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El dueño de las paredes


Por Mariano Petrucci.


El dueño de las paredes
El argentino Alfredo Segatori es un muralista autodidacta y urbano que descubrió su pasión en Brasil y que, recientemente, conquistó con su arte a los mexicanos. Claro que sus obras también pueden apreciarse por nuestras callecitas… Pase y vea.    

El síndrome de la página en blanco suele sucederle a cualquier creativo que se precie de tal. Pero a él no. A Alfredo Segatori, no. Claro que su hoja, su lienzo o el soporte que fuere no es otra cosa que una pared, ya que este hombre de 43 años, reconocido por la presidenta argentina como “Artista del Bicentenario”, es un muralista urbano que, desde mediados de la década del noventa hasta la actualidad, realizó más de cien obras majestuosas en diferentes rincones de nuestro país, con la técnica del freehand aerosol (se hace a mano alzada, directamente sobre la pared).

Pero su excelente presente excede nuestras fronteras, ya que, durante 2012, su talento brilló en suelo azteca. “Decidí ir a México porque es la cuna del muralismo. David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, entre otros, fueron mis referentes. Fue una experiencia extraordinaria y tuve una gran recepción por parte del público. Es un orgullo para mí tener dos obras dentro del metro de la Ciudad de México: En la mesa de los muralistas mexicanos, en la estación Insurgentes, y De la piedra al aerosol, en la estación Bellas Artes –su ingreso está junto al Palacio Nacional de Bellas Artes–. Este medio de transporte, muy popular, me parece un lugar propicio para hacer una obra de arte.

También en México hice otros dos murales, Zapata, en la Colonia Barrio Balbuena, y Corazón latinoamericano, en Faro de Oriente, Iztapalapa. El valor agregado de esta travesía fue el ida y vuelta hermoso con la gente que circulaba por los alrededores o que residía cerca de allí. Los latinoamericanos somos una sola fuerza unida”, cuenta Segatori, “Pelado” para los amigos. Lo particular de sus obras es que uno se las puede encontrar al doblar la esquina. Y esto no es una metáfora, sino que es bien literal: pruebe hacerlo, por caso, en la mítica intersección porteña de Avenida de Mayo y 9 de Julio, en lo que es un homenaje al bandoneonista Astor Piazzolla. Y no vaya a suponer que se trata de un “dibujito”. Son impactantes joyas impregnadas en estructuras de grandes dimensiones. 

Por ejemplo, pueden ostentar doce metros de alto por veinticinco de ancho. “Primero elijo la pared, y, más tarde, pienso en función de ella y su contexto. No trabajo con boceto previo ni con una cuestión definida, sino que voy mutando. Tomo imágenes referenciales en relación con la idea que tengo en mente y la desarrollo de inmediato sobre el muro”, dice nuestro protagonista, y comenta que, durante el proceso, las personas se le acercan y le hacen comentarios sobre lo que va concibiendo, por lo que esas recomendaciones se perciben en el resultado final. O sea, una obra para todos (por su carácter público) y, en algún sentido, de todos (por esos aportes recibidos).

¿Cuánto tiempo puede demandarle hacer un mural? Dependerá del tamaño, claro, pero este no es el único punto para considerar. En general, Segatori se desenvuelve al aire libre, donde tiene que lidiar con las caprichosas condiciones climáticas: la lluvia, el calor agobiante, la crudeza del invierno… En definitiva, la aventura puede extenderse dos o tres días… o todo un mes. “Me gusta abordar diversos estilos, reflejando desde situaciones urbanas hasta configuraciones más abstractas, vinculadas, puramente, al color y la forma. 

Pintar es un modo de comunicarme como individuo con el entorno. Lo que más persigo es provocar alegría en el espectador, sacarle una sonrisa, emocionarlo. Tuve varias etapas como artista. En una época me incliné más por el espíritu urbano, luego me aboqué más a la energía del color… En resumen, me motiva crecer con el cambio, probar distintas técnicas y estilos”, sostiene. Desde aquí le sugerimos admirar su mural sobre los Bomberos Voluntarios de La Boca o los retratos de Alberto Olmedo y el tanguero Julio Sosa.

