INVESTIGACION


Padre NO hay uno solo


Por Mariano Petrucci.


Padre NO hay uno solo 

Como nunca antes, comparten la crianza, codo a codo, con la madre. Se cuestionan y se asesoran, se pierden y se reencuentran... Los hombres buscan nuevas formas de paternizar. Y no hay una sola: en contraposición al “modelo del tigre”, aparece otro, inédito, que incluye a varios animales. Son los “padres zoo”. ¿Con cuál se identifica en su día?

El cimbronazo se sintió desde el mismo momento en que su libro fue un best seller  mundial. Hablamos de Himno de batalla de la madre tigre, obra que relata la experiencia de Amy Chua al criar a sus dos hijas, basando su modelo educativo en retornar a la disciplina estricta como puente para conseguir excelentes resultados en la formación de sus niñas. Casada con un norteamericano, Chua, profesora de Derecho en la Universidad de Yale, proviene de una familia de inmigrantes chinos que la instruyó según un estilo situado, exactamente, en la vereda opuesta de la aparente “sobreprotección de los padres occidentales”. Esto es: dejar lejos del alcance de los menores costumbres tan populares como quedarse a dormir en casa de los amigos, que vean televisión o jueguen con la computadora y las consolas. Peor aún: que saquen notas inferiores al “Sobresaliente”.

El debate y el surgimiento de visiones divergentes no tardaron en llegar. Y apuntan, sobre todo, a la figura del hombre, quien, todavía, busca su verdadero lugar en esto de formar a los hijos dentro de los cánones el siglo XXI. ¿Dónde está el equilibrio entre la exigencia y el cuidado? ¿Es real la dicotomía entre “felices” y “exitosos”? ¿Es incorrecto ser un padre que tenga aspiraciones respecto de los hijos? ¿La “carga” de los padres es siempre negativa? ¿Y si lo que los padres sueñan para el futuro de sus hijos no es lo que ellos querrían para sí mismos? “¿Por qué la fiereza del tigre es sinónimo de que el chico después triunfe? No se trata de ser ni tigre ni conejo –que sería el otro extremo: quieren agradarles a sus niños, entienden el límite como una frontera cercenadora, tienen temor a corregir o a castigar, retienen más de lo debido a su prole–, sino de  recuperar el instinto, la creatividad y el sentido común”, aconseja Flavia Tomaello, contadora, licenciada en Comunicación Social y autora del libro Qué animales somos como padres, donde plantea, en contraposición al texto de Amy Chua, un “zoológico” completo de arquetipos en los cuales reconocerse y sobre los que reflexionar. Así es como uno puede ser un padre pájaro, ardilla, oso, vaca, camaleón, lagarto o mono. Sí, como lo lee.

En definitiva, la cuestión pasa por los matices. Ni rigurosidad ni permisividad. Es que, según los especialistas, la clave no está allí, sino en la gama de grises que hacen que sea aconsejable tomar algunas rayas del tigre y ciertas muecas del conejo. Y de varios animales más. Vendrían a ser “padres zoo”, con un abanico de crianza sólido, pero flexible; firme, pero contenedor. Y en esa fauna uno puede ir mutando en distintas especies. Le planteamos el siguiente desafío: ¿en cuál quiere transformarse aprovechando este Día del Padre como punto de partida? 

“Los ‘papás pájaros’ tienen como lema máximo la libertad. Sienten desapego por lo material y comparten la creación de los límites junto a sus hijos. En estas familias, todos tienen voz; eso no está mal, pero darle tanto peso a la decisión de los niños termina abrumándolos. Por lo tanto, pueden tener dificultades para limitar a adolescentes criados en su autocontrol. Estos padres coinciden en parte con los ‘papás conejos’, quienes, a su vez, también se asemejan a los ‘papás ardillas’, dueños de conductas regidas por el miedo: dudan en criar, en castigar, y los asusta fracasar. No innovan, prefieren ‘ir a lo seguro’. Están alertas, lo cual es positivo, pero no lo es tanto si eso se vuelve una alarma constante. Así será difícil que los hijos puedan independizarse”, opina Tomaello. ¿Usted es el “héroe imbatible” de su hijo? Eso es porque, probablemente, sea un “papá oso”, con una personalidad exuberante y majestuosa, con una fuerte presencia afectiva física y emocional, y con la siguiente frase como bandera: “Creo poderlo todo”. Y si bien la confianza no es un tema menor, su abrazo cobija… un tanto demasiado. Diferentes son los “papás vacas”: para ellos “el destino proveerá”, e improvisan y despliegan un cariño a la distancia.

“Una tendencia muy ‘hippie’ de las décadas del sesenta y del setenta parece replicarse en la actualidad. El placer del hedonista del ahora, centrado en uno mismo, está generando padres que se admiten como tales sin dilucidar lo que esto implica. Estos son los ‘papás camaleones’, muy habituales entre los jóvenes. Y, ojo, que en tiempos supersónicos, contar con un carácter flexible, desprejuiciado, adaptable a lo que sucede y sin preconceptos es tener un terreno ganado en materia de paternazgo. Pero estos mismos atributos son los que abonan una peligrosa situación de imprevisión. El vínculo de pares puede tirar los límites por la borda”, advierte Tomaello. 

Y contrasta: “Los ‘papás lagartos’ son un fiel reflejo de las antiguas mesas en donde las cabeceras eran lideradas por los adultos. Alejados, sumergidos en ‘sus cosas’, poco comunicativos, ásperos en el contacto vincular, temibles, atentos, enjuiciadores y exagerados para impartir sabiduría. ¡Se toman muy en serio su trabajo! Por lo tanto, sus niños se criarán con patrones seguros, firmes y constantes, a la vez que en hogares fríos, distantes, casi medievales”. Si está muy pendiente de sus hijos, si vive otorgándoles beneficios, si de afectuoso pasa a ser sobreactuado… es un “papá mono”. “Los hijos creerán que sus padres los preservan de sus propios errores, pero, en realidad, están queriendo ocultarlos. Son aquellos que pueden concluir o retocar sus deberes a escondidas, antes de permitir que sus hijos se equivoquen –y alguien lo note–. Será complicado construir seguridad en sí mismos para estos niños. Así que, papás, empéñense en evolucionar”, sostiene Tomaello.
Ahora sí: ¿con cuál de todos los “bichitos” se identificó?

Ni feroces ni mansitos

Para los expertos, los niños criados “al modo tigre” no tienen recursos para elaborar sus propias necesidades, sus gustos, sus miedos, sus fracasos... Por lo tanto, el modelo fracasa, invariablemente. La misma suerte corren aquellos que defienden lo contrario: dejar que los niños sean ellos mismos, con un espíritu proclive a la experimentación para encontrar su propio camino. “No hay que formar familias complacientes, en donde se protege tanto a los hijos de los ‘malos tragos’ para aliviarlos de preocupaciones que es casi imposible comprometerlos con alguna tarea. Esto dio cabida a fenómenos como la ‘Generación Ni-Ni’ –ni estudian ni trabajan–, que incluye a adolescentes y jóvenes inmaduros emocionalmente, quienes son abatidos rápidamente por la incapacidad de afrontar el universo exterior”, destaca Tomaello.

Los límites están en discusión. ¿Se ponen? ¿Cuántos? ¿Cuán severos? “Venimos de una oleada de idas y vueltas en torno a ellos. Padres muy estrictos con hijos encorsetados en las ideas de sus progenitores. La famosa teoría del péndulo enfrenta a los padres de hoy al dilema de viejas teorías contra nuevas teorías. Los papás del presente fueron niños muy restringidos por sus mayores. Así es como algunos siguieron esa línea,  y otros, ahuyentados por su experiencia, se convirtieron en padres permisivos que dejan la construcción de la individualidad de sus hijos casi a su albedrío. Ejemplo: son los que vemos corriendo tras ellos en los restaurantes, cuchara en mano, para que coman mientras saltan ¡juntos! en el pelotero”, diagnostica Tomaello, con una cuota de humor.  Y sentencia: “Aunque el tigre sea uno de los más ricos especímenes del reino animal, los padres pueden jugar roles diversos y apelar a ser “padres zoo”: un poco leones, algo pájaros, un tanto conejos…”.Entonces, ¿por qué deberíamos ser todos iguales? ¿Cuál es la mejor estrategia? Estas preguntas se las formula la licenciada Marisa Russomando, psicóloga y especialista en crianza. “Sabemos del compromiso que asumimos al ser padres, de la enorme responsabilidad que eso conlleva. Seguramente, ser tan conscientes de ello nos aleja de nuestro instinto, de nuestra naturaleza animal, ya que estamos atemorizados, súper informados y acartonados”, explica la especialista.

Instinto. La palabra se repite y nada tiene que ver el azar en su utilización. “Tenemos que comprender que no existe la fábrica de padres. Nunca nadie está ‘listo’ para serlo. Hasta los papás múltiples enfocan la crianza de forma dispar con cada uno de sus descendientes, aun cuando haya poca diferencia en edades o temperamentos. Van avanzando por prueba y error, modificando la ruta como ‘recalcula’ un GPS. Al no haber cátedra que lo enseñe, hay que regresar a usar nuestro instinto y exacerbarlo. ¿Qué nos pasó en esta última etapa de la historia, que tenemos que recurrir insistentemente a buscar herramientas que nos indiquen cómo hacerlo? No digo que haya que obviar la consulta profesional y la lectura de materiales afines, pero sería valorable empezar a escuchar más claramente al padre interior que aflora de manera natural”, concluye Tomaello. A intentarlo.

Test 

¿Qué tipo de papá es? Para reconocerse, interpretarse y, potencialmente, operar mejoras en la forma en que cada uno desarrolle su paternidad.

¿Cuál es el mejor momento para ser padre?

A: Tener un hijo siempre es una fiesta, llegue cuando llegue.
B: Cuando esté consolidado con mi pareja.
C: ¡Ya!
D: Cuando vengan.
E: Para el padre siempre lo es... Debería decidirlo la mamá.
F: Siempre es difícil elegir un momento adecuado.
G: Cuando suceda, será bienvenido.
H: Siempre es un buen momento.
I: Cuando la condición económica lo permita.

¿Qué es lo que más miedo le da con  su hijo?
A: Que no esté orgulloso de su papá.
B: Que no tenga la fuerza para hacer lo que deba.
C: Que no sea feliz.
D: Que repita mi historia.
E: Que no pueda defenderse.
F: El mundo en el que le toca vivir.
G: Que no pueda enseñarle a tomar sus decisiones.
H: Que no se sienta querido.
I: No darle las herramientas para ser exitoso.


¿Cuál es el primer valor que hay que transmitirle? 
A: Sociabilidad.
B: Responsabilidad.
C: Alegría.
D: Dedicación.
E: Respeto por sí mismo.
F: Alerta a lo que pueda pasar.
G: Libertad.
H: Afecto.
 I: Perseverancia.

Si su hijo comete un error en público…
A: Lo cubro lo mejor que puedo.
B: Lo aparto en el momento y se lo señalo.
C: Ya va a aprender.
D: No pasa nada.
E: Lo vigilo para que no se repita.
F: Voy tras él de inmediato.
G: Lo converso cuando estamos solos.
H: Lo dejo pasar.
 I: Lo corrijo.

Para castigar prefiere:
A: Que lo haga mi pareja.
B: Ser inflexible.
C: Analizarlo juntos.
D: Ver qué hacer cuando suceda.
E: Tener paciencia y solo hacerlo cuando sea algo serio.
F: Pensar bien antes de actuar.
G: Que él decida cómo enmendar lo que hizo.
H: Le digo algo en el momento y luego lo perdono.
I: Que conozca las reglas de antemano y las consecuencias de sus actos.


A un papá que es amigo de sus hijos le diría que:
A: Sume a los amigos de sus hijos.
B: Ese no es su rol.
C: Juntos lo van a pasar muy bien.
D: Pierde el tiempo.
E: Para algunas cosas es adecuado.
F: Debería dudar de seguir siéndolo.
G: Les brinda confianza.
H: Los ama.
I: Se equivoca.

Enseñarles a ser independientes significa:
A: Que aprendan a destacarse en lo que hagan.
B: Haber hecho bien mi trabajo.
C: Un proceso que se inicia desde que nacen.
D: Una etapa de su desarrollo.
E: Que se arriesguen.
F: Que aprendan a analizar los peligros y evaluar sus consecuencias.
G: Que lo material no ata nunca.
H: Mostrarles que van a sufrir cuando lo sean.
I: La clave del éxito.

Si su hijo lo cuestiona:
A: Me reinvindicaré en la próxima salida. 
B: Es natural.
C: Me preocupo.
D: No me interesa.
E: Lo dejo que se desahogue.
F: Dudo de si no tendrá razón.
G: Lo escucho.
H: Me entristezco.
I: No se lo permito.

Si el niño se resiste a hacer lo que usted le pide:
A: La gente va a pensar que no lo educamos bien.
B: Hay que reprenderlo.
C: Está forjando su personalidad.
D: Es normal que desobedezcan.
E: Ya va a ver cuando se acabe la paciencia.
F: Se va a meter en problemas.
G: Se conversa.
H: Está bien, son chicos...
I: No estoy siendo lo suficientemente claro con mi mensaje.

Si hay un problema serio, prefiere:
A: Que nadie lo sepa, así lo sobrellevaremos mejor.
B: Ponerlo al tanto y explicarle las consecuencias esperables.
C: Analizarlo juntos.
D: Dejar que corra el agua e ir viendo.
E: Que lo sepa de mi boca y mostrándole que él va a estar seguro conmigo.
F: Ver cómo evoluciona y, de ser indispensable, cuando haya terminado, analizar si decírselo o no.
G: No contárselo, pero no escondérselo.
H: Ocultárselo para no dañarlo.
I: Que lo sepa, pero que no incida en su rutina.

Soluciones del test
•Mayoría de respuestas A: Papá mono.
•Mayoría de respuestas B: Papá lagarto.
•Mayoría de respuestas C: Papá camaleón.
•Mayoría de respuestas D: Papá vaca.
•Mayoría de respuestas E: Papá oso.
•Mayoría de respuestas F: Papá ardilla.
•Mayoría de respuestas G: Papá pájaro.
•Mayoría de respuestas H: Papá conejo.
•Mayoría de respuestas I: Papá tigre.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte