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La ciudad del Amor


Por Revista Nueva.


La ciudad del Amor
¿París? No, Praga. Ubicada en el corazón de Europa, es uno de los destinos más románticos y mejor preservados del continente. Elevada al nivel de “madre” por sus habitantes, la capital checa desparrama arte, música y magia por todos sus rincones.

Faltan cinco minutos para las seis de la tarde y cientos de personas de todas partes del mundo están amontonadas debajo de la torre del Reloj Astronómico, en el antiguo ayuntamiento de la Ciudad Vieja. A su alrededor, los artistas callejeros musicalizan el momento y las estatuas vivientes cambian de pose cada vez que escuchan el ruido de una moneda. Cuando el reloj está por marcar las seis, todos contienen el aliento: unos segundos después, se repite la escena que ocurre veinticuatro veces por día desde 1410. En la torre se abren dos ventanas y las figuras de los doce apóstoles pasan y saludan a la multitud. Mientras tanto, la estatua de la Vanidad se mira al espejo, la Codicia sostiene una bolsa de dinero y la Muerte toca una campana. Cuando suena el último campanazo, los espectadores aplauden y el micromundo de la Ciudad Vieja de Praga sigue girando.

Los praguenses se refieren a ella como maticka Praha (“pequeña madre Praga”) y dicen, citando a Franz Kafka –uno de sus hijos más famosos–, que esa pequeña madre tiene garras. Es difícil no caer rendido ante los pies de Praga, y es más difícil aún intentar huir de ella. La ciudad, al igual que una mujer que se para frente a un espejo, puede ser admirada desde cientos de ángulos. Algunos la llaman “la ciudad dorada” o “la madre de las ciudades”; otros se refieren a ella según el estado de ánimo con que la miren. Praga es, para los enamorados, la ciudad del amor. Para los cineastas es el set perfecto. Para los nostálgicos es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa. Para los artistas, desborda de música y colores. Eso sí, todos coinciden: Praga es mágica.

La ciudad está situada a orillas del río Moldava y es la capital de la República Checa desde 1993, cuando la antigua Checoslovaquia se dividió. Su historia, sin embargo, empezó en el siglo IV. Fue la capital del Reino de Bohemia y durante los siglos XVIII y XIX, debido a su gran crecimiento económico y a su actividad cultural e intelectual, fue una de las capitales más importantes de Europa. En el siglo XX fue ocupada por el ejército de Hitler y bombardeada por error por las tropas estadounidenses; quedó bajo influencia soviética, sufrió represiones y fue el centro de la Revolución de Terciopelo durante la caída del comunismo. Praga vivió muchos acontecimientos históricos y siempre se mantuvo en pie, majestuosa.

Actualmente es la sexta ciudad más visitada de Europa y una de las veinte más visitadas del mundo. Su casco histórico fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992. Aquel que sienta la necesidad de visitar Praga debe saber dos cosas: por un lado, que la parte vieja de la ciudad siempre estará repleta de turistas fascinados por ella, razón por la cual habrá que aprender a compartirla. Por el otro lado, que bastará con salirse del circuito turístico, con olvidarse por un rato del mapa y dejarse llevar por sus callecitas y sus curvas, para sentir que la ciudad existe solo para uno.

Ciudad del arte 

El 135797531 fue el número elegido por los astrólogos y numerólogos reales como fecha idónea para comenzar la construcción del puente; por eso, el 9 de julio de 1357, a las 5.31 a. m., el mismo rey Carlos IV puso la piedra fundacional de lo que luego sería el Puente Carlos. El distrito de Malá Strana (zona que más tarde se convertiría en el sitio del Castillo de Praga) había sido fundado sobre una antigua aldea en la costa este del Moldava por el rey Otakar. Del otro lado del río, rodeada de muros y fortificaciones, se alzaba el Staré Mesto (hoy, Ciudad Vieja). Durante el siglo XIV, Carlos IV, rey de Bohemia y emperador romano, transformó a Praga en una capital imperial y ordenó que se construyera el Nové Mesto (Ciudad Nueva) sobre la costa este y que se erigiera el Puente Carlos para unir los distritos a ambos márgenes del Moldava.

