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De la Argentina al mundo en un ¡Clic!


Por Ana Claudia Rodríguez.


De la Argentina al mundo en un ¡Clic! 

Si antes era necesario programar cómo y cuándo viajar, hoy los mapas virtuales dan la opción de recorrer el mundo sin valija y desde el sofá de su casa.

Se subió al colectivo y, en media hora, visitó la tumba de Elvis Presley, el Machu Picchu y las Pirámides de Egipto. El trayecto podría ser el que realiza cualquier persona, de casa al trabajo, en cualquier lugar del mundo, cualquier mañana vulgar. Para que el experimento funcione, eso sí, hay un requisito imprescindible: Internet. Y es que la Red, en la actualidad, ofrece decenas de posibilidades que permiten recorrer el mundo desde el asiento del subte o, tranquilo, en un rincón del parque. 

Con una pantalla, un teclado y una conexión al mundo virtual, el viajero podrá surfear por todos los rincones del planeta sin necesidad de hacer la valija o tomar un avión. La lista de opciones de mapas virtuales es cada vez mayor. Uno de los proveedores líderes es Google, con Google Maps o Google Earth, que dan alas para recorrer los cinco continentes (y no solo) en diferentes formatos: a través del clásico plano de calles, o bien a través de imágenes satelitales que trasladan con gran realismo a los montes Urales, a la Gran Muralla China o al centro de Nueva York. Donde la voluntad quiera.

Desde que aparecieron estos atlas on-line, a mediados de la década pasada, Google ha ido optimizando sus servicios. La atención constante está en las fotografías y en conseguir una mayor resolución, por lo que hoy podemos apreciar paisajes desde la computadora casi con mayor nivel de detalle que estando allí mismo: el trabajo de los chicos de Mountain View ha sido capaz de recrear ciudades enteras con un nivel de profundidad que a veces parece imposible. 

Por ejemplo, los árboles en relieve de la versión digital de San Francisco, las texturas de los muros en la Sagrada Familia, o las instalaciones de los Estudios Universal. A veces, retratar los pormenores de algún recoveco les ha traído problemas, pero con el tiempo y el respeto por las normas legales de privacidad de cada país, la empresa ha sorteado los impedimentos para configurar este mapamundi descomunal. 

Y la mejora ha ido siempre a más 

Las aplicaciones en estos años también se han multiplicado, seduciendo a todo aquel que opte por explorar la Tierra sin moverse: mapas tridimensionales o rutas guiadas; pero, sobre todo, soluciones optimizadas para recorrer las calles como si el viajero estuviera pisando el asfalto. Y es que el trotamundos, con su PC, su tablet o su celular, no se conformaba con la visión aérea de las cosas. Quería más. Y las empresas se lo dieron. Se lanzaron al mundo a fotografiarlo todo para, muchas veces, dárselo en vistas de hasta 360 grados: el Museo del Louvre, el letrero de Hollywood o la 9 de Julio en Buenos Aires. 

El usuario puede ahora recorrer las calles, ver escaparates o monumentos gracias a estas aplicaciones que todavía no cubren el planeta por completo, pero van en camino. Google, por su parte, bautizó el invento con el nombre de Street View, aunque existen otras propuestas, como el Street Side, de Bing, una página de mapeo web creado por Microsoft para su buscador. Según algunos expertos, los mapas de Bing tienen mejores resultados en zonas urbanas que su principal competencia, Google, que –dicen– arrasa en zonas rurales. ¿Vieron el monte Fuji, las Cataratas del Niágara o el Everest? 

La propuesta de la compañía de Bill Gates incluye ciertos puntos de interés, como estaciones de subte, estadios, hospitales y otras instalaciones. Y, así, en un golpe de muñeca nos metemos en el estadio del Camp 9, en la estación de London Victory o espiamos las dependencias del Cedars Sinaí, el hospital donde dan a luz las famosas en Beverly Hills. Todo es posible. 

Y hay más, porque los lugares destacados no solo son estándar, sino que la lista se va engrosando con las sugerencias de los usuarios. Dentro de poco, además, es probable que los equipos móviles de Bing usen cámaras instaladas en autos para crear mapas de carreteras públicas de un país. Y entonces, como en un videojuego hiperreal, manejaremos desde casa viendo las piedras de un camino afgano, el árbol autóctono en las rutas en Zimbabue o las calles de Marrakesh.

Más realismo todavía con Bing, porque en medio del paseo podemos obtener información real del estado del tránsito (con la aplicación ClearFlow), encontrar un gimnasio, un café o lo que necesitemos en nuestro viaje virtual (Foursquare), o bien ilustrarnos con todo tipo de información –datos estadísticos o económicos– de la zona que visitamos (World Atlas). ¿Cuántos habitantes tiene Sri Lanka? ¿Cuál es su bandera? ¿Y su himno? Hay respuestas para todo.

Las vistas de 360 grados que ofrecen muchos portales acaban de redondear la oferta. A través de Vista Zoo, Panoramas.dk o Airpano se puede dar una vuelta por el Buckingham Palace o bordear la figura del Cristo Redentor de Río de Janeiro. Airpano, en concreto, ha sido creado por entusiastas fotógrafos rusos que ya han conseguido hacer una recopilación de decenas de paisajes de distintos rincones del mundo en forma de espectaculares panorámicas tomadas en helicóptero. Una vista circular de toda la ciudad de Toronto, una captura de los jeroglíficos del valle de Palpa en Perú o un viaje por las aguas subterráneas de las Maldivas. Increíble. Uno está allí.

