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Hotel Edén, un refugio de memorias


Por Revista Nueva.


Hotel Edén, un refugio de memorias 

Impactante y con una historia que trasciende fronteras, el Hotel Edén recupera la gloria pasada. Sus paredes son guardianas de la historia y algunos hasta dicen de fantasmas... Esas paredes y esas habitaciones a las que el abandono convirtió en ruinas son el refugio de cientos de relatos, algunos ciertos, otros fantásticos, todos labrados a lo largo de un tiempo largamente centenario.  El viejo Hotel Edén es un monumento a la memoria, un imponente edificio ubicado en la localidad cordobesa de La Falda en el que alguna vez se alojaron personajes muy emblemáticos. Algunos aseguran que allí encontraron asilo numerosos jerarcas del ya derrotado régimen nazi, entre ellos el mismísimo Adolf Hitler. Jamás comprobada, aquella historia del Fürher se convirtió en un mito.

Sus primeros pasos

Los orígenes del Hotel Edén se remontan a los finales del siglo XIX: en enero de 1898 comienza a recibir a los primeros turistas. La intención era que se convirtiera en un exclusivo lugar de descanso para familias adineradas de la Argentina y Europa. Sus dueños eran europeos, dos empresarios alemanes y un diplomático suizo, y el hotel contaba con un centenar de lujosas habitaciones, usina eléctrica propia, calefacción central y un par de enormes balcones que miraban a un parque arbolado en cuyo centro se levantaba una fuente de mármol flanqueada por dos leones.

Pero en los primeros meses de 1904, empezaron los problemas económicos y el hotel quedó bajo la administración de Herbert de Kreautner. Fueron tiempos difíciles, de ingresos magros y costos muy altos, hasta que en 1912 el hotel fue adquirido por Bruno y Walter Eichhorn, dos hermanos de origen alemán. A partir de allí comenzó la época dorada del Edén, se transformó en un alojamiento turístico de altísimo nivel y recibió como huéspedes a los presidentes argentinos Julio Argentino Roca y José Figueroa Alcorta, el poeta Rubén Darío, el músico Arturo Toscanini, el científico Albert Einstein, el duque de Saboya y a Eduardo de Windsor (que en ese entonces era aún Príncipe de Gales). 

Incluso, un muy joven Ernesto Guevara pasó por allí cuando todavía su espíritu revolucionario no lo había convertido en esa leyenda que fue el Che Guevara.

Tiempos de guerra 

En enero de 1933, en una Alemania severamente convulsionada por los problemas políticos y sociales, Adolf Hitler fue elegido Canciller Imperial. A poco del ascenso del Fürher al poder, Walter Eichhorn y su esposa, Ida, viajaron a Berlín y fueron condecorados por Hitler, con quien ya los unía una larga amistad. "Querido camarada Eichhorn, usted y su esposa han apoyado al movimiento nacionalsocialista con enorme espíritu de sacrificio y acertada acción. Y también a mí, personalmente, ya que fue su ayuda económica la que me permitió seguir guiando la organización", afirmó el Führer durante aquella visita del matrimonio a Berlín. Poco tiempo después, en septiembre de 1939, Hitler invadía Polonia y empezaba la II Guerra Mundial. 

Durante ese tiempo, los Eichhorn estrecharon aún más sus lazos con el III Reich. Un enorme retrato de Adolf Hitler, especialmente autografiado, presidía las reuniones que se llevaban a cabo en uno de los salones principales del Hotel Edén, en el que también se realizaban colectas de dinero y joyas que más tarde se enviaban a Berlín para contribuir a la causa nazi. 

En 1945, tanto en los meses previos a la caída del régimen nazi como aun después del final de la II Guerra Mundial, parecería que el Edén fue el refugio elegido por varios jerarcas del III Reich. Algunos viejos pobladores de La Falda, todos ya entrados en años, juran y perjuran todavía hoy haber visto en el hotel a Adolf Eichman, Josef Mengele e, incluso, al mismísimo  Hitler. 

