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Cuándo parar


Por Agustina Tanoira.


Cuándo parar 
La búsqueda del cuerpo perfecto lleva a miles de personas a recurrir a las cirugías y los tratamientos. En una época en que los avances científicos prometen corregir cualquier defecto, es clave pensar en los excesos y riesgos. ¿Menos es más? 

Cada época tuvo sus formas. Los años cincuenta fueron los de las curvas y las cinturas de avispa; en los setenta, influidos por la alta costura, la silueta femenina se estilizó y la delgadez se convirtió en un mandato categórico; diez años más tarde, el furor del aerobics, el jogging y las gimnasias modeladoras consagraron el culto al cuerpo y las dietas. Fue entonces cuando las cirugías estéticas cobraron fuerza, aunque estuvieran casi reservadas, o bien para reconstrucciones terapéuticas, o para las grandes divas. 

Y llegaron los noventa, con el boom de las supermodelos y un patrón de belleza imperativo que ordenaba siluetas tan perfectas que muchas veces era posible solo con la ayuda del Photoshop… o la cirugía plástica. Con el nuevo milenio, la búsqueda de la juventud eterna adquirió el grado de valor supremo y la oferta de tratamientos se volvió infinita. Hoy todo vale cuando de ser bella se trata: agujas, bisturíes, láser, implantes, rellenos y ácidos permiten lograr el cuerpo y el rostro que una –y uno– siempre soñó. 

La cirugía estética está a la orden del día y se consume sin tapujos: hombres y mujeres, adultos y adolescentes, y divas o amas de casa no dudan en consultar a especialistas para terminar de una vez con aquello que los acompleja. Es necesario reconocerlo: millones de personas se han beneficiado con sus resultados, pero también son muchos los que, debido a sus excesos, muestran efectos grotescos. La denominada “banalización de la cirugía estética” es un fenómeno en aumento que alarma a los especialistas y abre el debate acerca de si esta debe ser una actividad regulada y, de paso, si debe concientizarse a los pacientes acerca de la importancia de poner límites. 

Lo primero es la salud 

“Sí, definitivamente, considero que es importante que se realicen campañas de educación a la población general sobre quién es un verdadero cirujano plástico”, explica la doctora Lina Triana, una de las mejores cirujanas plásticas de Colombia y secretaria a nivel mundial de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS por su sigla en inglés). “En cuanto a la legalidad de la especialidad, debemos pensar en que es importante regularla pues los procedimientos de cirugía plástica en manos no idóneas se convierten en un riesgo social”, agrega, y confirma que el descuido respecto de la seguridad en las cirugías es un problema mundial. 

Para ella, el éxito de una cirugía depende de la cualificación del cirujano, la idoneidad del centro médico en el que se realiza el procedimiento, la salud del paciente y el plan quirúrgico elegido para tratar a quien desea operarse. La doctora Patricia Dermer, licenciada en Química, doctora en Análisis Biológicos y directora de Lidherma, coincide con los requisitos de Triana y remarca: “No hay que operarse jamás en un consultorio, aunque sea más barato. 

La infraestructura que ofrece un sanatorio u hospital da tranquilidad y eso no tiene precio. El cuidado de la salud es parte indisoluble del tratamiento”, continúa Dermer. “Se trata de mejorar o corregir aspectos de los pacientes que se consideran antiestéticos de acuerdo con los cánones de belleza –subjetivos y culturales–, y por ende el profesional debe realizar una entrevista exhaustiva para entender las expectativas del paciente y darles criterio de realidad”. 

La denominada “banalización de la cirugía estética” es un fenómeno en aumento que alarma a los especialistas.

Cuál es el límite y quién tiene que ponerlo –el médico o el paciente– es el principal dilema. “Ambos deben tener un límite”, explica Graciela Seleme, médica especialista en Cirugía Plástica y Estética, directora de Estética Seleme y miembro titular de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica y Reparadora. “Un paciente plantea sus inquietudes y expectativas, y el especialista será el encargado de evaluar estas necesidades y aconsejarle el mejor camino para llegar a ese resultado, y si es viable o no”. 

El límite es un criterio médico, pero la decisión final siempre será del paciente, que es quien puede escuchar a distintos profesionales hasta encontrar el que más lo convenza. “Lo importante es buscar profesionales serios”, sigue Seleme. La desinformación de los pacientes y la frivolidad son los principales retos de la cirugía plástica mundial, y el punto medio constituye el gran desafío.

Chicas perfectas 

Pero, claro, las modas, la vastísima oferta de “tratamientos milagrosos”, la constante exposición de modelos perfectos a través de los medios tienen mucha incidencia a la hora de concretar la fantasía del cuerpo y el rostro ideales. Tanto es así que en la adolescencia las chicas ya empiezan a especular con las intervenciones quirúrgicas. Y es un hecho: las consultas comienzan cada vez más temprano. Sin ningún prurito, niñas de 14 y 15 años acuden a los consultorios para informarse acerca de implantes mamarios y cirugías de nariz, casi siempre con el visto bueno de los padres. Muchas veces son ellos quienes las incentivan y se las obsequian como regalo para los 15 años.

Un artículo que se publicó en la revista Forbes, con el título de El nacimiento de la paciente de veintipico, ilustra el caso de la actriz Lindsay Lohan, que a los 25 años se sometió a varios tratamientos estéticos con el fin de verse ¡más joven! 
Los expertos se animan a arriesgar que, además de inyectarse botox y algún otro relleno en varias zonas del rostro, se hizo un lifting, con el paradójico resultado de afectar su identidad facial, lo que la hace verse más grande de lo que en realidad es. Con relación a esto, la periodista británica Barbara Ellen hizo una observación, publicada en el diario The Observer, que bien merece la pena citar: “Hace un tiempo, las mujeres empezaban a sentirse viejas y feas a los 40 años, luego fue a los 30 y ahora, de pronto, a los 20”. 

