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Desde Adentro


Por Diego Oscar Ramos.


Desde adentro
Ingresamos en el micromundo del Carnaval de Gualeguaychú, uno de los más populares de la Argentina. Junto con los miembros de las mejores comparsas, aprendemos cómo viven esta fiesta sus protagonistas y el público que llega desde cada rincón del país y del exterior.  

Será que hay que hablar de la belleza de hombres y mujeres portando trajes brillantes y diminutos, danzando al ritmo de músicas que, aunque mayoritariamente remiten a Brasil, ya se naturalizaron por estos pagos? ¿Será que encontraremos alguna clave en el placer de los chicos juntando lentejuelas que no sobrevivieron pegadas a las vestimentas que cada miembro de las comparsas porta con gracia y orgullo? ¿O habrá que mirar extasiados cada carroza con la que instituciones históricas como Marí Marí, Papelitos u O’Bahía engalanan su paso por el Carnaval de Gualeguaychú? 

Tal vez, el misterio se esconda en la revolución que se genera en los alrededores de ese corsódromo que contiene los suspiros de las cuatrocientas mil personas sentadas que puede albergar. Porque la fiesta se empieza a vivir desde las callecitas de este rincón entrerriano, con las familias reunidas alrededor de una mesa enclavada en la vereda de sus hogares, bien entrada la noche, mate en mano, contemplando cómo visitantes de cada punto cardinal de la Argentina (y del mundo, por supuesto) emprenden la caravana hasta ese templo de cielo abierto, que desborda ritmo, color, baile, alegría… y mucho más.
 
Pero quizás el misterio esté en otro lado. Vaya uno a saber. De lo que no hay dudas es de que este evento múltiple de estímulos y significaciones es un espectáculo único. Los números lo avalan: estimaciones oficiales concluyen que esta misma edición, la que abrió el sábado 5 de enero y terminará el primer fin de semana de marzo, ofrecerá un sinfín de plumas en trajes que sumarán, en total, medio millón de lentejuelas (algunos de ellos más de quince mil de forma individual); todos bordados a mano, en una labor que puede durar hasta nueve meses previos, lo que denota una pasión full time en esta ciudad donde hasta setecientas personas por comparsa trabajan con intensidad para que trajes, carrozas y espaldares cautiven al público y a un jurado de notables que dictaminarán cuál de las tres comparsas en competición se llevará los laureles esta temporada. 

“En cantidad de gente, la temporada es muy similar a la del año pasado. Para lo que queda de Carnaval, esperamos cerca de cien mil personas por noche. Gualeguaychú, sea como fuere, supera constantemente el nivel de las comparsas. Las temáticas son cada vez más profundas y aunque hace años las carrozas ya están al tope de sus dimensiones –13 metros de alto, siete y medio de ancho y 15 de largo como máximo reglamentado–, tienen un notorio y espectacular avance en su electrónica y robotización; a ello se suman las esculturas gigantes y las decoraciones con materiales novedosos”, explica José María Peverelli, presidente de O’ Bahía (a cargo del club Pescadores de Gualeguaychú), una histórica comparsa de la región, con más de un triunfo en sus vitrinas.

“Aquí no solo se pueden apreciar chicas lindas, sino que, a su vez, se lucen escuadras con coreografías de todo tipo. Por su parte, las batucadas mezclan ritmos variados, por lo que se puede escuchar desde un candombe hasta una samba o una murga –agrega–. Desde la mirada de los que hacemos esta fiesta, puedo manifestar que, cuando era integrante, disfrutaba muchísimo de las previas y el posdesfile. Las sensaciones son increíbles, como el hecho de formar parte de algo tan grande, y de desfilar con amigos, bajo los colores de tu club, de tu comparsa, con gente que adora lo mismo que vos, ante tanto público y en semejante escenario. Pareciera que el alma se te va saliendo del cuerpo. Como dirigente, nada es igual: hay que ser mesurado y tratar de que las cosas salgan bien desde lo humano y lo económico. Aunque uno es sanguíneo por naturaleza”.

