ENTREVISTA


Pasionaria


Por Guadalupe Treibel.


Pasionaria 

Venezolana de nacimiento, argentina por adopción, Catherine Fulop participa en la tira Sos mi hombre y además se prepara para volver a ser la heroína de un gran culebrón que se filmará en Miami. Linda, alegre y con una energía arrolladora, cautiva al público con su simpatía y talento.

Como un torbellino de energía, Catherine Fulop jamás pareciera perder el impulso vital. De risa abierta y francamente contagiosa, un cuerpo privilegiado que cuida cual templo sagrado y mirada franca, la mujer que fue heroína por antonomasia de grandes culebrones, como Abigail, Pasionaria o Déjate querer, vuelve a eclipsar la pantalla chica. 

Lo hace con su simpatía desbordante gracias al rol de Violeta Navarro, la mujer que llegó para prender una chispa de amor en el corazoncito del Puma Goity, en Sos mi hombre. Así y todo, a pesar de las largas jornadas de grabación, la venezolana no aminora el paso y se sumerge en un sinfín de proyectos. Como el que la depositará en breve en Miami, donde grabará una telenovela con su exmarido, Fernando Carrillo. 

Madraza de Oriana y Tiziana, enamoradísima de su gran amor –Osvaldo Sabatini–, conductora, actriz, jurado de realities y modelo, la Fulop jamás titubea a la hora de responder las preguntas de turno. De allí que en la charla repase su realidad en tevé, su prometedor hobby como fotógrafa, la importancia de su “súper familia” (como la llama), los veinte años en pareja y su carrerón, que la ha preparado para hacer reír y hacer llorar pero, sobre todo, emocionar. Una ficción a la vez.           

–Teniendo en cuenta que Sos mi hombre lleva meses en pantalla, ¿fue difícil incorporarse a un equipo con una dinámica de trabajo ya aceitada? 
–La verdad que sí. Cuando entré, llegué con el libreto estudiado, todo súper aprendido, y me quedé esperando y esperando por un pie, que nunca llegó. Es que estaba pensando en lo que tenía que contestar y ellos, que se conocen tanto, leen la situación y la actúan. ¡Improvisan todo! Vienen con un código; soy yo la que tiene que apurarse a entrar en él. Al principio, me preocupé un poco, pero después me pareció buenísimo, más con este hermoso grupo humano, ¡el más loco y desopilante del programa! Todos me recibieron con muchísimo cariño. Estar tan atenta a lo que se dice en escena es agotador, pero maravilloso porque me liga mejor a mi historia. 

–Desde Rebelde Way que no estabas en una tira diaria. ¿Cómo ha sido acostumbrarse de nuevo a los intensos tiempos de grabación? 
–Estaba súper desacostumbrada a lo que es el ritmo vertiginoso de una tira, a estar todo el día metida en un estudio de televisión, a grabar, grabar, grabar porque te comen los capítulos. Lo más fuerte es no poder disponer de tus tiempos. En especial cuando, como actores, siempre tenemos actividades extras que el común de la gente no tiene: peluquería, notas, tratamiento para el cuerpo, gimnasia. Y a eso tienes que sumarle la familia y los hijos, porque seguimos siendo personas.

–Tus curvas, que –como muchas veces has dicho– te han dado de comer, ¿también han significado una traba para tu carrera?  
–Mi manera de ser le suma a las curvas. No soy melancólica como el tango, sino salsera como el Caribe. Tengo una actitud dicharachera frente a la vida; me gusta estar arriba, ser optimista y, en ocasiones, eso me ha jugado en contra. Hay quienes creen que no puedo hacer nada serio porque soy alegre, cuando, en verdad, al momento de hablar un tema serio, soy serísima. Esta forma de ser hace que te tilden de loca, te vuelven un cliché sin darte la oportunidad de mostrar lo contrario.

–¿Te habría gustado hacer papeles más “serios”, más dramáticos?
–No, ni ahí. No soy de las que dicen: “Quisiera hacer Shakespeare”. ¡Ni loca! Estoy feliz con lo que he hecho en mi carrera. El drama me aburriría; no es lo mío.  

–En 2007 protagonizaste Educando a Rita con Víctor Laplace. Ya habías hecho Monólogos de la vagina y El show de las divorciadas. ¿Volverías a hacer teatro?   
–Después de hacer Educando a Rita, no quise saber nada más. Me llaman mucho para participar porque me hice mi espacio en teatro, pero la verdad es que es muy sacrificado, y teniendo hijas adolescentes, prefiero compartir tiempo con ellas.  

–¿Alguna de las dos, Oriana y Tiziana, salió con veta deportiva? 
–¡Ni ahí! Siempre cuento cómo, en los family days del colegio, esperaban a las Sabatini para ver cómo corrían… y las veían casi desfilando. ¡Qué papelón! 

