ENTREVISTA


“No me gusta estar expuesta todo el tiempo”


Por Ana Claudia Rodríguez.


“No me gusta estar expuesta todo el tiempo”
Florencia Raggi sigue dando buenos pasos en su carrera. Ahora, protagoniza la nueva película de Adrián Caetano, en la que encarna a un personaje extremo y violento. Pero la actriz, en la vida real, está en las antípodas: se muestra relajada, madura y “bastante satisfecha” con sus cuatro décadas, su perfil bajo y su familia con Nicolás Repetto.

Son las tres de la tarde en San Isidro. El sol está alto y cae vertical sobre la residencia amplia y luminosa que tiene Florencia Raggi en este rincón de la provincia de Buenos Aires. En una de las habitaciones de la casa, en la planta baja precisamente, la biblioteca define, de alguna manera, a esta actriz de piernas larguísimas. Los autores que allí figuran van desde Juan José Saer, Alessandro Baricco y Maitena hasta libros sobre el Che Guevara y varios manuales de yoga. Son las primeras pistas de una mujer polifacética que reemplazó la pasarela por la actuación a sus 23 años (hace diecisiete ya), y que hoy maneja con soltura, y siempre que puede, su presencia en las salas de teatro, en las de cine, y en los estudios de televisión. 

La pantalla grande es ahora el motivo de la charla, porque en este mes se estrenó la película Mala, de Adrián Caetano, que protagoniza junto a Brenda Gandini, Juana Viale, Ana Celentano y María Dupláa. Este thriller melodramático gira en torno a Rosario (encarnada por Raggi), una justiciera que mata por dinero a hombres golpeadores y abusadores. 

“No soy extremista. Es muy divertido hacer tele, es un ámbito que me gusta… Asimismo tiene cuestiones un poco crueles en relación con los tiempos, el éxito, la inmediatez, lo cambiante”.

–En cierta ocasión dijiste que tus personajes te ayudan a sacar a la luz y drenar partes ocultas propias. ¿Cómo fue la experiencia en este caso?
–Claramente, Rosario es una mujer violenta. Tiene la agresividad muy a flor de piel, a pesar de que también es dueña de una gran vulnerabilidad, lo que enriquece al personaje. No es solo una desatada. Hasta ahora, tal vez había trabajado más la vulnerabilidad en los personajes, y no tanto la agresividad. Así que tuve que encontrar desde el principio dónde habitaba en mí esa agresividad y analizar cómo trasladarla al personaje. 

–¿Y dónde la encontraste, Florencia?
–Eso es muy sutil y se da casi de manera inconsciente. Se despierta de manera insólita. No es que me levanto un día y digo: les voy a pegar a mis hijos (risas). Para mí actuar es un juego y me parece muy estimulante y divertido jugar a hacer personajes extremos.

Florencia empieza a escurrirse en las respuestas. Es sabido que no le gusta hablar de sí misma y que tanto ella como su pareja (el conductor Nicolás Repetto) intentan mantener al máximo su intimidad. En 2007, por ejemplo, y con trece años de camino compartido, contrajeron matrimonio sin que se hiciera público. Solo después de un año el episodio salió a la luz. Lo opuesto ocurrió cuando se conocieron, bajo los focos del programa Nico, donde el animador la entrevistó… y se enamoró a primera vista. Desde entonces, no se separaron (él está en la casa durante la entrevista y también durante la sesión de fotos).

–¿Cómo solés preparar los personajes?
–Me gusta tener el tiempo para conocerlos lo más posible, con la información del guión primero y las charlas con el director. Si hace falta, me preparo físicamente para estar más entrenada. Cuando tuve que manejar armas, por ejemplo, hice una clase de tiro al blanco; en este caso, mi personaje no mata con armas de fuego, pero sí sabe de enfermería, así que fui a la Cruz Roja para que me dieran un seminario de primeros auxilios.

Cuanto más pueda transitar, previamente, situaciones que vivió el personaje, mucho más rico resulta luego, porque después en la película es tan sutil y tan pequeño lo que va a quedar que cuanta más carga, imágenes, ideas y sensaciones le ponga antes, mucho mejor. Eso me hace sentir muy tranquila porque siento que soy el personaje. Y más, con directores como Adrián, que trabaja mucho con la improvisación.