Para Peverelli, lo mejor que tiene este carnaval, desde su creación en 1980 hasta la actualidad, es su organización; es decir, el sistema que forjaron los cinco clubes de la ciudad (Tiro Federal, Centro Social y Cultural Sirio Libanés, Central Entrerriano, Juventud Unida y Pescadores), que construyeron las comparsas, las tribunas del corsódromo, las vallas, el sector VIP, los baños… y la lista continúa.

Claro que no están solos. “El municipio aporta el predio y su mantenimiento, y las empresas acompañan desde el sponsoreo, pero todo esto es posible por las grandes y audaces inversiones de los clubes. Obvio que la parte artística –de un nivel altísimo e internacional– influye, pero para que el artista vuele tienen que existir los medios”, acota Peverelli, hijo del fundador de O’Bahía. “Los más jóvenes estamos tomando la posta. Y puedo aseverar que esto mismo pasó en los restantes clubes. Pero lo más lindo de todo es que la gente asocie a Gualeguaychú con el Carnaval. Eso es un logro para nosotros, sus habitantes”.

Loca pasión

Si bien son cinco las agrupaciones en actividad, el sistema tiene como regla que solo tres de ellas compitan cada año. En este 2013, las que participan son Ara Yeví (del Club Tiro Federal), Kamarr (del Centro Social y Cultural Sirio Libanés) y Marí Marí (del Club Central Entrerriano), con la particularidad de que esta última, la que más ha ganado de todas y la que inauguró esta manera de celebrar el Carnaval, estará actuando fuera de competencia, por un problema económico que hizo que esta vez no crearan un tema nuevo, sino que apenas pudieran reciclar el que les dió su último triunfo el año pasado. 

Pero como no hay mal que por bien no venga, lo que le dio cierta épica a su salida fue el regreso a sus huestes de sus miembros más queridos: hablamos de Nelita Bermúdez de Irigoyen, quien fundó, en 1980, esta primera comparsa local y la bautizó Marí Marí, que en mapuche significa “Buen día, el amanecer”. 

En el galpón de su propia casa se cosían trajes y se confeccionó la carroza que ganó el primer premio del Carnaval de 1981, organizado ya a la usanza de los festejos de Río de Janeiro. Incluso la canción que se eligió fue una adaptación local del tema “Canta, canta minha gente”, del sambista carioca Martinho da Vila, que con el lema “Canta, canta linda gente” se sigue cantando hasta el presente, sea cual fuere la canción insignia de cada temporada. Desde ese momento, todo cambió en Gualeguaychú. Y también en el país, porque si bien “la alegría no es solo brasileña”, como canta Charly García, una buena parte de esa manera de honrar la vida se instaló en nuestra cultura. 

“Le dimos un giro y un estilo distinto a este carnaval al proponer un nuevo concepto de vestuario y la incorporación de los instrumentos de percusión, que no eran muy comunes en nuestra ciudad. Además, al ser una enamorada de la samba brasileña le quise dar esa onda”, confiesa Nelita a sus 78 años. Pasaron más de tres décadas para que volviera a ponerse al frente de Marí Marí. “Cuando la creé, no tomé dimensión del hecho. Luego, fui sintiéndola muy mía. Fue como la hija que no tuve, a la cual tenía que cuidar con uñas y dientes. Me siento muy orgullosa de ella. Gracias al refinamiento y al vuelo creativo, somos la más ganadora: en treinta y dos años obtuvimos veinte primeros premios”.

Cerca de su madre, Martín Irigoyen espera su turno para dar detalles de cómo funciona el carnaval modelo en la Argentina. “En este momento, el máximo de personas que componen una comparsa es de 265, pero hay que sumarle entre ciento cincuenta y  doscientas más, entre trabajadores, colaboradores y directivos”, enumera quien conoce este evento como pocos.