–Habrá pesado más el gen Fulop… De hecho, Oriana sigue tus pasos: dentro de poco hará su debut actoral en Aliados, la nueva tira de Cris Morena. 
–Sí, ya empezaron a grabar. Ori entró en los talleres de Cris el pasado 15 de diciembre y empezó a pasar pruebas, hasta que –en febrero– Cris llamó y nos dijo: “Para mí, es ella”. ¡Ova y yo lloramos de la emoción! Estamos muy contentos porque va a cumplir su sueño. Nos sacrificamos mucho para que consiguiera lo que quiere y Cris le está dando la oportunidad de probar todos los aspectos del mundo artístico: bailar, cantar, actuar. Su personaje, de hecho, es una reinita pop.  

–Leí por allí que Oriana tiene una mascota un tanto peculiar…
–Un hurón, Coco. Tiene dos colmillos como agujas, porque es carnívoro, pero juega con el caniche y es lo más lindo de la vida. No sabes lo cariñoso que es. Viene con un chip incorporado, le quitan la glándula del olor y están castrados. En casa somos re bicheros; tenemos perros, gatos y, el año pasado, Oriana empezó con que quería un hurón. Y Oriana es terca, así que le compramos el bendito hurón.  

–Con Osvaldo Sabatini llevan casi dos décadas juntos…
–Diecinueve años…

–Siempre hablás con mucha pasión y ternura de él. ¿Cuál es la clave para mantener el amor vivo, juvenil, fresco? 
–Tiene que ver con un compromiso profundo con la otra persona. No se trata de tener una pareja y mandar todo al demonio frente a la primera dificultad; eso es lo más fácil. También, antes que nada, tiene que haber muchísimo amor. Estoy convencida de que esta es nuestra gran historia de amor. Por eso, todas las semanas nos miramos a los ojos y brindamos con un trago rico por nosotros. Hay que mirarse, no verse. Mirarse de verdad, profundamente.  

–¿Alguna vez pensaron en protagonizar una ficción juntos?
–La verdad que no. Él se retiró y nunca más sintió la necesidad de volver a exponerse y ahora lo veo muy desenvuelto en los negocios.  

–Uno de los grandes temas del espectáculo estos últimos meses ha sido tu regreso al culebrón con Fernando Carrillo, tu exmarido. ¿Cómo surgió la idea de volver a protagonizar una telenovela juntos? 
–Fuimos una de las últimas parejas que salieron de esa generación de telenovelas que eran las telenovelas propiamente dichas. A partir de ahí, el género declinó y se volvió más regional, más costumbrista. Se perdió el galán y la dama joven. Por eso, quisimos hacer la propuesta al mercado internacional de que volviera la pareja y eso interesó mucho, más allá de la historia. De hecho, el argumento ya cambió y no se va a llamar La magia del amor; cambiaron al escritor, que ahora es Mariela Romero, y la sinopsis es más moderna: una mujer súper millonaria, ama de casa, con una hija lesbiana, que –de repente– queda en la calle y tiene que salir adelante. En ese contexto, conoce a un periodista que investiga casos de estafa.

–Dijiste que será un broche de oro para tu carrera…
–Llevo muchos años protagonizando telenovelas; soy de las que no ha parado en su vida. Quisiera que esto fuera una conclusión. ¡Espero no engolosinarme! Una nunca puede decir: “De esta agua no he de beber”. Pero tampoco es fácil, a cierta edad, llevar un protagónico absoluto.  

–¿Cómo ha sido volver a trabajar con tu exmarido, Fernando Carrillo, con quien tuvieron un final de relación un poco abrupto tantísimos años atrás? 
–Pasó tanto tiempo, veinte años… Lo veo y es una persona totalmente extraña para mí, porque no tuve más contacto con él. Es como si hubiera tirado un montón de cosas a la papelera y encima le hice Delete. La vacié por completo. Él me dice: “¿No te acuerdas de cuando…?”, y yo estoy como la pececita de Buscando a Nemo. ¡Parezco una loca! Pero creo que esta es una buena revancha para él y para mí, porque pienso que cometimos un error al involucrarnos en una historia que no era cierta. Puede que para él también sea un buen broche. 

–¿Creés que Abigail, el culebrón que protagonizaste con Fernando a fines de los ochenta, fue el momento clave de tu carrera? Es, sin duda, uno de tus papeles más recordados…
–Sin duda, Abigail marcó algo muy importante en mi carrera, aunque hoy la vea y diga: “Guau, estas situaciones las actuaría desde otro lugar”. No tenía entonces la madurez que tengo ahora, pero lo hice bastante bien. Demostré ser una actriz muy intuitiva, sensible, atenta, aun sin tener la vivencia; eso fue lo que traspasó. Ahí la gente me empezó a valorar. 

