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Con aires renovados


Por Agustina Tanoira.


Con aires renovados 

Lejos de la solemnidad, los museos del nuevo milenio abren sus puertas para ofrecer propuestas dinámicas y novedosas y atraer a un público cada vez más exigente. Recorremos algunos de ellos. Pase y vea.

Así como en la Edad Media fueron las catedrales, en la actualidad los museos son el signo cultural más potente de las ciudades modernas. Insertos en el mundo del ocio y recorridos todos los años por millones de visitantes –de todas las edades y clases sociales–, los museos del nuevo milenio son mucho más que los guardianes del arte: son el espacio en el que se conjugan la cultura, la experiencia estética, la didáctica y la lúdica. 

Este nuevo rol los obliga a sacudirse el polvo de la solemnidad y reinventarse para adaptarse a un público cada vez más exigente. “Los museos deben –o deberían– ser multiespacios interdisciplinarios que, además de albergar y mostrar la colección propia, añadan tareas de carácter educativo, programas sociales y todo tipo de actividades complementarias”, explica Diana Saiegh, arquitecta y directora del Museo de Arte de Tigre. 

“Deben sumar propuestas que amplíen la oferta a diferentes públicos, desarrollar programas con las escuelas, proponer ciclos de cine, música, conferencias. Hoy los museos, además de guardar, deben abrir sus puertas para dar lugar a las distintas expresiones del arte y la cultura”.

La Web y un mundo globalizado 

Mientras que hasta el siglo XIX el acceso a las colecciones privadas, e incluso a los museos, estaba reservado a una elite, hoy el mundo de la cultura es muchísimo más abierto. Por eso, los museos modernos deben ser capaces de presentar grandes exhibiciones, pero también tener una presencia significativa en la Web. “Las nuevas tecnologías nunca van a suplantar el placer y la emoción de contemplar una obra original”, afirma Saiegh, pero reconoce las ventajas de incorporarlas para brindar más servicios y posibilidades al público. 

“Un buen ejemplo son las audioguías, los paneles informativos, etc. En el caso del MAT (Museo de Arte de Tigre), se están agregando códigos QR al lado de los cuadros más destacados de la colección para que sus fichas técnicas puedan leerse desde los teléfonos”,  continúa. Otro ejemplo es el del Museo del Louvre, que, gracias a una alianza estratégica con Nintendo, propone una visita guiada en 3D para estimular y entretener a los casi diez millones de visitantes que recibe por año. 

En el mundo globalizado, es común que las obras viajen y se desplacen por el planeta entero. El juego de préstamos recíprocos de obras de arte es vertiginoso. El año pasado la ciudad de Buenos Aires lo vivió en carne propia con la exposición de Caravaggio en el Museo Nacional de Bellas Artes, que incluyó más de veinte obras procedentes de las más prestigiosas instituciones y colecciones privadas de Italia. Una experiencia inédita de la que fueron testigos más de 130.000 personas en los casi dos meses que estuvo abierta.

Arquitectura y apertura 

La arquitectura no pasa inadvertida en la concepción del museo moderno, que hoy se concibe como una obra de arte en sí mismo. A juzgar por los más nuevos, la monumentalidad y las estructuras innovadores juegan un papel central. 

Ejemplos abundan: Frank Gehry y el Guggenheim, que puso a Bilbao en el mapa luego de la construcción de este edificio de formas curvilíneas y retorcidas; o los japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, que idearon los cubos amontonados para dar forma al Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York; o la iraquí Saha Hadid y el Centro de Arte Contemporáneo Rosenthal en Cincinnati (Ohio), o Richard Meier y el Getty Center de Los Ángeles... 

Todos deslumbraron con sus proyectos que suman, a sus magníficas galerías para las colecciones permanentes y temporarias, auditorios, librerías, bibliotecas, gift shop, cafetería y restaurante. “Sin duda, en la actualidad, los museos se encargan de comprometer a los ciudadanos; dar un lugar a sus anhelos, sentimientos y visiones”, entiende el arquitecto polaco Daniel Libeskind, artífice del Museo Judío de Berlín y su modernísima fachada metálica que aspira representar el inmenso vacío que dejaron los judíos berlineses desaparecidos durante el Holocausto. “El museo como lugar elitista ya terminó. 

Los museos que ahora están al alcance de todos definen en grandes proporciones imágenes de las ciudades futuras. Un buen museo se distingue porque sigue influyendo en la conciencia del visitante aun bastante tiempo después de que se haya terminado la visita. Perdura como imagen…”, concluye Libeskind. 

El Moderna Museet de Estocolmo, diseñado por Rafael Moneo, alberga obras de Picasso y Dalí.  El Museo Guggenheim de Bilbao, obra de Frank Gehry, es uno de los doce tesoros de España. El Getty Center de Los Ángeles, del arquitecto Richard Meier, costó mil millones de dólares. El Malba – Fundación Costantini fue inaugurado en 2001.

Ubicada en el barrio de La Boca, la sede de la Fundación Proa cuenta con una biblioteca-librería y una confitería, que se suman a las cuatro salas de exhibición, la terraza, la fachada y la vereda ampliada como espacios aptos para actividades artísticas. Un proyecto del Estudio Caruso e Torricella Architetti.?El Museo Judío de Berlín homenajea a los judíos desaparecidos en el Holocausto.

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