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Barajar, y dar de nuevo


Por Mariano Petrucci.


Barajar, y dar de nuevo
Digno ejemplo hollywoodense, su aparición causó sensación, cayó en desgracia y resurgió con más prestigio que nunca al ganar el Oscar con Argo, película que dirigió y protagonizó. Perfil del hombre del momento en la industria cinematográfica.

Reinventarse. Alejarse de los flashes incandescentes para regresar recargado. Cualquiera de las figuras le cabe a Ben Affleck, hoy en la cima de Hollywood, después de haber dirigido y protagonizado el film Argo, con el que le llovieron los premios: Oscar como Mejor Película, dos Globos de Oro, dos BAFTA y la distinción como Mejor Director otorgada, precisamente, por el Sindicato de Directores.

Típico lugar común de la industria norteamericana (y, por qué no, de las stars hechas y derechas), Affleck supo lo que era la aparición fulgurante en los medios, la caída y esa resurrección que suele venir acompañada de esa palmada en la espalda llamada “prestigio”. 

Porque si en el presente son todas loas para este actor, productor, guionista y director estadounidense, nacido un 15 de agosto, hubo una etapa de críticas –y de las más despiadadas– hacia sus trabajos en la pantalla grande, de escándalos amorosos y, digámoslo, de algún que otro exceso (con rehabilitación por alcohol incluida). 

“Era joven, acepté todo tipo de papeles y me perdí en el camino, sintiéndome agobiado e infeliz. Por eso, tuve que tomarme un descanso, dejar que las cosas volvieran a encauzarse y redescubrir mi pasión. Ojalá me hubiese dado cuenta antes, pero nunca es tarde. Ahora, tras permitirme un respiro, estoy tranquilo y solo hago lo que me atrae, lo que, a priori, hará que me enorgullezca”, confesó este galán con ascendencia escocesa, inglesa, irlandesa y alemana.

Quienes lo frecuentan opinan que lo que lo hizo “sentar cabeza” fue toparse con Jennifer Garner, con quien vive en sus residencias de Los Ángeles, Massachusetts y Savannah, y conformar una familia con tres hijos: Violet Anne (8), Seraphina Rose Elizabeth (4) y Samuel (1). Atrás quedaron los romances de primeras planas con Gwyneth Paltrow –cuando estaba recién separada de Brad Pitt– o con Jennifer Lopez. 

A propósito, la relación con la cantante portorriqueña le ocasionó más disgustos que caricias al alma. Los medios de comunicación rastrearon a sol y a sombra a esta pareja de celebrities y hasta les inventaron un apodo: “Bennifer”. Affleck y Lopez no solo se comprometieron (con anillo de Harry Winston valuado en tres millones de euros), sino que encabezaron los largometrajes Gigli y Padre soltero. Los sendos fracasos en la taquilla fueron el principio del fin. 

Entonces, apareció la otra Jennifer para acomodar a este californiano que ya sopló las cuarenta velitas. Se habían cruzado en el set de filmación de Pearl Harbor y el flechazo se consumó cuando compartieron cartel en Daredevil. En este caso, bien vale aquello de que detrás de un gran hombre… “Quizá suena a frase hecha, pero casarme y tener a mis hijos simplificó mi vida en varios aspectos. En casa, ¡manda ella! –se ríe–. Es extraordinaria y comprensiva: funcionamos muy bien juntos. 

Constituimos una buena sociedad. Somos muy afortunados”, comentó sobre la madre de sus hijos, por quienes siente devoción y que, según sus propias palabras: “Me derriten con sus sonrisas y gritos” . Ellos lo hicieron “bajar a tierra”.

Y si bien eso de entremezclar lo que pasa entre las cuatro paredes de la habitación con lo laboral no siempre ancla en buen puerto (con “JLo” pudo comprobarlo), Affleck no descarta actuar con su esposa… y hasta dirigirla. “Sería maravillosa la experiencia. Al conocer tanto a la otra persona, como me pasó cuando dirigí a mi hermano Casey, uno sabe cuándo su actuación es genuina y cuándo no lo es. En cuanto a Jennifer, tiene un talento enorme”, se babeó. ¿Enamorado, yo? 

El futuro por delante ti

Hay otra mujer y un hombre, claves también en la hoja de ruta de Benjamin Geza Affleck (ese es el nombre que se lee en su documento). Por un lado, su madre, Anne Christine, una maestra de escuela que lo apoyó en su decisión de querer convertirse en actor –algo que suele agradecer en sus entrevistas–. Por el otro, su inseparable amigo y compinche Matt Damon. Quienes creen que esa dupla se forjó detrás de bambalinas están equivocados. 

Durante la infancia, Affleck y Damon fueron vecinos y compañeros de escuela (aunque en grados diferentes). Entenderse con tan solo una mirada es lo que, quizá, los hizo pisar fuerte en Hollywood. “La” oportunidad la tuvieron al protagonizar el drama En busca del destino. Pero no se redujo solo a eso: ambos escribieron el guión de esta cinta, y se hicieron acreedores, allá por 1998, de un Globo de Oro y un Oscar al Mejor Guión Original. Las puertas de la fama se abrieron de par en par… definitivamente.

