ENTREVISTA


“El desafío más grande del mundo”


Por Alejandro Duchini.


“El desafío más grande del mundo” 

Sergio “Maravilla” Martínez, campeón mundial de los medianos, defenderá su título, el próximo 27 de abril, en el estadio de Vélez Sársfield. En esta charla, cuenta a qué cosas les tiene miedo, por qué es posible concretar los sueños y qué espera de sí mismo para cuando deje de boxear profesionalmente.

El campeón mundial de los medianos no les teme a los golpes, pero sí a las aguas profundas de mares, ríos y canales. “Les tengo terror”, aclara con el mismo tono educado con el que conversará a lo largo de la entrevista. Durante la charla contará sobre un ejercicio en particular, que le sirve para hacer equilibrio. Lo hace sobre el mar. Y es entonces cuando siente pánico; quizá como en ningún otro momento. Pero por estas horas Sergio “Maravilla” Martínez piensa, sobre todo, en el inglés Martin “Power” Murray. Con él se enfrentará por el título mundial en el estadio de Vélez. Será este 27 de abril. Atrás quedó su contundente victoria ante el mexicano Julio César Chávez Jr., en Las Vegas, el 15 de septiembre del año pasado.

Nacido en Quilmes el 21 de febrero de 1975 (hace 38 años), es desde hace tiempo uno de los deportistas más reconocidos de nuestro país. A nivel mundial está considerado entre los cuatro mejores boxeadores. Tiene un golpe letal y una fe en sí mismo a prueba de cualquier caída anímica. De hecho, sacó un libro de autosuperación en el que trabajó durante dos años: Corazón de Rey. Al mismo tiempo, salió su biografía: Maravilla Martínez. El hombre detrás del campeón. Dos libros en un par de meses. No es para cualquiera. 

Su fama le permitió ser uno de los bailarines del programa de Marcelo Tinelli. Dio entrevistas en muchos medios y algunas de ellas las aprovechó para mostrar sus prácticas de stand up. Es consciente de que la carrera del boxeador es corta; y en su caso más, porque la edad le marca el comienzo de la cuenta regresiva. Su mejor performance la consiguió de grande. Por eso, se las ingenió para tener otros ingresos que le permitieran alejar los fantasmas de una niñez pobre. Al igual que la de muchos de sus colegas. “Pero, ojo, que también hay casos de boxeadores que terminaron muy bien”, aclara, rápido de palabras. 

Cuando estalló la crisis de 2001 en la Argentina, se fue con las manos vacías a probar suerte a España. Trabajó como seguridad en boliches y daba clases de boxeo, entre otros empleos. Se quedó a vivir en Madrid. Se compró además una propiedad en California, donde pasa algunos meses de su vida. Cuando puede, visita Buenos Aires, pero sus compromisos le impiden hacerlo seguido. Lamenta no tener el tiempo suficiente para tomar mate en la casa de su mamá, Susana.
Debajo del ring le da pelea al bullying, práctica mediante la cual un grupo de chicos acosan a otro en la escuela. Cuando iba al colegio lo padeció. El campeón del mundo tiene sentimientos blandos pero, en líneas generales, es un hombre duro que cuando se sube al ring piensa solo en meterle al rival uno de sus letales golpes de puño.

Sin embargo, le tiene miedo al agua. “¡La verdad es que le tengo pánico!”, aclara. “No es que no sepa nadar. Suelo hacer un entrenamiento sobre una tabla, en el mar, para aprender a hacer equilibrio. Eso me da terror. Dos veces me caí… tuve esa desgracia. Es más fuerte que yo”. 

–¿Cómo se te ocurrió escribir un libro?
–Hace años que vengo escribiendo. Dos años, más o menos. La propuesta de hacerlo fue de la editorial Hojas del Sur, y salió publicado a fines del año pasado. Creo que fue un buen momento para sacarlo, porque fue un buen momento en la relación con mi país.

–¿Lo extrañás?
–Siempre se extraña la Argentina y, sobre todo, Quilmes. Últimamente mucho más. No sé si por los viajes o por la fuerza mediática que ganó mi nombre.

–¿Se complica venir, no?
–Es muy difícil, sobre todo, ir a Quilmes, porque cuando voy a la Argentina (N. de la R.: La entrevista se hizo por teléfono antes de su llegada al país) tengo muchos compromisos en la capital porteña. Lo que hago es llevar a mi gente al hotel en el que me hospedo. Así los tengo cerca de mí y mientras cumplo con mi trabajo estoy con ellos.

–¿Qué te gustaría hacer si tuvieras un día totalmente libre?
–Aprovecharía para tomar unos mates en Quilmes.

–¿En España no los tomás?
–Los mates se asocian más que nada a la compañía. Como en Madrid estoy solo, se hace más difícil. 

El deporte como estilo de vida 

–Sergio, participás de campañas contra el bullying. ¿Qué les dirías a quienes ejercen ese acoso?
–Más que a los chicos, el mensaje tiene que ser para los grandes. Los problemas comienzan en la casa. Les pediría que siempre les enseñen buenos valores. Hay que hablar con las familias, con los padres. Tratar de que los chicos tengan la educación adecuada. 

–Interviniste mucho por una pequeña llamada Monique McLain, víctima de esa práctica. ¿Cómo está ahora?
–Estuve mucho con su mamá y con su abuela. A ella la ayudó muchísimo el deporte. Tiene dos combates hechos; uno lo perdió. Igual, volvió al colegio. Ahora hay varios psicólogos trabajando a su lado. El boxeo le levantó mucho la autoestima. Ojalá que siga boxeando porque eso será positivo para su vida. Sería bonito que continúe progresando.

