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Esos pequeños gestos


Por Agustina Tanoira.


Esos pequeños gestos
Parecen intrascendentes, pero dicen mucho –muchísimo– de quienes los realizan. La sencillez y la coherencia de argentinos como el papa Francisco, Máxima Zorreguieta o Lionel Messi supieron conmover al mundo. ¿Por qué estos líderes simbolizan los valores que la sociedad está necesitando? Cómo emularlos.

No les interesa la fama ni el aplauso. Se destacan en lo que hacen y son admirados y respetados por las multitudes. Algunos son famosos; otros, verdaderos desconocidos que trascienden a través de sus obras. Al pensar en ellos, uno no puede dejar de reconocer que por su trabajo, sencillez y humildad son líderes naturales, modelos poderosísimos que conmueven. ¿Por qué? “Porque se proyectan en ellos valores que hoy escasean dramáticamente en la sociedad, como la humildad, la coherencia, el compromiso, la empatía, la responsabilidad, la compasión, la honestidad”, enumera el escritor y periodista Sergio Sinay. 

Y continúa su diagnóstico: “También creo que se observa en ellos a personas que encontraron el sentido de su vida saliendo a buscarlo y asumiendo los riesgos y sacrificios necesarios para eso, mientras que la mayoría de la gente vive insatisfecha, más allá de sus posesiones o logros materiales, porque no se preguntó –o no se respondió– para qué está en la vida”. El papa Francisco, la reina Máxima y Lionel Messi, entre los más famosos, pero asimismo Juan Carr, Rosario Quispe y muchos otros que trabajan desde el anonimato más absoluto, cuando aparecen… nos imprimen el orgullo de ser argentino.

Es que sus vidas están llenas de gestos esperanzadores, pequeñas expresiones y actitudes que provocan un impacto monumental. Sin duda, por los suyos, Jorge Bergoglio ha sido elegido recientemente por la revista Time como una de las personas más influyentes de 2013. “Tenemos a un pastor sincero, simple y sencillo como Jesús o San Francisco. Justo lo que necesitábamos”, destacó el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, autor de la reseña que aparece en la publicación estadounidense. 

“Fueron gestos conmovedores, significativos y movilizadores, dado que eran espejo de deseos acunados por gran parte de la sociedad, que buscaba una sencillez generosa y bondadosa, amalgamada con capacidad de gestión y ‘cuero’ para la dureza del cargo”, explica el psicólogo Miguel Espeche. Pagar la cuenta del hotel donde había estado antes del cónclave y abandonar los zapatos rojos de estilista por unos marrones comunes o negarse a vivir en el lujoso apartamento pontificio –de diez habitaciones y salones con pisos de mármol– son solo algunos de los gestos del flamante Sumo Pontífice, que no pasaron inadvertidos y que están orientados a presentar una Iglesia renovada. 

¿Por qué son tan importantes estos pequeños gestos? “Porque el ser humano es simbólico constitutivamente. Los símbolos no son elementos suntuarios, sino fuente y, a la vez, resultado de procesos complejos en los que se juegan los anhelos sociales. El símbolo vale cuando no se roba lo real del asunto, y termina viéndose como una realidad en sí misma cuando es un reflejo lleno de sentido de esa realidad de la que forma parte de manera esencial”, explica Espeche, quien ante la pregunta acerca de qué valores está necesitando el mundo en este momento de crisis, no duda en contestar: “Es esencial, en el día a día, sintonizar el amor, pero de forma encarnada, inteligente y vital. Es importante valorar la existencia del otro, no solo ‘tolerarla’”.

“El otro” parece ser el gran protagonista tácito y el que da lugar a una dimensión: la de la solidaridad. De esta unión e identificación con el prójimo surgen los líderes sociales, aquellos cuyas mejores credenciales son sus obras y las respuestas concretas a problemas sociales de todo tipo. Afortunadamente, en nuestro país abundan ejemplos, como el de Margarita Barrientos y su comedor, Los Piletones, o Juan Carr, que creó la Red Solidaria, mediante la cual se vincula a aquellos individuos que tienen un problema con quienes pueden solucionarlo. O Rosario Quispe y su emprendimiento Warmi Sayajsunqo –en quechua significa “mujer perseverante”–, con el que generó trabajo y un sistema de microcréditos para más de tres mil familias en la Puna. 

