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El mayordomo más querido


Por Pablo Montagna.


El mayordomo más querido
Jorge Sassi atraviesa uno de sus mejores momentos como actor, al interpretar a un personaje entrañable en una de las tiras más exitosas de la pantalla chica que ya se está despidiendo. Aquí, el santafesino habla de cómo construyó a Emilio Mejía y por qué tuvo tanta aceptación en el público.

Jorge Sassi es santafesino y resultará inevitable que, en ciertos momentos, se le cuele ese estilo provinciano, ya sea en su forma de hablar o incluso de vestir. Antes de la nota, nos pone una condición. Una sola, sí: lucir su propio vestuario y no el del personaje de turno que le toque interpretar. “Porque pierde la magia”, revela. 

Digamos que el personaje de turno no es uno más. Por estos tiempos, está grabando los últimos capítulos de Dulce Amor. Allí encarna a Emilio Mejía, el mayordomo gay de “las Bandi”, en la exitosa telenovela (acaso, la que significó el regreso del clásico “culebrón” a la pantalla chica argentina).Y, al César lo que es del César, Sassi se luce como casi ningún otro colega en la tira encabezada por Juan Darthés, Sebastián Estevanez y Carina Zampini. Es la perlita, la “revelación”, muy entre comillas, ya que carga con varios años de trayectoria sobre sus espaldas. De hecho, se ganó enseguida el cariño del público, incluso antes de alguno de los protagonistas.

Luego de una jornada corta de grabación (de solo tres horas, cuando, por lo general, le demanda gran parte del día), nos atiende en el buffet de los estudios ubicados en la localidad de Martínez (Buenos Aires). Y podría hablar de sus cuarenta años de su profesión. O de cómo, a los 8 años, su madre lo llevó a formar parte de un pesebre viviente y, a partir de ese momento, nunca más quiso dejar el escenario. Pero no. Él prefiere hablar de cómo edificó la relación entre su yo y su otro yo. Una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. O, mejor dicho, del actor Jorge y el mayordomo Emilio.

“Nunca había hecho un personaje de esas características, ni en televisión ni en teatro. Sí quizás algo en una película”.

–¿Qué te sorprende más: el éxito de tu personaje o el de la tira?
–Una cosa es consecuencia de la otra. Este es un personaje que tenía agazapado y que tenía ganas de encarar. Nunca había hecho un personaje de esas características, ni en televisión ni en teatro. Sí quizás algo de ese estilo en la película A dos aguas (N. de la R.: Película de Carlos Olguín, estrenada en abril de 1987). Pero poder expresarlo como lo hago aquí y como me lo permitió Quique Estevanez, el productor, está muy bueno.

–Cuando se pensó hace unos años esta tira, fuiste uno de los primeros convocados. Después se demoró, pero vos seguías estando en el proyecto. ¿Siempre te imaginaron en este rol?
–No, en un primer momento, iba a ser el secretario privado de Victoria, el personaje de Zampini. Ella era la empresaria exitosa y tenía a su secretario, que vendría a ser yo. Luego, Quique me propuso que fuera mayordomo y que hiciera lo mismo, pero en la mansión Bandi. Él se relaciona de manera diferente con cada una de las mujeres del clan. Es como que Emilio se multiplica.

–¿Te sorprendió el protagonismo que fuiste cobrando?
–Lo tomé con agradecimiento y alegría, ya que me permitió profundizarme como actor. Es decir, las cuestiones que maneja un actor para cumplir un rol, armar un personaje, pasar de la comedia a una escena dramática, al llanto, la risa… Lo pensé y lo armé mucho: no quería que tuviese chabacanería. Tuve mucho cuidado en no bastardearlo ni en hacerlo quedar como un hombre vulgar. Sí quería que fuese un hombre de buenas costumbres, pero que, al mismo tiempo, tuviese encubierta la esencia de barrio. 

–¿Y en la calle? ¿Cómo te tratan?
–Me hablan mucho de la tira. Hay familias que me gritan “¡Emilio!” y pienso: “Qué abierta está la gente para reconocer y felicitar a un personaje gay”. Comparo esto con cuando estuve en Amo y señor (N. de la R.: Popular telenovela argentina emitida en 1984 y protagonizada por Luisa Kuliok y Arnaldo André), que causó enorme repercusión por combinar dosis poco usuales, para los parámetros de la época, de erotismo y violencia física. Yo vivo mucho la calle, vivo el barrio, soy muy relajado. Vivo en el mismo barrio de siempre, no agito la histeria, no me escondo, no ando con anteojos oscuros, y eso me lleva a una relajación. 

–¿Qué tiene Jorge de Emilio?
–A Emilio le cuesta mantener un secreto, lo sufre. En cambio, Jorge es un gran guardador de secretos. Emilio tiene mi costado femenino puesto de manifiesto al máximo, y está mezclado con la picardía de mi niño interior.

–¿Para un actor es difícil hacer de gay?
–Lo hablé con colegas y concluimos que las mujeres que tienen que hacer de lesbianas tienen más limitaciones y complicaciones. Para el hombre es más fácil. Emilio tiene esa veta cómica de abrir el closet, más open minded. 

–Decías que te llamaba la atención la aceptación del personaje gay en la sociedad. ¿A qué creés que se debe?
–Considero que responde a los avances que hubo en cuanto al matrimonio igualitario, a los derechos humanos, y a esto de que homosexuales y heterosexuales se acepten mutuamente. Por mi parte, a Emilio lo cuido mucho, es como un auto de colección.

–Que no sea tan afeminado, ¿ayuda a esa aceptación?
–Puede que sí, pero no es algo que me haya propuesto para que no estuviese en riesgo su aceptación. El que no sea tan así está vinculado a que es algo que elegí como actor, que responde a los gays de otra época, de los sesenta o setenta, que eran más señores. En Twitter, donde tengo casi veinte mil seguidores, siento mucho el apoyo de la gente.

–La profesión de actor es cambiante. Hoy se puede triunfar y después pueden pasar años sin que te llamen para un proyecto. ¿Cómo hacés para mantenerte?
–Con tranquilidad. Yo venía de hacer Valientes, donde interpretaba a Montefusco. La tira es muy agotadora, descansé casi un año para retomar con una ficción. Pero se puede vivir sin televisión y se puede vivir con o sin éxito. Uno tiene que ser un ser humano exitoso. Igual, el éxito y el fracaso son dos impostores. 

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