Lugares prohibidos 

Dicen los más fanáticos que la modalidad de viaje on-line te ahorra el trámite engorroso de tomar el avión (ni trayectos, ni filas, ni tiempo perdido); te salva del riesgo de que el clima te arruine el día de turismo, y, sobre todo, permite conocer nuevos lugares sin necesidad de que la billetera esté llena. No hay que pensar en el boleto de ida y vuelta, ni en el alojamiento o las comidas. Explorar se ha vuelto más democrático que nunca porque Internet destapa para la comunidad virtual todos los escondites posibles. 

O casi todos, porque la curiosidad incisiva del viajero tiene sus límites: en los mapas, hay muchos parajes infranqueables que, por seguridad, no permiten que el ojo se inmiscuya. Las calles de Corea del Norte, el Palacio Real de Ámsterdam, o la planta de energía neoyorquina de Cornell, por ejemplo, aparecen difuminadas o distorsionadas (aunque otros edificios emblemáticos, como la Casa Blanca o el Capitolio, en Washington, recuperaron hace poco el detalle).

Y si el interés va por otro sitio, Internet sigue cumpliendo expectativas: se puede viajar a las profundidades con la capa Océanos que ofrece Google Earth, volar a la estratosfera, visualizar imágenes de galaxias, constelaciones o planetas en movimiento (Cielo) y hasta realizar una visita interactiva a Marte, donde uno puede reposar un rato en lugares emblemáticos como la Cara de Marte o el Monte Olimpo.

Por viajar, podemos viajar incluso en el tiempo. Gracias a Google Earth, están disponibles las imágenes de otra época del propio barrio o ciudad. Es la opción de remontar al pasado sin que 2012 pestañee y sin que los pies, en todo el trayecto, se hayan despegado de una misma coordenada: Córdoba, Neuquén o Buenos Aires. Tengan ustedes un buen viaje virtual.
  
Los ojos del blogger 

Cuando uno lee a Aniko Villalba, le dan ganas de viajar. Ella retrata con sus fotos y sus textos, y el resultado es el blog Viajando por ahí, un diario de viaje que recrea tanto a Camboya como a Nicaragua o Suecia. En el blog reúne también esas experiencias únicas que se dan cuando estás de viaje y participás como extra en una película en el desierto del Sahara, o el día que asistís a un casamiento en China. Hace poco, esta creativa escritora porteña incorporó una novedad en su blog: la categoría Post interactivo.

¿Recuerdan esos libros para jóvenes en los que uno definía el desarrollo de la trama según su elección? La propuesta consiste en elegir la propia aventura a través de relatos (e imágenes) que ella misma hace de sus viajes. En la ciudad marroquí de Fez, se empieza a hacer tarde: ¿Preferís subir a la montaña o entrás a un hammam a darte un baño? ¿Al salir de un restaurante, doblás a la derecha o a la izquierda? ¿Regateás o salís a buscar otro hostel? Es lo más parecido a un videojuego de autor (estático, eso sí) ambientado en diferentes ciudades. 

Y es que Internet (valga el tópico) multiplica las posibilidades. Que se lo digan si no a los autores del blog Magia en el Camino (distinguido con el segundo puesto en los Premios Bitácoras de 2011 en la categoría de viajes). En su relación con los lectores, incorporaron las twitcams: las cámaras servían para contarles a sus seguidores más curiosos, en tiempo real, los detalles de las ciudades por las que paseaban en ese momento. El primero fue Sudáfrica. 

Pero si al viajero doméstico –el que se desplaza con el mouse en la mano– prefiere los paisajes de impresión, su blog es 101 lugares increíbles. Allí visitará con la pantalla una piscina que parece de champaña, en Nueva Zelanda; una catedral natural, en Estados Unidos, o un monasterio turco colgado de las rocas. También hay blogs centrados en lugares concretos (Madrid Diferente, África de cabo a rabo), o sobre experiencias solidarias o periplos en familia (como los que hacen los Giusano o los Zapp). 

Los dedos alucinan también en el teclado al develar el montón de revistas de viajes y sus versiones on-line, así como los suplementos de los principales diarios de todo el mundo, que ofrecen información actualizada sobre las últimas novedades. ¿Ya visitaste la Estatua de la Libertad, que volvió a abrirse en octubre tras un año de restauración? Pero los blogs tienen una particularidad especial: son personales, subjetivos y no tienen filtro. 

Se trata de un periodismo en primera persona que es capaz de mostrar las remeras agujeradas que los dos viajeros pasean como único equipaje por Laos (Bambou Routte), las reflexiones de una mujer de 35 años para quien la maternidad empieza a coquetear con su estilo de vida aventurero (Magia en el Camino), o los pensamientos reales que se esconden detrás de la sonrisa de una flyhoster (en Diario Azafata).  

Pegman, el cicerone virtual

Tiene la forma de un broche de tender la ropa y la destreza de una cámara omnipresente. Hablamos del hombrecito naranja que sale al encuentro si navegamos por el Street View de Google Maps o Google Earth. Una vez sobre el mapa, el muñequito alerta sobre qué puntos concretos se pueden visualizar, no solo a vista de pájaro, sino también a través de fotografías que retratan el aspecto real de la calle que estamos visitando virtualmente. 

Si lo seguimos con el cursor, nos llevará a una panorámica de 360 grados sobre el terreno, con la opción de subir o bajar para conseguir una perspectiva diferente. El guía androide se llama Pegman (“hombre broche”) y, de la mano, nos lleva a comprobar una dirección, a curiosear la arquitectura de un barrio o a pasear tranquilamente por cualquier ciudad. Foto a foto. A veces, además, se viste para la ocasión: aparece esquiando, transformado en pingüino (en la Antártida) o ataviado con un traje de astronauta.

Más información:
www.viajandoporahi.com
www.101lugaresincreibles.com
www.madriddiferente.com
www.diarioazafata.com
http://magiaenelcamino.com.ar
www.africadecaboarabo.es

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