ENTREVISTA


Despega Zeballos


Por Ana Claudia Rodríguez.


Despega Zeballos 

El tenista Horacio Zeballos no cabe en su cuerpo: 1,88 cm de altura y 83 kilos de peso, donde la satisfacción se desborda. Hace poco quebró en las canchas a un Nadal convaleciente. Con mucho optimismo y fuerza ve cómo su nombre sube en el ranking.

Asume el nuevo año con entusiasmo y soltura, impulsado en parte por el flamante puesto 41 del ranking mundial que se llevó bajo el brazo tras ganar la final del Torneo de Viña del Mar, en Chile, el mes de febrero pasado. Todavía está nítido el recuerdo de un Horacio Zeballos tirado sobre la tierra batida, con la remera blanca en convulsión por el llanto y las manos tapándole el rostro. No fue un partido cualquiera; fue uno impecable, en el que derrotó (6-7, 7-6, 6-4) a un titán de la raqueta, el español Rafael Nadal. Minutos más tarde del triunfo, aparecía en la tele con ojos llorosos y contento, dejando su firma estilizada en el vidrio de la cámara. Él también es estilizado, alto y contundente. Así se deja ver en la cita con esta revista, a la que llega con aire relajado, casi distraído, días después. 

Nació hace 27 años, pero hay algo sólido en él que lo aleja de esa juventud. Tiene el temple de alguien mayor, de quien ya ha recorrido muchas veces el circuito, y la firmeza de un árbol ligero moldeado con drives y reveses. Cuando camina, en cada paso, planta raíces que atraviesan el suelo, y cuando habla, hilvana las palabras en un discurso mesurado y feliz. Se nota que Zeballos está equilibrado y satisfecho, y eso quizás tenga que ver con la respuesta que da no bien empezamos.  

–¿Cómo hiciste para ganarle a Nadal?
–Ese día se dio todo para que ese milagro pudiese suceder. Jugué un tenis increíble. Nadal, por supuesto, no estaba en su mejor momento, al cien por ciento. Pero como sea, estoy muy contento porque jugué mi mejor tenis, el mejor partido de mi carrera, y también porque se fueron dando las condiciones para que yo pudiera conseguir esa victoria. Las circunstancias en la cancha también me favorecieron. Él estaba un poco más lento de lo normal, y su pelota no picaba tanto como en otras ocasiones. Eso me dio la posibilidad de tener un poco más de control y tratar de ser ofensivo en todo momento. Y, a nivel psicológico, sentía que no tenía ninguna presión porque yo era el jugador con menos ranking y él… ya sabemos quién es él y todo lo que abarca. Por eso, sabía que él tenía la presión de ganar. Y eso me hizo jugar todavía más tranquilo.

–¿Cómo viviste este triunfo?
–Con una alegría inmensa que nunca había experimentado. Cuando gané el partido, al principio no me lo creía, fue como, como… como un sueño. 

–¿Cómo te preparaste para llegar a este momento de tu carrera?
–El trabajo del tenista es de muchos años. No es que un día te levantás y decís: “Hoy juego bien”. No. Es un trabajo que requiere un gran entrenamiento físico y técnico, muchas horas en la cancha. Eso te lo puede decir bien Rafa, ¿no? La cantidad de horas que le dedican los grandes jugadores es increíble. Como cualquier otro trabajo. El tenis demanda mucho esfuerzo, mucha concentración, y a medida que van pasando los años, eso ayuda en la confianza y la motivación de cada uno. Creo que este torneo que gané, esta posibilidad que tuve de jugar con Nadal, fue como la frutilla del postre por tantos años de sacrificio.

–¿Cómo es tu rutina diaria? ¿Hay diferencias según el momento de la temporada en que te encontrás?
 
–Sí, todos los jugadores tenemos diferentes tipos de entrenamiento. Pero para la mayoría, hay dos etapas: una de ellas es cuando hay torneos, y la otra, cuando estamos haciendo la pretemporada. La época más fuerte para entrenar en un año es noviembre y diciembre, que es cuando no hay competiciones. Entonces, uno intenta centrarse en la parte física, para poder estar fuerte, arrancar bien el año y aguantar todo lo que se viene. Después, a lo largo del año, lo más importante son los torneos. Lo que te pone más en forma es jugar partidos y partidos. También hay jugadores que entrenan varias horas al día… eso depende mucho del feeling de cada uno. Yo siento que cuanto más estoy en la cancha, mejor voy a jugar. Pero algunos tienen tanto talento que con entrenar cuarenta minutos o una hora por día antes de los partidos es suficiente. 

