ENTREVISTA


Por cuenta propia


Por Agustina Mussio.


Por cuenta propia 

Aunque lleva el mismo nombre que su padre, Ricardo Darín, y también se dedica a la actuación, “el Chino” recorre a su manera su camino profesional. Simpático, relajado y con humor muy Darín, tiene el futuro a sus pies.

No fue fácil conseguir la entrevista con el “Chino”, y aunque él dice que no se hacía el complicado, se encontraba muy ocupado trabajando. Estaba filmando las escenas definitivas de la película que tiene el título tentativo de Muerte en Buenos Aires y es la ópera prima de Natalia Meta, además de estar grabando los últimos capítulos de Circuito Argentina, un programa turístico que se puede ver por Internet. Por otra parte, faltaban pocos días para que emprendiera su viaje a Europa, lugar elegido como destino de unas buenas vacaciones. 

Cómodo y desestructurado, este actor de 24 años se entregó a la charla. La simpatía y la amabilidad con la prensa, al igual que con la gente, parecieran ser atributos que heredó de su padre, Ricardo Darín, con quien comparte, además del nombre, el carisma. Con sonrisa franca y bien plantado para su corta edad, no les teme a los desafíos; al contrario, los busca.

–¿Qué factores considerás determinantes para aceptar o rechazar una propuesta laboral?
–Recién estoy empezando, así que no me vuelvo loco a la hora de tomar decisiones… Con que me llame la atención el proyecto me alcanza. En este caso, me gustó muchísimo el personaje, está muy bueno y me planteó un montón de desafíos. Pero, además, tiene mucha injerencia en la historia, es el segundo personaje de la peli. Fueron varias cosas que hicieron que, en vez de irme de vacaciones, que es lo que tenía planeado para esta fecha, me quedara acá.

–¿Venís trabajando duro?
–Desde junio del año pasado estuve filmando el programa turístico Circuito Argentina, que se puede ver por Internet. Semana a semana recorríamos una provincia mostrando lo que se puede hacer. Y si bien estuvo buenísimo y lo pasamos genial porque conocí todo el país en siete meses, lo que de otra forma no habría podido hacer, ¡fue matador! Los ritmos fueron muy intensos. Los viajes, los vuelos, dormir todas las noches en un lugar distinto… hay un punto en el que uno necesita un descanso.

–El año pasado se estrenó tu primera película (Fuera de juego), ¿cómo fue verte en la pantalla grande por primera vez?
–Verte en una pantalla de siete metros es muy fuerte… mucho nivel de exposición. La gente te conoce, estás ahí en la sala, no podés escapar para ninguna parte (risas). No me relajo nada cuando me veo. Estoy todo el tiempo mirando lo que podría haber hecho y no hice, lo que quedó raro; no puedo evitar poner la atención en detalles. O, si no, estoy pensando: ‘Uy, ahora viene esta escena’, y me empiezo a tensionar antes de verla (se ríe). 


“Puede ser que haya alguna expectativa, pero no lo vivo de esa manera. Me parece que uno tiene que mostrar quién es, hacer su propio camino, y la gente, no solo el público, sino también el ambiente, te irá conociendo”.

–¿Estás conforme con el resultado?
–Fue un proyecto que yo disfruté muchísimo, se filmó todo en España, en Valencia, con Diego Peretti y Carolina Peleritti; eso fue buenísimo. Tenía grandes dudas sobre el guión porque era una coproducción argentina-española con una mezcla del humor de acá y el de allá. Me parece que ese desbarajuste se nota en el proyecto final. 

Lo que más me motivó a hacerla fue que tenía que ir a España un mes y medio a filmar. Pero no puedo mentir y decir que no tenía mis dudas. No es el tipo de cine que a mí más me gusta. Soy muy cinéfilo y bastante crítico y no por estar involucrado en un proyecto voy a decir que me encantó la película. Me parece que hay algo fallido, pero igual se disfruta, es llevadera…

–¿Alguna vez te arrepentiste de algún trabajo que hiciste?
–No sé si siempre elegí bien, pero no me arrepiento. No soy de arrepentirme de lo que hago por más que salga mal. Cuando estaba en España filmando mi primera película me habría gustado, por la poca experiencia que tenía, estar más acompañado desde el lado de la dirección. Pero también son cosas que van pasando y hay que resolverlo y trabajar. 

–¿Le pedís opinión a tu papá sobre los proyectos que te presentan o las películas que hacés?
–Hablamos, pero surge naturalmente; no es que le voy a pedir consejos. Vamos a verla al cine y cuando salimos hablamos de mi trabajo y de la peli en general. Por momentos nos ponemos criticones, pero también hablamos de las cosas que salieron bien. Sin embargo, sería igual si trabajara en una ferretería, porque en mi familia tenemos una relación muy fluida, siempre sabemos qué es lo que hizo el otro, qué es lo que piensa, cómo está.