–En la película Cómplices del silencio, interpretaste a una militante combatiente en los años de la dictadura. ¿Cómo volvés a tu eje en esos casos?
–A mí me sirve alejarme, viajar para adentro, para afuera. 

–¿Viajar hacia adentro?
–Uno puede estar aquí, en su casa, y tomar distancia. Para mí esa es la clave: tomar distancia de las cosas me hace bien, me hace volver al eje, porque me permite ver todo con más objetividad. 

–En tu biblioteca se ven algunos libros de yoga. ¿Es una de tus herramientas para restablecer tu equilibrio?
–Hago yoga desde que tengo 18 años... Cualquier cosa que te permita estar con vos mismo, ya sea el yoga, practicar tenis o estar mirando la tele abstraído… Cualquiera de esas cosas hace bien. 

–Volviendo a la actuación, ¿hasta qué punto uno puede elegir papeles en la industria cinematográfica argentina?
–Uno siempre puede elegir. El tema es si te ofrecen las cosas que te gustan tan seguido como vos querés. Eso es lo difícil. 

–En el caso de Rosario, ¿por qué aceptaste interpretarla? 
–Porque admiro mucho al director. Leí el guión y me pareció muy original, me atrapó. Sentí que tenía las armas o los matices para hacerlo, para aprender y crecer con ello. 

“Soy tenaz: cuando quiero algo, lo busco sin parar. En algunas situaciones, quise ser más decidida, estar más segura de lo que siento o lo que quiero. Pero cada vez más creo que lo estoy. ¿De eso se trata, no? Cuanto más decidido seas, mejo

–¿Qué personaje de los que interpretaste hasta ahora te gustó más?
–Muchos. En cine, Ana Ramírez, de Cómplices del silencio. Me gustaba mucho porque era muy amorosa y tenía sus ideales bien plantados. Sentía que estaba representando a una parte de la Argentina que fue así. Era un personaje precioso, también una heroína. Es maravilloso hacer papeles de mujeres fuertes que pelean y que tienen contradicciones. En cambio, Victoria, de Tres deseos, no era una mujer tan fuerte: se callaba lo que sentía y lo tenía menos claro. Fue muy interesante, porque era una película más introspectiva, de diversos climas, no tanto de acción. Fue un reto actoral porque había que mostrar mucho con muy pocas palabras. 

La chica de la tele

Florencia selecciona cada una de sus palabras. Se concentra en el discurso, eligiendo cada frase como quien busca un libro concreto en una biblioteca inmensa. Hay largos silencios en los que casi se la oye pensar. Y durante la charla se alternan respuestas que ella transita como si fueran campos sembrados de minas, con otras ligeras en las que regala carcajadas iluminadas por una hilera de dientes blancos.  

En cuanto al futuro, en el horizonte cercano aparece la participación en una obra de teatro del director Marcelo Moncard (con quien ya trabajó el año pasado), y en una película de los hermanos Dawidson. Ella admite que lo que más le gusta es el cine, y que “estaría todo el tiempo filmando”. Hace un tiempo declaró que le encantaba la maternidad (tiene dos hijos: Renata, de 13, y Francisco, de 11), y que se pasaría la vida embarazada y dando a luz.

–Si no hubieras sido actriz, ¿habrías volcado en tus hijos toda tu energía?
–No, algo habría hecho. Sería insoportable y yo misma no me aguantaría. A los 15 años ya trabajaba, así que siempre fue notoria mi necesidad de tener mi propia actividad. Tal vez me habría inclinado por la psicología, la antropología o la producción. 

–¿Cómo combinás el rol de actriz con el de madre?
 –Creo que lo que facilita las cosas es que disfruto de los dos roles. Sin embargo, si hay un período largo en el que no consigo el trabajo que quiero, me pongo más exigente, más ansiosa, y no disfruto tanto de mis hijos. Esas situaciones son una prueba para darme cuenta de que, en cada momento, tengo que disfrutar de lo que tengo. Y hay que sincerarse: no seré la profesional que más actúe ni la mamá de América. Hago lo que puedo. Y esto lo puedo decir ahora, años atrás tenía más conflictos en este tema (risas).

