ACTUALIDAD


El amor en clave literaria


Por Agustina Tanoira.


El amor en clave literaria 

En su último libro, el historiador Daniel Balmaceda no solo revela sorprendentes hallazgos de la vida amorosa de los escritores más renombrados, sino que sigue apostando por una forma más humanizada de leer la historia.

Aunque periodista de profesión, su gran predilección siempre fue la historia. Por eso, un día, Daniel Balmaceda abandonó las redacciones y los cierres frenéticos y se sumergió en indagar sobre los vericuetos del pasado para echar luz a sus cuestiones menos conocidas. Entonces, devino en historiador y escritor que ya lleva vendidos más de 300.000 ejemplares. De su pluma surgieron varios títulos, entre los que se destacó Romances turbulentos de la historia argentina, un éxito editorial donde se dio el lujo de desgranar la vida íntima de los hombres que hicieron nuestra patria. 

Ahora vuelve a descollar con Romances argentinos de escritores turbulentos (Sudamericana), un libro ágil y entretenido donde es posible perderse en un laberinto de enredos geniales, como el de Oliverio Girondo y Jorge Luis Borges, que amaron a la misma mujer –algo que también les ocurrió a Octavio Paz y a Adolfo Bioy–, o el de Horacio Quiroga y Benito Quinquela Martín, que se detestaban entre sí y aspiraban al amor de Alfonsina Storni. También es posible enterarse de que esta última y Salvadora Onrubia fueron madres solteras en Rosario y de que Borges fantaseó con suicidarse por amor. En Romances argentinos…, además de develarse con pelos y señales la vida sentimental de los grandes de las letras argentinas, el romance y la literatura se integran para revelar detalles geniales y sorprendentes del amor en las primeras décadas del siglo XX. 

–¿Cómo surgió la idea de escribir un libro acerca de los romances argentinos de escritores turbulentos?
–Estaba trabajando en la investigación de historias románticas para empezar a darle forma a un nuevo libro. Las personalidades eran variadas, no solo por el tiempo en que vivieron, sino por sus actividades, bien dispares. Pero en un momento, cuando ya había recopilado información para unos veinte capítulos, me di cuenta de que el libro estaba desbalanceándose: muchas historias se relacionaban con escritores. A partir de allí, concentré mi trabajo en ellos.

–¿Por qué “escritores turbulentos”?
–Por supuesto, por un juego de palabras que permitiera relacionarlo con Romances turbulentos de la historia argentina, que escribí hace años. Pero además, si hacés un recorrido por los protagonistas de este libro, no hay duda: Arlt, Quiroga, Bioy, Alfonsina, Lugones, por nombrar solo a algunos, eran muy pasionales, en sus letras, en sus vidas y en sus amores.

–¿Qué romance te resultó el más apasionante y por qué?
–Cuando escribís ochenta historias de amor, es muy difícil elegir alguna en particular. Podría ser la relación de Neruda y Delia del Carril, por la importancia que tuvo en el desarrollo del escritor. O la de Lugones con Emilia Cadelago, por el contenido de las cartas. El de Norah Lange y Oliverio Girondo me gustó por la manera en que se conocieron. También es imperdible el romance de Saint-Exupéry y Consuelo Suncín en medio de la revolución que derrocó a Yrigoyen.

–Hay algunos personajes que son conocidos por sus vidas sentimentales, como las de Bioy, un famoso seductor empedernido. ¿Quiénes te sorprendieron?
–Quiero aclarar que al sentarme a escribir, siempre dejo de lado el prejuicio de que los relatos puedan ser más o menos conocidos. Por ejemplo, en uno de mis libros escribí la historia del reparto de escarapelas el 25 de mayo, que es muy conocida, pero no por eso cierta. Respecto de cuáles me sorprendieron, son varias. Una de las tantas es la de Conrado Nalé Roxlo, cuando quiso suicidarse por amor y pretendió ahogarse en una laguna de setenta centímetros de profundidad. 

–¿Hiciste una selección de romances o publicaste todo lo que encontraste?
–Los romances que quedaron afuera de este libro fueron aquellos que, según mi criterio, no guardaban armonía con el conjunto. Romances argentinos de escritores turbulentos son historias que involucran a decenas de poetas, cuentistas y prosistas, en un gran cantidad de capítulos. 
–¿Entonces, el criterio fue que hubiese una armonía entre las historias?
–Sí. Es fundamental que todas se integren de manera natural en el libro. Las que no funcionaban con el conjunto quedaron marginadas. Ya habrá oportunidad de resucitarlas.