Nadie nunca pudo comprobar el paso de ninguno de ellos por el Edén, aunque un documento del FBI fechado el 17 de septiembre de 1945 señala que el Führer podía estar refugiado en el hotel. “Si tuviera en algún momento dificultades, él podría encontrar un refugio en La Falda, donde ya se han hecho los preparativos necesarios", precisaba ese documento. Cuando se constató el suicidio de Hitler, el 30 de abril de 1945, en el búnker de la Cancillería en Berlín, la hipótesis del FBI se convirtió en un sinsentido.

Decadencia y resurrección 

A fines de 1945, como efecto de la tardía declaración de guerra del gobierno argentino al régimen alemán, las autoridades nacionales incautaron el hotel y utilizaron sus habitaciones como una prisión de lujo para miembros de la diplomacia japonesa. El hotel fue despojado de muchos de los símbolos nazis que lo caracterizaban, entre ellos el águila que adornaba el frontis de la fachada principal. Sin embargo, tres años después, el gobierno devolvió el Edén a los Eichhorn, quienes decidieron venderlo a una firma integrada por Emilio Karstulovich, Arturo Kutcher y Constantino Kamburis, tres empresarios que, se decía, eran testaferros de Juan Duarte, el polémico hermano de Eva Perón. 

De hecho, apenas un mes después de la muerte de Juan Duarte, la firma Franco Argentina remató el hotel al no levantarse deudas contraídas durante los tres años anteriores. Así, el nuevo dueño pasó a ser la firma CIFA, quien lo vendió en julio de 1964 a una empresaria llamada María Teresa Carbone de Autilio. El hotel entró en decadencia y cerró en 1965.

Las paredes se fueron descascarando, las grietas se abrieron paso en los pisos, los vidrios se astillaron, la basura se amontonó y las ratas se hicieron dueñas del lugar. En las décadas siguientes hubo intentos de resucitar el hotel, pero fracasaron: en 1970 se quiso instalar un casino y en 1985 una empresa llamada Figo lo reabrió en forma parcial, pero lo cerró un año después. Finalmente, el Consejo Deliberante de la Municipalidad de La Falda lo declaró Monumento Histórico Municipal y logró detener su deterioro. Fue el inicio de la recuperación, ya que el hotel fue reconocido como Monumento Histórico Provincial y en 1998 el Municipio de La Falda lo adquirió con la intención de reacondicionarlo y concesionarlo, algo que hizo en 2006. 

A partir de entonces, se reactivaron algunos salones, se remodeló parte de la antigua fachada, comenzaron a organizarse visitas guiadas y, finalmente, se reabrieron algunas de las habitaciones para que el mítico Edén volviera a funcionar como hotel. A más de cien años de su inauguración, el edificio parece recuperar parte de su antiguo esplendor. Sus torres francesas, su ornamentación alemana, su enorme jardín arbolado y su fuente flanqueada por leones de mármol reflotan memorias de ese pasado dorado. 

La imagen del Führer autografiada desapareció misteriosamente cuando el gobierno nacional incautó el hotel. Hay quienes dicen que ese cuadro está enterrado bajo uno de los árboles del  parque y que, en las noches más oscuras, una sombra lo busca afanosamente, sin poder nunca encontrarlo. Esa sombra, señalan también los fantasiosos, es la del mismísimo Hitler, eternamente irredento.

Visitas 

El Edén queda a diez cuadras de La Falda, y ésta a 76 km de Córdoba capital. El hotel puede visitarse todos los días, y en sus salones hay diversas exposiciones de arte, shows y obras de teatro. También uno puede dar una vuelta por la sala de documentos históricos, y chusmear las fotografías y los objetos de la época de gloria del Edén. La visita termina en una cava con desgustación de vinos.


Créditos:
Texto y fotos: Carlos W. Albertoni.
Fotos históricas: Gentileza Hotel Edén.

Más información:
www.edenhotellafalda.com

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