INVESTIGACION


Yo quiero puedo


Por Mariano Petrucci.


Yo quiero puedo
Si bien recientes estudios científicos afirman que el espíritu de conducción se lleva en los genes, los especialistas aseguran que también uno puede educarse como cabecilla de grupo. Claves para tomar las riendas en un equipo… y también en la vida misma.

En sus años de trayectoria profesional, Agustín Pichot recolectó un sinfín de enseñanzas. Para empezar, solo para empezar, elegimos tres. La primera: “Siempre supe que estaba para algo. Me lo hacían sentir en mi casa, como si me hubieran dicho ‘no estás solo y sos tan importante para nosotros que vamos a cuidarte siempre’. Para mí es esencial decir que cuando era chico me sentí cuidado, amado y respetado. Es la primera noción de liderazgo que aparece en mi vida. Cuando crecés de esa manera, es inevitable que te sientas especial. También te vuelve más responsable: cuando confían en vos tenés que hacerte cargo de ese apoyo y no fallar”.

Se va la segunda: “Cualquiera puede marcarte actitudes y aconsejarte sobre cómo proceder. Pero nadie podrá transferirte una forma de ser para convertirte en un referente. Para ser líder, lo importante es sentirse alguien especial. Y eso es trabajo de cada uno. También hay que contar con tres cosas indispensables. Lo primero es la sensibilidad que te permite ver (y sentir) más allá de lo que percibe el resto. Lo segundo es la convicción, para no tambalear cuando te toca defender tus creencias. Lo tercero es la estabilidad: si te tratan demasiado bien, hay que ser fuerte para no necesitar de esa caricia”. 

La tercera: “En mi carrera me equivoqué muchas veces. El camino del liderazgo se hace más trascendental en los momentos dolorosos. Hay que estar preparado para ganar, pero también para perder. Para entender el fracaso. De algún modo más emocional que estratégico, logré que muchos creyeran en mí, poniendo su futuro en mis manos, y que eso se sienta muy bien. ¿No es otra forma de definir liderazgo?”.

“Para ser un buen líder de uno mismo, tenemos que reflexionar sobre nosotros y el entorno, y tener autodeterminación. ¿Qué significa esto??Emprender acciones eficaces, pero sin perder nunca de foco lo referente a nuestros límites, aquello que todavía no podemos alcanzar”.?Paula Sudacov

En su libro El juego manda. Experiencias para un liderazgo positivo, el excapitán de Los Pumas recopiló anécdotas personales y sus andanzas dentro del universo del rugby, donde se destacó por ser uno de los referentes del deporte argentino. ¿Quién puede dudar que quien se había formado en el Club Atlético San Isidro (CASI) llevó en su sangre esta cuestión de ponerse al frente un grupo y comandarlo? 

En rigor, los académicos avalan esta teoría. Según un estudio del University College de Londres, existe una secuencia específica de ADN asociada a la tendencia de ciertos individuos a ocupar una posición de liderazgo. No obstante, eso no implica que las cualidades que lo hacen a uno a colocarse la “cinta de capitán” (en un equipo… o, por qué no, en el devenir diario) sea algo que no pueda adquirirse.
“Para transformarnos en los líderes de nuestra existencia, tenemos que ser capaces de reconocernos, aceptarnos, valorarnos y estimarnos merecedores de tener la vida que queremos tener. 

Todos disponemos de los recursos internos para cambiar, decidir y llevar a cabo acciones en las que hagamos coincidir o alinear lo que sentimos con lo que pensamos. Para ello, tenemos que registrar nuestros deseos más puros –libres de mandatos ajenos–y plantearnos metas claras, precisas y posibles”, afirma la licenciada Paula Sudacov, consultora terapéutica, programadora neurolingüística e integrante de la Escuela Argentina de PNL y Coaching. Y sigue: “Para ser un buen líder de uno mismo, tenemos que reflexionar sobre nosotros y el entorno, y tener autodeterminación. ¿Qué significa esto? Emprender acciones eficaces, pero sin perder nunca de foco lo referente a nuestros límites, aquello que todavía no podemos alcanzar”. 