Previamente Ben había debutado antes de los 10 años en el film The Dark End Of The Street. Su currículum siguió engrosándose con Código de honor (con Damon), Rebeldes y confundidos, Mallrats y Persiguiendo a Amy, entre otras. Sin duda, el gran salto fue esa seguidilla de proyectos con la que comenzó a codearse con los consagrados: Armageddon (con Bruce Willis), Shakespeare enamorado (con Paltrow), Dogma (con Salma Hayek y… sí, ¡Damon!), Fuerzas de la naturaleza (con Sandra Bullock) y Operación Reno (con Charlize Theron).

Con el nuevo milenio en marcha, Ben Affleck se asentó como líder de superproducciones. Entre ellas, Pearl Harbor, La suma de todos los miedos (con Morgan Freeman) y Daredevil (adaptación de un cómic de Marvel, del cual es fanático). Pero las malogradas Gigli, Padre soltero y  Sobreviviendo a la Navidad lo obligaron al parate ya mencionado.

Si bien con Hollywoodland –en donde encarnó a George Reeves–, La sombra del poder y Extract, aquella promesa de actor volvía a vislumbrarse, otros pasos en falso, como Ases calientes o Simplemente no te quiere, instalaron el interrogante entre los entendidos sobre el horizonte de Affleck. Hasta que decidió profundizar en aquello que había tanteado en 1993 con una comedia: dirigir… y dirigirse (para eso, les pidió consejos a quienes ya habían pasado por lo mismo: Kevin Costner, Robert Redford y Warren Beatty). 

Fue entonces cuando agarró la sartén por el mango: deslumbró a propios y extraños con Desapareció una noche, Atracción peligrosa y Argo (en las últimas dos, a la vez, poniéndose al frente de la cámara). “Si hay un verdadero hombre del renacimiento en el cine actual, ese es Ben Affleck”, lo elogió Harold Matzner, mandamás del Festival Internacional de Cine de Palm Springs al concederle el Premio del Presidente. 

¿Qué habrá pensado cuando Michelle Obama, Primera Dama de su país, anunció, desde la Casa Blanca, que Argo era la Mejor Película de la 85a entrega de los Oscar –por qué no fue nominado como director es harina de otro costal–? Imposible adivinarlo. Ni cuando se especializó en asuntos de Oriente Medio en la Universidad de Vermont habrá imaginado que el thriller sobre el rescate de estadounidenses atrapados en Irán a fines de los setenta calaría tan hondo en los espectadores.

“Este Oscar lo entiendo y lo disfruto mucho más que el anterior, ya que, al estar más maduro, uno lo pone en la real perspectiva de lo que significa. Dirigir es una tarea muy complicada, ya que uno carga con la entera responsabilidad. Y ni hablemos si, además, uno actúa en la misma película, porque repetimos tomas intentando la perfección y no hay nadie para decirnos: ‘Hasta aquí está bien’”, manifestó este aficionado al póker (triunfó en torneos internacionales) que habla español –gracias a haber residido en México–, francés y árabe. 

El actor agregó: “Hago films para revelar sentimientos y, sin querer ser ambicioso, para despertar debates sobre nuestras formas de convivencia. Soy un artista interesado en ofrecer pasión por la vida. Con eso me conformo”.
La espera, a finales de este 2013, del estreno de su próximo desafío, Runner, runner: apuesta máxima (la produce con Leonardo DiCaprio y estará secundado por Gemma Arterton y Justin Timberlake), es la respuesta ideal para aquellos que suponen que Affleck se irá corriendo de la pantalla grande para apoltronarse en la sillita de director. Nada de eso.

“Esa labor me demanda unos dos años. Es demasiado tiempo. No obstante, seguiré haciéndolo porque me encanta. Soy un privilegiado. En este negocio, hay mucha gente talentosa, por lo que ya mantenerse es un logro”, aseguró.

Espíritu comunitario

No es ninguna novedad la inclinación de Ben Affleck por las cruzadas solidarias. Apoya los eventos de la A-T Children’s Project, organización caritativa sin fines de lucro, de los que forma parte. También se involucró en la situación de los refugiados de guerra del Congo oriental. Viajó a la nación africana y, junto a Naciones Unidas, hizo un cortometraje sobre lo que allí sucedía. Este tema lo atrajo a tal punto que llegó a exponer sus preocupaciones en el Senado estadounidense, en Washington, donde le reclamó colaboración al mismísimo presidente Barack Obama. 

En estos días, ocupó las primeras planas de los diarios al participar de la campaña Live below the line (Vive por debajo del límite), impulsada por el Global Poverty Project, que intenta concientizar sobre la pobreza extrema que viven billones de personas alrededor del mundo. Esto se lleva a cabo desde 2009 en Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y el Reino Unido. Affleck tuvo que vivir con 1,5 dólares diarios durante cinco días.

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