–Fue uno de tus primeros roles protagónicos, después de tu etapa como participante de concursos de belleza: Miss Amazona y Miss Venezuela, entre otros… 
–Fui Miss Departamento Vargas. Era modelo de comerciales, estudiaba modelaje y estaba en una agencia, donde me dijeron: “Dale, métete en Miss Venezuela”. Y yo pensaba: “Mi mamá y mi papá no van a querer”. Como era mayor de edad, no pedí permiso. Sentía que era un trampolín para lograr cosas, y así fue: me llamaron para un papel en una obra de teatro, donde me vio un ejecutivo de Radio Caracas Televisión y me puso a estudiar con Amalia Pérez Díaz, que es como la Norma Aleandro nuestra. Hice unos cursos, me metieron en una telenovela y, a los diez capítulos, me sacaron para protagonizar Mi amada Beatriz en el prime time. Todas las actrices murieron; pensaban: “¿Y esta quién es?”. Fue un éxito, me volví la chica rating y después vinieron Abigail, La muchacha del circo, Pasionaria, Amor marcado… 

–Has hecho conducción, modelaje, actuación, participaste de Bailando por un sueño, pero quizás una de tus facetas menos conocidas sea la de fotógrafa. En 2011, presentaste una muestra en el Palais de Glace…  
–En verdad, lo primero que hice fue un calendario para Fundaleu, que quedó espectacular y cuyos retratos (a Patricia Sosa, Araceli González y Maru Botana entre otras) se expusieron en el Malba. Después, una empresa –Madero Harbour– me ofreció hacer una producción sobre las mujeres de Puerto Madero, cuyas calles llevan el nombre de figurones femeninos. Entonces, elegí diez nombres, investigué sobre sus vidas y decidí que, para la producción, quería trasportar a estas mujeres a la actualidad, que fueran como una aparición en el barrio, fantasmagóricas.   

–Algunas de las seleccionadas fueron Azucena Villaflor, Alicia Moreau de Justo, Aimé Painé, Macacha Güemes… ¿Por qué las elegiste?
–Porque eran mujeres fuertes que se destacaron y rompieron el molde de la época en que vivieron. Fue muy interesante meterme en esas biografías, en esas historias. 

¿Tenés referentes en fotografía?
–Mi abuelo y mi papá, que eran bastante artistas. Mi abuelo era chef; por eso, antes de la Segunda Guerra Mundial, vino a Latinoamérica contratado por un gran hotel de Colombia. De Hungría fue a Colombia y de Colombia a Venezuela. Después estalló la Segunda Guerra Mundial y él quedó incomunicado de su mujer por siete años, porque mi abuela se quedó con mi papá en Hungría. Él siempre nos tomó fotos y papá siguió esa tradición. Todos los hermanos –somos seis mujeres y un varón– siempre andábamos con camaritas pocket encima y hemos registrado cantidad de momentos. Nos gusta retratar todo, lo amargo y lo dulce. Fíjate que cuando mi padre estaba agonizante, todos nos sacamos la última foto con él. De hecho, mi hermana Vicky “Tarantino” hasta sacó en el velatorio.

–Solés decir que vivís de tu imagen y, de hecho, te mantenés espléndida. ¿Sos de cuidarte mucho? 
–Trabajo de esto; por eso me cuido. Me parece importante porque nuestro cuerpo alberga nuestra alma y si me siento mal, si me duelen los dientes o la cintura, no puedo estar bien. Por eso, me ocupo diariamente. Desde que me levanto, tengo mi ritual: me hago un plato de frutas, tomo mi vitamina C, preparo un buen exprimido de pomelo, me cebo mi mate; preparo mi lunch; hago actividad física.

–O sea que defendés el cuidarse natural…
–También me gusta mucho la medicina antienvejecimiento, que es a base de aminoácidos y antioxidantes. Hay una aparatología espectacular que antes no existía: láseres que emparejan la piel, que ayudan con las arruguitas, con la flacidez y reactivan el colágeno. Trato de utilizar los avances tecnológicos en cuanto a cosmética y belleza para estar bien. Un 60% es alimentación, actividad física y actitud; un 40%, aparatología y mi medicina con mi doctor Mühlberger.  

–¿Es verdad que utilizás un tratamiento donde te sacan sangre, la procesan y vuelven a inyectártela? 
–Es así, te centrifugan la sangre, separan lo mejor que tiene y queda como un suero. Luego, ese suero se inyecta donde se necesita (sea por caída de cabello o piel flácida) y las células leen las órdenes del suero y se emparejan. Introduces lo mejor tuyo donde está faltando; yo lo sentí mucho en el cuello. Mühlberger lo llama BioLift. 

–Estar tan encima del cuerpo suena francamente agotador, como un trabajo en sí mismo. ¿Pensás en jubilarte en algún momento, cambiar las frutas por el chocolate?    
–A mí me hace bien verme bien; entonces, no puedo abandonarme. Si me veo linda, soy feliz. Puede que ahora tenga más presión porque estoy en tevé, porque voy a hacer una novela, un catálogo de ropa interior, un comercial. Pero no es que corra atrás de la zanahoria. Cuando esté un poco más tranquila, quizá diga: “No importa un poco de pancita”. 

Créditos:
Fotos: Macarena Otero.
Producción: Carlota Maschwitz.
Maquillaje: Mabby Autino.
Peluquero: Juan Olivera. 
Asistente: Gabo Escobar.
Agradecemos al Hotel Nuss Buenos Aires Soho (www.nusshotel.com) por su Colaboración para la realización de la nota.

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