Que un sujeto pueda ser el caudillo de sus ilusiones más íntimas no es un proceso lineal, por supuesto. “Uno puede ejercer un papel en un ambiente o un momento en particular, que, luego, se reproduce –o no– en otros espacios. Sería incorrecto concluir que un niño que es ‘líder positivo’ en su curso lo será en una empresa. O que quien no vivenció de chico ningún lugar de conducción entre sus pares estará condenado a estar en puestos subalternos. Sin embargo, la frase ‘Se nace, no se hace’ no agota las posibilidades frente a las que nos encontramos”, considera Andrea Kaplan, directora ejecutiva de Fundación Sociedades Complejas y comunicadora social y consultora en temas de comunicación, planificación y gestión en instituciones educativas y de salud. 

La especialista ahonda en los ámbitos que son proclives para forjarnos como verdaderos dueños de nuestro destino. “Una magnífica opción son los deportes en conjunto, aquellos que son competitivos, como el fútbol, el voley o el hockey –subraya Kaplan–. Otra alternativa son los reductos artísticos, como formar parte del elenco de una obra de teatro o de una orquesta. Digamos que son aquellos proyectos que comprometen una labor mancomunada, con diversas situaciones y roles para que sean asumidos por distintas personas, y que de ellos se eleve la presencia de un líder. Después, su desarrollo como tal dependerá de múltiples factores, que serán dinámicos; algunos, hasta imprevisibles”.

El mapa equivocado*

Hay un relato sobre un grupo de soldados que, extraviados en los Alpes, lograron regresar a su base gracias a un mapa que halló por uno de ellos en su mochila. Lo notable es que, una vez en casa, al revisar el mapa con tranquilidad, descubrieron que este era en reali-dad ¡un mapa de los Pirineos! Creo que quienes tienen a su cargo la gestión de un grupo humano saben que usan un mapa equivocado, pero también confían en que, una vez que el mapa los ayude a ponerse en movimiento junto con su gente, van a ir encontrando el camino. En el caso de los soldados, la importancia del mapa no residía en haber dado respuestas, ya que nadie las tenía, sino en haber puesto al grupo en movimiento y no quedarse esperando. 

El liderazgo aparece mirando el pasado y no adivinando el futuro. Los actos de liderazgo son respuestas a situaciones que se perciben como críticas, que no se proponen tanto liderar como sobrevivir. Solo en la visión retrospectiva, aparecerán como actos deliberados con una intención consciente de conducir al resto.

El ADN del líder 

“El liderazgo no tiene que ver con la imposición de tus ideas: es la aceptación de los demás de tu propia metodología. Muchas veces esa metodología tiene una base importante de pragmatismo. Ser simple, directo y concreto hace que te entiendan mejor. Con los años, aprendí que también hay que tener en cuenta los modos. Sabés que no sos un iluminado de Dios, ni un genio, ni más inteligente que el resto. Pero confían en vos y tenés que estar listo para dar siempre un consejo, aunque te parezca lo más básico del mundo”, escribe Pichot en su autobiografía.

Para Ernesto Gore, licenciado en Ciencias de la Educación, Master of Science por la Universidad de Oregon (Estados Unidos) y doctor por la Universidad de Buenos Aires (UBA), liderar es hacerse cargo de un problema o de una circunstancia delicada… y poner el hombro para atravesarla. “Ser un líder no es una característica innata, ni un don: es una actividad que uno encabeza para auxiliar a un tercero a superar un trance incómodo o desafiante. No fantaseemos con que un líder es alguien simpático y sonriente que arrastra a los demás, subyugados por su encanto como si fuera un flautista de Hamelín. 

Tampoco ser líder es decirles a los demás, sin excepción, lo que deben hacer. No. Liderar es, la mayoría de las veces, enfrentar lo difícil, lo que muchos preferirían no ver y esconder debajo la alfombra. Es un fenómeno emergente: cualquier ser humano que influencie positivamente al prójimo está activando una acción de liderazgo, sea grande o pequeña”, aclara quien es director de la maestría de Estudios Organizacionales en la Universidad de San Andrés (UdeSA) y publicó el libro El próximo management. 

“Si nosotros somos líderes, nuestros hijos incorporarán ese modelo de manera inconsciente y podrán copiarnos algún día. Hay que generar un contexto de amor y diálogo, para sembrar pensamientos positivos”.?Andrea Kaplan

Y prosigue: “El liderazgo no debe confundirse con la autoridad. Se puede tener autoridad y no tener liderazgo, y se puede tener liderazgo y no tener autoridad. Mahatma Gandhi nunca fue presidente ni nada en la India. Y orientó a su pueblo por un camino complejo y de sacrificios, que permitió afrontar la tarea más complicada: devolverle la libertad a su país. Asimismo, el liderazgo no se traduce en ganar o ser un triunfador. En ocasiones, requiere saber perder, pero siempre hay que dejar un ejemplo y un testimonio”.
En la misma línea, Kaplan agrega que para ser líder hay que conocer las aptitudes y debilidades de quienes nos rodean, para potenciarlos. 

