INVESTIGACION


Educación de lujo


Por Agustina Tanoira.


Educación de lujo
Aunque todavía en una etapa inicial, los cursos on-line gratuitos de las mejores universidades del mundo ya están al alcance de todos. Un hito en la educación.Estudiar en universidades como Harvard, Stanford o Yale siempre fue para unos pocos. Solo los presupuestos holgados y las mentes privilegiadas podían acceder a estas poderosas instituciones del saber en las cuales se reunía la crema y nata de la intelectualidad mundial. Hasta que llegó la era 2.0. Con un dinamismo transformador inexorable y revolucionó las aulas. 

Tanto, que obligó a estos claustros de elite a pensar un nuevo modelo educativo que estuviera acorde con el mundo moderno. Casi naturalmente, el ritmo de la tecnología y la interactividad abrieron las puertas, para dar lugar a una forma de educación virtual masiva y gratuita. Hoy, aunque parezca mentira, es posible cursar un semestre en muchas de las universidades más prestigiosas del mundo… desde cualquier lugar del planeta. Un año en una de esas universidades cuesta más de cincuenta mil dólares, lo que permite dimensionar las ventajas de disponer de esos cursos, con solo tener acceso a Internet y ganas de aprender. 

Plataformas 2.0 

Conocidos como MOOC (massive open on-line courses), los cursos on-line de nivel universitario, masivos y abiertos se cuelgan en la Web –mediante videos, audios, bibliografía, podcasts, etcétera–. También se aplican tecnologías de trabajo masivo a los foros de discusión, de tal manera que quien se conecte puede seguir los cursos, interactuar y aprender con el resto de los alumnos. ¿Cómo puede hacerlo? Es facilísimo. 

Existen distintas plataformas desde las cuales acceder a los diferentes cursos. Coursera, una de ellas, es de hecho la más conocida y la de mejor reputación. Nació en el año 2011 como un experimento, cuando Daphne Koller y Andrew Ng, profesores de Informática de la Universidad de Stanford, decidieron diseñar para acceso público tres de los cursos que daban habitualmente. El éxito fue tal, que ampliaron el proyecto para llevarlo a una audiencia mundial. A los diez meses Coursera había llegado a 1,7 millones de estudiantes en todo el mundo.

Consagrado como uno de los sitios más destacados, especialmente luego de que un curso sobre filosofía impartido por la Universidad de Edimburgo superara los cien mil estudiantes, tiene una oferta variadísima de categorías, que incluye materias como Ingeniería civil, Educación, Medicina, Física, Negocios, Humanidades, Artes, Anatomía, Tecnología empresarial, Finanzas y Derecho. Hay propuestas en inglés, español, francés, chino e italiano de más de sesenta universidades en el mundo, entre las que se destacan Stanford, Duke, Princeton, John Hopkins, Pensilvania, Monterrey, Edimburgo, Copenhague, Toronto y Berkeley. 

Ideado por el alemán Sebastian Thrun –más conocido como el gurú de la inteligencia artificial– también profesor de Stanford, Udacity es otra de las plataformas que invita a “Aprender. Pensar. Hacer. Inventar nuestro futuro a través de cursos online gratuitos”. En una entrevista, Thrun, que además es vicepresidente de Google, contaba que su gran motivación fue descubrir que solo doscientos alumnos exclusivamente selectos habían conseguido acceder a sus clases, pero que si las abría al público, podía tener muchísimos más a lo largo y a lo ancho del planeta. 

Su corazonada fue cierta y a mediados de ese mismo año ya contaba con 160.000 alumnos. En un momento en que la educación se orienta cada vez más a enfoques prácticos y al trabajo en equipo, Udactiy propone aprender con la práctica, con ejemplos concretos del mundo real, fomentar las comunidades en áreas como los negocios, la computación, las matemáticas y la física. En su portal pueden encontrarse cursos para principiantes, nivel intermedio y avanzado, y para tomarlos primero hay que registrarse. “Me gusta que sea comprometido”, escribe una estudiante virtual en su página web. “Los videos son cortos y hay una gran interacción, preguntas todo el tiempo y mucho feedback”. Los cursos son en inglés, pero también los hay subtitulados en español, chino y francés.

La Universidad de Harvard y el MIT también sintonizaron con la educación a distancia a través de la Web y, para ello, desarrollaron EdX, un campus virtual que, además de permitir subir los videos y la documentación de cada curso, posibilita la interacción de los estudiantes. Para tomar cada curso hay que registrarse. “Esto es algo nuevo, diferente y potencialmente disruptivo”, asegura L. Rafael Reif, presidente del MIT, en el video que difundieron el año pasado para explicar cómo sacar el mayor provecho de las tecnologías en la educación. ¿Sus objetivos? Lograr un tipo de educación a escala planetaria y llegar a un billón de personas en todo el mundo. Una idea que sintetizan a través de cifras contundentes: “1.000.000.000 de personas, 2 universidades; 1 visión”.

