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Naturaleza Pura


Por Revista Nueva.


Naturaleza Pura
En la llanura occidental de la provincia del Chaco, reina el Impenetrable, un enorme monte de más de 40.000 km2. Recorremos su tupida vegetación en estado virgen y entramos en contacto con la fauna típica del lugar y aborígenes que practican ritos indígenas milenarios.

En esta tierra, a la sombra fresca que dan los quebrachos en los veranos, los hombres de rostro curtido horadan con sus cuchillos los morteros de palo santo. En esta tierra, también, los yaguaretés de pieles moteadas se mueven lentos entre la espesura y los pecaríes arman sonoros festines en los lodazales. Vasto y profundo, el Impenetrable es un sitio abrumado por una naturaleza encantadoramente agreste.

Ubicado esencialmente en la llanura occidental de la provincia del Chaco, es un enorme monte de más de 40.000 km2 que debe su nombre a la tupida vegetación que lo caracteriza. De esa enorme extensión, algo más de una cuarta parte permanece aún en estado casi virgen, lo que lo convierte en un sitio ideal no solo para el ecoturismo, sino también para entrar en contacto con las culturas aborígenes dominantes de la región (tobas y wichíes), que desde hace más de medio milenio habitan esta zona de la Argentina.

La mejor manera de ingresar en el Impenetrable es a través de Roque Sáenz Peña, una ciudad de 30.000 habitantes que, por su ubicación estratégica y su población, es la segunda en importancia de la provincia después de Resistencia, capital del Chaco. Desde allí, hay dos alternativas para adentrarse en el monte: la primera es viajar hacia el este, siguiendo el pavimento de la ruta nacional 16 hasta los poblados de Pampa del Infierno y Los Frentones; la segunda opción es tomar la dirección al norte, por la ruta nacional 95, para llegar primero a Juan José Castelli y, luego, a la pequeña Villa Río Bermejito, recostada sobre la margen derecha del río homónimo. 

En ambos casos, dejar atrás estas pequeñas poblaciones significa ingresar en una geografía en la que los caminos son rumbos sinuosos de tierra consolidada, en los que es imprescindible el uso de vehículos de doble tracción.

Monte, río e infierno

En la última década, las propuestas vinculadas al ecoturismo y la aventura crecieron en el Impenetrable. Estancias y lodges, expediciones por el monte en 4x4, navegación por los ríos Teuco y Bermejito en lanchas o catamaranes, avistaje de flora y fauna, visitas a colonias aborígenes y noches de campamentos en la selva profunda forman parte de una variada gama de posibilidades en medio de un entorno imperdible para aquellos que gozan con el encanto de la naturaleza intacta. 

Ubicados en su mayoría en sitios cercanos a Roque Sáenz Peña, los alojamientos ofrecen contactos directos con el monte (puede intentarlo a través de cabalgatas, senderismos y paseos en sulky), todo ello como parte de una propuesta que permite disfrutar de la experiencia de instalarse cómodamente en una geografía que hasta hace muy poco tiempo resultaba un insalvable desafío para los viajeros. Incluso, hay estancias en donde es posible formar parte de la ceremonia Temazcal, un milenario rito indígena de acentuados rasgos espirituales, que combina elementos naturales con tradiciones y cantos ancestrales.

De los dos rumbos que pueden tomarse desde Roque Sáenz Peña, el del oriente es quizás el más indicado para vivenciar la experiencia de adentrase en el monte salvaje. Orillado al pavimento desparejo de la ruta 16 que lleva en esa dirección, el pequeño pueblo de Pampa del Infierno es una parada obligada antes de perderse en la espesura, ya que, luego, las poblaciones desaparecen como devoradas por la geografía inhóspita.

Allí, en Pampa del Infierno, es posible abastecerse de víveres en un viejo almacén ubicado justo enfrente de una plaza en donde un busto del general San Martín rompe apenas con la monotonía. Pasando el pueblo, un camino de tierra sale hacia el norte y zigzaguea entre quebrachos que comienzan a hacerse dueños del paisaje, trastocando los contornos del horizonte. De tanto en tanto, alguna gallina montaraz se cruza en el camino y despierta la quietud de ese rumbo en el que la soledad se hace palpable.

Tantanacuy

Nada hay hacia el norte, salvo monte y más monte, hasta que el camino desemboca en la Reserva Tantanacuy, un oasis ubicado en el corazón del Impenetrable. Esta reserva –su nombre en quechua quiere decir “reunión de personas”– constituye una experiencia única para gozar del sonido más puro de la naturaleza, pleno en las voces del monte profundo y los insondables cielos estrellados que caracterizan las noches despejadas. Aquí es posible alojarse y disfrutar de senderos que se internan en la geografía frondosa en los que es usual toparse con tatúes, osos mieleros, guazunchos, zorros y liebres. Asimismo, puede disfrutarse de los sabores de la gastronomía local, en especial los estofados de cabrito con papas, arvejas y calabazas dulces, condimentados con ajíes picantes de monte y preparados en ollas de hierro.

Más al norte, siguiendo la larga senda arenosa de la ruta Juana Azurduy y luego torciendo la dirección septentrional a partir de la localidad de Castelli, descansa la Villa Río Bermejito, sobre las aguas del río del mismo nombre. Esta villa balnearia es uno de los sitios emblemáticos del turismo en el Impenetrable, en especial por la inagotable fauna urdida por la proximidad con el río. Yacarés, loros y monos se pasean al alcance de cualquiera, listos para ser retratados con la cámara fotográfica de los visitantes que suelen navegar las aguas del Bermejito.

Varias cabañas, la mayoría arrimadas a la costa ribereña, ofrecen alojamientos por precios razonables y organizan visitas a Fuerte Esperanza, una histórica reserva natural de formaciones boscosas dominadas por el palo santo y el guayacán. En el verano, las temperaturas de la reserva pueden trepar hasta los cincuenta grados, y convierten la tierra en un sitio ajusticiado por el fuego. En esos días de ardor, ni siquiera las sombras de los quebrachos sirven para escapar del calor. En esos días de infierno, el Impenetrable parece aún más salvaje e inhóspito.  

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