para consumir medios de comunicación mediante la conexión a Internet: para ver programas de televisión, escuchar radio, y leer diarios y revistas.
•Ingenieros israelíes descubrieron que el celular puede ser usado eficientemente para monitorear, en tiempo real, cuántos milímetros llueve.

Otras adicciones del siglo XXI 

•Esteticaholic: obsesión por la cirugía estética. Generalmente se tienen expectativas poco realistas y resistencia a escuchar los consejos del cirujano plástico.
•Tanorexia: se busca estar bronceado como sea. Cuando se recibe la dosis de sol, se calma la ansiedad.
•Taturexia: obsesión por tatuarse. Puede esconder trastornos de ansiedad y problemas alimentarios.
•Compradores compulsivos: se siente euforia por el simple hecho de comprar, perdiendo el control: así se gasta más de lo que el individuo puede y después se siente culpa.
•Ortorexia: obsesión por comer únicamente comida que la persona considera saludable. Se huye de los pesticidas, los transgénicos, los congelados, los aditivos y los alimentos manipulados.
•Vigorexia o dismorfia muscular: al igual que en la anorexia, las características físicas se perciben de manera distorsionada, pero a la inversa: las personas se ven con poca tonicidad y musculatura. Esto los lleva a hacer ejercicio físico de forma compulsiva y los cuerpos suelen desproporcionarse. Afecta principalmente a los hombres.   
•Drunkorexia: los trastornos alimentarios se combinan con el alcohol. Se reemplaza las calorías de las comidas por las de la bebida.
•Compradores compulsivos: se siente euforia por el simple hecho de comprar, perdiendo el control: así se gasta más de lo que el individuo puede y después se siente culpa.





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