Diplomas y certificados

En Coursera, a través de pruebas on-line, otorgan un certificado sin validez oficial. Udacity también provee de un certificado luego de aprobar un examen final. Y los alumnos virtuales de Harvard, el MIT y Berkeley pueden acceder a un certificado, otorgado a través de EdX, que indica que el curso se aprobó satisfactoriamente. Los MOOCS han cobrado tanta relevancia que actualmente existe un proyecto de ley en California que aspira a obligar a las universidades a convalidar estos cursos hechos fuera de sus campus y a través de Internet, aunque no todos están tan seguros de que esto sea necesario. 

En un artículo del Huffington Post de febrero de este año, el doctor Keith Devlin, matemático de la Universidad de Stanford y autor de varios libros, reflexiona acerca de cómo los MOOCS han afectado a la formación universitaria y afirma que para un número considerable de los que se inscriben en estos cursos el certificado es irrelevante. En su blog (mooctalk.org) cuenta que el total de personas que se registraron esta primavera boreal fue de 27.014; la segunda semana quedaban 9608 estudiantes activos y de estos solo 5552 entregaron las tareas requeridas; y comenta que aunque el número de inscriptos decayó con relación al semestre anterior, la actividad es similar.

“Esta deserción es una característica muy frecuente en una experiencia tan novedosa, y no es apropiado evaluarla con los viejos patrones”, afirma, y asegura que los que toman este tipo de cursos lo hacen por razones muy variadas. “A la mayoría no le interesa completarlos; su objetivo es tener una idea de sobre qué tratan. Vienen en busca de educación”, agrega. “Para ellos el certificado no es un tema”, insiste. Por su parte, desde la Universidad de Duke, Cathy N. Davidson, profesora de estudios interdisciplinarios, asegura que los MOOCS van a salvar la educación. En un artículo publicado en The Chronicle of Higher Education, escribe: “Desde sitios participativos como Yelp o Wikipedia vemos que a la gente le gusta contribuir con lo que sabe y está deseando aprender de otros y no solo con expertos. Este es el cambio de paradigma que, como educadores comprometidos con el futuro bienestar de nuestros estudiantes, necesitamos aceptar sin miedos”.

Tiempos modernos 

Un nuevo modelo de educación ha surgido. Sacar los cursos de los claustros universitarios beneficia a muchísima gente, incluidos los mismos estudiantes presenciales que también pueden participar en las sesiones interactivas con los profesores. “Hay discusión, pensamiento creativo y oportunidades que no se dan en un escenario convencional de enseñanza”, asegura Koller. Estamos viviendo un cambio de paradigma. Gracias a las nuevas tecnologías, en el futuro, el valor de la formación estará dado por muchos factores más que los que hasta ahora han aportado las universidades tradicionales. El mercado laboral también está demandando nuevas habilidades. El ritmo del cambio es tan vertiginoso que la formación tradicional parece no poder seguirle los pasos. Según Koller, la sociedad se está alejando de los diplomas y certificados formales, porque las empresas demandan profesionales que les resuelvan problemas concretos, por lo que una formación basada en la interactividad y el trabajo en equipo está en total consonancia con los tiempos que corren.

Clases invertidas 

Las tecnologías aplicadas a la educación han dado vuelta por completo la manera de enseñar y aprender. Más conocido como el flip teaching o clase inver-tida, se trata de una metodología en la que la clase consiste en visualizar los videos explicativos sobre un determinado tema, para después interactuar en foros con otros estudiantes y resolver los ejercicios planteados por los expertos. La tecnología vuelve a la pedagogía más activa y colaborativa, y los MOOCS abren muchas posibilidades para que esto suceda. Pero todavía están en una etapa inicial; hay que buscar la forma de implementarlo productivamente.

En español

A partir de mayo de este año, Coursera comenzó a impartir cursos en español, como el de Desarrollo 
Rápido de Productos Innovadores para Mercados Emergentes por el Instituto Tecnológico de Monterrey (México), entre otros. También las universidades españolas tienen su lugar en el sitio. Con gran expectativa se espera el curso de Egiptología que la Universitat Autónoma de Barcelona impartirá en octubre por la misma plataforma. 

En España, la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia), a través de Aprendo, se subió al tren de la universidad abierta y aspira a convertirse en la plataforma de referencia en los países hispanohablantes, ya que todas las universidades españolas que quieran crear cursos masivos con una metodología flexible e innovadora podrán utilizar gratis esta plataforma. Con respecto a la metodología, los cursos se hacen por entregas de pequeñas “píldoras de video” de dos a cuatro minutos. Cada curso está compuesto de unidades y cada una de estas por un número de píldoras, en las que se exponen uno o varios conceptos. También hay cuestionarios para asegurar la comprensión de los temas y podría haber un examen final.

África se suma al cambio 

En una entrevista para la BBC, Daphne Keller afirmó: “La educación es el gran nivelador. Da conocimiento, habilita y otorga poder a la gente”. Generation Rwanda es una ONG que permite graficar el impacto que esta, a través de los MOOCS, puede tener en la vida de las personas. Su objetivo es una universidad entera basada en esos cursos masivos on-line que proporcionen las lecciones y donde los profesores guíen a los estudiantes a través de los debates. Es un experimento ambicioso que consiste en buscar a los estudiantes más brillantes –que obviamente no pueden acceder a estas universidades de elite–, educarlos y entrenarlos para convertirlos en los líderes de su país.

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