Modelos para no copiar  

En esto de quitar lo que sobra y poner lo que falta, hay ejemplos emblemáticos que sirven de advertencia sobre lo que no debería hacerse ¡nunca! Mickey Rourke es una de las pocas celebrities que reconoce no solo haber recurrido a la cirugía plástica, sino haber acudido a la persona incorrecta que, con la promesa de reparar su rostro de los estragos del boxeo, le deformó la cara por completo. 

Meg Ryan es también un ejemplo cabal de cómo arruinar un rostro perfecto valiéndose de rellenos en áreas incorrectas, liftings y quién sabe qué otras cosas más. A la larga lista de arrepentidos acaba de sumarse Nicole Kidman, otra mujer hermosa cuya adicción al botox y al colágeno la llevó a perder la capacidad de gesticular, algo inadmisible para una actriz de su categoría. Hace poco, en una entrevista para el diario italiano La Republica reconoció: “Desafortunadamente, probé el botox, pero ya lo dejé. Ahora puedo mover mi cara de nuevo”. 

“No hay que operarse jamás en un consultorio, aunque sea más barato. La infraestructura que ofrece un sanatorio o un  hospital da tranquilidad y eso no tiene precio”. Dermer

Tal vez, a la hora de tomar la decisión, ayude diferenciar entre lo que es corregir los defectos –como las secuelas de un parto: flacidez, mamas caídas, etc.–, o los estragos del tiempo –bolsas, ojeras, etc.–, y querer convertirse en otra persona. La clave no está en el número de cirugías que puedan realizarse, sino en aceptarse con la fisonomía propia. La autoestima es algo mucho más profundo y complejo, que no pasa por el volumen de los senos ni por el tamaño de la nariz.

Rostros relajados y cuerpos armoniosos

Cuando el ideal femenino es una cara planchada, y un cuerpo sin caderas y pechos de matrona, difícilmente podrá conseguirse sin la ayuda de la técnica. Por suerte, algo está cambiando y ya está empezando a observarse una tendencia más relajada del cuerpo femenino. Las curvas están comenzando a invadir las pasarelas y se imponen nuevos paradigmas de belleza –más realistas–  gracias a la presencia de celebridades que rompen los moldes y no se hacen cirugías ni rellenos, como la actrices Kate Winslet, Christina Hendricks y Emma Thompson. 

Lucen bien sin estridencias y con rostros naturales y relajados. “En la actualidad, se considera que la belleza es recuperar un aspecto juvenil y descansado”, afirma Dermer. “Los rellenos se usan sin sobrecorregir, más que nada, la boca o los pómulo. La naturalidad es más elegante que las caras que se ven rellenadas”. La doctora Seleme coincide: “Sí, sin ninguna duda, no hay nada como la belleza natural. Lo ideal es tratar y cuidar la piel sin buscar cambios abruptos, sino la armonía y frescura en nuestro rostro. Para esto debe trabajarse en la prevención y los cuidados periódicos que envejecer naturalmente”. 

¡Precaución!

En su página web, la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER) recomienda qué hay que tener en cuenta antes de operarse. Tome nota de algunos de ellos:
• Ninguna cirugía puede ser absolutamente perfecta, y no se pueden garantizar resultados idénticos a los que uno imagina, por lo que es fundamental tener expectativas realistas. 
• La cirugía plástica puede cambiar las formas, pero no la vida. Aunque una apariencia mejor puede mejorar su autoestima, esto no va a resolver los problemas laborales o emocionales. 
• Elija operarse en momentos en que no se encuentre bajo situaciones de estrés y se sienta contenida emocionalmente. 
• Esté preparado/a para tolerar incomodidades en el posoperatorio, cicatrices u otros efectos colaterales. Comprenda que, como toda cirugía, la cirugía plástica conlleva cierto riesgo.

“Es importante regular la especialidad pues los procedimientos de cirugía plástica en manos no idóneas se convierten en un riesgo social”. Triana

Cirugías extremas 

Dentro del menú de tratamientos, hay propuestas súper sofisticadas, como la cirugía para corregir el acortamiento de los dedos de los pies (que muchas veces es más un problema funcional que estético); las intervenciones para modelar las pantorrillas y los rellenos de grasa en las manos para sacar el aspecto envejecido con excelentes resultados estéticos. En la cara, otra operación no tradicional es la de levantar la cola de cejas para lograr unos ojos más rasgados, la de achicar los lóbulos de las orejas cuando son muy grandes y las operaciones para cortar el labio superior que se realiza en pacientes que los tienen muy largos. Todas estas intervenciones se realizan en nuestro país, aunque no son frecuentes.

¿Por un buena causa? 

Realizarse cirugía para dejar de sufrir bullying es una práctica cada vez más frecuente entre los adolescentes. En 2007, por ejemplo, en Estados Unidos se llevaron a cabo noventa mil procedimientos a jóvenes (aunque no todos los casos fueron por bullying). Un caso emblemático fue el de la Nadia Ilse, una adolescente que sufría el acoso de sus compañeros de clase por sus llamativas orejas. A los 10 años le rogaba a su madre por una operación para que estas no lucieran tan separadas y a los 14 su deseo se hizo realidad cuando la fundación Little Baby Face, que ofrece cirugías plásticas gratuitas a jóvenes que sufren de bullying, la trasladó a Nueva York, donde fue sometida a una otoplastia, una rinoplastia que le corrigió la desviación del tabique de su nariz, y la colocación de un implante de mentón para equilibrar su fisonomía.

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