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Desafío a la toxina


Por A.C.R..


Desafío a la toxina 

No solo contra el planeta. La contaminación ambiental actúa también contra el ser humano, que se debilita, envejece y muere por sus efectos nocivos. Y en la carrera contra la enfermedad, aparece la medicina ortomolecular, una disciplina que combate el paso del tiempo y las embestidas del entorno.

Contaminación ambiental “Su acción”

Imaginen la población de una provincia con casi dos millones de habitantes. Y ahora imaginen que todos ellos desaparecen por la acción de la contaminación ambiental. El panorama no es ficción: la OMS establece que cada año muere de manera prematura ese número de personas en el mundo, rehenes de la degradación medioambiental. Pero ¿cómo afecta exactamente la contaminación al cuerpo humano? Si nuestro organismo fuera una película, los antioxidantes serían los buenos y los radicales libres, los malos. 

“Cuando nacemos, poseemos un 100% de antioxidantes, que son los que utilizamos para producir agua y energía en contacto con el oxígeno atmosférico. Pero para que este proceso metabólico beneficioso se produzca, el organismo también crea en un pequeño porcentaje unos elementos nocivos para nuestro cuerpo, los radicales libres”, explica Miguel Guerrini, especialista en medicina ortomolecular y estudioso de la relación entre la contaminación y su impacto masivo en el cuerpo.

Además del bueno y el malo, en esta historia se suma el feo, que es la contaminación ambiental. “Su acción destructiva –sobre todo, desde hace treinta años– supera con creces la capacidad reparadora de nuestros antioxidantes naturales, que se ven acosados por la hiperproducción de radicales libres”, agrega Guerrini. El desenlace es el prematuro envejecimiento de las células, que lleva a la siguiente secuencia: cansancio, baja de defensas, enfermedad, muerte.

De forma prematura desaparece el hombre, quien, desde lo biológico (paradójicamente), está preparado para vivir 110 años. La salud se acobarda ante la calidad del aire, del agua y de la tierra, porque las toxinas amedrantan al cuerpo. Y si bien hasta los 30 o 40 años no se empieza a manifestar el efecto de tanto veneno, la acción, silenciosa, va minando de la piel hacia adentro desde mucho antes. Nuestro entorno nos hace viejos cuando todavía no deberíamos serlo.

La medicina ortomolecular 

Si la contaminación empezó a galopar hace unas décadas, cientos de técnicas han ido ofreciendo sus recursos a la par para, por lo menos, paliar sus consecuencias. Uno de estos conocimientos bienhechores corresponde a la medicina ortomolecular, disciplina nombrada por primera vez en 1968 por el estadounidense Linus Pauling, dos veces Premio Nobel. “La medicina ortomolecular ofrece al organismo, sobre todo al hígado y al sistema inmunológico, los antioxidantes que van a neutralizar los elementos tóxicos que pasan a nuestro cuerpo. 

Ella creará una especie de barrera natural para que no ataquen directamente al gen, al ADN de las células, y así se evitará una carrera irreversible hacia la enfermedad”, sintetiza el doctor Rubén Mühlberger, un experto en la materia. Mühlberger distingue los tres planos básicos en los que el medio ambiente nos secuestra la salud: el agua, la tierra y el aire. Si la prevención falla, la estrategia ortomolecular se pone en marcha. 

“Como en la medicina convencional, lo primero es tomar muestras para saber cómo está el cuerpo, a fin de conocer con mayor exactitud el grado de salud de las células”, explica la doctora María Alejandra Rodríguez Zía, endocrinóloga y experta en medicina ortomolecular en Buenos Aires. Cuando el análisis de sangre, de orina, de saliva, de uña y de pelo aportan datos certeros, el médico administra la dosis y el tipo de antioxidantes que considera necesarios para restablecer el equilibrio del paciente. 

Vitaminas, minerales, oligoelementos y aminoácidos contribuyen –por vía oral o intravenosa– a recobrar la armonía. “En el caso del fumador, hay que neutralizar el efecto dañino del cadmio con vitamina C”, asegura el doctor Mühlberger. Él recomienda contrarrestar la polución urbana con dos días a la semana de atmósfera pura y campestre. 

“En el cuerpo humano, hay metales que se acumulan en las grasas y los huesos, y no pueden eliminarse por lo que su efecto es permanente y acumulativo”, recuerdan los doctores Benvenuto y Luna desde el Instituto de Medicina Ortomolecular de la Ciudad de Buenos Aires. “Los metales pesados producen una severa alteración en la estructura de las membranas celulares porque las inhabilitan para alimentarse. 

Toda enfermedad crónica guarda relación con este fenómeno, en especial las que constituyen las causas de muerte más frecuente, como los infartos de corazón, los derrames cerebrales, el cáncer y los problemas reumáticos”, siguen. La medicina ortomolecular también actúa sobre los efectos de todas estas fuentes de degradación y lo hace a través de la administración de elementos que genera nuestro propio cuerpo (sustancias “bioidénticas”), en dosis diferentes que estarán determinadas por el médico y cuya toma suele comprender entre diez y treinta sesiones. 

A partir de allí, el cuerpo y, por lo tanto, sus órganos están más protegidos y resguardados. Prevención, prevención y prevención. “Un sistema inteligente de prestaciones sociales ahorraría mucho dinero si se destinara a la prevención, además de a la cura”, sostiene Mühlberger, que menciona también las campañas informativas o los controles sanitarios más estrictos en alimentación como posibles medidas para frenar la cara oculta del medio ambiente. Y concluye: “Si nos convencemos de que la única salida es cuidar el entorno en el que vivimos, conseguiremos un planeta mejor, un alma más pura, una mente brillante y, sobre todo, un cuerpo sano y sin edad”.

Sin equilibrio no hay salud 

No es insólito que con las manchas del medio ambiente (y con los males hábitos y el estrés) se pierdan miles de neuronas por día. La mano invisible es la calidad de vida, que anda enferma y se refleja en la desestabilización del planeta: “Si nuestro objetivo es llegar jóvenes a viejos, debemos empezar a producir el cambio genómico que la Tierra necesita. El planeta, al igual que nuestro cuerpo, está descompensado. 

Equilibrarlo es nuestra misión”, sugiere en su libro El cuerpo del futuro el médico Rubén Mühlberger, especialista en medicina ortomolecular y anti-aging, en una visión holística de la salud donde la palabra “equilibrio” es la contraseña acertada.En la actualidad, decenas de terapias buscan esta estabilidad en el cuerpo, ya sea a través de la toma de preparados (medicina ortomolecular, la homeopatía o las terapias florales), o bien a través de la aplicación de técnicas como la psicofísica, el reiki o la acupuntura. Volver al eje es siempre el propósito.

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