Por ese motivo, fue nominada al Premio Nobel de la Paz. O, por qué no, Natty Petrosino, quien acaba de ser galardonada por la Universidad Pública de Navarra con el Premio Internacional Jaime Brunet a la Promoción de los Derechos Humanos. La vida de esta mujer oriunda de Bahía Blanca, modelo exitosa en los sesenta, que hace cuarenta y cinco años fundó una red de ayuda a pobres y enfermos, y en la actualidad viaja por todo el país en una casa rodante asistiendo a comunidades indígenas y a personas necesitadas, es un conmovedor testimonio de entrega, generosidad y austeridad.

Nuevos valores 

Hay miles de hombres y mujeres que dedican su tiempo y su cuerpo para ocuparse de los más postergados y modificar positivamente su realidad. Y su liderazgo no se mide solo en la efectividad de sus acciones, sino en las ideas y los valores que representan. Valores que no se encuentran en el mercado, pero que son tan necesarios como el aire que respiramos. ¿Cuáles? “La humildad en primera instancia, gracias a la cual se ganaron el cariño y el respeto de la gente. Pero, a la vez, la generosidad para ayudar a los demás, porque dan todo lo que tienen por el bien ajeno”, explica Lourdes Majdalani, licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, psicóloga y directora del Centro para el Desarrollo Moral de Fundación Majdalani. 

Sin lugar a dudas, la solidaridad, la generosidad, la compasión y, sobre todo, la humildad tienen un efecto demoledor. Y estos argentinos son el mejor ejemplo que puede darse a los más jóvenes para encarar este nuevo milenio. “Los valores se transmiten a través del amor y la dedicación de los adultos en el proceso de educar y acompañar a un hijo o un alumno”, dice Majdalani. Por su parte, Espeche propone: “La clave quizás esté en renunciar a esa fantasía de ‘cambiar al mundo’, para pasar a ofrecer amor en el mundo actual, por medio de nuestros actos cotidianos. Eso, paradojalmente, cambia al mundo. Cuando en lo cotidiano la conducta es generosa, ganamos en confianza respecto de nuestra condición y no nos dejamos ganar por el miedo y el desencanto”.

El desafío es que estos nuevos líderes no caigan en el lugar de la mera idolatría. “Existe el riesgo de que una vez depositada la admiración en estos líderes, se crea que son seres providenciales y que ellos provocarán los cambios que una masa crítica de la sociedad no encara en sus acciones cotidianas. Peor aún: que la sociedad vuelva a desertar de sus responsabilidades y deje la tarea en manos de ellos. Los líderes no están para seguirlos sino para emularlos”, dice Sinay.

Más que nunca, precisamos ejemplos renovados, modelos a imitar, guías con mérito sano para transmitir valores a los más jóvenes. Estos argentinos que se consagraron, y lo siguen haciendo día a día a partir del esfuerzo, del trabajo y la coherencia, pueden resultar muy inspiradores para nuestros hijos. “No siempre un líder positivo es el que aparece en el diario. Muchas veces un buen maestro también puede ocupar este lugar y hacer una gran diferencia en la vida de sus alumnos”, concluye Majdalani. 

Liderazgos naturales

“El proceso de surgimiento de los líderes es muy complejo y variado. De alguna manera, los líderes son depositarios de características de la sociedad de la que emergen. En ellos se proyectan los sueños… y las pesadillas de esas comunidades. Los hay muy variados, desde Jesús y Gandhi hasta Hitler y Stalin”, explica el licenciado Miguel Espeche. En el caso de los líderes positivos, su capacidad de acercarse a la gente, demostrarse cercanos y humildes, y de abrir canales de comunicación tiene un efecto transformador en quienes los rodean. La base del auténtico liderazgo se transmite en actitudes y acciones, pero también en el lenguaje corporal y gestual. Los líderes sociales, además, perciben las necesidades del otro, esquivan su propia naturaleza egocéntrica y generan acciones positivas de impacto colectivo. Como dice Sergio Sinay: “Anteponen la noción de proceso a la de resultado”.

El deporte como modelo

Lionel Messi, por su sencillez, su entrega y su buena educación, es otro de los argentinos for export que enorgullece a sus compatriotas. Recientemente reconocido por Pep Guardiola como “uno los grandes deportistas de todos los tiempos”, es un ejemplo formidable para los amantes del deporte, no solo por sus gambetas, sino también por su nula exposición a los escándalos mediáticos y por su constante afán de superación dentro de la cancha. Marcelo Bielsa es otro caso digno de destacar: transmite  valores como la honestidad, el juego limpio y el trabajo en equipo, lo que lo consagra como un líder nato.

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