“Los trajes son diseñados por el director general de la comparsa y los bordan en el taller de vestuario, pero es difícil cotizarlos, ya que varían en relación con bordados o cantidad de plumas. Pero son costos muy elevados”, esgrime Martín, quien sí arriesga números si de carrozas se trata: “Cada una vale, aproximadamente,  $400.000. Tengamos en cuenta que cada comparsa debe realizar tres, más una cuarta donde desfila la banda musical”. Estas son diseñadas por la dirección de la comparsa y se fabrican con un equipo especializado en estructuras de hierro, esculturas, pinturas, decoración y ornamentación. 

La elaboración de las canciones es otro cantar (nunca mejor dicho). “El desafío que impone este carnaval es muy grande, porque el ítem ‘música’, además de ser juzgado y sumar puntos para la competencia, debe cumplir con el requisito de contarles a los espectadores la historia que representa la comparsa. Asimismo, es fundamental para que el desfile sea alegre y dinámico. En nuestro caso, contamos con 26 músicos: cuatro cantantes, cuatro vientos, bajo, guitarra, cavaquinho, teclado, bandoneón y trece percusionistas”, comenta Martín, y advierte: “Esto es una pasión; le dedico mucho tiempo de mi vida”. 

El hijo de Nelita lo dice con voz certera, lo que parece un bien de familia. Y eso camina de la mano con el orgullo de pertenencia que se respira en esta ciudad. Una pertenencia que es  más fuerte que hasta la misma competencia. Conviene venir en persona hasta aquí para comprobarlo. 

Radiografía 

El Carnaval de Gualeguaychú es un desfile competitivo entre tres comparsas que se disputarán el primer puesto del podio. Se premian nueve meses de gestación de un espectáculo que mueve millones de pesos. Son cinco comparsas –Marí Marí, Ara Yeví, Kamarr, Papelitos y O’Bahía–, que rotan de a tres (las dos restantes quedan un año fuera de competencia, cuando aprovechan para dar shows en distintos lugares del país). 

Esto se hace así por razones económicas, ya que se considera que el reparto de las utilidades no daría suficientes beneficios si se dividiera entre cinco. Solo desfila al año siguiente la comparsa ganadora. De este modo, cada temporada, dos de ellas “descienden” y su lugar lo ocupan las otras restantes. La tarea de evaluación está a cargo de un jurado, distinto cada fin de semana, que lo conforman prestigiosas figuras de la plástica, la danza y el arte nacional. El espectáculo genera cada verano un movimiento de divisas para la ciudad que se equipara, según declaraciones oficiales, al presupuesto anual municipal. Las entradas, por ejemplo, oscilan entre los $50 y los 120. 

Otros carnavales populares

•Salta: el desfile de máscaras, disfraces y carruajes son el elemento más llamativo de la celebración y el Valle Calchaquí es uno de los sitios más emblemáticos. Las personas participan de abundantes banquetes una vez terminados los juegos, para luego reponer energía y continuar con los bailes y los cantos. El festejo concluye el domingo posterior al Miércoles de Ceniza, cuando se hace un hoyo en el suelo, donde se entierra un muñeco que simboliza el espíritu del carnaval y al que se le arrojan ofrendas que se cree serán duplicados al año siguiente. 
•Corrientes: es la provincia que más influencia brasilera posee en su festejo de carnaval. El cincuenta por ciento de las comparsas están dedicadas a la percusión y el resto, al baile. Anteriormente, caravanas de vehículos decorados se paseaban por la ciudad presentando a las reinas barriales. Al finalizar los festejos, se elige a la Reina Nacional del Carnaval. 
•Córdoba: siguiendo el modelo del carnaval del Salvador, uno de los más populares de Brasil y el mundo, este año la provincia lo celebró con camiones equipados con sonido donde grupos musicales recorrieron un circuito de mil doscientos metros. A diferencia del carnaval bahiano, la música que reinó en las calles no fue el axé, sino el popularísimo cuarteto, de la mano de bandas como La Barra, La Fiesta, La Banda de Carlitos, Tru La Lá, Ulises Bueno, Jean Carlos y el infaltable Carlos “La Mona” Jiménez. La gran fiesta se llevó a cabo en los alrededores del estadio Mario Alberto Kempes.


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