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Barcelona y sus mundos


Por Revista Nueva.


Barcelona y sus mundoLa capital de Cataluña está repleta de pequeños mundos. Cada barrio tiene personalidad y atmósfera propia: el Gótico es medieval, el Raval es multicultural, Gràcia es bohemia. La ciudad tiene todo lo que un amante de lo urbano necesita: mar, montañas, historia, mercados, festivales, vida nocturna y mucho arte.

Barcelona habla. No solo habla: grita, expresa su modo de ser a través de sus paredes, de sus murales, de sus graffiti, de sus carteles, de sus habitantes. “Otro mundo es posible”, promete un mural del Raval; “Al fin y al cabo, el único sentido de la vida es sentir”, filosofa la pared de una cancha de fútbol; “Rebajas, 50% off”, anuncian las tiendas de La Rambla; “El gran circo de la democracia”, denuncia un afiche en la Barceloneta; “¿Es ilegal el ave que migra?”, se pregunta una puerta en el Poble Sec; “Cerveza fría un euro amigo”, repite incansablemente un vendedor callejero convertido en la estampa de una remera. Barcelona está en diálogo constante consigo misma, forma parte de una interminable conversación que se da en las paredes y en las bocas de sus habitantes hace más de dos siglos.

En la capital de Cataluña caben tantos mundos distintos que es imposible definirla bajo un solo título: sus barrios son tan diferentes que pueden ser vistos como islas interconectadas. Es una ciudad que tiene todos los ingredientes, cada uno en la dosis justa: es grande pero todo queda cerca, tiene mar de un lado y montañas del otro, arte callejero y arquitectura vanguardista, casas antiguas y construcciones modernas, centros comerciales y mucha vida nocturna, está repleta de espacios verdes y tiene uno de los mejores sistemas de metro y de bicicletas públicas del mundo. Algunos aseguran que Barcelona es “una novia que pide mucho y da muy poco a cambio”; para otros es una “carcelona” que atrapa para siempre. Nadie puede mantenerse indiferente frente a esta ciudad que no se queda callada ni cuando duerme.Sin mapa por La RamblaBarcelona invita a ser recorrida de la mejor forma en que puede ser conocida una ciudad: caminando. Las distancias son cortas, las veredas son cómodas y entre el punto A y el punto B hay tantos detalles para ver que cualquier transporte motorizado hace que lo mejor de la ciudad pase desapercibido. Aunque sería injusto afirmar que lo más interesante está solo en el camino: A y B son tanto o más deslumbrantes que la ruta que los une. Barcelona es una ciudad en la que tanto el camino como el destino final generan sorpresa y admiración. Duda ineludible a la hora de conocer Barcelona: ¿usar el mapa o dejarse llevar? Consejo: aprenderse el mapa, ubicar los distintos barrios y luego dejarse llevar por los interminables recovecos de la ciudad…

En Barcelona todo empieza en La Rambla, un boulevard de 1,25 kilómetros que une el Port Vell (el antiguo puerto) con Plac?a de Catalunya (la plaza central de la ciudad). Si bien La Rambla es la calle más turística de la ciudad, no puede no ser visitada. En ella se resumen muchos aspectos de la Barcelona moderna: los artistas callejeros y las estatuas vivientes pueblan la vereda, el Mercat de la Boquería ofrece todo tipo de comidas, las grandes tiendas siempre ofrecen alguna promoción y las iglesias y los teatros llaman la atención por su arquitectura medieval y modernista. La Font de Canaletes atrae a culés (fans del Barça) y a turistas por igual: unos la usan como punto de festejo y los otros creen en la leyenda que dice que aquel que beba de su agua regresará a Barcelona.

La ciudad tiene más de dos mil años de historia: en el 218 a. C. fue tomada por los romanos y rebautizada Barcino, en el siglo II fue amurallada por orden del emperador romano; recién en 1854 sus paredes medievales fueron demolidas y Barcelona comenzó a expandirse. La Rambla es una espina dorsal que divide a la Ciutat Vella (la antigua ciudad amurallada) en dos. Como en un “Elige tu propia aventura”, en la Rambla hay dos opciones: hacia el este, el mundo medieval del Barri Gòtic; hacia el oeste, la multiculturalidad del Raval (el barrio de inmigrantes).
Muchos eligen transportarse a otro siglo y empezar a desmenuzar el alma de la ciudad por el Barrio Gótico, una zona de callecitas laberínticas, construcciones medievales y restos romanos.