Durante seiscientos años, el Puente Carlos soportó todo tipo de vehículos: la leyenda dice que su fuerza se la otorgan los huevos que se pusieron en la mezcla de la construcción. Después de la Segunda Guerra Mundial pasó a ser estrictamente peatonal y hoy es una pasarela –de 516 metros de largo y diez de ancho– de artistas callejeros y turistas. Lo mejor, para aquellos que prefieran la tranquilidad, es cruzarlo bien temprano, cuando el sol recién empieza a asomar. No importa si hace demasiado frío o mucho calor: es el único momento del día en el que el Puente Carlos está vacío. Luego se llenará de dibujantes haciendo retratos, de parejas sacándose fotos con el río de fondo, de músicos interpretando clásicos en instrumentos modernos y de turistas formando fila para acariciar las estatuas de bronce.

Praga es bohemia, exuda arte por los poros. Además de ser uno de los centros culturales y musicales de Europa, y sede de museos, galerías, cines, clubes de música y salas de concierto, es madre de grandes artistas y de obras reconocidas. Por sus calles vivieron y se inspiraron escritores como Franz Kafka, Milan Kundera y Jan Neruda. Mozart ocupó una casa al sur de Malá Strana y compuso Don Giovanni durante su estadía. David ?erný, artista checo contemporáneo, tiene sus esculturas –escandalosas para unos, geniales para otros– desparramadas por la ciudad. Hasta John Lennon tiene un muro en su honor. Tras su muerte, el ex Beatle se convirtió en un símbolo del pacifismo entre los checos jóvenes y su imagen fue plasmada en una pared repleta de graffiti políticos y dibujos pacifistas.

Praga es ecléctica y su mezcla de estilos se nota, ante todo, en la arquitectura. En la ciudad conviven movimientos de todas las grandes épocas: construcciones medievales en piedra, estructuras góticas, palacios renacentistas, paredes barrocas, edificios modernistas, casas bajas y antiguas, iglesias imponentes y sinagogas coloridas. Pero, a pesar de su diversidad, logra mantenerse ordenada y demostrar que su arte consiste, justamente, en mezclar distintos tipos de expresiones artísticas y seguir conservando su esencia.

Ciudad del amor 

Al igual que una mujer madura, Praga es experta en cuestiones del corazón. Sabe cómo enamorar con el romanticismo de sus tranvías, con la magia de sus paseos en barco o con sus carrozas tiradas por caballos. Inspira a las parejas a abrazarse en cualquier parque y a besarse en todos los puentes. El amor, en Praga, es parte inseparable del paisaje urbano. Muchos viajan a ella solo para sellar su relación: algunos se casan en sus iglesias y otros, los más jóvenes, cierran candados con sus nombres en las barandas de los puentes y tiran la llave al río para demostrar que su unión será eterna. ¿Cuántas llaves habrá en el fondo del Moldava? ¿Cuántas promesas guardará Praga dentro suyo?

De noche, la ciudad muestra su costado más seductor. Sabe cómo iluminarse para verse bien y cómo marcarle el camino a quienes la quieran descubrir. Con la promesa de jazz, cerveza y absenta –la bebida de artistas–, invita a conocer su mundo subterráneo de bares y clubes. Con la promesa de historias de fantasmas, invita a hacer paseos temáticos nocturnos. Con la promesa de romanticismo, invita a las parejas a caminar por sus puentes y a perderse entre la música de los violines. Si Praga está ubicada en el corazón de Europa, ¿cómo no va a ser la ciudad del amor?

Su alma, sin embargo, está día y noche en el centro de su Ciudad Vieja. Aquel cuadrado fue el mercado central hasta principios del siglo XX y es el espacio público principal de la ciudad desde el siglo X. A primera vista, puede parecer una Babel moderna: desborda de gente que habla todas las lenguas conocidas y ocupa todos los rincones disponibles. Por eso, ese sitio de la ciudad es un lugar para abstraerse de las palabras y sentarse a observar. Ahí “conversan” los idiomas universales: el de los colores, el de la música, el de la arquitectura, el del arte… el del amor. Y, veinticuatro veces al día, el Reloj Astronómico recuerda con sus campanadas que Praga debe ser disfrutada ahora: solo él, inmune al paso del tiempo, podrá vivir eternamente dentro de su pequeña madre Praga.  

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