–¿Hay un boom de los murales en la Argentina, Alfredo? 
–En mi opinión, la Ciudad de Buenos Aires se transformó en un paraíso del arte urbano. Tiene muy buena aceptación por parte de sus habitantes, quienes celebran que el color haya inundado las calles. Es lógico que por estos pagos se note una cantidad más importante de producción, pero eso no significa que en el resto del país no haya interés. Todo lo contrario: también noto un crecimiento del arte urbano. Justamente, en breve visitaré Santiago del Estero y Neuquén para hacer murales y dictar talleres sobre la técnica.

–¿En el mundo ocurre algo similar?
–A nivel internacional, estamos en un momento de apogeo. Hay muchos estilos, muy, pero muy interesantes.

Brasil… la génesis 

Anteriormente, hicimos mención a los noventa. Es que fue en el epílogo del siglo XX cuando Segatori descubrió, de manera autodidacta, lo que se convirtió en su verdadera pasión. “Empecé como escenógrafo y ambientador de la marca Motor Oil; asimismo, me desempeñé en los talleres de escenografías del Teatro Colón –repasa el artista–. 

Fue en un viaje a la Bienal de San Pablo, en Brasil, cuando me topé con esto del aerosol a mano alzada. Conocí a unos brasileños que estaban en la movida hip hop y hacían graffiti: Os Gemeos, Binho, Speto y Tinho. Les expliqué que en la Argentina no estaba tan explotado este campo del arte y los invité a que se hospedaran en mi casa. Convivimos y compartimos varios meses en los que salíamos a pintar en el espacio público. Lo hicimos en recitales de Pedro Aznar, en los hospitales José Tiburcio Borda y Braulio A. Moyano, y hasta en las playas de Pinamar. Después, cada uno siguió su camino, pero fue una muy linda experiencia”. 

Lo de la ayuda en instituciones sanitarias no es una excepción en la trayectoria de Segatori. Una faceta solidaria lo atraviesa. “En sí mismo, pintar en el espacio público ya es una acción solidaria. ¿Por qué? Porque intentás embellecer ese espacio por medio del propio esfuerzo. A la vez, colaboro con grupos, como la comunidad del Centro de Estudios y Acción para el desarrollo de la Comunidad Sorda (CEA), con los pacientes del Borda o con los chicos de Casa Cuna. En esa misma línea, es que creé la Fundación Cultural Andén 2222, de la cual soy presidente. 

Esta tiene como objeto brindar apoyo a proyectos que promuevan el arte, la cultura, la educación, la solidaridad y la ciencia, enfatizando los conceptos de creatividad, originalidad, experimentación, ejercicios interdisciplinarios e intervención en el espacio público. Todas las actividades se llevan a cabo sin fines de lucro”, especifica Segatori, quien fantasea con ponerle su toque al Parque de la Ciudad (emplazado en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires) y al antiguo Gasómetro situado en las avenidas De los Constituyentes y General Paz (declarado Bien Histórico Nacional).

Quien describe que al instante de dar la última “pincelada” lo invade el alivio y la euforia de haber podido “vencer a la pared” se muestra reacio a determinar cuál es su máxima performance: “No hay una mejor obra… lo mejor está en seguir pintando”, subraya. Pero sí concede el sueño de seguir conquistando el mundo a través de sus murales. “Plasmar en ellos las culturas que nos rodean. A eso aspiro. México fue solo el comienzo”, concluye.

Para conocerlo más

El muralista Alfredo Segatori es docente del Centro Cultural Ricardo Rojas, donde dicta el curso “Aerosol urbano”. Por lo general, realiza dos cursos bimestrales por año (seis clases de cuatro horas cada una, los días sábados), con más de sesenta alumnos por taller. La inscripción está abierta y las clases comienzan el 27 de abril. Si quiere interiorizarse más sobre el artista y sus proyectos, puede visitar su sitio web oficial (www.alfredosegatori.com.ar) o comunicarse a través de su Facebook (www.facebook.com/alfredo.segatori).

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