–Tu raqueta, dicen, despide truenos. ¿Cómo se entrena tu revés?
–Siempre me han dicho que tengo una linda técnica, en especial de revés, porque además es revés con una mano y, lamentablemente, hoy en día quedan pocos así. Es más estético, más natural que el revés a dos manos. Y más allá de eso, creo que hicieron ese comentario porque ese día, con Rafa, yo cerraba los ojos, le pegaba a la pelota y entraba todo. Era el día soñado. Por eso lo dicen, más que nada.

–¿A parte de tu revés, qué otras características tiene tu juego?
–Me parece que soy un jugador bastante ofensivo, que intenta dominar el punto para tratar de terminar lo antes posible y cerca de la red. Últimamente me siento muy cómodo con mi servicio, estoy sacando realmente bien, y eso hace que mi juego también crezca y tenga confianza a la hora de cerrar los partidos. El otro día me sentí muy cómodo jugando con mi saque.

–En 2009 entraste de golpe a las primeras posiciones del ranking mundial: fuiste número 41. Luego pasaste al 147 y ahora volvés a estar entre los 50 mejores. ¿Cómo se vive ese vaivén? 
–Una vez tuve la posibilidad de mantener una charla con David Ferrer (el tenista español) cuando yo estaba 41 en la lista. Él seguramente ni se acuerda, por supuesto, ¿no? Pero me quedó muy grabado lo que me dijo. “Lo que es típico en un jugador de tenis es que después de su gran año, cuando entra por primera vez en el ranking, al año siguiente decaiga un poco. Es una cuestión lógica: se empiezan a jugar torneos más grandes, hay que enfrentar a jugadores nuevos, más duros. Es normal. Pero lo más importante es que ese jugador, más allá del ranking, siga haciendo el mismo entrenamiento, tenga las mismas ganas de jugar, las mismas ganas de estar en una cancha de tenis. La perseverancia del tenista es fundamental”. Y, sí, creo que caí, me caí un poquito en el ranking, pero lo que más sostengo el día de hoy es, en la parte mental, seguir teniendo las mismas ganas que cuando ya me había metido por primera vez. 

Cuerpo atlético, mente maravillosa 

–Cuando uno va llegando a la madurez de su juego, ¿qué importancia, en proporción, adquieren lo físico y lo mental?
–A este nivel, hoy en día, el tenis está muy parejo. Todos sabemos pegarle muy bien a la derecha, al revés, al saque… físicamente somos muy buenos. Lo que pesa, entonces, es la parte mental. Ver quién aguanta más dentro de la cancha, quién tiene más ganas de ganar, quién tiene más ganas de quedarse jugando cada punto. Termina siendo un partido más psicológico que otra cosa. La excepción son, por supuesto, los jugadores de élite, los cinco o seis diez primeros del ranking, que tenísticamente están un poco más arriba que el resto. Al margen de eso, lo mental hoy es fundamental, sobre todo por la presión que hay también en el entorno: hay que defender puntos, sumar puntos, ganar para quedarse en el torneo. Son presiones que juegan a veces en contra y uno tiene que saber dominarlas. 

“El trabajo del tenista es de muchos años. Es un trabajo que requiere un gran entrenamiento físico y técnico, muchas horas en la cancha. Demanda mucho esfuerzo”.

–Horacio, contame cómo te entrenás vos en lo mental.
–Justamente, dentro de la cancha. Uno tiene que pasar el máximo tiempo posible donde trabaja y tratar de mejorar allí mismo. Practico mucho con mi entrenador y ambos intentamos manejar este tipo de cosas dentro de la cancha. 

–¿Se dan ejercicios o consignas? 
–Sí. En mi caso, siempre tenía muchos altibajos y no me gustaba jugar puntos largos. Entonces, si a mí me gustaba que durase diez segundos, lo hacíamos durar treinta o cuarenta. Eso se va automatizando en tu cabeza si lo trabajás todos los días y después se aplica en la cancha o en un partido profesional. 