–¿Sentís que hay más expectativas sobre vos por ser Darín?
–Puede ser que haya alguna expectativa, pero no lo vivo de esa manera. Me parece que uno tiene que mostrar quién es, hacer su propio trabajo, su propio camino, y la gente, no solo el público, sino también el ambiente, te irá conociendo. Empezás a dejar tu propia huella. 

La expectativa dura cinco minutos; después llega la hora de los bifes, hay que trabajar y los demás tienen que descubrir quién es uno. No sé por qué algunos tienen esta idea de que si sos hijo de un golfista, vas a jugar bien al golf, lo mismo que los que dicen que el hijo de Maradona va a ser el mejor jugador… me parece un pensamiento muy ridículo. 

–Claro, pero ese pensamiento está instalado en muchos. ¿Te pesó alguna vez?
–Nah… Tal vez cuando estudiaba teatro, pero tiene que ver más con mi personalidad. No me animaba a ir a los casting o a presentarme para las pruebas de cámara. Quizá tenía que ver con esa mirada externa de pretender que seas un crack cuando en realidad estás empezando todo de cero. Hay momentos en los que flaqueas, pero no por ser el hijo de Darín, sino por la instancia evaluativa. 

Sin embargo, con el tiempo uno se va curtiendo y va a aprendiendo a sacarse el peso de la exigencia. Hoy comprendí que si sigo trabajando, tiene que ver con lo que hice –y no con de dónde vengo– y de lo que pueda dar en un futuro, porque uno también va cambiando, va aprendiendo… Esto es una carrera, no es espontáneo, y todo se va dando poco a poco. 

–¿Te tocó padecer la fama de tu papá?
–No, nunca. Cuando nací, él ya era famoso y nunca tuve rollo con esa idea. Sí viví momentos de  incomodidad, como cuando estás llegando tarde al cine y lo paran para sacarse una foto. Cuando era chico, creía que era amigo de todo el mundo porque íbamos en el auto y lo saludaban. Me parece que también tiene que ver con que mi padre es muy sociable y se maneja muy bien con esos temas. Pero no puedo pedirle que me acompañe al shopping, porque en vez de ser un programa de veinticinco minutos, se convertiría en uno de una hora y media. 

–¿Te reconocen en la calle?
–Nah… me paran, pero para pedirme la hora (risas).

–¿Siempre supiste que serías actor o lo decidiste de grande?
–Cuando era chico y me preguntaban qué quería ser, contestaba que Batman. Creo que lo que quería era ser un súper héroe… (se ríe y luego piensa), y tal vez ser actor es un medio para vivir eso en algún momento de la vida. Cuando terminé el secundario, salí convencido de que quería estudiar Ingeniería industrial; también me atraían las artes. Finalmente, terminé anotándome en una escuela de teatro y estudiando dirección de cine. Soy cero rutinario y poco constante. Mi personalidad me fue marcando por dónde seguir. 

Después de estudiar teatro durante varios años, el Chino se animó a participar de un casting y en 2010 consiguió su primer papel en televisión, un personaje chiquito en la novela Alguien que me quiera. Al año siguiente debutó en teatro con la obra Los Kaplan y realizó una participación especial en Los únicos. 

Ahora siente que le toca vivir su propia experiencia, y reflexiona: “Cuando uno empieza a tener sus proyectos y no está tu papá al lado para contarte cómo tenés que hacer, es cuando empezás a descubrir de verdad cómo son las cosas. Mejor dicho, descubrís cómo te funcionan a vos, porque las experiencias son intransferibles. Ir a un set de filmación, relacionarme con la gente, con las cámaras y todo eso es algo que tuve que hacer por mi cuenta”.         

–Ahora que estás haciendo tu camino laboral, ¿te dan ganas de irte a vivir solo?
–Con mi familia me llevo muy bien y en casa tengo mi lugar física y espiritualmente; mis padres son muy liberales. Mi casa es muy cómoda… 

–Y no tenés que hacer nada…
–Bueno, cada uno aporta lo que puede (risas). De hecho, en este momento soy el único que está trabajando de la familia, están todos de vacaciones, soy el soporte (risas). En mi casa estoy muy relajado; si fuese por mi sensación interna, no me mudaría hasta los 40, pero la verdad es que este año me gustaría ir a vivir solo. Casi forzadamente me digo: “Bueno, me tengo que ir”. Y partió con su simpatía a cuestas.
 

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