–Te relajaste…
–Sí, y maduré. Me llevó mucho trabajo –y me lo seguirá demandando– aprender a poner cada cosa en su lugar y poder descubrir qué es lo que quiero. Creés que tenés que alcanzar tal lugar y luego te das cuenta de que no es tan así… 

–Sos parte del mundo del espectáculo, pero a la vez mantenés cierta distancia. Intentás que tus hijos estén al margen de  los medios, pero sos una mujer mediática. ¿Cómo se puede explicar esa combinación?
–A mí me gusta un oficio que es de exposición, pero no me gusta estar expuesta todo el tiempo. Trato de manejarlo con la mayor conciencia, valentía y paciencia que eso exige. Pasan cosas buenas y malas estando y no estando expuesta. 

–Alguna vez dijiste que en la tele eras un bicho raro…
–¡No, no! No soy extremista. Es muy divertido hacer tele, es un ámbito que me gusta… Asimismo, tiene cuestiones un poco crueles en relación con los tiempos, el éxito, la inmediatez, la vorágine, lo cambiante. Eso resulta un poco áspero para transitar, pero cuando el programa funciona, todo es maravilloso (risas).

Ping pong

Le preguntamos a Florencia si su personalidad hace honor a los astros y si se cumplen en ella los tópicos del horóscopo. Esto contestó, divertida:

•¿Emocional? Sí, sin duda. ¿Y cómo lo llevas? ¡Con placer! Es maravilloso ser emocional, estar latente todo el tiempo. Para mí es la raíz de todo. Si las cosas no te emocionan, estás muerto. 
•¿Decidida? Más que decidida, soy tenaz: cuando quiero algo, lo busco sin parar. En algunas situaciones, quise ser más decidida, estar más segura de lo que siento o lo que quiero. Pero cada vez más creo que lo estoy. ¿De eso se trata, no? Cuanto más decidido seas, mejor. Tal vez estés equivocado, pero es tu decisión, tu verdad.
•¿Poderosa? Creo que sí. Poderoso en el sentido de que tenemos potencia. Me junto con otros escorpiones y veo lo mismo. ¿Alguna vez te ha dado miedo esa potencia? Sí, a veces sí. 
•¿Celosa? Antes era muy celosa y lo trabajé. ¿Nicolás te da motivos? ¡No, si me diera motivos, sería re celosa! (se ríe). Lo que sí creo es que es importante saber que uno no compró al otro ni que todo está asegurado. No hay que dormirse en una relación.  
•¿Compulsiva? No, para nada.
•¿Obsesiva? Un poquito (se ríe). ¡La obsesión es la prima hermana de la tenacidad!
•¿Resentida? No, pero por la simple razón de que elijo no serlo: el que está resentido está comiendo veneno. Voy a hacer siempre lo posible para que se me pase porque eso no me lo quiero quedar.

Backstage 

“Hola, soy Flor”, se presenta esta escorpiana de 40 años cuando abre la puerta de su casa para recibirnos. Está descalza y sonríe, con esa expresión aniñada y simpática que desarma al interlocutor por su cercanía. Lleva un vestido blanco y ligero hasta los pies, que subraya la piel morena de su cuerpo espigadísimo. Pisa el pasto del jardín como etérea mientras sigue las indicaciones del fotógrafo. Y al minuto, cuando la cámara está a punto y la indaga, emerge la actriz que se mueve como una pantera, que perfora el objetivo sin pestañear. En ese momento, sí, está la mujer poderosa y fuerte, la escorpiana capaz de generar un vendaval de emociones con el roce de su mirada. Durante la entrevista, en la que ofrece gaseosas light, pasas de uva y frutos secos, estira sobre un sofá de cuero blanco sus interminables piernas, que juegan al ritmo del diálogo: a veces están quietas; otras, ruzadas como un chino. Natural. Cien por ciento Raggi.



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