Ahí es común encontrarse, por ejemplo, con cantantes callejeros de ópera, imágenes de Sant Jordi –el patrono de la ciudad–, restos de la muralla romana, banderas catalanas colgando de los balcones y hasta con un grupo de gansos viviendo en la Catedral.
En el Raval, en cambio, el aire que se respira es multiétnico. Abundan los puestos de kebabs y de comida india, en las puertas de los negocios hay leyendas en árabe y en hindi, en las conversaciones de la gente se deja entrever el acento colombiano, ecuatoriano y venezolano. El fútbol manda y la vida parece fluir afuera, en la calle. El Raval tiene su propia Rambla, un pequeño boulevard donde se sirve té de menta y se escuchan charlas en árabe. Barna y su arteEn Barcelona todos los caminos conducen a alguna obra de Gaudí, el principal referente del modernismo catalán. De las diez obras arquitectónicas que Antoni Gaudí (1852-1926) dejó en la ciudad catalana, siete fueron nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Están dispersadas por distintos barrios y todas tienen algo en común: ese sello gaudiano que hace frenar en seco del asombro y abrir la boca de admiración. Si Barcelona es famosa por los carteristas, la culpa es de Gaudí: es imposible no abstraerse mirando sus obras y olvidarse del mundo exterior. Su obra cumbre es La Sagrada Familia, una iglesia a la que Gaudí dedicó la última parte de su vida y que está en construcción hace más de cien años. Está ubicada en el barrio de L’Eixample, cerca de la Casa Batlló y la Casa Milá (La Pedrera), otras obras cumbres del artista.

Al estar erigida entre montañas, Barcelona tiene muchos barrios ubicados “arriba”.  Subir las calles puede ser agotador, pero tiene sus recompensas. El Parc Güell, por ejemplo, es una ciudad-jardín en miniatura diseñada por Gaudí a pedido de su mecenas, Eusebi Güell. Está ubicado en El Carmel, un monte del barrio de Gràcia, y tiene vistas impagables de la ciudad. Hasta 1897, Gràcia fue un pueblo separado de Barcelona, reconocido por su industria y sus ideas republicanas y liberales. Hoy es una de las zonas más bohemias y artísticas de la ciudad y, si bien pasó a ser un barrio más, sigue conservando su aura de pueblo, con sus plazas, su centro y sus festivales. Cada techo de Barcelona contiene un mundo aparte: Montjuïc, uno de los dos montes que enmarca a la ciudad, es un barrio con mucha historia. Se cree que su nombre quiere decir “Monte de los judíos”, ya que allí se encontró un cementerio judío.

En 1929, algunos de sus espacios se urbanizaron, y en 1992, gracias a que Barcelona fue sede de los Juegos Olímpicos, Montjuïc se convirtió en un centro deportivo y cultural, y varios sectores de Barcelona fueron reconstruidos. Con vista al Mediterráneo y al puerto, es un espacio verde con atractivos tan disímiles como obras de Joan Miró, un palacio y una enorme colección de cactus.
Durante mucho tiempo la ciudad le dio la espalda al mar, pero después de los Juegos Olímpicos de 1992 Barcelona estableció una relación íntima con su costa. El antiguo puerto se convirtió en una zona de ocio y paseo, las playas comenzaron a poblarse de gente y el Puerto Olímpico se transformó en una zona de bares y restaurantes.

La Barceloneta, una península construida con tierras ganadas al mar, pasó a ser la marca registrada de la zona: calles tan angostas que desde una misma esquina se pueden ver tres paralelas a la vez. Si bien, oficialmente, Barcelona habla catalán, la ciudad también se expresa en otras lenguas. Su estilo arquitectónico transmite los ideales vanguardistas de la ciudad, las construcciones antiguas cuentan su historia, los espacios verdes muestran su amor por la naturaleza.
Y si bien Barcelona es una ciudad que pretende seducir por los ojos, no hay mejor manera de conocerla que tomándose el tiempo de escucharla.
Ciudad inagotable titulo

En Barcelona siempre hay cosas para hacer, barrios para recorrer y arte para admirar. El Palacio de la Música Catalana, construido entre 1905 y 1908 por el arquitecto modernista Lluí?s Dome?nech i Montaner, es un auditorio de música. Es Patrimonio de la Humanidad y está ubicado en La Ribera, barrio donde también se encuentra la Catedral del Mar, de estilo gótico. Si hay algo que abunda en la Ciutat Vella son las plazas: la Plaça dels Àngels es ideal para observar a los skaters que practican frente al MACBA (Museo de Arte Contemporáneo), la Plaça Reial está pensada como un espacio para picar algo. La más misteriosa (y oculta) es la pequeña Plaza de San Felipe Neri: tiene una fuente en el medio y la fachada de su iglesia muestra las marcas del bombardeo realizado por la aviación franquista durante la guerra civil española. Otras opciones imperdibles: ver un partido del Barça en el Camp Nou, picar algo en el Mercado de la Boquería, subir al monte Tibidabo y ver las luces nocturnas de la fuente de Plaça d’Espanya, en Montjuïc.


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