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Diseño en estado puro


Por Agustina Tanoira.


Diseño en estado puro
Rubén Troilo y Constanza von Niederhausern, de Garza Lobos, tienen una propuesta distinta: ellos investigan y experimentan con textiles. Gana la creatividad.

Luego de su quinta participación en el BAFWeek, Rubén Troilo (38) y Constanza von Niederhausern (30) reconocen que cumplieron su sueño de la tienda prestigiosa. Economista él y publicista ella, hace un par de años crearon Garza Lobos, una marca que se identifica con los materiales lujosos y los hilados hechos a partir de fibras de animales autóctonos.

Lo suyo fue un desarrollo orgánico en el que las ideas de innovación y la experiencia se fueron conjugando hasta lograr una identidad. Hoy están cada vez más consolidados. “Logramos hacer con llama hilada por nosotros prendas de tela plana, algo muy difícil lograr. ¿Desde el animal hasta tu prenda? ¡No existe!”, cuenta Constanza. Pero lo consiguieron, y esta es su historia.

Estudió Economía, pero siempre tuvo algo especial con la moda. Por eso, cuando se enteró de un concurso que organizaba Dupont para el que había que presentar una colección, no lo dudó. Consiguió un buen modelista, hizo el desfile y ganó. El premio era una pasantía de tres meses en Dupont, pero terminó quedándose tres años. 

El nombre 

No tiene un significado especial. Simplemente, fue lo que encontraron cuando buscaban un sonido que tuviera cierta musicalidad. “Hay un restaurante en Cañuelas que se llama La Garza Mora, al que iba de chico con mi familia”, cuenta Rubén. “Además, mi padre tenía un campo en Lobos”. Así surgió el nombre de la marca.

–¿Cuándo te encontraste con Martín Churba y Jessica Trosman?
–En un momento, Dupont organizó una acción que consistía en identificar un diseño de autor que resultara interesante para ayudar al desarrollo de esa marca. Conseguí que eligieran a Martín y a Jessica, así que les pagaron una campaña publicitaria y un desfile para el que los tres trabajamos, como locos, a la par. ¡Tenía que salir bien! Cuando terminó, los chicos me ofrecieron ir a trabajar con ellos y me fui. Empecé haciendo muestras y con el tiempo fui tomando otras responsabilidades. Terminé hablando de contratos con japoneses. En 2010 me fui de Trosman, y mi historia se unió con la de Constanza.

La madre de Constanza es de Trelew y su familia tiene campo de ovejas en el sur, donde ella pasaba largas temporadas. Al igual que Rubén, siempre fue una apasionada de la moda. “Sabía que quería meterme en ese mundo y no sabía cómo”, confiesa. Aprovechando las ovejas, la estructura de esquila y sus contactos, empezó a indagar en el tema de los hilados, el de la chinchilla, el guanaco, la vicuña y las cabras. Se puso en contacto con gente en Neuquén y con las cooperativas del norte que acopian lana de llama por finura y por color.“Mi idea era hacer un pool de fibras, pero eran muy caras y fue difícil conseguir que alguien aceptara hilar tan poco peso”, explica. Así que tuvo que armar una estructura y no fue fácil. 

Se conocieron a través de Lorena, la mujer de Rubén, y en seguida decidieron hacer algo juntos. Pensaron en suéters y en telas planas con todo el valor agregado que traía Rubén. Pero, claro, no existen marcas que hagan solo ropa de invierno. Entonces,  mientras Rubén se concentraba en desarrollar una imagen propia, Constanza se abocó a transformar fibras. Experimentaban. Hacían pedazos de tela y lo combinaban con alguna estampa. Investigaban. El tiempo no los apuraba porque no había ni un desfile que tuvieran que preparar, ni un local para abastecer. 

–¿Entonces apareció el BAFWeek?
R: Sí, empezamos a hacer desfiles antes de tener local. 

–¿Así se profesionalizaron?
C: Claro. Contratamos a alguien para la parte comercial y trabajamos con una matriz sabiendo qué hacer. 
R: Nuestro primer objetivo era tener prensa, porque para vender necesitás un local y esto implica una estructura, una colección.

–¿Y cómo trabajan hoy?
R: Como cualquier marca del exterior. Trabajamos con dos cabezas: una que tiene que ver con la fantasía, que es lo que se ve en un desfile o en una campaña, y representa los valores de la marca. Por otra parte, intentamos que esos valores se plasmen en nuestros productos. A veces, lo logramos por la elección de un botón o por la forma en que cosés la prenda.
C: No trabajamos con figurín, sino con la tela directamente sobre el maniquí.  Como tenemos nuestros modelistas en el taller, ellos nos van generando los moldes. Todo perfectamente articulado.

–¿Todo es industria nacional?
C: No todo. La seda es importada porque acá no se produce; los camélidos los hacemos nosotros y el resto de las telas las compramos.
R: Todo lo que podemos hacer acá lo hacemos acá. 

Las mujeres 

–¿Qué valores de la marca Garza Lobos quieren transmitir?
R: Buscamos transmitir un equilibrio entre la innovación y la belleza del sentido común.
C: Por ejemplo, en el último desfile no maquillamos mucho a las modelos porque queremos destacar la naturalidad y la frescura. 
R: Eso es lo que queremos resaltar. Mi experiencia en Japón me permitió entender un sentido de la belleza muy distinto del nuestro. A las mujeres les importa más la belleza de la prenda que cómo les queda la ropa. 

–¿Y las occidentales qué buscan?
R: Piensan cómo les va a quedar, si las va a favorecer. Para mí, lo lindo es cuando se juntan ambas cosas. 

–¿Cómo logran ese buen equilibrio?
R: Aspiramos a que la mujer salga contenta, que sienta que lo que lleva la favorece. Pero también buscamos insertar la idea de que se puede salir de la prenda típica clásica y aburrida, que se puede jugar e innovar un poco. Romper 

–¿Cómo respondió el público a la propuesta de ustedes?
C: Muy bien, la gente vuelve. Pero como se trata de un mercado chico, nuestro gran desafío es cautivar a más personas. 

El show

En el último desfile, hasta pocos segundos antes de que comenzara el show, podía verse a Rubén testeando las luces. “Quería que al pasar la modelo, su sombra se tiñera ligeramente de violeta”, explica. “Es una sutileza, pero hace toda la diferencia”. “ ¡Es que lo que importa es la foto final!”, interrumpe Constanza. “Si la foto es buena, todo se pone en valor: el saco que hiciste, la tela y la moldería cuidada, la forma como está cosida”. 
Para el team de Garza Lobos nada está librado al azar. Ni las prendas, ni el casting, ni el maquillaje, ni la música, ni la luz. “Somos muy obsesivos con los detalles; la verdad es esa”, coinciden. 

–¿Y cómo se sienten cuando termina el show de la pasarela?
R: Ya sabemos qué es lo que hicimos mal, qué es lo que queremos mejorar. Una vez leí una nota a Alber Elbaz, diseñador de Lanvin, en la que contaba que cada vez que terminaba su desfile, quería olvidarse de esa colección y empezar con la nueva. Para él eso era muy útil porque lo llevaba a superarse constantemente. A mí me pasa un poco lo mismo, porque siento que estamos en un 20% de lo que podríamos ser.

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