–Dijiste que el deporte te salvó en varios sentidos. ¿Por qué?
–Lo más importante es que al hacer un deporte, el cuerpo está más sano. Y también se genera compañerismo, algo que en otras situaciones no es tan común. Compartir un equipo de fútbol, por ejemplo, sirve para insertarse mejor en la sociedad. El boxeo es extraño porque hay intercambio de golpes, pero los combates siempre terminan de la misma manera: con un abrazo entre los boxeadores.

–¿Qué significa ese abrazo?
–Que se termina de trabajar. Lo primero que uno le dice a su rival es “Gracias”. Es muy bonito haber compartido toda la experiencia de un combate. 

–¿Seguís llorando después de la pelea?
–Sí. Es la manera que uno tiene de sacar afuera todo lo que vivió después de haber trabajado tantísimas semanas.

–Solés hablar de la pasión que sentís por la vida. ¿De dónde creés que te viene?
–No lo sé. Supongo que de los genes. Tal vez, si mi padre y mi madre no hubiesen sido así, sería de otra manera. 

–¿Lo tuyo es esfuerzo y esfuerzo?
–Creo que es haber comprendido poco a poco los límites que tiene la mente, y entender que trabajando se puede lograr un sueño. Lo primero es eso. Esa es la mejor manera de vivir: poniéndome metas. Y luego una meta mayor. Trato de vivir el día a día. Hay mucho por conocer. Cada día tengo más experiencia de vida, pero cada día me doy cuenta de que sé menos.

–¿Cuál consejo te influyó más?
–Uno que me dio un promotor de boxeo. Me dijo: “Te pido solo cinco años de tu vida para el boxeo porque, si hacés eso, el boxeo te los va a devolver no solo en dinero, sino en millones, y en muchos aspectos”.

–¿Qué lugar le das al amor?
–Sin amor no podríamos hacer nada. El amor debería estar en primer lugar. Es el motor que tenemos. Al menos, es lo que me pasa a mí.

–¿Qué cosas amás?
–Primero, siento amor por mí mismo. Lo principal pasa por ahí: por querer evolucionar, mejorar en todos los aspectos; luego, amor por una mujer, definitivamente. Y después los afectos: padres, familiares; todos son importantes.

–Hay muchos boxeadores que tocaron el cielo con las manos y terminaron pobres. ¿Te da miedo que te pase algo así?
–También hay muchas historias de boxeadores con finales felices. En lo personal, no me gustaría volver al sitio donde comencé. Tampoco quiero enloquecer por ganar más o menos dinero.

–¿Cómo recordás tu infancia?
–Positiva, porque gracias a lo que construí soy quien soy. Cuando era chico, era el raro. Eso me acarreó problemas. Pero sin eso no podría estar donde estoy.

–Alguna vez contaste que tus ídolos eran Muhammad Alí y Carlos Monzón. ¿Qué significan para vos?
–Los primeros pasos. Mi ABC lo hice tratando de comprender lo que podían pensar ellos, más allá de lo que hicieran en lo físico. Porque sé que la esencia es lo que se lleva en la mente. Ellos me dieron el puntapié inicial para saber que iba por el camino correcto.

–Además del agua, ¿a qué otras cosas les temés?
–Lo que más miedo me da es no animarme a hacer cosas. El día que no me anime a hacer algo, estaré complicado. 

–¿Te importa más el camino o la meta?
–Siempre le presto atención a cada momento que vivo. Para mí es tan importante el camino como la llegada. Todo  es importante.

–Quisiste pelear en tu país y lo vas a hacer nada menos que en Vélez .¿Qué significa eso para vos?
–El desafío más grande de mi carrera. Y posiblemente el de mi vida. 

El poder de uno mismo, según “Maravilla” Martínez 

“Creo que la vida se parece un poco a una casa. Cuando deseamos renovar nuestra vivienda, hacemos los arreglos que sean necesarios, cueste lo que cueste, y soportamos con estoicismo las molestias que esto pueda ocasionar. Si no estás conforme con tu vida, o no has hecho hasta ahora aquello para lo cual naciste y estás en el planeta Tierra, es necesario hacer cambios, moverte, remover lo que haga falta, animarte a correr riesgos por difíciles y atrevidos que parezcan. Alguien dijo que sin grandes riesgos no es posible tener grandes logros.

¡Estoy totalmente de acuerdo! Y conozco mucha gente que tiene como meta cambiar el mundo, pero ni siquiera se toman el tiempo de conocerse a ellos mismos, de mirar hacia adentro. Hay un proverbio chino que reza: ‘Antes de iniciar la labor de cambiar al mundo, da tres vueltas por tu propia casa’”.Extracto del libro Corazón de Rey, de Sergio “Maravilla” Martínez, publicado a fines del año pasado por Hojas del Sur y Editorial Planeta.

“Maravilla”, según su biógrafo* 

Las entrevistas periodísticas terminaban siempre de la misma manera. Más allá del boxeo, hablábamos de su historia de vida. Tanto del pasado como del presente, a lo cual se le agregaban los sueños que hace unos años tenía pendientes. Cada vez que lo llamaba a Sergio “Maravilla” Martínez a Madrid, me sorprendía con anécdotas dignas de contar a todo el mundo. Sin embargo, en aquel entonces no éramos muchos los que nos poníamos en contacto con él. 

Pasó el tiempo y la idea de escribir un libro sobre su vida tomó cada vez más fuerza, y en diciembre último lo concreté con Ediciones Corregidor en Maravilla Martínez. El hombre detrás del campeón. Allí no solo están los reportajes mencionados, sino que también se encuentran sus familiares, sus amigos, su equipo de trabajo y las personas que ya no están a su lado. Todos, con el mismo objetivo de descubrir los secretos de la persona que hay más allá del exitoso deportista.

*Germán Riesco es autor del libro Maravilla Martínez. El hombre detrás del campeón.

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