–Cada entrenador tiene su estilo. ¿Cómo es el de Sebastián Prieto?
–Su estilo a mí me gusta mucho porque es una persona muy ordenada: me mantiene ordenado dentro de la cancha, pero también fuera de la cancha. Es una persona muy prolija, que sabe muchísimo de tenis, y lo expresa de una manera sencilla; así, yo lo entiendo y puedo hacer lo que él me pide.

–La confianza en uno mismo es un valor que debe reforzarse en el deporte de élite, sobre todo desde hace unas décadas. ¿Cómo reforzás la tuya? ¿Qué es lo que te decís a vos mismo?
–Últimamente, intento sobre todo disfrutar del partido. Yo empecé a jugar al tenis a los 6 añitos, después seguí jugando toda la infancia, hice todos mis amigos y crecí en un ambiente muy sano solo porque me gustaba el tenis; no pensaba: “Uy, quiero ganar plata con esto. Uy, quiero ganar puntos”. No, jugaba por el amor al tenis. Hubo un momento en mi carrera en que eso lo perdí, y quise recuperarlo: ese goce, ese disfrute de estar dentro de la cancha y pegarle a la pelotita, como cuando era niño. Intento que eso se refleje en mi cara y en mí mismo en la mayoría de los partidos. Jugar y disfrutar. 

Jugar para disfrutar. Eso mismo le decía siempre su padre, quien, además del deporte (su hijo se inició en el club de tenis de la familia) y su filosofía, le legó el nombre a Horacio Zeballos junior, con apodo incluido: “El Cebolla”.

–El tenis se compara con la trayectoria de la vida: dificultades, triunfos... ¿Cómo sos vos ante las dificultades?
–Creo que uno debe hacer frente a las dificultades. Si uno intenta ocultar el miedo o no darle importancia, es entonces cuando aparecen los problemas, porque el miedo siempre va a estar, los pajaritos siempre van a estar dando vueltas arriba de la cabeza. Lo importante es que no hagan nido. Uno tiene que asimilar ese miedo y tratar de enfrentarlo, de superarlo. Si tratás de eliminarlo, es imposible. 

–Vivís en Buenos Aires, lejos de tu Mar del Plata natal. ¿A qué más has tenido que renunciar por el tenis?  
–Bueno, a muchas cosas. Al venir a vivir acá dejé a los amigos que tenía allá desde chiquito. Y después me perdí fiestas, salidas, posibilidades de irme a la costa, o a la playa con amigos… En definitiva, se trató de sacrificios que quizás en ese momento dolían un poquito, pero que hoy me doy cuenta de que valieron la pena.?Y mucho.

“Lo que pesa, entonces, es la parte mental. Ver quién aguanta más dentro de la cancha, quién tiene más ganas de ganar”.

–En la otra cara de los sacrificios, ¿cuáles son las principales lecciones que te ha dejado este deporte?
–La lección más grande es que hay que luchar siempre. Uno debe luchar por lo que quiere, por el sueño de cada uno, ya sea un deporte, un trabajo, una pareja. Lo más importante es nunca darse por vencido. En mi caso personal, el tenis es una carrera muy larga, así que va a haber momentos buenos y momentos muy malos, en los que pierdas más de lo que ganes. Entonces, si vos cruzás los brazos y te dejás caer, es difícil volver a adaptarse. En cambio, si sos perseverante y tenés ganas de luchar por algo, hay muchas más posibilidades de que puedas salir adelante.

Antes de que sus ojotas lo lleven a la sesión de fotos, Horacio explica el porqué de las dos cintitas de colores que se ajustan en su muñeca derecha. “La roja, para la envidia; la violeta, para el positivismo. Por ahora, van muy bien”, dice el tenista, que sigue las indicaciones del fotógrafo entre los vítores que lanzan sus conocidos en las dependencias del Lawn Tennis Club. “¡Vamos, Onion!”, “¡Bien, Cebolla!”. Horacio sonríe y, haciendo caso de las instrucciones, clava las manos en la cintura y mira directo al objetivo. 


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