–¿De qué documentos te valiste para hacer la investigación?
–De muchas fuentes. Sobre todo, de excelentes biografías, de la propia obra de los escritores (que ofrece muchas pistas sobre su historia pasional), de ensayos, cartas, algún expediente judicial, entrevistas y notas periodísticas, más información provista por fuentes calificadas.

–¿En cuánto tiempo escribiste el libro?
–No podría establecerlo con precisión porque hay historias que ya las tenía elaboradas en la cabeza desde hace mucho tiempo. Ahora, si hablamos del momento en que me senté a escribir, puedo ser más preciso. Escribirlo me llevó poco más de tres años.  Y no fue fácil porque cada uno de los setenta capítulos debía tener su comienzo, su desarrollo y su desenlace. Fue mucho esfuerzo, pero estoy seguro de que el lector quedará agradecido.
 
Vidas íntimas

En esto de ventilar los trapitos al sol, fueron muchos los escritores que llevaron a la literatura sus propias historias de amor. Tal es el caso de Horacio Quiroga que en su cuento “Una estación de amor” relata los pormenores de su inestable romance con María Esther Jurkowsky. También, el de Lugones, que en El libro fiel manifestaba sus sentimientos hacia su mujer, Juana González, luego de quince años de matrimonio. Y el de Norah Lange, que en 45 días y 30 marineros relató su viaje a Oslo para olvidar a Girondo, y a cuya presentación asistieron sus amigos –Emilio Pettoruti, Pablo Neruda y Conrado Nalé Roxlo, entre ellos– vestidos de marineros. 

–¿Cómo afecta en la imagen de las personas públicas revelar su vida privada?
–Creo que las humaniza y eso las hace aún más geniales a los ojos de quienes las admiramos. No hay que olvidar que no se trata de seres sobrehumanos, sino de personas como nosotros; y nosotros, que somos como ellos en sus conductas íntimas, no llegamos a producir ni una pizca literaria que se les asemeje.

–¿Considerás que es posible separar el talento de un escritor de su calidad humana?
–Precisamente el libro trata de demostrar que es imposible separarlo. En sus escritos se ven reflejados su carácter, sus pesares, su felicidad y, por supuesto, sus depresiones. 

–¿Revelar la vida privada de la gente  tiene que ver con que hoy esto es una moneda corriente?
–Hay que establecer diferencias. De la misma manera en que hoy cada persona comparte mucho, poco o nada de su historia en la Web, hubo algunos escritores, como Quiroga, que no tenía secretos para sus amigos. Bioy fue confidente de Borges. Lugones, en cambio, no quería exponerse, pero Silvina Bullrich sí. Arlt necesitaba volcar sus sentimientos en el papel…

–¿Podría decirse que esta es una nueva forma de contar la historia?
–Nueva, no sé. Es una de las tantas formas. Lo que sí puede ocurrir es que los textos tengan un lenguaje actual. Pero eso no es ningún mérito. Lo digo con total convicción luego de haber leído mucha obra de estos grandes literatos.

–Tu propuesta a la hora de contar es correrse de la mirada convencional y poner el foco en aspectos que no se vinculan directamente a lo conocido. ¿Es posible entrenar esa forma de mirar?
–Sí, ese es un aspecto propio del periodismo. Es la mirada del editor que permite abordar un mismo hecho de mil maneras diferentes. En el desarrollo de la profesión, esto se convierte en una práctica cotidiana. 

–¿Cómo surgió tu interés por la historia?
–En mi casa, mi madre era una regaladora compulsiva de libros de Historia desde que yo era chico, y mis abuelos amaban el tema. Pero también tuve la fortuna de cruzarme con buenísimos maestros en la escuela, como el profesor Diego del Pino; y, más adelante, con historiadores de primera línea, como Enrique de Gandía, Ricardo Zorraquín Becú, Enrique Mayochi y Bernardo Lozier Almazán. Sin dudas, todos ellos me contagiaron el entusiasmo por la historia.


¿Quién es Daniel Balmaceda? 

Es periodista y fue editor de las revistas Noticias, Newsweek, El Gráfico, Aire Libre, La Primera y Periódicos de la Historia. Es miembro titular de la Sociedad Argentina de Historiadores y de la Unión de Cóndores de las Américas. Entre 1989 y 1993 presidió la Fundación Cristóbal Colón. Fue productor de televisión y es autor del blog Historias. Es autor, entre otros, de Espadas y Corazones, Romances turbulentos de la historia argentina, Historias insólitas de la historia argentina, Historias inesperadas de la historia argentina, Biografía no autorizada de 1910 e Historia de las palabras.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte