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Necesitamos vivir de otra manera


Por Agustina Tanoira.


“Necesitamos vivir de otra manera” 

Dejar de victimizarse y de interpretar papeles que otros escriben para nosotros es la gran apuesta del último libro de la mexicana Laura Esquivel. Una propuesta inusitada en la que mediante herramientas de la literatura y la dramaturgia aspira a lograr una transformación colectiva.

Luego de siete años de no venir a la Argentina, esta vez el motivo que la convoca es un nuevo libro. Uno que nada tiene que ver con las novelas que la consagraron como escritora de renombre internacional, ya que se trata de un manual de dramaturgia personal, como le gusta definirlo a ella. En Escribiendo la nueva historia o cómo dejar de ser víctima en 12 sesiones, se propone cambiar el mundo. 

Ni más ni menos. Porque así como en las narraciones infantiles alguien decide el destino de los protagonistas, en la adultez tenemos voz y voto para decidir, como ella misma afirma: “nuestra historia personal, familiar, nacional”. Pero para eso hay que empezar por definir qué es lo que queremos cambiar porque solo así podemos hacerlo. Con una sonrisa luminosa y una tonada musical, la mexicana Laura Esquivel habló de todo lo que la ocupa y preocupa en estos momentos que corren: el mundo en que vivimos, la indignación general, los jóvenes, la literatura y el extraordinario poder de las palabras.

–¿Por qué escribir un libro acerca de cómo dejar de ser una víctima?
–Por mi preocupación acerca de lo que está pasando en México y en el mundo entero. Estamos teniendo que enfrentar una crisis en todos los niveles: político, social, espiritual, ecológico, y se requiere que cambiemos nuestra manera de pensar y vivir. Veo que la gente está indignada, disconforme y siente malestar, pero no sabe qué hacer. De eso surgió este libro.

Estamos enfrentando una crisis en todos los niveles. Veo que la gente está indignada, disconforme y tiene malestar, pero no sabe qué hacer. De eso surgió este libro

–¿Para escribir una nueva historia, Laura?
–Se me ocurrió esto, que, en realidad, forma parte de otro programa más amplio de cultura que implementé junto con un equipo de amigos, con el sentido de darle a la gente herramientas para conectarse con la parte transformadora y creativa del ser humano, aquella que le permita encontrar la salida. 

–¿Eso surgió de los talleres de dramaturgia personal que llevás a cabo?
–Sí, surgió de allí. El taller (N. de la R.: el Taller de Teatro y Literatura Infantil) proponía visualizarse en acción y observarse como protagonista; analizar la propia historia para entender cómo cada acción y cada elección que uno lleva a cabo como protagonista puede cambiar el rumbo. Entender que tenemos opción, que siempre la tenemos.

–¿Salir del papel de víctimas y convertirnos en los protagonistas de nuestra propia historia, usando las herramientas de la literatura? 
–Exacto. Estamos en víctimas porque alguien determinó qué somos y nos marcó para siempre: llámese esposo, jefe, presidente, Fondo Monetario Internacional o lo que se quiera. Cuando uno considera que no puede hacer ninguna otra cosa que lo que le está tocando vivir, entonces, ya perdió contacto con esta capacidad transformadora. 

–¿Laura, cómo te resultaron estos talleres?
–Fue maravilloso. A mí me sorprende cómo funciona la magia de la escritura, la magia de conectar pensamiento, palabra e imaginación, y plasmarlo en papel. Hubo cambios que me conmovieron, grandes catarsis, momentos de revelación en los que aparecía algún recuerdo, alguna imagen que no se había trabajado y que estaba escondida en el inconsciente. La propuesta es concientizar esto para transformarlo; de lo contrario, seguiremos repitiendo los mismos errores.

–¿Crees que el arte –y la escritura en particular– ayudan a lograr ese cambio?
–Creo que eso es lo que está necesitando el mundo, porque seguimos repitiendo fórmulas que van en contra de nosotros mismos, que son suicidas. Una de las cosas que a mí me conmovió mucho –a pesar del mal momento que estaban viviendo ustedes– fue cuando en la crisis de 2001 la gente recurrió al trueque. Entonces, las preguntas que quedaron flotando fueron “¿En verdad necesitamos la moneda? ¿En verdad representa nuestro bienestar?”. No. Hay comunidades enteras que nunca en la vida han conocido lo que es la moneda circulante y son muy felices, porque para ser feliz no se necesita el dinero. 

–¿Qué crees que necesita el ser humano en este momento, en este mundo? 
–Necesitamos vivir de otra manera, necesitamos conectarnos otra vez con la tierra, necesitamos aprender a compartir, frente a un sistema que nos ha obligado a competir de manera inhumana unos contra otros. Ese no es el camino y lo estamos viendo.

El poder de la palabra 

Su primera novela, Como agua para chocolate (1990), combinaba el amor de Tita y Pedro con recetas de cocina y fue un éxito mundial que permaneció en la lista de los más vendidos del año y se tradujo a treinta y seis idiomas. Después siguieron otros éxitos, como La ley del amor, El libro de las emociones –escrito con formato de ensayo– y Malinche, la famosa amante de Hernán Cortes, entre otros títulos importantes. Para Laura, escribir es algo natural y, por eso, lo hace todos los días. 

“En especial por las mañanas, que es cuando me conecto mucho, medito, estoy tranquila. A veces, tengo muchísima información y no me dan las manos para escribir en la computadora todo lo que estoy imaginando”, cuenta, y se emociona con el poder de la palabra. La laureada escritora continua: “Yo te pregunto cuántas veces escuchaste o pronunciaste la palabra ‘amor’ en el día de hoy, y cuántas, ‘corrupción’, ‘muerte’, ‘desastre’, ‘desempleo’”. Laura explica que estamos todos interconectados y se pregunta a qué hora piensa uno encontrar el amor si se lo pasa creando un mundo de desamor. Entonces, propone llenarse de imágenes amorosas, positivas y dichosas.

–¿Cuándo descubriste en vos ese sentido transformador de la literatura? 
–Soy maestra; pero cuando con unas amigas fundamos el Taller de Teatro y Literatura Infantil, que está adscripto a la Secretaría de Educación Pública de mi país, me puse a estudiar teatro y creación dramática con mayor profundidad y fue entonces cuando descubrí el increíble poder que tienen la dramaturgia y el uso de la palabra.

–¿Y te quedaste ahí para siempre?
–Lo que pasa es que me distraigo con otras cosas. He hecho cine, he participado de la actividad política de mi país y, además, tengo otros proyectos. 

–¿Pero cómo te definirías?
–Es lo que te digo: yo me transformo. Trato de no definirme porque, si lo hago, ya me limito. Puedo dedicarme a la cocina y, además, soy una gran tejedora –por cierto, la última vez que vine me llevé una lana bellísima de aquí–. Tejo y soy muy feliz, y también hago orfebrería y collares. Tengo un amigo que siempre me dice: “A ti lo que te encanta es jugar”. Yo digo que el día que no encuentre un placer en todo lo que hago, ni en escribir, ni en bailar, ni en cocinar, pues entonces cuál sería el sentido de la vida, ¿no?

–Luego de haberte consagrado como novelista en Como agua para chocolate, tu nuevo libro es el primero de ese estilo. ¿Hay un cambio?
–Sí, este es el primero que hago como manual, el primero de ese estilo.

–¿Qué esperás que le suceda a la persona que lo lee?
–Que conecte; porque cuando uno se conecta en verdad, hay un flujo permanente de información. Compartimos emociones, pensamientos y vamos creando genes de información colectiva que nos rigen. Por eso, hay que trabajar en eso: por qué pensamos lo que pensamos. Si podemos pensar diferente y eso se va a reflejar a nuestro alrededor, entonces, eso depende de mí. Las preguntas para hacerse son: ¿Qué imágenes me gusta compartir? ¿Qué imágenes tengo en la memoria? ¿Qué palabras utilizo? Todo esto es lo que yo quisiera que la gente se cuestione con este manual.

Los jóvenes y el optimismo

Para Laura Esquivel, estamos en un momento de cambio global, un momento de conciencia, de entrega, de organización que está surgiendo en todo el mundo. “Tengo mucha gente que lo comparte; por eso, soy muy optimista”, explica. “Es algo que no vemos, pero que está gravitando fuertísimo y ya se va a reflejar en un cambio en nuestra manera de vivir”. Confiesa que lo que en verdad le ha apasionado en estos últimos años es todo lo que nos ofrece el mundo científico para entender el espiritual. “Aunque es algo que no es tan nuevo, todavía seguimos teniendo ideas arcaicas”, dice.

“Fíjate, en mi país tenemos una tradición maravillosa de conocimiento ancestral que, por ejemplo, representa la cosmovisión de los mayas. Ellos ya hablaban de que el universo es una matriz resonante y que si uno se conecta correctamente con ella, obtiene todo el conocimiento que quiera… y eso es la Web.” Pero ellos no necesitaban computadoras. Necesitaban saber cómo se lograba esa conexión, cómo podían hacerlo.

–¿Y cómo se logra?
–En silencio y en vibración. 

–¿Cómo es tu visión del mundo?
–Me considero una persona muy optimista porque lo que nos muestran del mundo es un horror; pero también sé que hay muchas cosas que están pasando que no se ven. Son las grandes transformaciones que la gente está viendo en lo individual.

–¿Esa es la verdadera revolución?
–Exacto. Siempre digo que en Como agua para chocolate la mayor revolución es la que hace Tita en sí misma y no la que está sucediendo afuera (N.de la R.: la Revolución mexicana). Ella hace morir una tradición castrante en ella y, entonces, ya no la transmite. Eso es lo que tenemos que hacer.

–¿Laura, cómo creés vos que se transmite el optimismo a las nuevas generaciones de jóvenes?
–A mí me emocionan mucho los jóvenes; creo que ellos ya tienen otro abordaje de la realidad. Pienso que no tienen el referente tan fuerte del miedo que tuvimos nosotros. No tienen ese referente espantoso de “Eso no se dice”. En México, por ejemplo, a los de mi generación nos viene aquello de “No pongan eso en el Twitter”, “Tengan cuidado”, pero a los jóvenes no les pasa eso. Tienen esa frescura y esa libertad de escribir lo que están viendo y sintiendo. Es lindo ver que esta información, así como esta búsqueda de un bienestar, una libertad y una paz, se van a alcanzar tarde o temprano.

Proyectos 

“Tuve momentos en que no quería abrir el periódico ni ver las noticias”, cuenta. “Pero ahora creo que es importante hacerlo porque eso que no nos gusta es lo que tenemos que corregir”. Corregir lo que nos causa dolor. ¿Cómo? “Con amor”, afirma. Laura explica que en el mundo donde vivimos, es muy difícil suspender los juicios y las separaciones que hacemos todo el tiempo, e invita a considerar que finalmente lo que alivia es sentirse parte del todo. De allí, este manual, en el que todavía sigue trabajando. Como todas las reflexiones son importantes para ella, está ampliando el grupo de gente que hizo el manual. “Me han llegado preguntas o me solicitan que amplíe la información en tal o cual sentido, así que estoy haciendo como un libro de ejercicios, digamos, ampliado. Hacia eso voy”, concluye.

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