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La científica que todo lo cuestiona


Por Victoria Pérez Zabala.


La científica  que todo lo cuestiona 

Florencia Linero tiene una gran pasión, la ciencia, y una obsesión, las células. Su investigación sobre los nanobodies o nanoanticuerpos para curar el virus de Junín le valió la beca L’Oréal Unesco Para Mujeres en la Ciencia.

La cuestión se reduce a sentarse y hacerse preguntas. Así se gestan las grandes ideas según Florencia Linero, la científica argentina de 31 años ganadora de la beca L’Oréal Unesco Para Mujeres en la Ciencia. Hace unos días expuso ante un auditorio de expertos en París, concretamente en la Universidad de La Sorbona, sobre aquello que más conoce: el virus de Junín que provoca la fiebre hemorrágica argentina. 

El prestigioso premio distingue no solo a jóvenes científicas, sino también la trayectoria de las mujeres más destacadas de la ciencia. La beca le permitirá viajar a Bélgica y continuar con su investigación en la Universidad de Gante. Luego volverá al país para aplicar lo que investigó allá. 

Sencilla, con su pelo castaño oscuro atado en una colita, Florencia nos recibe en un aula de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde aún flota un fuerte olor a gas de algún experimento reciente.
 
La mujer de los porqué 

“Curiosa fui siempre. Me pregunto todo, todo el tiempo. Creo que el científico, en general, es preguntón. Tiene que ser curioso”, opina. Ya de chica, la doctora en Biología molecular por la UBA hacía muchas preguntas mientras crecía en su Mendoza natal. Con el paso del tiempo, fue aprendiendo muchas cosas; entre ellas, que las respuestas no eran siempre absolutas: no todo era blanco o negro.

 Sus padres le inculcaron la pasión por el trabajo, y Florencia, junto a sus otras dos hermanas, una médica infectóloga y otra psicóloga de niños, puso manos a la obra para descubrir qué era lo que la movilizaba. “Siempre me interesaron las células. Cuando estaba en secundaria, se sabía muy poco de ellas. Hay tantas cosas que no se saben y me gusta poder responder los interrogantes. Lo que más me motiva es tratar de responder cosas y, no sé por qué, de las células”.

Así fue como esta curiosa científica partió hacia San Luis a estudiar Biología molecular. Al concluir la carrera, comenzó el doctorado en Buenos Aires, y a fines de 2004, empezó a investigar el virus de Junín, mal de los rastrojos, que acecha y pone en riesgo a cinco millones de habitantes de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa. El virus, que sin tratamiento tiene una mortalidad del 15 al 30%, se volvió su obsesión. Quiso saber todo de él, responder los interrogantes que aún rodean a esta enfermedad que comienza con síntomas muy similares a la gripe.

Premio al esfuerzo

Los días de Florencia transcurren entre cultivos celulares y experimentos con células. Ella quiere probar la validez de una nueva opción de tratamiento para la fiebre hemorrágica argentina. Pasa alrededor de nueve horas diarias entre las paredes del Laboratorio de Virología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. “Estoy dedicada full time a la investigación. Estoy fascinada con la virología”, y comparte la pasión con Peter, también científico y estudioso de las bacterias. “¿Casarnos y formar una familia? Por ahora, es un deseo postergado porque las obligaciones de la carrera con sus muchos viajes y horas de trabajo complican el tema”, comenta. 

Florencia es la séptima científica argentina en recibir esta beca otorgada a mujeres con futuro promisorio y cuyos descubrimientos pueden representar un gran avance en la revolución de problemáticas en sus países de origen. Cada año eligen a quince investigadoras, tres por cada una de las regiones de la Unesco, y ellas reciben una beca de cuarenta mil dólares para trabajar dos años en el extranjero. “Después de todo mi esfuerzo, estas cosas te emocionan”, cuenta Florencia. “Hago lo que me gusta, aunque lo económico es un poco cruel. Acá el trabajo de tanto tiempo se te puede arruinar porque un freezer se descongela cuando te cortan la luz. 

Y sucede. No se valora el esfuerzo que hizo una persona durante tanto tiempo”, apunta la científica. Su gran expectativa radica en que su investigación rinda buenos frutos y mejore la realidad de una enfermedad que se origina a partir de un roedor de campo, la laucha maicera, que elimina el virus a través de la sangre, la orina y la saliva, contaminando el medio ambiente. “Trabajar con este virus me permitió interiorizarme acerca de esta enfermedad infecciosa viral endemoepidémica, que surge en nuestro país en 1950, y de las limitaciones de los tratamientos actuales. 

Estos, si bien han contribuido efectivamente a la disminución de la tasa de mortalidad, ponen de manifiesto la necesidad de obtener nuevas opciones de tratamiento más seguras y efectivas”, explica y aclara. 

“Siempre hice ciencia básica pura que implica conocer la biología básica del virus. Ahora daré un paso con la ciencia aplicada. No sé si acá podríamos hacer la misma investigación sin la tecnología que encontraré en Bélgica. Es muy caro hacerlo. Espero que los anticuerpos funcionen”, dice, y junta sus manos como en un ruego. 
Hacia Bélgica se encamina está inquieta investigadora llena de preguntas, que esperan una respuesta correcta, aquella que dará una luz de esperanza a los que padecen la fiebre hemorrágica. Por ahora, y mientras nos despide, Florencia es pura sonrisa, promesa y expectativa. 

El proyecto ganador 

El tratamiento actual contra el virus de Junín consiste en la administración temprana de suero de personas que se han curado de fiebre hemorrágica argentina por lo que contienen dosis definidas de anticuerpos. Si bien esta terapia es efectiva, sus desventajas consisten en la dificultad para mantener una cantidad de reserva suficiente de suero inmune, más los riesgos de transmisión de enfermedades por transfusión y la aparición de un síndrome neurológico tardío. El proyecto de investigación de Florencia Linero se basa en la obtención de nanobodies o nano-anticuerpos (anticuerpos de tamaño pequeño) como una terapia innovadora y mejorada para la fiebre hemorrágica argentina. Los nanobodies se encuentran naturalmente en camélidos y presentan importantes propiedades, como elevada resistencia al calor, resistencia al pH (son resistentes al pH ácido del estomago), y dado su tamaño pequeño, pueden acceder a lugares a los cuales no pueden  acceder los anticuerpos comunes. Este proyecto será realizado en la Universidad de Gante, Bélgica, bajo la dirección del doctor Xavier Saelens, con la posterior transferencia tecnológica a la Argentina, en donde se continuarán los estudios terapéuticos de los nanobodies obtenidos.


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