“Es condición respetar los tiempos ajenos. Eso hará que los otros se involucren y no se sientan meros engranajes de una máquina que los excede –esgrime la experta–. Aquellos que desconocen la necesidad de interacción adoptan posturas arbitrarias y malogran creatividad y energía. Esto se visualiza en las instituciones educativas cuando los directivos no invitan a su plantel docente al armado del plan educativo. En un estudio preliminar de la Fundación Sociedades Complejas sobre autoridad pedagógica, surgió la inquietud por parte de los maestros de que repararan en ellos en los escenarios que anteceden a la toma de decisiones; sobre todo, en el trabajo áulico. Este hecho los fortalecería en su desempeño con los alumnos”.

Como una asignatura más
 
Mencionar lo que pasa en los colegios es propicio para hablar de cómo moldear líderes desde la infancia. “Educarlo como líder es educarlo como persona. Esto es, ayudarlo a comprenderse a sí mismo y a quienes trata, a hacerse responsable de lo que hace y de lo que dice. A ser auténtico, exigente y justo”, sentencia Gore. 
Según Kaplan, hay un paso previo: discernir que no se puede partir desde un mismo método para todos. Así lo argumenta: “No hay un manual para aplicar  con idénticos resultados. Lo primero con lo que hay que interiorizarse es si el niño está interesado en ese tipo de formación, que es rigurosa y puede provocar gran movilidad psíquica y emocional. De ser así, el juego es una excelente manera para inmiscuirse en el ejercicio del liderazgo”.

“El liderazgo no debe confundirse con la autoridad. Se puede tener autoridad y no tener liderazgo, y se puede tener liderazgo y no tener autoridad. Tampoco se traduce en ganar o ser un triunfador”.?Ernesto Gore

En este sentido, Sudacov asegura lo clave que son los adultos –sean padres o maestros– para fomentar esas habilidades: “Se educa con el ejemplo. Si nosotros somos líderes, nuestros hijos incorporarán ese modelo de manera inconsciente y podrán copiarnos algún día. Es fundamental generar un contexto de amor y diálogo, para sembrar en ellos pensamientos positivos, la autovaloración y la confianza. Y si hay errores, habrá que tomarlos como oportunidades para el aprendizaje”.

Muchas veces, bajo la lupa de Gore, uno lidera más de lo que supone. Si no buscamos el reconocimiento inmediato y los aplausos, podremos apreciar que nuestro proceder es bastante más relevante de lo que creemos y que la atención que le dediquemos a lo que hacemos tiene más injerencia sobre la vida de los demás de lo que imaginamos. ¿Y si lo intentamos?

Líderes de escritorio 

La oficina es, por definición, el lugar  donde se forman líderes. “El liderazgo es una característica de la personalidad, pero puede ser optimizada y aprehendida. La ascendencia dentro de un equipo no la da el cargo, sino la influencia y confianza que cada individuo se gane dentro de ese grupo. Un jefe puede tener el poder de su posición, pero no ser un líder”, dice Sebastián Siseles, director regional de Freelancer.com para Latinoamérica. ¿Cómo debe ser un líder en el trabajo?

Siseles responde: “Desde el ejemplo, la motivación y el consenso, debe ayudar a cada miembro a sacar lo mejor de sí mismo en pos del beneficio colectivo. Tiene que ser empático y comunicativo; enérgico y activo; innovador; tener sentido de pertenencia, autodeterminación  y autoconfianza; conducir por virtudes y convencimiento y no por imposición o fuerza; dar ejemplos y no órdenes; y valerse de los demás”.


Características* 

Un líder emerge. Puede ser elegido por los integrantes de un grupo, en forma manifiesta, teniendo en cuenta las metas de esas personas. O transformarse en líder inconscientemente desde los aportes que hace a esos integrantes. En cualquier caso, su proceder dependerá de las urgencias del grupo. Así podrá satisfacerlas. Un líder posee diversas singularidades: carisma, prestigio, conocimiento, conducción, etcétera. Además, su función debería ser móvil. Cuando se saldan las necesidades del grupo, otro líder puede surgir.

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